Malt whisky: el derrumbe de Occidente

No era exactamente whisky, y tampoco era exactamente ginebra, pero tenía exactamente 90º, y consolaba muchísimo durante aquellos momentos de zozobra que en ocasiones se presentaban a las tres de la madrugada, cuando despertabas de pronto y habías olvidado quién eras. Después de un vaso de aquel líquido transparente seguías sin acordarte de quién eras, pero eso ya no te preocupaba porque habías pasado a ser otra persona (Terry Pratchett: Lores y damas).


whisky aponé

Ay, scottish payo.



Corría el año noventa y cinco (ya está el abuelo cebolleta) y yo andaba de becario en Dundee, en la costa este de Escocia, a setenta kilómetros al norte de Edimburgo y en el mismo paralelo que la rusísima ciudad de Moscú. Como nota geográfico-chorresca, les contaré que la costa oeste de Escocia está bañada por una corriente oceánica que viene del sur, lo que le confiere un clima agradable. La costa, además, es de una belleza increíble, y las poquísimas poblaciones que hay, muy distantes entre ellas, son tan bonitas como Oban, Lochgilphead o cualquier punto de la isla de Skye.

Pues bien: yo estaba en la costa este, al otro lado. Fue la primera vez en mi vida que caminé con medio metro de nieve recién caída, a catorce grados centígrados bajo cero.

Las primeras veces que salí de farra con la gente del departamento (adictos a la cebada malteada y fermentada), a la tercera pinta ya sentía cómo el porcentaje de agua que componía mi cuerpo comenzaba a alejarse del clásico y por todos recordado (desde tiempos escolares) 75%, y comenzaba a rondar el de las medusas. La noche del cumpleaños de una tal Wendy (I come from Yorkshire, decía siempre Wendy), la vi zamparse catorce pintas antes de que yo desapareciera hacia mi casa haciendo eses. No exagero. Catorce. No sé si luego siguió.

(14 x 568,26125 mL = ocho litros mal contados de cerveza) (Wendy medía un metro y sesenta centímetros escasos) (¿Dónde metería tanta birra, la desdichada?).

El caso es que la tercera noche dije que ya estaba bien. Me percaté de que un chupito (50 mL, alrededor de cuarenta grados alcohólicos, un par de ellos arriba, más que abajo) costaba lo mismo y emborrachaba igual que una pinta de cerveza (quinientos mililitros -y algo-, alrededor de cuatro grados alcohólicos, un par de ellos arriba, más que abajo), pero ocupaba muchísimo menos volumen y yo volvía a casa sin hacer flotch-flotch-flotch a cada vacilante paso.

Así que me pasé al whisky. Con un amigo gallego, ahora emigrado para siempre en el extranjero, y que estudiaba fisiología de peces (descubrió cómo medirle la tensión arterial a los peces, el tío), visitábamos algunos pubs de alrededor de la Universidad (sobre todo el mítico Micky’s), y nos dedicábamos a maldecir la oscuridad del invierno escocés analizando detenidamente las diversas marcas de whisky que nos iban poniendo por delante. Allí fue donde descubrí que el Glenfiddich no era gran cosa, que el Cardhu es normalito, y que el Talisker, el Lagavulin, el Macallan y el Glenmorangie son bebedizos de los dioses. Y hasta ahora. Los cato poco, pero me encantan.

Hete aquí que mi amigo Glomus, desde las Afortunadas, siempre con la antena puesta para según qué cosas, me manda un enlace a un artículo donde se afirma que en el último concurso de whiskys de malta el ganador era un whisky…

japonés.

Y que entre los cinco mejores, no había ninguno escocés. Mátame, diplodocus.

Aún pensando que en esos concursos podrían premiarse cosas que no importan tanto, y que puede que haya mucho postureo o incluso derivaciones de conveniencia, no me digan que la cosa no produce congoja.

En fin, yo seguiré fiel a mis marcas (y a mis precios, a saber lo que vale un chupito del whisky nipón ese), pero es en estas cosas en las que barrunto yo el declive y caída de la hegemonía moral (si es que la hubo alguna vez) de Occidente.

