Sentimientos encontrados (gastronómicamente hablando)

―Comer es lo de menos ―sentenció el Peregrino―. Lo realmente importante es divertirse (Viaje al Oeste ―las aventuras del Rey Mono―, anónimo chino del siglo XVI).


A Poniente

Seis comensales, seis.



Moría la peseta y nacía el euro cuando a Fenrir el Lobo y a mí nos dio por hacer una apuesta, cuyo objeto no viene al caso. Solo es relevante saber que durante diez años cada uno de nosotros aportó seis euros al mes (nótese que la cifra elegida revela que aún calculábamos en la antigua moneda) y que si, pasado ese lapso, ninguno de los dos vencía, el dinero ahorrado, en manos de un albacea amigo común, debía ser dilapidado. Eso decía el contrato, literalmente. Dilapidado.

Acabó el 2010, como somos dos flojos (en realidad esa es mi excusa, la suya, él sabrá) ninguno ganó y después tardamos la friolera de seis años más en decidir qué cuernos hacíamos con los 1440 euros acumulados. Al final, en un ataque de “hay que zanjar esto de una maldita vez”, decidimos gastarnos la pasta en comer en el restaurante A Poniente, de Ángel León. Los apostantes, el albacea y las tres respectivas y hermosas acompañantes.

Qué quieren que les diga. Al contrario que otras personas, no he logrado amasar una fortuna trabajando para el CSIC, así que habría sido difícil, en distintas circunstancias, que me hubiera decidido a ir a comer allí. Sí, por el precio. Ahora les cuento.

Ya puestos, y disparando con pólvora añeja pero seca (y siempre del Rey), elegimos el menú (digamos) fastuoso. Con vino incluido, para los cuatro no abstemios (dos prefirieron no beber alcohol). Pedir el maridaje fue, desde mi punto de vista, un acierto (todo hay que decirlo), porque desde el primer vermut hasta el último vino dulce, todo fueron maravillas, una detrás de otra, y en un intervalo de tiempo lo suficientemente largo como para que no saliéramos a cuatro patas. Amontillados recónditos, manzanillas incomercializadas, sidras de pera (¡de pera!)… todo vinos generosos o espumosos, por cierto, no vinos de mesa (blancos o tintos).

En la cocina había más gente que en la guerra. No los conté, pero a la vista se movían no menos de veinte personas trasteando sin parar. El volumen de cada plato no era (no podía ser) elevado, pero el número de ellos sí que lo era. No les aburriré, echen un ojo a la carta en la página web del sitio. Ni siquiera les pondré fotos de los espectaculares platos (me refiero al continente, esta vez) que nos pusieron por delante, aunque dan ganas. Sí, hicimos fotos de todo lo que desfilaba ante nuestro ojos, somos una suerte de catetos japoneses, pero si alguna vez me veo con un alzheimer en lo alto, prefiero tener algo que me lo recuerde.

¿Sale uno con hambre? No, de ningún modo. ¿Hay cosas memorables, de verdad? Sí, muchas. Los embutidos y diversas chacinas hechas exclusivamente con elementos marinos son un verdadero hallazgo (la sobrasada de lisa es un espectáculo absoluto. Mucho, pero mucho mejor que la de cerdo). ¿Los paladares remilgados pueden sufrir con algún bocado en especial? Sí, claro. Habiendo ostra cruda o morena (inevitablemente gelatinosa) por ahí danzando, un melindres puede ver su digestión comprometida.

Y ahora la parte peliaguda, la pregunta de la que uno no se puede esconder, obviamente: ¿vale lo que vale? Pues miren, no lo sé. No sabría qué decirles. Me veo en medio de un par de corrientes de sentimiento encontradas. Por una parte, ese habitante de Sibaris (ocho letras) que todos llevamos dentro puede disfrutar como un enano jibarizado (una especie de superenano) viendo cómo comprimen unos trozos de sepia a la brasa en una prensa metálica (diseñada por cocineros sádicos franceses para carcasas de pato), y mezclan lo extraído con un poquito de la (según ellos, yo qué sé) mejor mantequilla del mundo en un diminuto cazo de cobre (para que se caliente a más temperatura) con un poco de tal y cual vino y una reducción de espinas de vete a saber qué y te lo ponen sobre una especie de ravioli de pescado culminado por una flor de ajo y…

Qué coño, al principio he dicho que no quería, pero les voy a poner la foto.

A poniente choco

Hale. Pues como ese plato, unos quince. Es decir, es espectacular.

Pero junto al sibarita, vive, ay, un tozudo ruso bolchevique, que se nos ha nacionalizado japonés (hoy me ha dado por las alegorías niponas) a pesar de la secular inquina entre ambas naciones. Y se hace habitante de ese oriental país tan sólo para poder meterse a gusto una katana en las entrañas. ¿Por qué? Porque ha visto la cuenta, el carajote del bolchevique.

