Dos libros raros, rarísimos

Pero el sentido común nos advierte de que el mundo es un raro lugar habitado por gente más rara que el mundo mismo, circunstancia que vuelve posible cualquier cosa improbable y que vuelve probable cualquier cosa imposible, y de ahí tal vez la condición circense de la vida (Felipe Benítez Reyes: Mercado de Espejismos).


Codex Seraphinianus

Una imagen del Codex Seraphinianus.



Decía Italo Calvino en un estudio que hizo del Codex Seraphinianus que la lectura (si así pudiera llamarse) de este libro nos retrotrae a una época en la que fuimos seres iletrados, niños pequeños que miran una enciclopedia y que intuyen que las anotaciones que explican las ilustraciones quieren decir algo (deben decir algo), pero no sabe qué.

Sabemos quién fue su autor, que las ilustraciones son un delirio surrealista divertidísimo y que el texto que las acompaña, totalmente inventado, no merece el esfuerzo de ser descifrado, porque no significa nada: ni siquiera tiene estructura de texto escrito.

(Debo el conocimiento de la existencia de este manuscrito, y por ello le doy las gracias, a nuestro amigo Alejando Hidalgo / Xandru Fidalgo, el del blog “Asturianízame”, enlazado a este mismo en el blogroll de la derecha).

Sin embargo, mucho más inquietante es el manuscrito Voynich, escrito hace unos quinientos años, no sabemos si con intenciones jocosas (como el anterior) o no. Este libro (lo tienen completito en PDF aquí) parece un compendio botánico pero las especies que se describen o están dibujadas con el culete o, directamente, no existen. El texto que las acompaña, por el contrario, tiene ciertas características que hacen pensar que sí que se trata de un texto legible (al menos para el que lo escribió). Para empezar, dice la Wikipedia que cumple la ley de Zipf (es decir, que el segundo elemento escrito más frecuente aparece la mitad de veces que el primero, y el tercero un tercio de aquél, etcétera: es lo que suele pasar en la inmensa mayoría de las lenguas naturales). Este lingüista (George Kingsley Zipf) desarrolló sus trabajos en los años 40, así que no es en absoluto probable que el anónimo autor del manuscrito Voynich los conociera, a no ser que hubiera desarrollado él mismo estudios similares con quinientos años de antelación.

Por otra parte, los grafólogos (siempre según la Wiki) afirman que la escritura es fluida, como si el autor entendiera lo que está escribiendo (nada que ver con el Codex anterior, que es una pura guasa).

Hasta ahora, el libro ha resistido todo intento de descifrado (incluso por parte de criptógrafos equipados con las más recientes herramientas informáticas), y continúa siendo un misterio que aprovechan los paranormalólogos para meter baza esotérica.

¿Qué les parece? ¿Hein?

10 comentarios to “Dos libros raros, rarísimos”

  1. sorel Says:

    Hace unos días acabe la lectura de “Los mitos de la guerra civil” * de Pio Moa, historiador de impecable trayectoria.

    ¿Se puede considerar, al igual que los mencionados manuscritos… un libro raro, rarísimo?

    *En mi defensa alego que fue un regalo.

  2. Xavie Says:

    Hola Micro,
    Es curioso que hables del Codex. Tú no llegaste a verla pero La independiente, esa extinta librería malasañera con la que tuve algo que ver, estaba decorada con grabados procedentes de sus páginas. Me regalaron un ejemplar de una edición italiana (un regalo fantástico, la verdad) y lo tengo como oro en paño. A todos los clientes que me preguntaban de dónde había sacado los grabados les enseñaba el libro y alucinaban.
    Lo curioso es que existe un grupo de locos de internet y afirman que el Codex no está escrito en un lenguaje inventado sino que sí que se trata de un libro con significado y ofrecen una versión del alfabeto, que según ellos, han descifrado.
    Como dices en tu post, Calvino acierta al hablar de que enfrentarse a ese libro nos convierte en niños. Yo lo comprobé muchas veces con mi sobrina (de siete años por entonces). Además el libro en sí plantea cuestiones interesantes como: ¿es de verdad un libro? Es decir, ¿un supuesto texto carente de significado, es un libro aunque esté hecho de hojas de papel encuadernadas?. En fin, y algunas otras cosas que son más bien locuras de filólogo. :-)

    Un abrazo,

  3. H. Lecter Says:

    Salú, Mesié Microalgo. Lo de Serafiini es espectacular, bellísimo y marciano, pero lo del manuscrito Voynich me tuvo encarabincancunquilado durante una temporada. Estuve mirando lo que había por la red, los facsímiles, algunos intentos de decifrado, explicaciones más o menos insensatas y no saqué nada en claro. Eso sí que es un misterio y no la ufología. Algún día alguna cabecita loca dará con la punta de la madeja pero, de momento, ni siquiera es posible saber a ciencia cierta, con lo que se tiene a la vista, si es una impostura genial, una ficción inexplicable o un documento verídico pero incomprensible. Esperaremos sentados a la puerta de casa el paso de la solución, porque otra cosa…

  4. Microalgo Says:

    Pues espere sentado, Doctor Lecter, que la cosa va para largo. Yo creo que es una transcripción fonética de la lengua de Conil de la Frontera. Eso resiste a cualquier criptógrafo medio cuerdo y a casi todos los locos.

    Vaya regalazo que le hicieron, Maese Xavié. Y sí, es una disquisición interesante la definción de un libro. Por ejemplo, lo de la Ehteban… ¿entra, o no entra en la definición?

    No conocía el libro, Maese Sorel. Pero en cuanto me he percatado de que el autor utiliza la palabra “vascuence” para referirse al euskera, me he empezado a enterar de por donde van los tiros.

    Nunca mejor dicho.

    • Salamandra Says:

      Yo compraba en la tienda de uno de Conil que emigró a Chiclana. Afortunadamente la convirtió en autoservicio y así casi no había que hablar con él, lo que mejoraba mucho la comunicación, porque era incomprensible.

      • Microalgo Says:

        Aroomeilloaro.

        (Claro, hombre, quillo – = chiquillo-, claro).

        (A ver si hay un criptógrafo que se atreva con eso).

  5. Ronronia Says:

    También existe el Codex Gigas, la biblia encargada por el mismísmo diablo.

    El manuscrito Voynich se lo podría haber inventado perfectamente el mismo Italo Calvino para “Si una noche de invierno un viajero”

  6. Pommette Says:

    Ah los innovadores, que me son unos antíguos….

    oye! muas!

  7. Microalgo Says:

    Besote de vuelta, Madamme Pommette.

    Estoy a ver si me lo bajo, el Codex Gigas este. Vaya pedazo de demoñño que tiene pintadito, para ser una biblia de la época…

  8. anarkasis Says:

    ganas de no leer

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