Morocco way of living

Paciencia: Forma leve de desesperación que se presenta disfrazada como virtud (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).


Chaouen

Bonito sí que es, Chaouen…



Lamento el lapso de tiempo que he dejado en barbecho el blog. Circunstancias diversas, ninguna muy grave, entre las que se encuentra la que redacto.

A principios de este mes nos fuimos unos días de vacaciones la Dama de los Lunares y yo, a Chaouen, y nos llevamos, por darles un voltio y quitarlas un poco de en medio en días señalados por tristes, a su suegra y a la mía. Anoto que era la primera vez que estas dos señoras ponían los pies en Marruecos.

Ya en diciembre pasado habíamos estado la Dama y yo allí, con unos amigos de Granada, y no tuvimos el menor problema en recoger el coche previamente alquilado en la terminal de ferrys de Tánger MED. Anoto, de nuevo, que es buena idea alquilar allí un coche porque a) uno se quita de la cabeza leyendas negras de drogas que te esconden en tu coche para que pase la frontera bajo tu cuenta y riesgo y b) un coche con matrícula local pasa más desapercibido tanto para las fuerzas del orden autóctonas como para las fuerzas del desorden, no sé si me explico.

Llegamos sin problemas a la terminal, que no estaba en el mismo sitio que en diciembre porque el edificio era nuevo, y todo estaba remodeladito.

Así que fuimos a información.

¿La oficina de Europcar?

(Europcar. La empresa con la que hicimos la reserva del coche era Europcar. ¿He dicho ya que era Europcar la empresa con la que hicimos la reserva? ¿No? Pues Europcar, era. Europcar).

Respuesta de las chicas de información: Se miran una a otra. No hay. No hay oficina de Europcar.

Debe de haber un error. Llamamos al número de información que teníamos en la fotocopia de la reserva (eso implica ya usar el teléfono y hacer el roaming correspondiente: suena un silbato en la central de la empresa de telefonía móvil, se descuelgan unos globitos del techo y se oye una alegre fanfarria).

Nadie coge el teléfono.

Decidimos ir a la antigua terminal, por si acaso.

Suena una fanfarria (mental, esta vez) entre los taxistas de la terminal. Digamos que somos “cuatro blancos perfectos”. Nos dicen que no hay ninguna lanzadera que nos lleve para allá, y se ofrecen a meter nuestras maletas en el maletero… ah, espera, llega una lanzadera que nos lleva gratis. Ah, es que era a la otra terminal, no había yo entendido bien. Vale, vale.

La lanzadera nos lleva a la otra terminal, que es un erial. Existe la oficina, pero parece haber pasado un huracán por dentro, y está completamente chapada.

Los guardias de seguridad, a los que contamos la cosa como podemos, vienen y van, hablan entre ellos, llaman a no sé quién. Al final nos llevan a una oficina donde hay un policía joven al que preguntamos en qué idioma podríamos entendernos él y nosotros, de entre los que controlamos o la Dama o yo. ¿Francés, español, portugués, inglés, italiano? En cualquiera, nos dice en perfecto castellano. Uno ve que hay esperanza en los países de los que decimos que están “en desarrollo”, y que la esperanza está en la formación (¿SE ENTERA, MINISTRO?). Al final, este hombre nos aconseja pillar un taxi e irnos al aeropuerto de Tánger (casi una hora de camino), donde hay una oficina de Europcar (¿he dicho ya que la empresa era Europcar?) que, según la página web, cierra a las once. Hay tiempo.

El de la lanzadera, antes de pedirnos una propina para un café, elije un taxi para nosotros de manera irrevocable, con cuyo dueño regateamos hasta acercarnos al precio que nos había dicho antes el policía que era aceptable. Nos montamos los cuatro (ya anochece) en el Mercedes, lo menos del 68, que no tiene cinturones de seguridad y partimos a toda velocidad de galápago. Dos veces, a lo largo del trayecto, el conductor, que no habla casi ni papa de nada que no sea árabe (eso sí, intenta hablar de fútbol a base de decir “rialmadrid, barselona, cristianorronaldo), nos anuncia que hay que llenar de aire un neumático. Nos lo comunica diciendo “roda poco mal, pistola”, lo cual nos tranquiliza en grado sumo. Por dos veces sale de la autopista y nos mete en mugrientas poblaciones donde, en el mejor de los casos, nos asesinarán y violarán a todos, y en el peor, lo contrario.

