Citas XLIII: Pratchett.

―Bueno, algunos dicen que el Creador del universo hizo el Disco y todo lo que hay en él, otros creen que todo es una historia muy complicada en la que entran los testículos del Dios del Cielo y la leche de la Vaca Celestial, aunque hay quien mantiene que sólo somos fruto de una acrecentación del azar de las partículas de probabilidad. Pero si lo que preguntas es por qué estamos aquí en vez de seguir cayendo fuera del Disco, no tengo un la menor idea. Probablemente se trate de un espantoso error.
―Ah. ¿Crees que habrá algo para comer en este bosque?
―Sí ―respondió el mago con amargura―. Nosotros.
(Terry Pratchett: La luz fantástica).


Pratchett

El autor, el autor.



Lo prometido es deuda. Aquí les dejo, para finalizar el año, unas cuantas citas de los libros de Mundodisco de Terry Pratchett (tiene otras cosas publicadas, pero hoy me voy a ceñir a esta serie de relatos). Que lo gocen y feliz catorce.

El Mundodisco es un (digamos) planeta-planeta (porque es plano) que se mueve por el espacio apoyado sobre cuatro elefantes que reposan sobre el lomo de Gran A’Tuin, una tortuga inmensa. Así las cosas, no es de esperar que el autor se ciña demasiado a la lógica del espaciotiempo euclidiano…

Un agricultor que se olvida de sembrar semillas normales sólo pierde la cosecha, mientras que quien se olvida de sembrar las semillas de una cosecha que ya ha sido recogida doce meses antes, se arriesga a poner en peligro toda la estructura de la causalidad, por no mencionar que es una vergüenza enorme para él (Terry Pratchett: Mort).

La ciudad más populosa del Disco es Ankh-Morpork, metrópolis llena de magníficos delincuentes y que cuenta con unos pocos buenos policías. El gobernante es el Patricio, Havelock Vetinari…

Ankh-Morpork había coqueteado con diversas formas de gobierno hasta que, al final, se decidió por esa forma de democracia conocida como un Hombre, un Voto. El Patricio era ese Hombre, y el Voto era el suyo (Terry Pratchett: Mort).

Se trata de un elegante y sibilino antiguo miembro del Gremio de Asesinos, que gobierna con una mezcla de acierto y muy mala leche.

No se veía escudo de armas en la portezuela, a menos que uno estuviera al corriente del secreto, que era que el escudo de armas de lord Vetinari tenía el campo de sable. Negro sobre negro. Había que reconocer que el cabrón tenía estilo… (Terry Pratchett: Cartas en el asunto).

Muchos personajes aparecen en varios libros de la saga. La Muerte, por ejemplo, que habla en mayúsculas y tiene un curioso sentido del humor (negro):

―Y supongo que sabes cuál es el sonido que produce una mano al aplaudir, ¿verdad? ―preguntó el hombre santo malévolamente.
LO SÉ. «PL». LA OTRA MANO HACE «AS».

(Terry Pratchett: Soul music).

―¿Lo he visto antes?
VENGO POR AQUÍ BASTANTE A MENUDO, SÍ. EL MIÉRCOLES DE LA SEMANA PASADA, POR EJEMPLO.
―¡Ja! Aquel día fue interesante. Fue cuando apuñalaron al pobre Vince.
SÍ.
―Claro que lo estaba pidiendo a gritos, haciéndose llamar Vincent el Invulneable.
SÍ. ERA BASTANTE INEXACTO, ADEMÁS.

(Terry Pratchett: Soul music).

Aproximadamente al mismo tiempo, una adivina —hasta entonces poco afortunada— que vivía al otro lado de la manzana, miró por casualidad su bola de cristal, dejó escapar un gritito y, antes de una hora, había vendido todas sus joyas, varios instrumentos mágicos, la mayor parte de su ropa y casi todas las demás posesiones que no podía llevar convenientemente en el caballo más rápido que consiguió comprar. El hecho de que más tarde, cuando su casa se derrumbó bajo las llamas, ella muriera en una extraña avalancha en las Montañas Morpork, demuestra que también la Muerte tiene sentido del humor (Terry Pratchett: El color de la magia).

