Archive for the ‘Musicalibros’ Category

Soy una pupita

Vie 10 febrero 2017

La poesía, que está obligada a llegar hasta las úlceras y los inviernos más duros de las personas mayores, comprende muchas cosas propias de los niños (Luís García Montero: Mañana no será lo que Dios quiera).


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Los del Pop Piquiñín.



Los primeros versos (soy una pupita / ponme una tirita) tal vez no parezcan augurar una carrera fulgurante hacia el Nobel de literatura (modalidad poesía), pero no se llamen a engaño. La canción, incluida en el último disco de Petit Pop (pueden escuchar un desenchufao de la misma aquí, a partir del minuto 06:54), como casi todas las de este grupo, tiene más debajo que encima y a mí, en función del día, me transporta tanto hacia una pretérita rodilla descalabrada en la lejana infancia como a una antigua amante, una de esas que sabe que te va a hacer polvo la vida y que tiene la lucidez y el buen criterio de mandarte a tomar viento a la farola antes de que sea demasiado tarde (Quiero desaparecer / para que te pongas bien). Ya digo, depende del día. Porque el proceso de curación es el mismo: nada de sanación milagrosa y radical, de un día para otro. Siempre poco a poco (Siempre / microscópicamente / voy sanándome y, así, / voy borrándome de ti).

Hay gente de la Pantoja y gente de la Jurado, irreconciliables, como hay gente de los Rollings o de los Beatles, del Madrid o del Barça, de Enyd Blyton o de Richmal Crompton, de la tortilla siempre con cebolla o de la tortilla con cebolla jamás. Del mismo modo, hay gente de los Cantajuegos y gente de Petit Pop. Y yo (nosotros, el núcleo familiar) somos de Petit Pop a muerte, a hierro, a cara de perro. Entre otras cosas porque, en sus letras, la ausencia de maniqueísmo (humor mediante) es, como diría Sanchidrián, lo que le da calidad a la película.

Tienen cinco discos en el mercado (dos de ellos están tanto en versión castellana como en asturiana), aparte de alguna colaboración en discos conjuntos (como en los dos volúmenes de Bestiariu). Si tienen niños “en edad de”, ni se les ocurra perdérselos, sobre todo en una era en la que las cosas (incluidos los discos, sobre todo los discos) se pueden comprar con cuatro clicks. El primero de los (hasta ahora) editados es casi un ejercicio de estilo, pero ya contiene joyas del tamaño de “Raro crustáceo”, en el que se nos enuncia, sin posibilidad de discusión, que ser un bicho bola / mola, mola, mola. Desde ahí, cada disco es mejor que el anterior.

Y bueno, si no tienen niños “en edad de”, pues para Ustedes mismos. ¿O no les gusta leer todavía a Gloria Fuertes o releer, con otros ojos, las catastróficas aventuras de Guillermo Brown?

Pues ya está.

Citas XLIX

Jue 20 octubre 2016

De las cosas de la muerte me ocuparé cuando esté muerto; de los sueños, cuando sueñe; cuando os preste atención, del infierno; cuando te vayas, del olvido; cuando llegue el cansancio, del tiempo; pero ahora sólo quiero ocuparme de ser la lluvia que está lloviendo y de llevar los niños al colegio (Josep Vilaplana: Ciento volando. Camarote 503: http://camarote503.blogspot.com.es/).

libro-ominoso
Ya casi cincuenta post de citas. Vaya tela.

Muy buenas.

Tocaba post de citas, y aquí viene. Esta vez prefiero no comentarlos, que estoy condenadamente ocupado. Con que le den un par de vueltas en el coco a estas frases ya será suficiente, si les place.

Eso, y exigir que Josep Vilaplana, compañero escribiente en el Taller del Bremen, publique algo de una vez por todas: véase la cita inicial de este post y dígaseme si tengo o no tengo razones para mi exigencia.

Besotes a todos.

 

―Recordar con una memoria extraña ―he oído que me susurraba al oído― es una variante del tema del doble, pero es también una metáfora perfecta de la expresión literaria.
―Permítame ―le he dicho― que me ría de esta situación y le comente que yo siempre converso con el hombre que va conmigo.

(Enrique Vila-Matas: El mal de Montano).

Uno no acaba siendo lo que no empieza a ser en algún momento. (Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños).

―Es curioso ―dijo―, pero ¿Por qué será que los paganos y los bárbaros siempre parecen ir a los mejores sitios cuando mueren?
―Tiene su miga, ¿verdad? ―asintió el primero de a bordo―. Supongo que será para compensar el que… que mientras viven también se lo pasan de fábula. ―Parecía un poco perplejo. Ahora que estaba muerto, todo aquel asunto empezaba a sonarle vagamente sospechoso
.
(Terry Pratchett: Dioses menores).

Casi con toda certeza alguien tenía que resultar ganador en el sorteo de la lotería de las culturas; si consideramos que nuestra cultura ha sido la ganadora, también hay que decir que las papeletas de las culturas atascadas en la no tecnicidad estaban en blanco. (Stanisław Lem: Golem XIV).

Pero los sueños infantiles se suelen corromper con mayor espectacularidad que los sueños adultos, porque a fin de cuentas un adulto apenas tiene sueños: ya ha entrado en el club de los arquitectos de pesadillas. (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

Este relato (El Rey de los Elfos), por supuesto, es de fantasía, no de ciencia ficción. En la primera versión había un final pesimista, pero Horace Gold, el editor que lo compró, me explicó con todo detalle que las profecías siempre se cumplen; de lo contrario, dejan de ser ipso facto profecías. Deduzco, por tanto, que no puede haber falsos profetas; «falso profeta» es un oxímoron. (Philip K. Dick, Cuentos completos: Notas finales).