A pesar de todo, llegamos al aeropuerto. Le pedí una factura al del taxi, para poder reclamar después el importe. Gran poema, el taxista haciendo como el que buscaba el talonario de facturas y sacando uno a uno los tíquets del Corte Marraquechí de la cartera, a ver si eso eran las susodichas facturas. Al final consigo que me dé un papel, que lamento no tener aquí para escanearlo y subirlo al blog. En fin, para que se hagan una idea, no lo usaría ni como papel higiénico, precisamente, por su falta de higiene.

Entramos en la terminal del aeropuerto. Oficina de Europcar (¿les he dicho ya…?). Cerrada. Son las diez. Hay un teléfono. Llamamos. No lo cogen.

Uno de seguridad del aeropuerto detecta, desde lejos, que me estoy poniendo verde, estoy creciendo de tamaño y mis ropas empiezan a resquebrajarse, y con su mediación (conoce el móvil personal del tipo que trabaja en la oficina de Europcar, Europcar, Europcar), nos ponemos en contacto con el empleado, le dictamos el número de reserva y tras un momento dice que en media hora está allí.

Que es una hora larga. Viene asegurando, ya desde lejos, que es su día de vacaciones, y que está allí por hacernos un favor. Tras pelearnos con las tarjetas de crédito, conseguimos alquilar el coche y llegar a Chaouen, nuestro destino.

(Casi fin de los avatares con el coche. Casi digo porque a la vuelta no pusieron una multa por exceso de velocidad – setenta y dos en una zona de sesenta, treinta euros, aquí los tiene señor guardia, con Dios o con Allah, hasta la vista- y al seguir las instrucciones del empleado de Europcar de devolver las llaves y la documentación en una oficina de turismo de la terminal, la oficina tampoco existía ya, así que dejamos la documentación en la ofician cerrada, la llave en otra agencia de turismo y el coche en el párking de la terminal, le mandamos un mensaje al empleado contándoselo y vámonos paspaña, que aquí no hay jamón serrano).

El caso es que yo probablemente traía incubado un virusillo desde el inicio del viaje. Se trataba, concretamente, de un virus de ARN que tiene el absurdo pero explícito nombre de “boca-manos-pies“, que ataca a niños menores de tres años, y que en adultos no suele tener la más mínima importancia. Te salen dos granitos que pasan desapercibidos y ya. Antes de que hagan chistes sobre potenciales pederastias, les contaré que la Dama de los Lunares trabaja en un proyecto sobre el desarrollo de las competencias lectoras y escritoras de niños de infantil y primaria. No, a ella no le ha afectado ningún virus.

A mí sí que me dio. Bajón de defensas, cabreo, estrés… llámenlo como quieran. El caso es que el virus me ametralló el organismo y a la vuelta tuve que estar una semana de baja laboral (con el detrimento de sueldo que, hoy en día, ello implica). Ya tengo mejor las manos, pero miren qué infame aspecto tenían hace unos días. Los pies andaban (válgame el retruécano) igual. Y, contrariamente a lo que dicen algunas páginas web sobre el virus, las llagas primero pican (como cuando te pilla un mosquito muy cabrón) y luego duelen (como si te hubieras quemado con un cigarro). Ni a mi peor enemigo. En serio.

Foto0352

El tiempo que estuvimos en Marruecos anduve hecho una braga y con la duda de que Sanidad Exterior me dejara o no volver al país, porque no tenía ni idea de qué es lo que me estaba atacando. Cuando pude ir a mi médico, a duras penas podía este contener la guasa, pero se abstuvo de hacer comentarios hirientes.

Para próximos viajes mi madre sugiere Viena, o un sitio así de civilizado.

Y en fin, acabemos con una nota positiva. Chaouen es una maravilla. Si alguna vez recalan por allí, alojarse en Casa Elías, donde nos quedamos nosotros, es una opción recomendabilísima: en plena Medina, a muy buen precio, con un aparcamiento cerca, el dueño (el tal Elías) es un hombre encantador que nos ayudó muchísimo, y los apartamentos son estupendos. No todo iba a ser malo, hombre.

10 comentarios to “Morocco way of living”

  1. Glomus Says:

    Me están entrando unas ganas de ir a Marruecos que ni te cuento… Eso te pasa por emular a Anaxágoras (“rubito arisco…!”) y perderte por esos espacios tan apasionantes por la tele o google maps, pero poco recomendables in situ para quienes frisamos (5ª acepción del DRAE) el hemisiglo.
    Hala, alegrándome del reencuentro!

