El cine y el llanto

Hay probablemente muchos lectores muy cultivados que no derraman lágrimas por el destino de Scarlett O’hara, pero que les conmociona el de Ana Karenina. Sin embargo, he visto a sofisticados intelectuales llorando a mares al final de Cyrano de Bergerac, un hecho que no debiera sorprender a nadie, porque cuando una estrategia dramática pretende inducir al público a derramar lágrimas, la gente llora independientemente de su nivel cultural (Umberto Eco: Confesiones de un joven novelista).


Silent running

Y yo venga a de llorá y a de llorá.



En uno de los cortos reportajillos que a veces plantan en la cadena esa en la que te ponen películas del año de la tana (y que me encanta), le preguntaban a un guapote actor español que con qué película había llorado más. “Solas”, confesó. “Y no solo yo, estaba todo el cine llorando”, dijo, tal vez a modo de disculpa.

Mi amigo El Mejor De Entre Nosotros (EMDEN) me cuenta que tiene “Qué bello es vivir” (no confundir nunca con “La vida es bella”) a buen recaudo, para ponérsela cuando le apetece llorar a moco tendido. Cuando la niña rubita dice que un ángel se ha ganado sus alitas (minuto 07:35 del enlace), mi amigo se desmorona en un llanto profuso, amazónico e incontrolable y luego se queda como nuevo.

Cuando estrenaron el Cyrano de Rappeneau yo estaba en Granada estudiando (año 1990) y fui con un par de amigas. Ante ese “amor mío, nunca os he amado” que le espeta el noble caballero de la nariz en ristre a su bella Roxana, al final, ya casi cascándola, mis dos amiga prorrumpieron en unos hipidos que resonaban por la bóveda del cine.

¿Y yo?

Yo recuerdo perfectamente ir al estreno de Silent Running (“Naves Misteriosas”, en castellano). La película es de 1972. Pongan que a España llegara un año más tarde. Yo tendría, pues, unos cinco años. La película es una distopía futurista chunguísima: las últimas plantas que quedan ya no están en la Tierra (territorio sumamente jodido desde un punto de vista radiactivo y nuclear), sino que orbitan Saturno en tres naves hortícolas, esperando que la cosa mejore para regresar y replantar. Desde la Tierra les ordenan destruir las naves y volver, y uno de los ocupantes se rebela ante esa locura. Final tristérrimo con atisbo de esperanza, música de Joan Baez (cabrones, hijos de puta) y yo llorando como un riego por aspersión. Luego me hice botánico, claro, ¿no te jode?

En fin. ¿Alguna preferencia fílmica lacrimógena de parte de Ustedes?

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27 comentarios to “El cine y el llanto”

  1. Glomus Says:

    Ahhh…Cinema Paradiso, I’m afraid. Pero sólo las 5 primeras veces que la ví.

  2. Arwen Says:

    La Lista de Schindler, por dios, qué llantinas…

  3. Raúl Vallina (@rulovallina) Says:

    Yo recuerdo haber llorado viendo “Calabuig” en la tele. La que me pongo para llorar de emoción cuando estoy borracho es “El último Vals”, aunque esto tiene que ver más con lo musical y con la felicidad (creo). No me acuerdo en que película, unos hombres muy “machos” confesaban llorar siempre viendo “12 del patíbulo…”

  4. piero Says:

    Pues coincido con el señor EMDEN en la película pero discrepo en la escena: a mí se me abre la espita cuando Jimmy Stewart dice aquello de “¡tengo sangre en el labio, tengo sangre en el labio…!” una de las hemorragias más felices que han visto los siglos.
    Dos apuntes más: mi señora esposa, preguntada al respecto, dice que lloró con “Camino” (y un servidor también, la peliculita se los creo). Y rebuscando en la memoria, recuerdo una película llamada “Más allá de la realidad” (astuta traducción de “The boy who could fly”) con la que también moqueaba yo de lo lindo.

  5. piero Says:

    Fe de erratas: donde dice “la peliculita se las creo” debe decir “la peliculita se las trae”.

  6. Gabriel Says:

    Hay algunas, como “El Imperio del Sol” que, joder, no puede evitarse cuando el chaval se encuentra con sus padres, madre mía. Pero sin duda alguna la que, en mi caso, bate todos los records es “Eduardo Manostijeras”. No sé qué es lo que tiene, me toca alguna fibra muy profunda, pero por si acaso nunca la veo acompañado.

