Citas XXXVIII

Pero siempre se trata del poder, como todo el mundo finalmente habrá acabado comprendiendo (Jorge Semprún: la escritura o la vida).


Citas XXXVIII

¿Bailas conmigo? Tengo una cita.



Hoy, citas a boleo, sin aparente conexión entre ellas:

Nunca he cometido el error de echar a andar cuando oigo: ¡Arre! (José Luis Cuerda, director de cine).

Es un tuit de este señor, pero no me sustraje a copiarlo.

―Ana Ozores es una metáfora femenina de los avances técnicos que no encuentran salida en la sociedad española del momento actual; Ana encarna las ansias de cambio, de progreso económico. Ana Ozores nunca está contenta con ella misma, como España, como la clase trabajadora; ella tiene un ansia inconcreta que nadie ha sabido canalizar (su anciano marido representa los modos de producción feudales, impotentes, que no pueden satisfacer las necesidades de una España moderna y joven, llena de vida, como Ana Ozores). La Iglesia, representada claramente por Fermín de Pas (esto nadie lo puede negar), intenta mantener silenciosa esa fuerza revolucionaria que está naciendo en Ana, en España. En vista de que eso es imposible, intenta canalizarla para su propio interés, como siempre ha hecho la Iglesia; intenta transformar la energía revolucionaria en energía religiosa, lo cual no es muy difícil. Pero hete aquí que aparece Mesía, que rima con su clase, la burguesía. Él sabe perfectamente cómo seducir a Ana, a España. La muy tonta se deja engañar. La burguesía acaba históricamente con la aristocracia cuando Mesía mata al marido de Ana. Mesía, la burguesía, y esto es una profecía, no tiene ningún inconveniente en abandonar su presa cuando ha extraído de ella lo que quería. Alas exhorta a la clase trabajadora mediante esta tragedia a que se cuide de sus explotadores.
―¿Qué le parece, don Nica?
―Formidable.

(Antonio Orejudo: Fabulosas narraciones por historias).

¿Alguien había visto una explicación como esta? Yo, después de leer la novela, cogiendo flores, como quien dice. Ahora bien, no está Clarín por acá para confirmarla o refutarla, claro… pero es verosímil, ¿no?

―¿Dónde aprendiste a ser tan cínico, Havelock?
Vetinari giró sobre sus talones y emprendió de nuevo su distraído paseo a lo largo de la mesa.
―Bueno, en primer lugar de ti, señora mía, aunque debo reconocer que el mérito no es solo tuyo, puesto que he disfrutado de un extenso periodo de ampliación formativa como tirano de la ciudad.
―Yo creo que les permites demasiada libertad.
―Sí, tienes razón. Por eso sigo siendo el tirano de esta ciudad. Siempre he pensado que la manera de conservar el poder es asegurarte de que la idea de que no estés resulte absolutamente impensable.

(Terry Pratchett: El atlético Invisible).

El personaje de Havelok Vetinari en las novelas del Mundodisco tiene mucha miga… esperen, que les pongo otra para ir completando el dibujo…

—Me aseguraré de que el Bajo Rey por lo menos esté enterado de su presencia.
—No se preocupe, no tardará en descubrirlo —gruñó Vimes—. Ya lo creo que no.
—No me cabe la menor duda. Tiene sus agentes en nuestra ciudad, tal y como yo los tengo en la suya. De modo que, como gesto de cortesía, le informaré de lo que sabrá en cualquier caso. Se llama política, Vimes. Es una cosa que intentamos hacer en el gobierno.

(Terry Pratchett: Zas).

El “Bajo Rey” es un enano, aclaro. Es que los enanos lo ensalzan todo hacia abajo.

