Lepisma saccharina

Pues todos quisiéramos conducirnos bastante peor de lo que nuestras conciencias y de lo que la opinión pública nos permiten (Aldous Huxley: Ciego en Gaza).

Lepisma saccharina

Este bicho es

Hoy me he escapado un momento del curro para mandar una carta (lo siento, Don Luis, oh, excelso ministro: era eso o que colara la carta como correspondencia oficial, y he preferido pagarla yo y ausentarme breves minutos de mi puesto de trabajo). Es que un amigo que está lejos cumple años y le he mandado un librito para incrementar su morriña todo lo que pueda. Soy malo, yo. O eso creía. Verán.

En la oficina de correos hay que pillar numerito. El cuarenta y cuatro. Ole. Va por el treinta. En fin. Bueno, no va muy lento. Relleno el papelito del certificado (me gusta mandar estas cosas certificadas).

Hay un expositor de metacrilato con los formularios de certificado y publicidad variada de correos. En uno de los módulos del expositor hay folletos con la foto de un niño que mira con arrobo el avioncito de madera que lleva en la mano, mientras Bancorreos nos anuncia que nada de comisiones (todo muy lógico). En la base de ese cajoncito hay un lepisma. Sí, es ese animalillo de la imagen de inicio. Un pececito de plata. Son insectos antiquísimos, el grupo tiene unos cuatrocientos (¡cuatrocientos!) millones de años. Son insectos de antes de que los dinosaurios hollaran la tierra, de antes de que los insectos se inventaran las alas.

Así que no tienes alas, lepisma. Mala suerte. Las paredes del módulo de metacrilato son demasiado lisas para que las escales. Y ahí te has quedado. Me viene a la cabeza la imagen de un mamut atrapado en un pozo de brea. La vida es un continuo drama, etcétera.

En la pantallita, llaman al número treinta y cinco. El lepisma hace intentos por escalar pero se cae.

Mcgntptmdre.

Trato de ayudar al insecto con un folleto, para que trepe. Es inútil, es satinado. Valoro la idea de darle la vuelta A TODO EL EXPOSITOR de metacrilato, pero este tiene varios compartimentos, y no creo que pueda sujetar todos los folletos a la vez ni quiero que las veinte personas que están en la oficina de correos me miren como a lo que creo que empiezo a ser. Cobarde, sabes que si ese es el motivo luego te va a pesar. Calla, idiota. Meto con disimulo un papelito no satinado para que el bicho trepe, pero no está por la labor. Con más disimulo aún me acerco y pruebo el truco “ciclón”, soplando en uno de los lados para que el aire arrastre al insecto fuera. El pobre bicho se agarra al suelo todo lo que puede para luchar contra el viento, con muchísimo éxito. Además, creo que he hecho bastante ruido. Demasiado. Llaman al número cuarenta.

A ver. ¿Quién es el ser inteligente aquí, de entre tú y yo? Me paro un segundito a pensar.

Pillo uno de los folletos mondris del niño con el avioncito, doblo en horizontal una solapa en la parte de abajo, recojo al lepisma y le hago un ascensor a lo largo de la pared del cajoncito transparente, hasta la parte de arriba. En cuanto cae fuera, el insecto sale escopetado y se pierde por una grieta del mostrador sobre el que estaba el expositor transparente. Llaman al cuarenta y cuatro, que soy yo.

Lepisma 2

Este es el expositor con los folletos del niño drogado. El primero de ellos (más ascensor que folleto) tiene la base doblada, y ya no hay lepisma allí, ni encerrado ni agonizante.

¿Soy un buen tipo, acaso? ¿O estoy majara? ¿O soy un hipócrita del nueve (porque les juro que mis reacciones no son tan idílicas si me encuentro a uno de estos bichos correteando por la encimera de mi cocina)? Lo que hagamos motivado por un supuesto sentimiento de “caridad” o “empatía”, ¿lo hacemos por los demás, o por sentirnos nosotros mejor? ¿O funcionamos por el reto, por el simple hecho del reto, tipo “pues ahora a este bicho lo salvo yo por mis santas gónadas”? ¿Y por qué duran tan poco los rotuladores fluorescentes, ya puestos?

Pues no lo sé. En fin, el insecto este vivirá lo que viva a partir de ahora, en plan bola extra (hasta que se lo coma una araña o se vuelva a meter en un callejón sin salida, el muy imbécil y antediluviano), y yo me siento un poco mejor que si me hubiera hecho el longuis. Hemos salido los dos ganando, entonces. Bien. Tal vez, en el fondo, de eso se trate, sin que importe tanto el porqué.

11 comentarios to “Lepisma saccharina

  1. ronronia Says:

    Si llamas al lepisma Marilyn Monroe, por lo de la coloración platino, te sale un pato zapato de lo más aprovechable (perdón por el cruce de blogs, pero es pura desesperación por la deadline y la falta de ideas).