A poniente cuenta

Seis personas, mil quinientos veintidós euros con ochenta y siete céntimos (y les recuerdo que dos de los seis no bebieron vino; y uno de los menús “tiene rebaja” porque está adaptado para celíacos y no contenía todos los platos) (todo un detalle). Pero a la postre (expresión al pelo), algo más de 250 euros por barba. Claro que, como teníamos lo que teníamos ahorrado, la broma nos salió por poco más de quince euros cada uno, más el taxi. Vale, así sí. Pero se nos ha autoasesinado el bolchevique, de todas formas. Mírenlo, ahí yace, pobretico mío. Unos acordes de balalaika, por favor.

Sin embargo, a pesar de la sangre comunista que empantana el pavimento… entre recepcionistas, cocineros, pinches y jefes de cocina, reposteros (los bombones del final, de elaboración propia y diaria, eran otro espectáculo), camareros, maestros panaderos en exclusiva, sommeliers y seguro que un potente departamento de I+D que no aparece en los créditos de la película… ¿cuántos puestos de trabajo mantiene el Chef del Mar en nómina, de manera constante? Eso sin contar a los distribuidores y, sobre todo, productores de las materias más o menos primas que allí se consumen (y las respectivas familias de todos ellos, que también tendrán niños chiquititos y ancianas madres a las que cuidar) (ya es tarde para plantearle esa disquisición a nuestro amigo bolchevique, es que tiene un pronto muy malo).

Así que no sé. Fuimos, comimos, disfrutamos (mucho) (es una muletilla de los camareros de allí, e incluso del propio Chef: “que disfrutéis”) y ahora yo se lo cuento. Ustedes decidirán si les merece la pena, que habrá a quien no y habrá a quien sí.

Y nota al pie: hay crisis, vale. Pero el local estaba lleno.

20 comentarios to “Sentimientos encontrados (gastronómicamente hablando)”

  1. Laluli Says:

    Coincido con usted: espectacular, memorable,… pero prohibitivo. Ya no es como antes de “voy una vez al año…”. Ahora hay que pensarselo y mucho.

  2. Microalgo Says:

    Se va una vez en varias décadas, y con una excusa imparable. Como haber atracado un banco, por ejemplo.

  3. Microalgo Says:

    Y bueno. Por no alargar el post no he contado nada del sitio. Por no alargarlo y por no repetir más veces la palabra “espectacular”.

  4. lotronan Says:

    Es que la crisis es para el que trabaja*. Ya ve, Maese, la eficacia de quitar un pronombre átono de tercera persona. En el lenguaje, quitar suele ser más efectivo que añadir.

    *Tengo la tendencia de no incluir entre los trabajadores a los que se dedican a administrar cuantiosos patrimonios o a gestionar. A propósito del lenguaje, el cambio también es eficaz. Ejemplo, cuando el viejito de Inditex (sí, ese al que en su 80 cumpleaños le hicieron un mobing de homenaje 80.000 trabajadores blancos de sus tiendas, todos muy cool, pero no dejaron que participaran los niños que fabrican las prendas tan baratas y que cobran dos dólares al día por 14 horas de trabajo [¡Pena! Había sido emocionante]) la palme y lo herede todo la hija, ¿deberíamos referirnos a su fortuna como “matrimonio”?

    Otrosí: soy un melindres. No iría ni loco a ese restaurante para no pasarme la comida vomitando. No es porque la pensión de jubilación no me permita ir una vez al mes (no gastando nada en luz ni en agua, por supuesto).

  5. Microalgo Says:

    Y yo entiendo su postura, Maese Nán. Ya digo que no tengo una posición totalmente definida en esto, no lo tengo claro. Pero en fin: ir, fuimos, y yo lo cuento…

  6. Friné Says:

    Lo cuente como lo cuente y lo suavice como lo suavice es un acto pornográfica y éticamente muy correcto, lo que no entiendo es lo del 10% del iva, para los actos de locura y lujuria, debería ser el 4% a mi parecer.

  7. Microalgo Says:

    Yo también me fije, Dama Friné. Que los libros y los tampones tengan un 21% de IVA y este restaurante un 10% no es comprensible más que por la dificultad de establecer una línea exacta que divida a un lado este local y a otro una venta con un menú de ocho euros. No sé dónde se podría poner esa línea, la verdad, porque restaurantes son los dos. Y sí, creo que el porno tiene un 4% de IVA. Las cosas.

