Educación para la ciudadanía, volumen I

―Mira, Luis ―exclama Everest con un papel entre las manos―. Ayer te hice un dibujo.
―Muchas gracias, hijo.
Luis lo contempla por el espejo retrovisor con una generosa sonrisa, pero inmediatamente siente la parálisis que caracteriza al pánico. Se nota que no tiene ni la más remota idea de qué demonios representa. Parece un cuadrado con uno de sus lados curvo. Mira al niño con la esperanza de que no le pregunte lo que es.
―¿Sabes qué es?
Luis duda entre algún tipo de vehículo o uno de esos monstruitos de colores con los que siempre juega el niño.
―Es un coche ―se aventura a decir―, ¿no?
Se vuelve hacia Pura en busca de ayuda, pero ella no advierte su mirada. Está ocupada tomándose la tensión. Sandra tampoco da señales de vida inteligente.
―Si no es un coche ―se rinde al fin―, ¿qué es?
―Es un cuadrado ―responde Everest―, pero con un lado redondo.
Luis arruga el rostro y compone un gesto de intenso dolor, como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago.
―Te ha salido muy bien ―dice con un entusiasmo muy poco convincente
(Joaquín Berges: Vive como puedas).


Niño sacalengua

Prrrtz.



Escena verídica.

Compañera de trabajo de mi mujer que le pregunta a su hijo:

―Oye, ¿cómo se llama la niña china que hay en tu clase?
―¿…?
―Sí, hombre, esa, que es amiga tuya… esto… Fulanita, se llama, ¿no?
―Ah. Esa. No, no es china ―se pone los dedos en los rabillos de los ojos y tira hacia fuera―. Es española con los ojos asín.

11 comentarios to “Educación para la ciudadanía, volumen I”

  1. kina Says:

    una madre comentaba en su blog que llego un niño africano a clase de su hijo,
    el primer dia le pregunta la madre: y que tal, hay un niño nuevo en vuestra clase, ¿verdad? ¿de donde es?
    el niño: no se, no se lo hemos preguntado… le hemos preguntado si le gusta jugar al futbol y hemos estado jugando con el…
    :)

  2. ronronia Says:

    Los niños son así. Mi anécdota favorita -no sé si la leí o si me la contaron- es la de un crío que un día fue a su madre y le dijo “Mamá, ¿sabías que Laura es negra?”, hablando de su mejor amiga del cole a la que conocía desde la maternal.

    Los niños no se dan cuenta de esas cosas. Cuando era muy pequeña, mi padre tenía un compañero de trabajo americano que era negro y lo invitó a comer en casa. Luego me he enterado de que mi madre pasó nervios temiendo que yo fuera a soltar algo “impropio” y, cuando se fue, empezó a indagar qué impresión me había causado y llegó a la conclusión de que sí me había dado cuenta de que era más oscuro pero no me había parecido nada digno de mención. “Si te traigo a cenar un tío verde, a esa edad te habrías quedado tan pancha,” me dice cuando se acuerda.

  3. Confusio Segundo Nán Says:

    Siempre que iba a museo abstracto de cuenca, dedicaba un tiempo especial a Guerrero, ese que pinta unas bocas de túneles de las que manan agua de color. Una vez, iba hacia allí en el tren y en un libro sale una entrevista con el pintor, que habla de sus “cajas de cerillas” de esas que se abren al levantar la solapa…

    Estoy viendo mi sí cajas-no túneles cuando entra una madre con una niña de cinco años con impermeable amarillo. ¿Y esto qué es?, le pregunta la madre. “Cajas de cerillas”, contesta la niña con voz de aburrimiento.

    Jamás sabrá que ese momento estuvo muy cerca de la muerte,

  4. Salamandra Says:

    Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consid eración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: “He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado”, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: “He visto una casa que vale cien mil pesos”. Entonces exclaman entusiasmados: “¡Oh, qué preciosa es!” Antoine Saint Exupery, El Principito.

  5. Confusio Segundo Nán Says:

    Salamandra, tú no conoces a viejos como yo, que he llegado exactamente al punto marxista del que partí: diferenciar siempre entre valor y precio.