    Tontás aparte, me ha encantado el post. Primero porque me has enseñado mucho sobre un animal al que en ocasiones he visto corriendo por el suelo de algún baño y que sabía que era un pececito de plata porque un amigo al que quise mucho me lo dijo cuando éramos muy pequeños, así que, además, le tengo cariño al bicho y, por si faltase algo, me encanta que el animalico sea una anticualla.

    También me gusta por más cosas, la descripción de Correos entre ellas, pero sobre todo porque describe bien esos arranques de humanidad un poco absurdos que a veces nos cogen a todos y nos impelen a salir en defensa de alguna criaturilla en plan superman pantuflero.

    Y porque está muy bien escrito, caramba.

  2. Confusio Segundo Nán Says:

    Si señora, y señor, está muy bien escrito.

    Le voy a corregir: es usted una persona horrible. Tanto, al menos, como todos los falsos amigos que me mandan cosas certificadas. Nunca estoy cuando el cartero trae el certificado (mentira, es más fácil para él poner “ausente), así que tengo que recorrer un buen trozo de Madrid para recoger el envío.

    A veces, es cierto, jugamos a ser el Buen Dios. Es la mejor prueba de Su inexistencia o de la estupidez de Su bondad.

  3. Microalgo Says:

    Así se da Usted un paseíto de vez en cuando, Nán… Lo que apunta Usted de Dios no es moco de pavo. Da para una buena charla, sí señor.

    Gracias por el comentario, Dama Ronronia. No se desespere y póngase a teclear, que es la mejor manera de. Ya lo sabe, además.

    Abrazos.

  4. Glomus Says:

    ¿Le preguntó Vd al lepisma si quería salir? De ser así, ¿contestó afirmativamente?. Si es el caso, aplaudo su comportamiento y capacidad para los idiomas. Si hay contestación negativa en alguna de las antecedentes preguntas, reflexionemos sobre la idoneidad de “ayudar” a un tercero movidos únicamente por la propia opinión.
    Aunque el post es digno de las mejores plumas de la literatura ocidental. Enhorabuena!

  5. Microalgo Says:

    Gracias, amigo Glomus. Y hombre, en el lenguaje no verbal de los insectos, intentar trepar y caerse… y bueno, tiene razón, una cosa es lo que yo interprete y otra lo que piense el bicho. Por otra parte, podía tratarse, ya puestos a soltar hipótesis, de un lepisma psicópata tipo Hannibal Lecter, al que los demás lepismas habían encerrado en una prisión que creían inviolable hasta que llegó el puñetero mamífero éste y lo liberó. Ahora mismo podría estar causando estragos.

    O incluso ser el anticristo de los lepismas, y entonces sí que la he liado. Qué angustia, ahora.

  6. Confusio Segundo Nán Says:

    No sé en qué película lo he visto, lo de un niño que quiere hacer buenos actos y agarra a un ciego y le ayuda a cruzar la calle, con el ciego rebelándose porque no tenía la menor intención de pasar a la otra acera.

  7. ETDN Says:

    ¿Breves minutos? ¿es que acaso fueron minutos de 50 segundos? Parece mentira este error de periodista o tertuliano en usted…

    Por lo demás yo es ver un bicho y aplastarlo en la medida que pueda hacerlo sin acercarme demasiado. Linchadme, botánicos. Y ya si son voladores entro directamente en ataque de pánico. Esas playas gaditanas son testigos, como usté y algunas amigas comunes bien saben…

    Yo habría disfrutado del sufrimiento del bichejo intentado salir de su trampa. Así de sádica soy.

  8. Microalgo Says:

    a) Tiene más razón que una científica (no me gusta decir “que un santo”) respecto a lo de “breves minutos”. “Escasos minutos” sería muchísimo más correcto.

    b) Sí que es Usted una puñetera sádica, sí.

  9. ETDN Says:

    MUAHAHAHAHAHAHA.

  10. Sr.Pérez Says:

    Que lleven tanto tiempo sobre la faz de la tierra no hace más que reafirmarme en la idea: “Hay que matar a todos los pececitos de plata”. Sin compasión. Tal cual.
    Son unos invasores.
    Ellos o nosotros.

    Citarse a uno mismo es, quizá, un poco triste, pero creo importante aportar esto:

    http://cremadecalabacin.blogspot.com.es/2012/05/companeros-de-piso.html

    Gracias. Buenas tardes.

  11. Microalgo Says:

    Uh, qué karma más chungo debe de tener Usted… cuídese de que la deidad que franquee (o no) la puerta del Paraíso no sea un hexápodo, porque lo llevará Usted crudo.

    Gracias a Usted por el comentario, y no se corte de autocitarse. La blogsfera está para eso.

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