La muerte tiene una nieta (¿por qué no?), una tal Susan Sto-Helit, que se dedica, entre otras cosas a hacer de institutriz (en un libro) y de maestra (en algún otro). Esa institutriz o esa maestra que siempre hemos querido tener, de haber querido alguna vez tener una institutriz o una maestra.

―¿Zuzan?
Miró a su alrededor. Su puerta estaba abierta y había una figura pequeña de pie en el umbral, descalza y en camisón.
Susan suspiró
―¿Sí, Twyla?
―Tengo miedo del monztruo del zótano, Zuzan. Ze me va a comer.
―Susan cerró el libro con firmeza y levantó un dedo a modo de advertencia.
―¿Qué te he dicho sobre intentar parecer obsequiosamente encantadora, Twyla? ―preguntó.
La niña dijo:
―Me has dicho que no tengo que hacerlo. Me has dicho que exagerar el ceceo es un delito penado con la horca y que solamente lo hago para llamar la atención.

(Terry Pratchett: Papá puerco).

―Las preguntas no tienen por qué tener sentido, Vincent ―respondió la señorita Susan―. Pero las respuestas sí (Terry Pratchett: Ladrón de tiempo).

… y con esos maestros, salen estos niños…

―Sabría que funcionaría ―dijo Malicia―. Funcionó en el cuento de La séptima mujer de Barbaverde, cuando ella se escapó de la Sala del Terror de él y lo apuñaló en el ojo con un arenque congelado.
―¿Eso es un cuento de hadas? ―dijo Keith.
―Sí ―respondió Malicia con orgullo―. Es uno de los Cuentos de hadas grimosos.
―Tenéis unas hadas bastante chungas por aquí ―dijo Mauricio, negando con la cabeza.

(Terry Pratchett: El asombroso Mauricio y sus roedores sabios).

Dije que había buena policía en la ciudad de Ankh-Morpork. Hombre, hacen lo que pueden. Su capitán es Sam Vimes, un chico duro, que ha tenido el acierto de hacer una Guardia multirracial, donde hay humanos (aunque alguno tenga que mostrar sus credenciales para certificarlo), enanos (uno de ellos es adoptado, y mide un metro noventa, pero es un enano), gnomos, trolls, golems, vampiros (en realidad, una vampira), hombres lobo (bueno, una mujer loba, concretamente)… A veces los guardias no están a la altura intelectual de su jefe, pero le son absolutamente fieles.

—¿Estaba casado Fuerteenelbrazo?
—No, señor. Vivía en Nuevos Remendones con sus padres.
Padres, pensó Vimes. Peor todavía
—¿Ha ido alguien a decírselo? —preguntó—. Y no me digas que ha ido Nobby. No queremos que se repita aquella estupidez de «te apuesto un dólar a que eres la viuda de Jackson».

(Terry Pratchett: Ronda de noche).

El carisma de Sam Vimes es tal que en ocasiones acaba reclutando a los inspectores gubernamentales que vienen a fiscalizar su trabajo… a este le está enseñando Willikins, ayuda de cámara de Vimes (y un ex-delincuente de cuidado convertido en britaniquísimo mayordomo) algunas técnicas de combate callejero por si hay bronca:

—Es un honor conocerlo, agente titular, señor —dijo Willikins con solemnidad—. Ahora que el señor está con nosotros estoy seguro de que los bellacos desaparecerán como por ensalmo. ¿Se las ha tenido el señor con un troll alguna vez? ¿no? Un consejito, señor. Lo importante es ponérseles delante y esquivar el primer golpe. Siempre se quedan expuestos y entonces el señor puede dar un paso veloz al frente y escoger su blanco preferido.
—Esto, y ¿qué pasa si… si no estoy delante cuando intente golpearme? —preguntó A.E. Pésimo, tan hipnotizado por la descripción que volvió a caérsele la espada—. ¿Y si, por ejemplo, el troll está detrás de mí?
—Ah, bueno, me temo que en ese caso el señor debe volver atrás y empezar desde el principio, señor.
—Ya, ejem, y ¿cómo hago eso?
—El primer paso tradicionalmente es nacer, señor —dijo willikins, negando con la cabeza.

(Terry Pratchett: Zas).

