Son estos días de mierda

Las obras de los artistas son más perfectas que las de las madres. La muerte las visita menos (Horacio Vázquez-Rial: El soldado de porcelana).


Santiago Feliú

Ay, que se nos ha ido
otro de los muy buenos.



Se murió ayer Santiago Feliú.

No ha hecho ruido, no acapara las portadas, no aparece ninguna necrológica en el Diario de Cádiz. Pareciera que a nadie le importa.

Pues a mí me ha jodido, y un montón.

Dicen de él que con cinco años agarró la guitarra al revés, y ya nunca quiso tocarla al derecho. Pero no es que la usara como un zurdo: su guitarra tenía las cuerdas puestas como las de un diestro, es decir, que tocaba con las primas abajo y los bordones arriba, y a veces con afinaciones abiertas, lo que hacía casi imposible tocar una guitarra como lo hacía él. Y sonaba bien. Vaya si sonaba.

Yo solo coincidí con él una vez, en un concierto en el Pay-Pay, y me pareció un gran tipo. En algún papelito tengo apuntada, con su letra, la afinación que estaba usando ese día. En medio del concierto nos contó que la noche anterior había estado tocando en una localidad vecina (no voy a decir cual), y que había como cien personas y NADIE lo estaba escuchando. “Canté cuatro canciones y me fui pal carajo”, nos confesó, risueño. Luego se quedó en silencio un par de segundos. Se puso serio y nos dijo: “Hoy es el desquite. Muchas gracias”.

A él ya no le va a importar, así que he colgado por aquí el audio de la última canción de aquel concierto. Se la pidió Ruibal, como bis. El “bravo” que se escucha al final, estropeándolo un poco todo, es mío. Lo solté desde la barra, alucinado como estaba de tenerlo allí, tirándonos a la cara, tan de cerca, ese cubo de belleza.

Un comentario de la Dama Ronronia (en el post anterior) me estaba haciendo redactar una entrada la mar de nostálgica, sobre la pérdida de la sensación de inmortalidad, esa que se tiene a los dieciocho y no a los cuarenta y cinco. Iba a decir yo en ese post que nunca la he tenido del todo, que incluso a aquellos dieciocho tenía la consciencia clara de que duramos lo que una flor en la cuneta, y que tenemos la misma consistencia. Ese dato, el único verdaderamente exacto que podemos asumir (que cualquier día puede ser el último), se lo puede tomar uno de muy diversas maneras. Se puede poner uno los calzoncillos en la cabeza y salir a la calle en pelotas gritando “total, da igual”. También se puede poner uno cartujo y no salir de casa, susurrando “total, da igual”. Yo no sabía explicar exactamente mi postura.

Hasta que leí la elegante recomendación de Rafael Reig: Hay que vivir, no como si fuera tu último día de vida, sino como si fuera el último día de vida de los demás. Al fin, después de tantos años intentando explicarme, Reig supo escribir lo que yo no había sabido decir nunca.

Yo qué sé. Tanta lluvia, o que estos días de mierda (que también se irán) se lleven a la poca gente que aún fabrica belleza me pone triste. Tranquilos: se me pasará.

8 comentarios to “Son estos días de mierda”

  1. Salamandra Says:

    El paseo de la perra coincide con «el ojo crítico» de RNE. Y llevan unos días en los que parece que tener talento es un factor de riesgo de mortalidad.

    Y viene usted hoy y me refuerza en la idea.

  2. Microalgo Says:

    Abríguese, Maese Salamandra. No me vaya Usted a pillar algo malo.

  3. anarkasis Says:

    Demasiado pronto para los Who, demasiado tarde para los Jam, decía una letra de “Loquillo”, Algo parecido le pasa a este autor, que canta, que suena demasiado a Silvio, y esto lo apaga,…. o igual la stasi cubana se lo ha cargao, por hacerle sombra a Silvio
    “total, si va a dar lo mismo”

  4. Confusio Segundo Nán Says:

    Una vez, el editor de FCE me llevó a ver cómo trabajaban los linotipistas. Me quedé flipado con uno que iba a toda leche y tenía las letras de plomo puestas al revés. Me contó que su padre lo llevó a trabajar con él, como ayudante. El padre tenía las letras de cara, pero el estaba enfrente subido en un cajón, con las letras al revés, y el padre le iba diciendo “dame una s, dame una a”. Cuando trabajó solo, únicamente reconocía las letras velozmente si estaban al revés.

    Hoy no me apetece hablar de la muerte, fíjate, con lo que hablo de ella. Te dejo el principio de un poemita de un librito que a lo mejor hasta se edita y todo.

    LA MUERTE NO EXISTE

    Ninguna ceniza recuerda quién fue. No hay ahí conciencia: el sustrato de la existencia.

  5. Microalgo Says:

    Avise, Maese Nán. Avise.

  6. ClementeMat Says:

    Quizás vendría ahora al caso la concocida frase (para los radioadictos a rne3) “buscad la belleza, que es la única protesta que merece la pena”, con la que acababa todos los días el fabuloso programa, tristemente desaparecido, “Diálogos 3”, del herético y polifacético Ramon Trecet. Si digo que aprendí a escuchar, a conocer y a amar otras músicas gracias a su programa, no exagero ni un pelo.

  7. Microalgo Says:

    Pues sí que era un estupendo programa de radio, sí.

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