Soy una pupita

La poesía, que está obligada a llegar hasta las úlceras y los inviernos más duros de las personas mayores, comprende muchas cosas propias de los niños (Luís García Montero: Mañana no será lo que Dios quiera).


petit-pop

Los del Pop Piquiñín.



Los primeros versos (soy una pupita / ponme una tirita) tal vez no parezcan augurar una carrera fulgurante hacia el Nobel de literatura (modalidad poesía), pero no se llamen a engaño. La canción, incluida en el último disco de Petit Pop (pueden escuchar un desenchufao de la misma aquí, a partir del minuto 06:54), como casi todas las de este grupo, tiene más debajo que encima y a mí, en función del día, me transporta tanto hacia una pretérita rodilla descalabrada en la lejana infancia como a una antigua amante, una de esas que sabe que te va a hacer polvo la vida y que tiene la lucidez y el buen criterio de mandarte a tomar viento a la farola antes de que sea demasiado tarde (Quiero desaparecer / para que te pongas bien). Ya digo, depende del día. Porque el proceso de curación es el mismo: nada de sanación milagrosa y radical, de un día para otro. Siempre poco a poco (Siempre / microscópicamente / voy sanándome y, así, / voy borrándome de ti).

Hay gente de la Pantoja y gente de la Jurado, irreconciliables, como hay gente de los Rollings o de los Beatles, del Madrid o del Barça, de Enyd Blyton o de Richmal Crompton, de la tortilla siempre con cebolla o de la tortilla con cebolla jamás. Del mismo modo, hay gente de los Cantajuegos y gente de Petit Pop. Y yo (nosotros, el núcleo familiar) somos de Petit Pop a muerte, a hierro, a cara de perro. Entre otras cosas porque, en sus letras, la ausencia de maniqueísmo (humor mediante) es, como diría Sanchidrián, lo que le da calidad a la película.

Tienen cinco discos en el mercado (dos de ellos están tanto en versión castellana como en asturiana), aparte de alguna colaboración en discos conjuntos (como en los dos volúmenes de Bestiariu). Si tienen niños “en edad de”, ni se les ocurra perdérselos, sobre todo en una era en la que las cosas (incluidos los discos, sobre todo los discos) se pueden comprar con cuatro clicks. El primero de los (hasta ahora) editados es casi un ejercicio de estilo, pero ya contiene joyas del tamaño de “Raro crustáceo”, en el que se nos enuncia, sin posibilidad de discusión, que ser un bicho bola / mola, mola, mola. Desde ahí, cada disco es mejor que el anterior.

Y bueno, si no tienen niños “en edad de”, pues para Ustedes mismos. ¿O no les gusta leer todavía a Gloria Fuertes o releer, con otros ojos, las catastróficas aventuras de Guillermo Brown?

Pues ya está.

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