Hay enanos-enanos, aparte del Sargento Zanahoria, que es el tío cachas enano de adopción que he mencionado antes. Cuddy, sin embargo, es enano bajito, pero en cuanto a ironías y amenazas veladas le sacaba varias cabezas a sus interlocutores…

―Oh. ¿Es usted un enano?
Cuddy le lanzó una mirada vacía de toda expresión.
―¿Es usted un gigante?
―¿Yo? ¡Por supuesto que no!
―Ah, entonces yo tengo que ser un enano, sí. Y eso que hay detrás de mí es un troll.

(Terry Pratchett: Hombres de armas).

Otro grupete simpático que habita el Mundodisco es el de los magos. La Universidad Invisible, la más prestigiosa institución de magos del Disco, se ubica en Ankh-Morpork, y está regentada por en Archicanciller Ridcully, un tipo de cuidado del que uno nunca sabe si está en las nubes o diez pasos por delante de uno. En fin, no por nada se llega a Archicanciller… y se mantiene uno tantos años en el puesto sin que lo convierta en sapo algún otro mago con ambiciones de ascenso en el cargo.

―Todo eso está muy bien ―dijo Tata―, pero lo que está diciendo es que por cada señor Ridcully que sobreviva a lo que hay que hacer esta noche, 999.999 morirán, ¿verdad?
―Sí ―dijo Ridcully―, pero no me preocupan nada esos otros desgraciados. Que se las apañen como puedan. Se lo tienen bien merecido por no haberme invitado a sus bodas.
―¿Qué?
―Nada.

(Terry Pratchett: Lores y damas).

Si Ridcully es la cúspide de entre los magos, a la altura del subsuelo podemos encontrar al mago antihéroe por excelencia. Ya lo han vislumbrado en la cita de inicio del post… al pobre siempre le pasa de todo, y no todo lo bueno, precisamente.

Hizo una señal a los guardias y señaló a Rincewind.
―Lleváoslo, echadlo al tanque de las arañas ―dijo.
―¡No! ¡Arañas, encima no! ―gimió Rincewind.
El capitán de los guardias se adelantó y saludó respetuosamente.
―Nos hemos quedado sin arañas, señor ―dijo.
―Oh. ―El visir se quedó desconcertado un momento―. En ese caso, encerradlo en la jaula del tigre.
El guardia titubeó, tratando de pasar por alto los sollozos que sonaban a su lado.
―El tigre ha estado enfermo, señor. No ha dejado de dar vueltas en toda la noche.
―¡Pues echad a este maldito cobarde al foso del fuego eterno!
Dos de los guardias intercambiaron miradas por encima de la cabeza de Rincewind, que había caído de rodillas.
―Ah. Necesitamos algo de tiempo de preparación, señor…
―… para encenderlo, claro…
El visir descargó dos puñetazos sobre la mesa. El capitán de la guardia se animó horriblemente.
―Queda el pozo de las serpientes, señor.
Los otros dos guaridas asintieron. Quedaba el pozo de las serpientes.
Cuatro cabezas se volvieron hacia Rincewind, quien se había levantado y se estaba sacudiendo la arena de las rodillas.
―¿Qué te parecen las serpientes? ―le preguntó un guardia.
―¿Las serpientes? No me gustan much…
―Al pozo de las serpientes ―ordenó Ahim.

(Terry Pratchett: Rechicero).

El Bibliotecario de la biblioteca de la Universidad Invisible quedó convertido por accidente en orangután hace años, pero ha descubierto que tener cuatro manos es más útil que tener dos, y ha preferido quedarse con ese aspecto. Es seguidor de una filosofía pragmática imbuida, probablemente, por su aspecto.

Los simios tenían las ideas claras. Ningún simio filosofa diciendo: «La montaña es, y no es». Ellos pensarían: «El plátano es. Me como el plátano. No hay plátano. Quiero otro plátano» (Terry Pratchett: El atlético Invisible).

Tata Ogg y Yaya Ceravieja son dos ancianas brujas de pueblo, más duras de lo que parece (hemos visto antes a Tata conversando con Ridcully sobre las posibilidades de supervivencia de este).

