Maro Afrán

El soñador es un hombre con los pies firmemente apoyados en las nubes (Ennio Flaiano, escritor y periodista italiano, 1910-1972).


Maro Afrán

Nunca perdió esa mirada de guasa.



Y quién sabe por qué me vino ayer a la cabeza. Una vez lo mencioné en un comentario de este blog, hace muchísimo, y merece algo más de memoria.

Es un falso recuerdo (ahora lo sé) que nos escapáramos de clase de filosofía para irnos al desaparecido bar Baviera, nuestro bar de guardia a los dieciséis años. Mi colegio era un puñetero fortín y a pesar de que, como ya conté alguna vez, en esas clases de presunta filosofía no nos enterábamos de nada, nos teníamos que jamar una hora detrás de otra sin salir del instituto.

Así que sería en algún recreo extendido por falta de algún profesor o por alguna hora libre debida a un reordenamiento de horario. No sé. El caso es que, en cuanto podíamos, nos íbamos el grupete de amigos al Baviera a tomarnos un café (las cervezas eran más por la noche). A alguno de nosotros el café nos resultaba repugnante, pero se supone que era lo que tomaban los intelectuales cuando andaban de tertulia.

Dieciséis años, ya les dije. Tengan un poco de misericordia.

Por ese bar andurreaba a veces un viejecito simpatiquísimo que nos llamaba por motes. Recuerdo que al Mejor de Entre Nosotros lo llamaba “Gadaffi” por los pelos que llevaba. Nos encantaba sentarnos a charlar con él. Eran esas nuestras clases de filosofía, y no las del instituto.

Manuel Rogelio Aparicio Franco, que así se llamaba, fue escritor y periodista. Era un hombre alegre y vivaracho, rápido en la réplica y ocurrente como nadie. Solo a veces, cuando la cosa estaba en petit comité se permitía algún ramalazo de nostalgia, que duraba lo que un parpadeo. Una vez, estando solo el Mejor de Entre Nosotros (a.k.a Gadaffi) y yo charlando con él, nos dijo:

“¿Sabéis? Yo he vivido muchas cosas. Pero ahora, que soy viejo, solo vienen a atormentarme las que no hice, o mejor dicho, las que nunca intenté hacer. Si lo intentas y fallas se te queda la conciencia tranquila, pero si no lo intentas… eso, no se te olvida nunca”.

Perlas como “nadie se muere de asco”, y cosas similares trufaban la conversación hasta que nos preocupaba el horario y nos volvíamos a clase. Y un día dejamos de verlo por allí, y luego nos cerraron el Baviera.

Manuel Rogelio Aparicio Franco, que firmaba como “Maro Afrán” en muchas de sus obras, escribió de todo, hasta cuentos infantiles. Yo no leí nada de él y al fin he encontrado en internet un único título suyo, titulado “Carretera y manta”, del que he encargado dos ejemplares. Uno se lo voy a regalar al cantautor Kico Gómez, porque tiene una canción homónima, estupenda (en esta versión, a dúo con Ben Montoya).

Buscando por la Red (ya saben que es indiscreta), sí que encontré, sin embargo, este otro documento. Miren la página once (de ahí he sacado la única foto que he encontrado de él. Con setenta y cinco años era muy distinto, pero la mirada era exactamente esa).

Manuel Rogelio nunca nos dijo que fue un periodista represaliado, nunca lo oímos quejarse de persecuciones o de censuras. Y no creo que fuera un problema de mala memoria. Tal vez, como persona inteligente que era, simplemente no le dedicaba ni un minuto al rencor.

Ya he dicho que la red es indiscreta. He encontrado hasta el teléfono de una persona que podría ser su hija. Lo único es que me da un poco de apuro llamarla, porque no sé qué le diría.

Tal vez que, con un café por delante (sigue sin gustarme el café), mis amigos y yo aprendimos más filosofía de él que en todo el bachillerato.

Y que aún lo recordamos, y que uno no se muere del todo mientras haya quien se acuerde de él.

5 comentarios to “Maro Afrán”

  1. Juan Nadie Says:

    Siempre me engallineces los pellejos. Caldito seas!!!!!

  2. ronronia Says:

    Llama a la hija, aunque solo sea por honrar a un hombre al que lo único que le atormentaba era lo que no había intentado.

    Mucho menos filosófico, un amigo el otro día me decía: “¿Y a ti no te pasa que los únicos polvos de los que te arrepientes son de los que no echaste?”

  3. Microalgo Says:

    Eso lo decía su amigo de Usted con aviesas intenciones, Dama Ron. Seguro.

    Y sí. me estoy convenciendo para llamarla.

    Qué me he reído con la maldición del pollito, Maese Nadie. ¿A quién se le ocurrirán estas cosas?

  4. Confusio Segundo Nán Says:

    No le falte a la Piedad. No recuerde a los muertos, que a lo mejor rondan como una conciencia hasta la ansiada disolución. Y al recordarlos, los energizamos. Pobres.

  5. Microalgo Says:

    No olvida el que finge olvido
    sino el que puede olvidar.

    (Mario Benedetti: Yesterday y Mañana).

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