Llevar las orejas bien abiertas.

Kaminski no tenía dinero, ésa era la verdad. Ni para pagar el alquiler de ese mes ni para el alquiler de cualquier época del año. No tenía dinero porque no trabajaba, y no trabajaba básicamente porque no creía en la ética del trabajo. Creía en tras cosas. En el arte, que para él era un constructo difuso. El arte de la vida bohemia, contestaría él si le preguntaran. Y la vida bohemia es no dar golpe, añadiría después. Filosofía que él seguía a rajatabla, pero de un modo natural: había descubierto con regocijo que no era necesaria una fuerte autodisciplina para no levantarse de la cama (Gabriel Noguera: Historia de la literatura secreta).


Pescadería

Aro, ome.



Andurreando por Cádiz (y alrededores) siempre es bueno llevar las orejas bien abiertas.

Parte de una conversación escuchada de pasada en la pescadería del pequeño Mercado de San Antonio, (San Fernando):

«”Po me diho er zarhento: “hay que cavá una trinshera ajquí, de sai metro de larga y metrimedio de profundiá”. Y yo le dihe “¿pero pa qué, mi zarhento?” Y ér me diho: “por ci er enemigo ce pone a dihpará, pa protegen-no”. Y yo le dihe “Po mi zarhento… ¿Y ci dihparamo nohotro y que caven elloh?”».

(Juro que es el fragmento de conversación que escuché, tal cual. Hay que tener las orejas bien abiertas, en Cádiz, repito)…

7 comentarios to “Llevar las orejas bien abiertas.”

  1. maria victoria Says:

    Que como cadi no hay na

  2. Salamandra Says:

    -… y cohió el vieho el paraguas y le dió a uno der Beti en toa la cabesa.
    – Po claro, mu bien.

    Oído en el autobús un día después de un Cádiz-Betis, cuando el Cádiz estaba en primera.

  3. Glomus Says:

    Por no hablar de los soldados que también por aquellos lares se cambiaban de bando allá por el XIX, no por quién cava y quién dispara, sino bajo el influjo de faldas y calores, como muy bien describía vuesa merced en un antiguo post…

  4. Anaxágoras Says:

    Y lo que me he perdido por no hacer la mili …

  5. Microalgo Says:

    Que se lo digan al Nán, Glomus.

    Y no, no creo que se haya Usted perdido mucho. Además, no querría yo verlo a Usted por aquella época, Anaxágoras, con un arma en la mano y con un sargento dándole gritos. Tch, tch.

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