  7. H. Lecter Says:

    A saco con “Yo soy Sam”, que no es la única, pero que me dejó muy claro que si me metía en el negocio de empadrecer, la movida sería muy fuerte. La he vuelto a ver luego y sí, llantina, pero también, ya empadrecido, otro tipo de aplomo, como “que me quiten lo querío” o, “yo, pormisiha, MATO”. Y qué me gustó el cabrini del Penn, que antes no lo podía ni ver. Aunque esté (que lo está) pasaíllo de rosca, amo a ese nota y a su cuadrilla de “tontos” maravillosos.
    Por cierto, esto no debería saberse de un caníbal como Satán manda, conque guárdenme el secreto… o comeremos juntos.

  8. Juan Nadie Says:

    Hay una película que no pasó a la gloria, “Powder”, en la que un chico tenía poderes especiales al ser alcanzada su madre por un rayo durante el parto. Hay dos escenas en esta película, que aún habiéndola visto varias veces, siempre me hacen ir a por la fregona. Aparte soy asiduo plañidero en la comentada escena final del Cyrano de Rappeneau. Y cuando E.T. cogió el bus de vuelta. Y en “El Bosque”, en la máxima expresión del amor ciego que he visto en el cine. Y al comprobar las verdaderas “Señales” de Shyamalan. Y… buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

  9. Microalgo Says:

    Vamos, vamos, Maese Nadie, no me descomponga el gesto.

    Secreto guardado, Doctor Lecter, que ahorita mismo como que no tengo hambre, muchas gracias.

    Es curioso cómo la música tiene mucho que ver con la apertura de grifos oculares. Si no, es difícil no salirse de la película que menciona, Maese Gabriel, y ver a Johnny Depp con un kilo de maquillaje en toda la faz…

    Y bueno, sí. “Camino” es mú de llorar, si no fuera porque uno se acaba cabreando un poco con La Secta y eso puede con lo otro.

    Las suyas sí que son raras, Maese Vallina. No habría acertado con ellas ni de coña.

    Aceptamos Lista de Schindler como animal de compañía. Da mucho susto, además, porque no está en la misma categoría que Drácula, La Momia o el Hombre Lobo. No sé si me entiende.

    Y Cinema Paradiso. También. Pero creo que lloramos en escenas distintas… ya le contaré, amigo Glomus.

  10. José Luis Quiles Morales Says:

    Estos hierbólogos!!!!
    Para mí, los putos “Puentes de Madison County”, pero eran otros años y otro contexto….
    Por cierto, ahora que todavía no lee estas cosas, y sin que sepa que me he ido de la lengua (de los dedos), mi hija mayor (12 años y medio) desde que nació, literalmente, es oir la balada de Forrest Gump y no puede contenerse. Hoy día sigue ocurriéndole igual, debió ser algo intrauterino, jeje, para los que duden de la programación gestacional (early programming, que dicen por ahí).

  11. jonhan Says:

    Pues yo con “Phenomenon”, cuando se pone a despedirse… porque se muere… ¡ay, qué pena!

  12. Guiomar Says:

    Para mí, llorar de pena: “Campeón”, por favor, que se lleven a ese niño; qué sufrimiento. Coincido con la “La lista Schindler”, y no hace falta ni que vea la película, con la banda sonora, ya me hundo.

    Llorar de pena y de alegría: “Espartaco” y “Gladiator” y muchas de Chaplin.

    Llorar de alegría: “Dos hombres y un destino”, la secuencia de la bici es la imagen de la felicidad absoluta.

  13. ClementeMat Says:

    Como no puede ser menos, coincido con EMDEN. Una Navidad sin “Que bello es vivir”, no es Navidad. Y además, en este caso, la banda sonora no juega un gran papel en los últimos y emotivos momentos finales, lo que les hace aún más meritorios.

  14. ClementeMat Says:

    Por cierto, también me acuerdo de “Naves misteriosas”. Vaya película. Marcaba, si.

  15. anarkasis Says:

    yo yoré con yon guaine en la diligencia, pensé, – Todavía quedan hombres, lo que pasa es que yo no los encuentro.

  16. ETDN Says:

    Pffff, yo es que lloro hasta con los anuncios de Calzedonia.

    Lloro muchísimo con “Anatomía de Grey”, pero me relaja mogollón.

    La última llorera con pelis fue en “Antes del atardecer” (esa conversación en el taxi parisino en la que me siento identificada con Céline hasta el llanto) y “Antes del anochecer”.

    De pequeña pequeña me encantaba “El pequeño Lord Flaunterroy”, con Rick Schröder (el niño de Campeón) y lloraba mucho.

    Tampoco falla “El Príncipe de las Mareas”. Cuando él va en el coche por el puente “Lowenstin, Lowenstin”)…ni el principio de “Cuenta Conmigo”.