El día que un jamón serrano de Okaido se lleve el premio del IFFA, podemos empezar a darlo ya todo por perdido (les advierto).

14 comentarios to “Malt whisky: el derrumbe de Occidente”

  1. laluli Says:

    Fuimos, estando en París, a un restaurante por casualidad que resultó ser bastante pijo, bastante bueno pero muy caro. Al terminar la comida, eramos tres parejas, viene el camarero/dueño (melena rubia, traje de chqueta blanco,…) y propone un digestivo.
    – Tienen carta de whisky – Pregunta uno de nosotros
    – No, no tengo carta pero tenemos más de 40 whiskys diferentes: tenemos varios escoceses, tenemos uno muy bueno japones….
    Y ahí que fueron todos, como abejitas a la miel!!!!
    – Ese, ese – todos los hombres a coro.
    40 euros el chupito diminuto de whisky japones! No sé como se llamaba y me quedaron ganas de preguntar el nombre.

  2. laluli Says:

    NO me quedaron ganas quise decir

  3. Microalgo Says:

    Coño. Cuarenta euros el chupito. Me tienen que matar.

  4. laluli Says:

    Desafortunadamente, conocimos el precio cuando nos trajo la cuenta.

  5. laluli Says:

    Pero ¿y la habilidad del camarero para que pidieramos ese whisky en concreto? ¡eso es conocer a la clientela!

  6. Anarkasis Says:

    ..me ha dejao preocupá.

  7. piero Says:

    Me cobran cuarenta euros por un chupito y tienen que llamar a los GEOS….
    En fin, que yo entré aquí para decir que la mini Wendy esa tendría un agujero negro en el que echaría el whisky pero después comprendí que eso del agujero negro se prestaba a interpretaciones malévolas y decidí no escribirlo. Pero pese a ello, lo escribo, incoherente que es uno.

  8. Microalgo Says:

    Ejjem. No censure sus incoherencias, Piero. Que nos reímos mucho.

    Cuando El Mejor De Entre Nosotros, con otros cuantos amigos, vino a visitarme a Dundee, me encontré con la tal Wendy por la calle. Le presenté a mi amigo, que ya saben que si le ponen un casco puntiagudo y un turbante es talmente Almanzor (y su apellido no lo desmiente)… y la de Yorkshire interpuso inmediatamente la mano y un metro de distancia en plan saludo-shaking-hands, como diciendo “ni se te ocurra darme dos besos, moromierda”, o algo. Muy diagnóstico, todo.

  9. Prima Consorte Says:

    Y yo puedo hacer comentarios aquí? Bien! A partir de hoy Wendy es mi ídolo.

  10. Microalgo Says:

    Un récord, la Wendy… No sé si bebía tanto por lo de Peter (Pan).

  11. Prima Consorte Says:

    No creo. En Hook no se la veía alcoholizada :-)

  12. Anaxágoras Says:

    Nada, nada, en cuanto los de Lanjarón se dediquen a hacer Sake, ¡que tiemblen esos nipones!

  13. Confusio Segundo Nán Says:

    Mi consuegro se ha convertido en mi proveedor de las mejores botellas de Nikka. No me las puede enviar desde allí, claro, pero cuando su hija viene a Mandril, le manda dinero para que me compre en París exactamente la botella de un Nikka que no haya probado.

    Y yo le digo al yerno de mi consuegro, ¿qué puedo hacer, mandarle una botella de Dyc?

    Hasta el verano de 2013 desconocía esos whiskis, pero ahora ese premio que le han dado en Albión me parece merecido.

  14. Microalgo Says:

    Leñe, pues yo no los he probado nunca… a ver si caso a alguna de mis hijas con un capo de la Yakuza. Ah, espere, que aún no tengo descendencia. Bueno, paciencia.

    (No veo yo a la gente de la Alpujarra cultivando arroz en cuesta, Anaxágoras… pero en fin. Ya encontrarían la manera, que estos son la mar de industriosos).

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