Citas XLI

Pero el río es un viejo maestro taoísta, que a lo largo de sus orillas da clases sobre la gran rueda y sobre los intersticios entre sus radios (Claudio Magris: El Danubio).


Qué flipe

De colores y con mucho detalle loco.

Preceptivo post de citas (que ya tocaba) antes del post conmemorativo. Una docenita, para no saturar.

Un día haré un post de citas exclusivas de Pratchett. El próximo, por ejemplo.

Pero esas cosas toman mucho tiempo y esfuerzo, más del que vale la pena invertir. Por ejemplo, se dice que en una fiesta alguien preguntó al famoso filósofo Ly Tin Malahierb «¿Qué haces aquí?», y que la respuesta duró tres años (Terry Pratchett: La luz fantástica).

Es curioso. Releí Baol y volví a pillar nuevas citas. No, no pienso hacerlo con toda mi biblioteca, que Borges me perdone.

―Es largo de contar ―dijo Balser―, pero si quiere se lo cuento. Albert, tráenos té y pastas.
―A la orden ―repuso el monstruo―. ¿Prefiere té Darjeeling, Orange Pekoe, Jasmine, China Black o Taste of Albert?
―¿Qué es el Taste of Albert? ―pregunté.
―En vez de meter la bolsita en el agua caliente meto el dedo.
―Tenéis que disculparlo ―dijo Balser―. Aunque bien programado, no deja de ser un monstruo.

(Stefano Benni: Baol).

Una de entierros, que he podido constatar yo mismo.

Miré hacia atrás y contemplé un mar de rostros, más lejanos cuanto mayor era la distancia sentimental y de edad respecto al cadáver. Sentí un escalofrío al comprobar que era quizá la primera vez que ocupaba un puesto tan adelantado en un funeral, y me di cuenta de que este acto es, en efecto, uno de los termómetros de la vida (Juan José Millás: Cuentos de adúlteros desorientados).

Vila-Matas refutando uno de los más frecuentes lugares comunes:

―Ignoro ―me dijo levantando de forma alarmante la voz― por qué llevamos un buen rato hablando de la Biblia, pero en cualquier caso dígame Usted una cosa. ¿Acaso aparece el dios Mercurio en su dichosa Biblia? ¿Verdad que no?
―¿Cómo quiere que aparezca un dios pagano?
―¿Y verdad que en su dichosa Biblia nadie habla de hurtos intelectuales?
―¿De hurtos intelectuales? No, no creo. Ésa es una figura más bien moderna.
―Exacto, exacto. ―Ahora parecía más calmado―. Así me gusta. ¿Y verdad que la Biblia no se habla en ningún momento de vendedores de biblias?
―Claro que no.
―Pues entonces no es cierto que la Biblia contenga todos los libros y todas las historias. Falta la mía, amigo.

(Enrique Vila-Matas: Recuerdos inventados).

Este tipo era el cuñado de Marx, si no me equivoco. El texto se escribió en 1880 (cuando los turrones), pero sigue siendo de absoluta actualidad. La frase a continuación es anecdótica, el libro describe los problemas que provocaría la superproducción causada por la entonces incipiente era industrial. Se equivoca poco.

Jehová, el dios barbudo y hosco, da a quienes le adoran el ejemplo supremo de pereza ideal: tras seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad (Paul Lafargue: El derecho a la pereza).

Ver lo que uno no suele ver es la marca del buen escritor. Reig la lleva en la frente, como Caín la suya.

Sobre la calle desempedrada caía la tarde, como un alma a los pies o como lluvia sobre mojado: casi sin hacer ruido, sin ser vista y sin que nadie se acerque a comprobar si se ha hecho daño (Rafael Reig: Hazañas del capitán Carpeto).

La siguiente es una curiosa reflexión por parte de un hombre que vivía en un mundo a punto de cambiar radicalmente. A su muerte, la campaña bélica en el norte había costado demasiadas vidas, su hijo Cómodo administró muy mal el imperio, debido a la peste repobló muchas zonas con colonos germanos poco romanizados y con una tasa de nacimiento superior a la de los romanos… y, junto con unos cuantos factores más, todo eso propició que el imperio romano se fuera al garete, en poquito tiempo.