  6. Portorosa Says:

    Mis hijos no supieron que su amigo (hijo de Filla) era negro hasta que, meses después de conocerlo, se lo oyeron a un adulto.
    Y aun ahora, cuando tienen que describir a algunos niños también negros, siempre hacen referencia a la ropa u otra cosa que usarían también con otro cualquiera.

    Tengo muchos más ejemplos, de mis hijos y de otros amigos cercanos. E, indefectiblemente, no les llama la atención.

    Y yo creo, al ver esto desde hace años, que la distinción del color, aunque obviamente es objetiva, tiene mucho de cultural. Su importancia, quiero decir, es de origen cultural. Si entre continentes el rasgo físico diferenciador fuese el pelo rizado o lacio, rubio o moreno, nosotros veríamos eso ante todo, en lugar del color de piel. Y los niños, como no están condicionados todavía, lo ven pero no lo ven…

    Un abrazo.

  7. Guiomar Says:

    Sí, estoy de acuerdo con Portorosa, y pienso que del aleccionamiento ya da cuenta la escuela; allí, con la milonga de la “diversidad cultural”, la “multiculturalidad”, y el empleo eufemístico de términos parecidos, no se hace sino crear las condiciones para la exclusión de gente (niños, en este caso), inferiorizada, por el mecanismo de ser señalada como “diferente”. Y es que la diferenciación es la que crea la diferencia, y no al revés. En el sistema educativo actual, y desde hace ya más de quince años, la diferenciación acaba justificando y consolidando la desigualdad.

    Por cierto, Ronronia, leyendo la cita de tu padre, me he acordado de la peli “El muchacho de los cabellos verdes” de 1948 de Joseph Losey (Nan, director norteamericano comunista muy recomendable) y que viene muy a cuento. En una de las secuencias finales, la maestra, a través de unas simples preguntas contestadas a mano alzada por los chavales, da cuenta de cómo se debe tratar la diferencia en la escuela: sólo constatando que existe.

  8. Confusio Segundo Nán Says:

    Hay pelis de él que las nombras y en casa hacemos la ola (las 3 con Harold Pinter, por ejemplo), pero no tenía ni idea de que fuera norteamericano y se fuera a Inglaterra por el McCarthysmo. Lo consideraba un inglés (y en esas pelis que digo es un inglés cabal).

    La que me dices, no la he visto (lógico porque acababa de nacer y como mucho me llevaban a los cines de verano, sin que pudiera elegir yo). Pero la voy a buscar.

    Me has abierto la mollera con tu comentario: la escuela está para combatir la exclusión por razones de diferenciación, no para marcar las diferencias.

    Es una propuesta tan sencilla que da hasta vergüenza no haberla pensado.

    El post y los comentarios hacen que haya que dar las gracias, otra vez, a la existencia de este blog.

  9. Confusio Segundo Nán Says:

    Que escribí ayer, pero no ha salido, que Guiomar me ha hecho ver la luz: que la escuela no está para marcar diferencias, sino para evitar que estas, que son buenas, se conviertan en motivos de exclusión.

    Qué sencillo y nunca lo había visto así.

  10. Sérilan Says:

    Mercado de Abastos de un pueblo extremeño (verídico), finales del mes de junio. Niño de diez años moreno y además muy bronceado y con el pelo casi rapado por aquello del calor acompañando a una señora.
    Se encuentra con una conocida y ésta le dice: oye que bien, te has traido un niño saharaui de vacaciones, contestación. NO, es mi nieto de Málaga que viene a pasar el verano.
    (Deberiamos ser siempre niños)

  11. anarkasis Says:

    yo intento aleccionar a las recuas familiares con cosas como
    – iba un negro y uno normal…
    y me empiezan:
    -¿era vampiro tiita?,
    – ¿tenía superpoderes?
    – ¿no te gustó la marca de zapatillas que llevaba?
    …..
    y entonces sé que el mundo ha cambiado mucho, y que el pertinaz problema del color negro de una persona por la noche con la luz apagada, no debe ser tal si sonrie.

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