―No apruebo eso de tontear con lo oculto ―dijo Yaya con firmeza. En cuanto empiezas a tontear con lo oculto empiezas a creer en espíritus, y cuando empiezas a creer en espíritus empiezas a creer en demonios, y antes de que te des cuenta ya estás creyendo en dioses. Y entonces sí te has metido en un buen lío.
―Pero todas esas cosas existen ―repuso Tata Ogg.
―Lo cual no es razón para que creas en ellas. Con eso solo consigues darles ánimos.

(Terry Pratchett: Lores y damas).

Cuando se cabrean con alguien, casi siempre con razón, más vale quitarse de en medio.

Entre ellas había alguna clase de química, aunque era la case que provoca que se tenga que evacuar un edificio entero (Terry Pratchett: Carpe jugulum).

Y claro, hay dioses, y demonios…

No hace falta ser un genio para suponer que los dioses de un mundo así no deben de jugar al ajedrez, y así es. La verdad es que ningún dios juega al ajedrez. Les falta imaginación. Los dioses prefieren juegos más sencillos y salvajes, donde uno No Expande Su Intelecto sino que se Va A La Porra Directamente Sin Pasar Por La Salida. Para comprender toda religión es imprescindible saber que a los dioses les divierte ver a las niñas saltando a la comba con alambres de púas (Terry Pratchett: Brujerías).

Los demonios han existido en el Mundodisco durante al menos tanto tiempo como los dioses, a los que se parecen bastante en muchos sentidos. La diferencia es básicamente la misma que hay entre terroristas y revolucionarios (Terry Pratchett: Fausto Eric).

… y zombies, como el señor Shoe, que es abogado…

―¡Bah! ¡Sacerdotes! ―bufó el señor Shoe―. Todos son iguales. Se pasan el tiempo diciéndote que volverás a vivir después de la muerte, pero cuando lo haces, no veas qué cara ponen (Terry Pratchett: El segador).

Y en fin, que este inglés no deja títere con cabeza. Política, religión, corrupción (con perdón del señor Shoe), análisis certero de los lugares comunes para darles la vuelta como a un calcetín… todo eso, desde una perspectiva humorística, se puede encontrar en los textos de Pratchett. Y buena prosa y horas de entretenimiento. Muchas.

―Privilegio únicamente significa «ley privada». Eso es exactamente lo que significa. Él no cree que las leyes ordinarias se le apliquen. De verdad se cree que la ley no puede tocarlo, y si lo hace se pondrá a gritar hasta que se vayan (Terry Pratchett: La verdad).

La compañía de quienes buscan la verdad es infinitamente preferible a la de quienes creen haberla encontrado (Terry Pratchett: Regimiento monstruoso).

Hay dos clases de gente que se ríe de la ley: quienes la violan y quienes las escriben (Terry Pratchett: Ronda de noche).

Es un hecho generalmente conocido por todos que nueve décimas partes del cerebro no se utilizan y, como la mayoría de los hechos generalmente conocidos por todos también es falso. Ni siquiera el creador más estúpido se tomaría la molestia de hacer que la cabeza humana fuese por el mundo cargando con un par de kilos de gelatina grisácea innecesaria si el único propósito real de dicha gelatina fuese, por ejemplo, servir de exquisitez gastronómica a ciertas tribus remotas que viven en valles todavía no explorados. Esas nueve décimas partes del cerebro sí que son utilizadas. Y una de sus funciones es hacer que lo milagroso parezca corriente y convertir lo desusado en usual (Terry Pratchett: Dioses menores).

Pues eso. Que el noventa por ciento del coco de este muchacho funciona de esa manera. Léanlo, no se corten.

Lo dicho: buen fin de año para todos. Cuídenseme y los espero a la vuelta. Que no me falte ni uno, ¿vale?

Ok.

3 comentarios to “Citas XLIII: Pratchett.”

  1. Salamandra Says:

    Lo de los que se ríen de la ley no es del disco, es de España.

  2. Pommette Says:

    ¡ igualmente!!!!

    :)

  3. Microalgo Says:

    Es que es un picarón, Pratchett, y al modo de Jonathan Swift, va soltándolas así, como el que no quiere la cosa…

    Besotes, Dama Pommette

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