Alguien ha dicho que el patriotismo es el último refugio de los canallas: los que no tienen principios morales se suelen envolver en una bandera, y los bastardos se remiten siempre a la pureza de su raza. La identidad nacional es el último recurso de los desheredados. Ahora bien, el sentimiento de la identidad se funda en el odio, en el odio hacia los que no son idénticos. Hay que cultivar el odio como pasión civil. El enemigo es el amigo de los pueblos. Hace falta alguien a quien odiar para sentirse justificados en su propia miseria. Siempre. El odio es la verdadera pasión primordial. Es el amor el que es una situación anómala. Por eso mataron a Cristo: hablaba contra natura. No se ama a nadie toda la vida, de esta esperanza imposible nacen el adulterio, el matrimonio, la traición del amigo… en cambio, se puede odiar a alguien toda la vida. Con tal de que lo tengamos a mano, para alimentar nuestro odio. El odio calienta el corazón (Umberto Eco: El cementerio de Praga).

Es innecesario aclarar que es el personaje de Eco el que habla, y no Eco. Es que el personaje es, esencialmente, un hijoputa. A pesar de ser innecesaria la aclaración, la hago. Por si las moscas.

―Todos tenemos alguna tara, Óscar ―responde Luis―. Yo tengo los pies planos y tú el encefalograma (Joaquín Berges: Vive como puedas).

Es otra manera de ser desastroso. Los hay hijoputas y los hay tontos. Y los hay que son las dos cosas a la vez, no se crean: hay gente muy acaparadora para los defectos cerebrales.

Cuando se piensa bien en que lo que preocupa ante todo al primate es el sexo, el territorio y la jerarquía, la reflexión sobre el sentido de la oración en Agustín de Hipona se antoja relativamente fútil (Muriel Barbery: la elegancia del erizo).

Error, me parece. A los primates también nos gustan otras cosas, que, dicho sea de paso, tampoco tienen que ver con el sentido de la oración de ningún santo.

Es lo que la Abuela dice: toda serpiente siempre piensa que está mordiendo un ratón hasta el día que muerde una mangosta (Junot Díaz: La maravillosa vida breve de Óscar Wao).

Esta, dedicada con cariño a la clase política. Y la siguiente, dedicada con cariño a algún ministro:

Si serían especialmente listas las neuronas de Ramón y Cajal, que cuando recibió del presidente del gobierno español Segismundo Moret la oferta para ser ministro de Instrucción Pública, contestó: «Mire usted, tengo mucho trabajo en el laboratorio, apenas veo a mi mujer y hace años que no piso un café. Como usted comprenderá, no me queda tiempo para tonterías» (Nieves Concostrina: Se armó la de San Quintín).

Y hablando de política, no sé si alguna vez llegué a plantar esta cita:

Título IX, Capítulo Único, Artículo 366: En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños á leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprehenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles (Constitución Política de la Monarquía Española promulgada en Cádiz a 19 de Marzo de 1812).

Cuando un ministro dice que la religión dejará de ser una María… ¿a cuál religión se refiere? Cada vez tiene más probabilidades de tener a un budista en clase. Y bueno, por otra parte, en la Constitución del 12 parece que se habla también un poco de “educación para la ciudadanía”, ¿no?

En la vida humana, un destino fatal nos enseña que hay que pagar cada alegría con un tributo de dolor, y al individuo que se prohíbe a sí mismo las pocas alegrías lícitas y éticamente correctas de la existencia por temor a tener que saldar la cuenta que el destino le presentará tarde o temprano, no puedo considerarlo sino un ser pobre y mezquino. Aquel que quiere ser avaro con la moneda del dolor, que se retire a una buhardilla, como un viejo solterón, y se vaya secando poco a poco como una planta estéril que nunca dio fruto (Konrad Lorenz: Cuando el hombre encontró al perro).

Es decir: que no vivas con miedo. Qué fácil, ¿verdad?

La definición que Hemingway daba de la valentía: «elegancia bajo presión» (David Lodge: El arte de la ficción).

Porque es sencillo hacerse una excusa a medida, qué duda cabe.

La conciencia es como la ideología: cada uno tiene la que necesita para justificar su modo de vida (Rafael Reig: Todo está perdonado).

En fin. El tiempo me ha enseñado que, como sujeto que soy, tengo una visión subjetiva de las cosas. Así que tampoco me empeño mucho en insistir en que lo que yo veo es lo que es…

Diferencia semejante a la que hay entre tragedia y comedia, pues la una quiere mimetizar a los hombres como siendo peores y la otra como mejores de lo que son (Aristóteles: Artes poéticas).

