Buscad a Deirdre

Es opinión de los más profundos estudiosos de los problemas del mundo que la felicidad en la vida depende principalmente de saber tomar las cosas como vienen (P.G. Wodehouse: ¡Pues vaya!).


Deirdre of the Sorrows

¿Realmente es Deirdre la
que destruye tanto?



Buscad a la mujer (cherhez la femme), decía un personaje de Dumas, y la frase ha quedado para los restos. Es un poco machista, y parece que a Dumas no se le ocurrió que cuando una mujer se comporta de manera inexplicable tal vez haya que “buscar al hombre”. Lo más seguro es que sí.

En fin: el equivalente mítico más parecido, en el mundo celta, a la figura de Elena de Troya es Deirdre, más conocida como “Deirdre de los Lamentos”… de hecho, parece que “deirdre” significa, precisamente, “dolor” en gaélico (Si nasiste pa’ martiyo der sielo te caen los clavos, que decía el amigo Blades).

Y el mito es parecido, como digo, en algunas cosas, pero no en otras. Para empezar, dados los tamaños de los contingentes implicados, en Troya debió cascarla mucha más gente que en las colinas de las islas británicas.

Y otra diferencia es que la pobre Deirdre estuvo marcada, desde su nacimiento, por una maldición puñetera: era demasiado guapa. Se la describe como una pelirrojaza de ojos verdegrisáceos, y ahí estaba su cruz. Todo el mundo se la quería llevar al huerto, y en cuanto un rey la veía intentaba cargarse a los que estuvieran a su alrededor, que es el método que se utilizaba en aquellas épocas obscuras y pretéritas para decir “hola, chati, ¿estudias o trabajas?”

Hartita de que la población celta en pleno se alanceara profusamente por ella (y sin consultarle siquiera qué pensaba ella al respecto), Deirdre acabó dándose de cocorotazos contra un peñasco, que es una manera mucho menos refinada de hacerse el hara-kiri, más celta, podríamos decir, pero que en definitiva conlleva similares resultados a corto plazo.

Los cantos y lamentos sobre este personaje suelen empezar con un “Dherdriu, maindéra mar” (Oh, Deirdre, destruirás tanto), que es el mal augurio que los druidas intuyeron en su persona incluso antes de que naciera.

Pero lo que cabe preguntarse es si realmente es Deirdre la que destruye.

Elena es una mujer adulta que decide fugarse con su enamorado (podemos suponer que elige), y bien la podían haber dejado tranquila si no fuera Troya un puerto clave en la ruta marítima del Egeo, y la fuga de la señora una excusa estupenda para que los griegos coaligados se decidieran a hacerle minuciosamente la puñeta al pobre Príamo, rey de aquella mítica ciudad.

Deirdre es apenas una niña que huye de un potencial marido viejales que ha estado esperando a que crezca (un poco) para casarse con ella, porque la belleza de la chica es legendaria. Y por donde pasa en su huída, la pobre, va provocando con su mera presencia que la peña se pelee por ella, cosa que acaba también llevándose por delante, ya que estamos, a su enamorado y a los dos hermanos de este. Por purita lujuria de los demás. Así que no, no es Deirdre la que destruye las cosas. Pobre Deirdre. Son los demás gilipollas, que piensan con los testículos.

¿Estamos, lo han pillado Ustedes, todos de acuerdo, nos aplicamos el cuento?

Estupendo.

La foto de inicio es la portada de un disco de Patrick Cassidy, un neobarroco irlandés contemporáneo, que compuso una preciosidad de obra sobre el mito de Deirdre. En la red (donde se dice que está todo y parece que casi que sí), he dado con la primera aria + coral de ese disco, que lleva, precisamente, como título “Oh, Deirdre, destruirás tanto”, y lo pueden escuchar por acá. Quitando las cuatro primeras palabras, que ya las podrán deducir, el resto les va a ser un poquitín más difícil de pillar porque también está en gaélico. Pero bueno, será todo de muchísima pena, seguro. La parte coral empieza en 1:16.

Besotes.

2 comentarios to “Buscad a Deirdre”

  1. anarkasis Says:

    suena barroco, a mi magustao la musiquilla.
    y escribiendo sobre sonidos encuentro una “petite” diferencia entre Helena (con h o sin h), y Deirdre. Que Elena (con h o sin h) gime, (al menos es lo que nos cuenta el banal Homero de la cuestión, por la que la hecha (con h o sin h) de menos su marido, tendríamos que entender, o, por vengar esos gemidos que presupone, su marido,
    Pero el banalísimo Homero, ¿A través de qué oído divino, la oyó gemir?, Quizás también como todos los humanos fue confundido por la envidia de los dioses. Porque, tanto en las leyendas, que nadie lee pero escucha, como en las escrituras que nadie recita, pero leen, la culpa es de la envidia de los dioses, que usan a los humanos como sus instrumentos, no de los ..ojones…

    ¡Que los dioses le den buena playa!.

  2. Microalgo Says:

    Gracias, Dama Anarkasis. Lo mismo le digo.

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