    • anarkasis Says:

      ¿Dejó propina maese Micro?, o dejó los centimillos para chunga, sea como fuere sería micropropina lo digo por la muletilla del los camareros… juas,

      • Microalgo Says:

        Dejamos propina, sí. No recuerdo cuánto, pero fueron algo más que céntimos, desde luego (redondeamos lo que nos faltaba para poner entre los seis). Y sí, también dudé en ese momento (con el pensamiento de “ya nos habéis apuñalado bastante”), pero sunpongo que fue una especie de “de perdidos al río”.

  8. Anaxágoras Says:

    Pues fue nuestro actual presidente en funciones (que dijo que no iba a subir los impuestos) quien en agosto del 2012 subió del 8% al 10% el IVA reducido, que afecta a la restauración.
    Curiosamente, cuando estuve en Noruega, me enteré de que los libros allí tiene IVA 0, pero ni os cuento por cuanto podría salir una comida como esa allí, sobre todo por el alcohol.
    Yo, me quedo con los puestos de trabajo que genera, que, a su vez, repercute en otros, etc.
    Por cierto. Las revistas porno tributan al 4%, como todas las demás revistas. Y las pelis y espectáculos porno al 21%, como todas las pelis y espectáculos. Seamos precisos. No es que tributen menos, es que tributan igual, lo que es también escandaloso. Por mi que lo pusieran todo al 21%, que es el máximo legal, o que crearan un SUPERIVA para los artículos de lujo, donde lo incluiría.

    • Microalgo Says:

      Pero la cosa es poner un límite, hermano Anaxágoras. Para la Venta La Cucaracha Crujiente es posible que un 10% de IVA sea excesivo y que para el A Poniente se quede corto, pero ¿dónde situamos la frontera? ¿Más allá del Ventorrillo del Chato?

      • Ysa Says:

        Hablando claro, Te has “explayado evidenciando “la incidencia, casi como -diciendo :
        A caballo regalado no le mires “el diente.

        En menos palabras, que “te ha costado un OJO de la cara tal “exquisito menu y Tu ahora nos “enriqueces con – delicadeza. ..

        Formidable!!! Thankyou si realmente Te llenaste el estomago como “buen comensal y no despavorido “el bolsillo.

        Feliz Junio!!

  9. Salamandra Says:

    Al respecto, dos citas de Heinlein (Tiempo para amar):
    «¡Todo en exceso! Para disfrutar de la vida, toma bocados grandes. La moderación es para los monjes.»
    «Otra fórmula para obtener un matrimonio feliz: al hacer el presupuesto, ¡primero los lujos!»

    Pues eso.

  10. sorel Says:

    Bárbaro!! (por decir algo). A mi lo que me interesa, mas allá de la francachela, es saber cual de los tres varones que aparecen en la fotografía es usted.
    Tras nueve años disfrutando leyendo sus “delirios” ya va siendo hora de ponerle un rostro.

    ¿El que sostiene la copa de vino con cara de resignación?

    Atentamente,
    Sorel

    PD: No tema, vivo al norte del norte, donde nacen las nubes, no corre peligro de que le reconozca por la calle y le pida un autógrafo.

  11. Microalgo Says:

    Ese mismo. Calvorota, gordezuelo, sin barba ni (de momento) gafas. Y no me creería yo merecedor de firmarle autógrafos a nadie, pero si Usted me lo pide, yo se lo firmo. Faltaría más.

  12. Toy folloso Says:

    Hay que pagar más (y a gusto) por un vino vendimiado a mano. Acariciando la planta, rehusando el racimo pocho.
    Oí algo de unas mil ochocientas máquinas vendimiadoras vendidas ya en el estado. El castigo que llegan a infligir a la vid es anecdótico comparado con los millones de jornales que se echarán perder.

    Una máxima:
    “Poco, pero bueno”.
    Y sin remordimientos….

    • Friné Says:

      Con permiso del dueño:
      Aunque rehúse usted los racimos pochos, puede usted tomar buen vino por debajo de 5 euros la botella, y desde luego excelente por debajo de 10 euros la botella, partiendo de precios de uva de alta calidad por debajo de 1 euro/kilo,
      PONGA USTED UNA VIÑA E INTENTE VENDER LA UVA POR MAYOR PRECIO AQUÍ EN ESPAÑA,
      Ahora que hemos llegado a la conclusión de quien se mete al bolsillo la pólvora de los fuegos artificiales, puede usted elegir mejor el vino partiendo del precio,
      Si le piden más de 15 Euros en bodega por una botella, es una estafa para gañanes. (Dudo que ninguna botella que le sirvieran a Microalgo en el Poniente, le costase al dueño por encima de 10 euros botella)
      Calva como el calvo de la anotación siguiente ya he superado con resignación, ¿porqué no otra más? pero a conciencia jode.
      Kisssss y Kissssss

      • Microalgo Says:

        Desde luego, vinos (ya en comercios) de entre cinco y diez euros, los hay en España buenísimos y a puñaítos. En eso le doy la razón a Friné.

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