El Trovador y García Gutiérrez

Coro: En ópera, pandilla de derviches aulladores que aterrorizan al público mientras los cantantes recuperan el aliento (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).


Al fondo, con perilla y cota de malla.

Por ahí en medio anda Microalgo.

Como soy un incultote, sólo hace poco que me enteré de que Antonio García Gutiérrez fue un dramaturgo español del siglo diecinueve, nacido en Chiclana de la Frontera. Fue un verdadero rompetaquillas de su época, que escribía unos dramones de esos en los que, al final, sobre el escenario solo quedaban vivos tres flores y dos caracoles (algunos tramoyistas y parte del público de las primeras filas también la cascaban, empapados en sangre).

Uno de estos dramas, “El Trovador”, alcanzó tal éxito que, por primera vez en la historia, el público asistente al estreno pidió a gritos que el autor subiera a saludar al escenario.

Su coetáneo italiano Giuseppe Verdi, que era muy largo de entendederas, le pidió a un colega (Salvatore Cammarano) que le adaptara en forma de libreto operístico este éxito del escritor chiclanero, y la ópera resultante también hizo volar las taquillas allá en Italia, y luego en toda Europa.

Coincidiendo con el bicentenario del nacimiento de García Gutiérrez, se montó esta ópera para representarla en la plaza mayor de Chiclana.

Y allá que fue Microalgo, con gran parte de su coro de cámara y retazos de otros coros de Sevilla y Jerez. La obra se había montado ya hacía cosa de un mes para estrenarla en La Maestranza. Como yo no estuve en ese montaje, tuve menos de dos semanas para liarme la manta a la cabeza, dejarme la perilla y aprenderme todo el texto y la música de las partes corales de la obra. El resto del coro me ayudó muchísimo, debo decir.

A pesar de lo triste de los días (véase post anterior), decidí no dejar un hueco en las filas, y me alegro de no haberlo hecho. Primero, porque no todo el mundo tiene la oportunidad de cantarse una ópera de Verdi. Y segundo, porque a mi padre le habría encantado verme sobre el escenario ejerciendo de soldado, de gitano y de monje (a tiempo parcial, cada uno). Incluso tenía asiento, en segunda fila, para haberme visto allí. De cualquier manera, en recuerdo de una antigua llamada de teléfono a altas horas de la noche (no, no voy a explicar esto), su hueco fue muy dignamente ocupado por alguien honrado de hacerlo.

Dispuestos estamos por si nos llaman para otra, que creo que le hemos cogido el gustito.

11 comentarios to “El Trovador y García Gutiérrez”

  1. Glomus Says:

    Soldado, gitano y monje… vaya por Dios, no le arriendo la ganancia. En la próxima que te pongan de emperador o al menos de caballero hidalgo o algo de más alcurnia y acorde a tu rango.
    Saluti!

  2. Microalgo Says:

    Pero se puede gritar “Chi del gitano / i giorni abella? / La zingarella!!, que también tiene su aquel.

  3. Alcancero Says:

    Yo de ustedes echaba el currículum en “Juegode tronos”,igual los fichan como extras de los Stark,

  4. Alcancero Says:

    Muy mal redactado, lo sé

  5. Ronronia Says:

    Me encanta la parte en que la gitana tiene en su brazo a su amado bebé y en otro al odiado hijo del conde, tira a éste a una hoguera para saciar su sed de venganza y de pronto, cuando mira a su adorado retoño… uishhh, qué error tan tonto…

    Pero eso es la ópera, no conozco la obra y no sé si el argumento es igual o no.

  6. Microalgo Says:

    Yo tampoco, Dama Ron. Uno de los compañeros del coro dice que las óperas, hoy día, ganarían mucho con risas enlatadas (véase la secuencia que Usted misma cita).

  7. Salamandra Says:

    Un templario gitano, que curioso.

    Un día tengo que intentar que me guste la ópera.

  8. Confusio Segundo Nán Says:

    Pero, ¿qué le falta a usted por hacer, buen hombre?

  9. Microalgo Says:

    Uh, a mí también me aburre, no se crea, Maese Salamandra. Lo que pasa que cantarla es distinto.

    Un amigo (que también estaba en el coro) dice que ganarían mucho con risas enlatadas. Por ejemplo, en la obra que cantamos (El Trovador) la gitana malosa, que es ama de cría del hijo del conde y tiene ella misma un hijo, se enfada un poco con el conde por quemar a su madre (la de la gitana, se entiende), y tira al niño a las llamas en plan “pues ahora te jodes”. Inmediatamente se da cuenta de que el niño que ha tirado es el propio, y no el del conde… ups. Ahí una risitas enlatadas, digo, irían bien.

    Y participar ha sido un poco de casualidad, Maese Nán… aún quedan demasiados libros por leer y demasiadas cosas por hacer, pero esta ya es una menos (y de eso se trata, digo yo). Y hablando de leer… algún libro escrito por Usted, ¿para cuándo?

  10. Confusio Segundo Nán Says:

    No me quieren, los editores. Y soy muy perezoso para presionar.

  11. Microalgo Says:

    No sé, yo, no sé.

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