Citas XLIV

―Pero ¿quién ha cambiado? ¿Ellos o nosotros?
―Todos un poco. Quizás nosotros hemos cambiado más. Quizás ellos se obstinan en no entenderlo. ¡Quién sabe! El caso es que volver a establecer contacto se parece más a un choque que a un reencuentro.
(Pere Calders: La sombra del Maguey).


Cascada de citas

Y venga citas, y más citas…



Tal despiste tengo con el blog que se me había olvidado que, ya hace unas cuantas entradas, tocaba post de citas. Remediémoslo ipso facto.

―Bien, cabo Westerbury ―insistió el doctor Harris―. ¿Por qué piensa que es usted una planta?
El cabo lo miró con timidez. Se aclaró la garganta.
―No es que lo piense, señor. Es que soy una planta. Hace días que soy una planta.
(Philip K. Dick, Cuentos completos: Flautistas en el bosque).

Esto nos pasa mucho a los botánicos.

―Nunca construyas una mazmorra en la que no querrías pasar una noche ―respondió el patricio, al tiempo que extendía la comida sobre la tela―. El mundo sería un lugar mucho más feliz si la gente recordara eso (Terry Pratchett: ¡Guardias! ¡Guardias!).

Que se lo digan al espetec

La imprudencia suele ser consejera firme de los indecisos (Felipe Benítez Reyes: Oficios estelares).

Un aforismo muy bien construido. No me digan que no.

Puede que sí. El problema del mundo no es la irracionalidad de la gente. Sino que hay gente que alterna entre la racionalidad y la irracionalidad en función del provecho que puede sacar (Josh Bazell: Wild Thing).

Anda que es mentira. A todo ámbito, puede aplicarse esto. Y el que esté libre de pescado, que tire la primera raspa. Y, sin embargo, (véase cita siguiente)…

Si recordamos las severas condiciones de indefensión e ignorancia en torno a las cuales gira la vida del hombre, entonces debemos admirarnos de que pueda existir gente honrada en el mundo (Pioneros de la ciencia ficción rusa. Alekséi N. Apujtin: Entre la vida la muerte).

… que es otra manera de mirarlo. ¿Quién dijo que antes de juzgar a alguien hay que caminar diez kilómetros con sus zapatos? No sé. En fin, pues eso.

Según me ha mostrado mi propia experiencia, y algunas ajenas que he tenido ocasión de conocer con cierta profundidad gracias a mi trabajo, la vida tiene una deplorable facilidad para convertirse en algo feo e insatisfactorio. Lo peor del asunto es que, cuando le da por ahí, uno no sabe hasta dónde puede llegar, porque otra de las cosas que tiene, la vida, es que no reconoce los límites que uno quisiera imponerle para conjurar la angustia y el terror. A partir de esa constatación, varía mucho la actitud que toma cada cual. Hay quien se pega un tiro y hay quien prefiere pegárselo a otro, lo que no tiene un efecto tan definitivo sobre el problema, pero permite ganar algún tiempo (Lorenzo Silva: La niebla y la doncella).

Con Lorenzo Silva he recuperado la sensación, que creí perdida, de no poder dejar el libro encima de la mesilla de noche. A pesar de los inconvenientes que presenta la connivencia de este autor con Morfeo durante las mañanas siguientes a las noches de lectura, es una experiencia que les recomiendo. Y ya ven la prosa que gasta Don Lorenzo. Impecable. Da gustito encontrarse con un autor que conoce su oficio, entre tanto rebuzno impreso.

―Pues eso son la mayoría de las vidas, un cuarto de vuelta al mundo visitando a la carrera los museos más importantes de cada sitio. Como para poder decir a los vecinos que has estado allí. Yo no creo que haya nada después de la muerte, ya lo sabes, pero si hubiera algo y me preguntaran, como cuando vuelves de un viaje, qué he visto, diría lo que dicen los turistas, y con sus mismas palabras (Juan José Millás: La mujer loca).