    A veces sucumbo con la escena del coche de “Los puentes de Madison”.

  17. Microalgo Says:

    Pues son Ustedes TODOS unos lloricas!!

    (Pero gracias por los comentarios).

  18. Salamandra Says:

    He llorado con muchas. Recuerdo el billar elíptico de «Naves misteriosas» y de como reprograma a los robots para que cuiden el jardín.

    El record lo tiene la Salamandrita mayor. A sus 13 añitos Le pusieron «Camino» en el cole, intento aguantarse el llanto, le bajó la tensión y se desmayó. No es coña.

  19. Microalgo Says:

    Jo. Pero vacunada queda contra sectas (ya vendría así de casa, pero nunca está de más). La pobre.

  20. Pommette Says:

    Yo una vez lloré en el cine… pero fue por el precio de la entrada…

  21. Salamandra Says:

    Ayer por la tarde me acordé de otra: «Up!». Además en el cine, con las niñas pequeñas preguntandome si me pasaba algo.

  22. Microalgo Says:

    (Es que el primer cuarto de hora de “Up!” es una cumbre del cine).

    Y bueno, Dama Pommette… yo vivo en la provincia donde es más barato el cine en toda España. Y aún así, duele. Así que me imagino en otras ciudades y me da un pachungo (se lo piensa uno a la hora de pagar un pastón para ver a Tom Cruise frunciendo en ceño).

  23. Pommette Says:

    ¡ un pachungo!!!

    mola

  24. Rímini Says:

    Emmmm… ¿y el final de Tú y Yo (An affair to remember) de Leo McCarey? con Cary Grant y Deborah Kerr. Escena final, Technicolor. Deborah Kerr está tumbada en un sofá, parcialmente cubierta por una manta que oculta la parálisis de sus piernas. Cary Grant ha ido a buscarla para reprocharle no haber cumplido su promesa de encontrarse en el Empire State. En el desgarrador desenlace, descubre que sufrió un accidente.

    DEBORAH KERR: Cariño, no me mires así.
    CARY GRANT: ¿Por qué no me lo dijiste? Si tenía que ocurrirle a uno de nosotros, ¿por qué tuvo que ser a ti?
    DEBORAH KERR: Sólo yo tuve la culpa… yo miraba hacia arriba, el lugar más cerca del cielo… tú estabas allí… Cariño, ¡no te preocupes! Si tú puedes pintar, yo podré caminar… ¡Todo puede pasar! ¿no crees?
    CARY GRANT: ¡Sí, cariño, sí!

  25. Microalgo Says:

    Coñe. Así narrado parece un pastel del quince, amigo Rímini. Lo mismo con los violines de fondo la cosa surte mejor efecto.

  26. Radwulf Says:

    “Silent Running”, qué gran película. Yo he estado haciendo memoria y he llegado a la conclusión que soy una nenaza porque hay unas cuantas películas que no es que me pongan un nudo en la garganta, es que directamente me hacen llorar a moco “tendío”:

    (SPOILERS AHEAD)

    ROBIN Y MARIAN (1976) de Richard Lester, con unos espléndidos Sean Connery y Audrey Hepburn interpretando a unos maduros Robin Hood y Lady Marian. Ese trágico final de su historia de amor me deja siempre con las patillas colgando.

    MILLION DOLLAR BABY (2004) de Clint Eastwood. Me tiré una semana acordándome de todos los antepasados del yayo Clint. Qué mal cuerpo me dejó el joío.

    CADENA PERPETUA (1994) de Frank Darabont. El reencuentro final entre Morgan Freeman y Tim Robbins en Zihuatanejo es todo un canto a la amistad y a la esperanza.

    LA MILLA VERDE (1999) de Frank Darabont. La última voluntad del preso John Coffey (inmenso Michael Clark Duncan) es ver una película antes de ser ejecutado. La felicidad que le produce ver “Sombrero de Copa” de Fred Asteire ni siquiera es empañada en el momento de su ejecución, donde sigue tarareando “Cheek to cheek” hace que me desarme por completo.

    CINEMA PARADISO (1988) de Giuseppe Tornatore. Ya sólo con la banda sonora de Morricone me recorre un repelús por la espalda, y esa escena final con Salvatore, Totó, solo, a oscuras, viendo todos los recortes de besos que Alfredo, el viejo proyeccionista había guardado durante todos esos años. Toda una declaración de amor al cine.

    Y alguna más habrá por ahí…

  27. Microalgo Says:

    Todas en el blanco, primo Radwulf.

    Y nos hacemos viejos, ¿hein? La última es de hace casi diez años…

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