  2. laluli Says:

    Gracias por reaparecer. Este post me lo confirma: Marruecos no es para mí.

  3. H. Lecter Says:

    ¡Ay D. Micro! Eso le pasa por ir de bien y a turistear. Si su intención hubiera sido traficar, atentar o conspirar, todo hubiera sido miel sobre hojuelas, como dirían D. Benito Pérez Galdós u otro de su cuerda. Marruecos es un paraíso y aunque siempre que he estado he tenido alguna historia medio truculenta, nunca ha sido nada grave ni me ha quitado las ganas de volver. Y aunque los marroquíes nos puedan parecer pícaros o siniestros en ocasiones, es sólo el síndrome del sordo que sospecha de todos. No porque los otros sean culpables, ni sospechosos siquiera, sino porque solemos ser algo sordos cuando salimos de nuestro estanque. Me alegro de que no haya sido nada. Salud.

  4. Salamandra Says:

    Con el cabreo se le ha escapado la «o» de Morocco. Por lo menos se libró de la diarrea del viajero. Y de que lo retuviesen por sospecha de fiebre hemorrágica.

  5. maria victoria Says:

    Como viajera adjunta de esta aventura doy fe de todo lo narrado, y una vez mas me congratulo de tener un hijo al que las adversidades no le quitan el sentido del humor

  6. ClementeMat Says:

    Desde que viajo con mis “menores”, estimados Microalgo y Glomus, bien que nos movemos por sitios civilizados. Qué le vamos a hacer … aunque los lugares poco recomendables pueden ser también no poco “interesantes”. Habría que reflexionar sobre lo mal que se ha puesto el mundo para los viajes por muchos de los países. Por cierto, WordPress ya no me deja usar el nombre de “Anaxágoras”, o al menos eso creo. Una pena. Estoy más moderado desde entonces, jeje.

  7. Microalgo Says:

    Qué bueno verlo por aquí, Maese Glomus. Y bueno, nunca he tenido gran problema con los marroquíes, esta vez ha sido una excepción y me barrunto que el fallo ha sido desde la central de Europcar (¿les he dicho ya que…?). Por lo demás, merece mucho la pena y la lástima es haber ido ya pachucho.

    Y en fin, Luli: que tampoco es el África Negra, no es tan distinto de acá y la mayor parte de las veces uno se comunica bien con la peña de allí (sobre todo lo haría Usted, que habla tan bien el gabacho, lengua franca de allá).

    Ah, y felicidades por su cumple.

    Doctor Lecter, qué le voy a contar: hay quienes no valemos ni para defraudar diez céntimos. Nos pillan enseguida. Pero lo que dice es completamente cierto, aunque los españoles no somos de lo peorcito allá, porque algo de mediterráneos, al fin y al cabo, tenemos. Un sueco siempre va a sospechar que lo están tangando. Nosotros sabemos que nos están tangando, y aún así lo asumimos con más o menos filosofía.

    Apañado lo de la “o”, Maese Salamandra. Gracias por el aviso. Falta de práctica…

    Bienvenida, Jefa. Otee y comente lo que le plazca por acá. Como en casa.

    Y Maese Mat el Viajero, no sé qué habrá hecho WordPress con lo de Anaxágoras. Pero lo reconocemos, de todas maneras. Y Marruecos no es que sea “no recomendable”, pero en fin. En determinadas circunstancias, mejor Viena, sí.

  8. Niña Extrarradio Says:

    Eeeyyyy, me alegro de su regreso!!! Ya se le echaba en faRtaaaa!!
    Pues Marruecos de momento sólo he ido de viaje en un sueño que tuve hace un mes aprox. Pero no entra dentro de mis planes reales. Y ahora menos. Viena, en cambio, será el destino de mañana. Aayshh que nervios…hoy empiezo el protocolo de despedida, como si jamás fuera a volver.

    Espero que esté mejor, por si acaso, sana sanita, culito de rana, si no se cura hoy se curará mañana ;)

    Saludos Extrarradiales!!!

  9. Microalgo Says:

    Pues ya nos cuenta Usted de Viena. No he estado nunca. Me fiaré de su criterio, como siempre.

    Un besote.

  10. laluli Says:

    Como digo en el post posterior yo pierdo los papeles facilmente con los que me toman por lela y después me torturo por ello, No soy lo suficientemente tolerante para ir, lo pasaría muy mal

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