Como mucho, puedo suponer que he aprendido a torear algunas situaciones. Conocimiento del medio, se podría denominar.

—Otra cuestión. ¿Podrías ayudarme a sacar a una joven amiga de la cárcel?
—¡Naturalmente que no! —dijo Bannister—. Soy un firme defensor del sistema penitenciario local; gracias a él me evito tener la casa llena de gente que viene a buscar nuestra protección. Su único fallo es que se puede salir de la cárcel por cuatro perras.

(Evelyn Waugh: Noticia bomba).

Aunque tampoco me preocupo mucho. Si fuéramos más conscientes de la segunda parte de la siguiente cita, no le haríamos caso a la primera parte y, desde luego, se nos haría más presente la primera cita de este post, la de José Luis Cuerda.

Los seres humanos están necesitados de guía y no es difícil guiarlos, porque en rigor no van a ninguna parte (Eduardo Mendoza: El enredo de la bolsa y la vida).

Y bueno. No crean que es nihilismo. Y tampoco se fíen de mi punto de vista. Hagan el suyo propio. A base de criterio y, paradójicamente (o no) de leer mucho.

Abrazotes.

6 comentarios to “Citas XXXVIII”

  1. Salamandra Says:

    Pues además de a contar les podrían haber enseñado a sumar. De 1812 a la fecha podríamos haber liderado la carrera espacial.
    Aunque si los políticos se dieran cuenta que para hacer un cohete hay que contratar empresas y que podrían cobrar comisiones a lo mejor los primeros en llegar a Marte son españoles.

  2. Anarkasis Says:

    vale, ya terminé, ¡Ahora ¿cómo hago el mío propio?, ¿cojo una frase de uno.. y meto enmedio la de otro? o me lo a+propio, propiamente dicho.
    (Es que a mí en la escuela pública no me enseñaron ni a sumar ni a contar)
    mcachiss….

  3. Microalgo Says:

    No nos dé coba, Anarkasis, que Usted sabe contar perfectamente…

    Y no es mala disquisición, Maese Salamandra. Pero permítame que le ponga una cita más, dentro del comentario:

    (El autor cita cita a Jaques Savary -muerto en 1690-): [Los españoles] «Descuidan de la misma manera la agricultura, las artes, las ciencias, el comercio y la guerra, y sin embargo poseen un espíritu profundo y gozan de buena salud… lo que les falta es ánimo emprendedor y amor por el trabajo… el clima español hace a la gente blanda e indolente… la molicie natural de los españoles les lleva a considerar el trabajo como una actividad penosa, dura, baja y servil» (Carlo Mª Cipolla: Tres historias extravagantes).

  4. ClementeMat Says:

    Me ha encantado Lorenz, como siempre, qué grande. Y la definición de Hemingway, muy británica, pero hay que reconocer que a veces el humor británico lo clava.

    Por la parte que me toca, veo una gran distancia entre las “obligaciones cívicas” y la “educación para la ciudadanía”. En mi modesta (y subjetiva) opinión, la enseñanza en España empezó a cagarla cuando nos convirtieron en “educadores”. Los países con mejores resultados académicos son aquellos en los que los niños ya “llegan educados” a la escuela, y se les puede enseñar “lo demás”. Pero claro, eso ocurre en sociedades concienciadas de la importancia de la Cultura y todas esas cosillas que no se pueden medir en euros.

  5. Microalgo Says:

    Uh. Es cierto, pero si no te lo dan en casa, alguien te lo tendría que dar… o al menos, darte la oportunidad de que lo cojas.

  6. ronronian Says:

    Me quedo con las de Eco y Concostrina. Creo que voy a buscar “Se armó la de San Quintín para echarle una ojeada”.

    Le voy a dejar yo una cita de Maurois que dice:

    “Un matrimonio feliz es como una larga conversación que siempre nos parece demasiado corta”.

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