VII.18: ¿Teme alguien el cambio? ¿Qué puede llegar a ser sin cambio? ¿Qué es más querido o más afín a la naturaleza del todo? ¿Puedes tú mismo bañarte si la leña no cambia? ¿Puedes alimentarte si lo que comes no cambia? ¿Puede realizarse alguna de las cosas útiles sin cambio? ¿No ves, entonces, que el propio hecho de que tú cambies es algo semejante y necesariamente semejante a la naturaleza del todo? (Marco Aurelio, 121-180 dC: Ad se ipsum – meditaciones).

Pero que no nos invada el pasmo y nos lleve al marasmo, claro:

Aunque te quedes sentado diez años en una silla los años pasan igual. ¿Entonces por qué no levantarse y caminar, transformarlos en viaje? (Ursula K. Le Guin: Malafrena).

Muy recomendable también este libro de Orejudo, ambientado en otra época de cambios, más locales y más recientes.

Le conocí bien, como sabe, y puedo decirle que fue uno de esos tipos insolentes, odiosos, malignos e inteligentes que pasan a la historia solamente con el último adjetivo (Antonio Orejudo: Fabulosas narraciones por historias).

Y siguiendo con autores españoles, este mezcla el drama y la comedia como pocos:

Todo ser vivo que aspire a la felicidad debe aprender a llorar (yo no incluiría a los vegetales en esta intrépida sentencia) (Joaquín Berges: Vive como puedas).

Desde lejos me recomendaron este autor. No es fácil encontrar algunos de sus libros. Solo he leído este, a ver si pillo algo más. Esta novela le valió un Pulitzer.

Al fin y al cabo, al éxito le encanta tener testigos, pero el fracaso no puede existir sin ellos (Junot Díaz: La maravillosa vida breve de Óscar Wao).

Hace poco empezó el otoño. Esto me ha recordado esta cita, a propósito de la (para mí) fallida frase “nadie pertenece a nadie”. En fin. Se puede discrepar de alguien y ser buen amigo de esa persona. Felicidades, por cierto.

La fidelidad de un perro es un don precioso que impone obligaciones morales no menos imperativas que la amistad con un ser humano. La vinculación afectiva con un perro fiel es tan «eterna» como puede serlo cualquier otra entre seres vivos de esta tierra. Esta es una consideración que debería tener en cuenta todo aquel que se dispone a adquirir un perro (Konrad Lorenz: Cuando el hombre encontró al perro).

Y ná. Lo dicho. Breve post conmemorativo de la duración ilógica de este blog, en breve. Cuídenseme.

7 comentarios to “Citas XLI”

  1. Inés Says:

    La de Ursula K. LeGuinn me encanta. No es la única, pero es la que más me ha llegado hoy.

  2. Microalgo Says:

    Pues el libro no es de los mejores de esta autora… es de antes de que se metiera en cuestiones de ciencia ficción o fantasía magicoépica, que es donde leGuinn siempre lo ha petado. Malafrena es un peñazo de novela, créame.

  3. anarkasis Says:

    Marco Aurelio era banquero, verdad?

  4. Salamandra Says:

    Aunque estoy sensible con lo de los perros, la cita del té me recuerda a lo del Dómine Cabra.

  5. ClementeMat Says:

    Ojo, la trilogía original de Terrramar, es un libro-fuente para muchos otros del género, y en mi modesta opinión, no está mal. Véase el harripoterito y su escuela de magia, calcada la idea de LeGuinn, pero allí menos “britanizado”, gracias a los dioses. Y otras muchas ideas fusiladas todas ellas a posteriori por otros autores.

    Y el bueno de Konrad, como siempre, enorme. Hay por ahí una (¿auto?)biografía que quiero pillar. Cómo se empieza desde cero una nueva rama de la Ciencia. Con dos cohhoneh.

  6. Microalgo Says:

    Nadie lo niega, nadie lo niega, Maese Mat (síganle la corriente, que cuando le tocan a leGuinn se pone chungo), pero la autora de Malafrena por mi madre de mi alma que no parece la misma que la de “La mano izquierda de la oscuridad” o “El nombre del mundo es bosque”.

  7. Guiomar Says:

    La de Rafael Reig es una maravilla. En tres líneas, poesía. Cuántas veces he estado yo en esa calle, otro mundo.

    Hablando de otro mundo, acabo de leer “El hombre en el castillo”, de K. Dick; interesantísima y da mucho que pensar.

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