―¿Medianoche? ―propuso Diamanda
―¿Medianoche? La medianoche no tiene nada de especial. Cualquiera puede ser bruja a medianoche ―dijo Yaya Ceravieja― ¿Qué me dices del mediodía?

(Terry Pratchett: Lores y damas).

Sécase el pino
que está en un claro
ni corteza ni agujas lo guardan;
igual con el hombre
al que nadie estima.
¿Para qué sigue él viviendo?

(Anónimo: Edda Mayor. Los dichos de Har).

Cualquiera es capaz de escribir una historia corta ―una mala, quiero decir― si tiene oficio, papel y tiempo en cantidades suficientes Pero no todo el mundo puede escribir ni siquiera una novela mala. La longitud es lo que mata. (Robert Louis Stevenson: Escribir. Ensayos sobre literatura).

Conversación entre dos locos:
―Yo estoy más loco que tú.
―Pues yo estoy más loco que yo.

(Carlos Edmundo de Ory: Aerolitos).

Si había algo que odiara más que a las bandas patronales, a las amantes de los nobles españoles y a los vendedores de lotería (estos últimos porque inducían la confianza en un falso paraíso), era a los periodistas vendidos: las putas más putas, infiltradas en el oficio más noble del mundo. (Paco Ignacio Taibo II: La bicicleta de Leonardo).

—Muy bien, pero no me despiste. ¿Le trepanó usted o no le trapanó usted el cráneo al ferretero con una broca del ocho?
—El ocho, el siete, el seis… ¿no se da cuenta? Son solo números. Nuestra sociedad está continuamente pendiente de la cifra, vivimos para la estadística. Y como números, al final, nos acaban tratando. Tenemos que romper esta tendencia numerística, tenemos que luchar por recuperar nuestra dignidad humana, ser tratados como personas. En el momento en que los números entran en juego, arrastran gran parte de nuestra individualidad.
—Bien, ya veo que por ese camino no vamos a ninguna parte. Respóndame, pues, a esto: ¿qué estaba haciendo usted la noche de autos?
—¿Qué decirle, comisario? Hacer, hacer… No entiendo esa obsesión por el hacer, por el actuar, esa corriente en boga que nos lleva a intentar ser lo más dinámicos posible. Acumular experiencias, atesorar momentos, muchas veces robándoselos a otras necesidades…

(Eduardo Cruz Acillona y Miguel Baquero: Morir es relativo).

De este periodo se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Lyon innumerables glosas en latín de este autor. Lo que singulariza a estas anotaciones es que, mientras que las glosas solían ser orientaciones para la lectura y comprensión de los textos latinos en un momento en el que las lenguas romances habían tomado la calle, las glosas de Diógenes eran reflexiones y juicios de valor en la lengua del lacio sobre la propia obra que iba copiando. Esto no estaba muy visto pero sí mal visto, así que fue suspendido de empleo y sueldo. (Francisco F. Llanillo Gutiérrez: Monsieur Sans-Délai).

Ahí reside la magia de la democracia: tienes absoluta libertad para elegir a quien tendrá libertad absoluta para hacer lo que se le antoje. (Felipe Benítez Reyes: Política y polichinela).

—Aquí las cosas son distintas, señor —dijo Zanahoria—. Solamente hace diez años que reemplazaron el juicio por ordalía por el juicio con abogados, y lo hicieron solamente porque descubrieron que los abogados son peores. (Terry Pratchett: El quinto elefante).

Sólo era en apariencia que tenía dos opciones (contarlo todo o callarse como un transistor sin pilas). Existía una tercera, a la que se encomendaba desde siempre: la de la inacción, la del atributo de «bendita». No hacer nada. Ni mentir ni sincerarse. Sólo dejar que las cosas fluyeran, sin intervenir para nada, dejándolo todo pasar. Que, a base de esconder la cabeza, el avestruz había evolucionado hasta erigirse en el ave de más imponente alzada y mayor velocidad en tierra. (Santiago Lorenzo: Los millones).

E intentó imaginar a qué se parece la llama de una vela una vez apagada, porque no recordaba haber visto nunca semejante cosa. (Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas).

Y es que, veleidades literarias aparte, en este tipo de eventos he descubierto la verdad más importante de todas en este oficio: escribimos por la cerveza. (Rafael Marín: Está lleno de estrellas -Memoria de una afición).

Aquél mismo año se enamoró de Leocadia Penalti, muchacha que habría sido hermosa si no hubiera sido fea; pero era de una fealdad que fundía las bombillas. La casa Osram la tenía a sueldo, porque Leocadia dirigía la vista de sus ojos a una esfera de filamento metálico y catorce segundos más tarde con el metal del filamento se podían hacer sommiers.
Sin embargo, los dos jóvenes se idolatraban en fa sostenido. Daba gusto verles cómo caminaban por las calles con las manos cogidas y los pies entrelazados. Se caían de narices muchas veces y se partían la frente con frecuencia; pero ¡¡eran tan dichosos!!

(Enrique Jardiel Poncela: ¿Por qué no se suicida usted? y otros escritos de juventud).

―Los paraísos no suelen recuperarse, ¿sabes, Thomas? Nunca se puede regresar a Ítaca. (Rafael Marín: Mobtel).