Otro que tal baila. Pero un pelín más desquiciado. De todas maneras, la disquisición no deja de ser interesantísima, y me trae a la memoria lo que una amiga de la Dama de los Lunares le dice siempre a su hija cuando están de vacaciones: “Nosotras no somos turistas. Somos viajeras“. Es otra manera de definirse por la vida. ¿A que sí?

¿Quién se conforma con ser sólo el que es? En tardes de domingo, ¿quién no se ha mirado al trasluz y ha visto en su interior el rostro de un desconocido igual que en los billetes de banco? ¿Quién se reconoce a solas, cuando cierra los ojos? (Rafael Reig: Hazañas del capitán Carpeto).

Creo que este es el libro más loco de Reig. Y miren que los tiene locos. A la pregunta que hace Reig contesta, desde el más allá, Calvino, con una posible solución:

En mi juventud me pasaba horas y horas delante del espejo haciendo muecas. No es que mi cara me pareciese tan bella que no me cansara nunca de mirarla; no, no podía aguantar mi cara, hacer muecas me ofrecía la posibilidad de probar caras diferentes, caras que aparecían substituidas en seguida por otras caras, de modo que podía creerme otra persona, muchas personas de todo tipo, una multitud de individuos que sucesivamente se convertían en mi persona, es decir, yo me convertía en ellos, es decir, cada uno de ellos se convertía en otro de ellos, y mientras tanto era como si yo no fuese (Italo Calvino: La gran bonanza de las Antillas).

De todas maneras, no busquen demasiadas soluciones más a sus dudas ontológicas, si las dos o tres primeras (soluciones, digo) no les valen. Tal vez sea que no les vale ninguna…

Pero las circunstancias nunca pueden hacer feliz a quien no cuenta con una naturaleza predispuesta a la felicidad (Félix J. Palma: El mapa del cielo).

Otros humanos son completamente refractarios a cualquier tipo de psicoanálisis, externo o interno. Tal vez esos seamos (me incluyo, sí) los más felices.

―Ahora, querido, cuéntame algunas de las fantasías e imaginaciones que pueblan tu inteligente cabecita.
―¿Las qué? ―farfulló Guillermo, mirándola boquiabierto.
―Las cosas que te figuras, querido. ¡Estoy segura de que vives en un mundo de ficción!
―¡Oh, sí! ―asintió Guillermo―. A menudo finjo cosas, como por ejemplo que soy un caníbal guisando gente, o un pirata obligado a sus cautivos a arrojarse al mar con los ojos vendados, o bien un monstruo prehistórico mascando huesos humanos.
Flavia dio un respingo.
―S-sí ―tartamudeó, palideciendo ―. Bien, ahora hablemos de lo que te ha traído aquí.
(Richmal Crompton, Guillermo el Rebelde).

Hale. Ya llevan unas cuantitas, para ir tirando. Marco la fecha y voy barruntando post, que no hay que dejar caer los blogs, sobre todo ahora que ya no están de moda.

Besotes.

5 comentarios to “Citas XLIV”

  1. Glomus Says:

    Al finnn…. Creí que el mundial de baloncesto habíale abducido. Excelentes las citas y probaremos al Sr Silva, que lo tenía en la recámara.
    Por cierto, 02 a 06 oct caeremos por la zona. Alojamiento muy cerca del Unicornio, hua, hua, hua… Besotes hasta entonces.

  2. Microalgo Says:

    Uh. El día tres actúo yo en el Falla, haciendo coros en una ópera. Supongo que con la enana la cosa está difícil. Pero al día siguiente, a la sazón sábado, podríamos quedar pa algo. Digo yo.

  3. Anaxágoras Says:

    Es bueno conectarse a este blog de vez en cuando. Haré por estar por allí, amigo glomus.
    Las citas tienen un tufillo algo pesimista ¿no?. La más divertida la de Calvino (no el serio, sino el otro, claro)

  4. Microalgo Says:

    Y la de Guillermo, claro…

  5. Microalgo Says:

    ¿Seré inocentón? Mirando las estadísticas del blog, que tenía abandonadísimas, me he percatado de que la entrada de citas más leída es la trigésima. ¿Por qué? Por la costumbre de usar los números romanos: “CITAS XXX”. Seré lerdo.

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