El ataque del infinitivo

Las retóricas clásicas establecían como virtudes cardinales del buen estilo la de adecuarse a un asunto (aptus), la corrección léxica y sintáctica (puritas), la claridad (perspicuitas), y también cierto grado de adorno en la expresión (ornatus) (Ángel Zapata: La práctica del relato).


Gorrión cállate

¡Callarzus! Digo…



Brotan por doquier, como las flores en primavera, los biquinis en verano, las setas en otoño y los virus en invierno. Son imparables, ubicuos, omnipresentes, ríase Usted de deidades poderosísimas que alardean de estar por todos lados al mismo tiempo.

Son los infinitivos fuera de sitio, que me hacen chirriar los dientes porque, en el fondo, soy un maldito purista.

En la conversación (y lo que es más grave: en los papeles y pantallas), los infinitivos usurpan, principalmente, el sitio que deberían ocupar los imperativos. No sé como Jehová, frecuente usuario que sería de este tiempo verbal en particular, no se cabrea tela y se pone a lanzar rayos, moscas, mareas rojas y defunciones de primogénito a diestro y siniestro cuando alguien pervierte un sintagma con este frecuentísimo error.

A ver.

(Por cierto, muérdanle la nariz, con saña, a todo aquel que escriba “haber”, o cosas incluso peores, en lugar de “a ver”. Cualquier juez con dos dedos de frente los absolverá de tal agresión).

“Callar” es el infinitivo del verbo. “Callaos”, imperativo plural (os recuerdo que se usa para “tú” y “vosotros”; para los “usted” y “ustedes” se usa el subjuntivo: “cállese” o “cállense”). Por muy bien que les pueda sonar, porque se oye a todas horas y, sobre todo, en ciertos canales de televisión, “callaros”, es un vulgarismo. “Venir aquí”, como orden, incorrecto. “Venid aquí”, correcto. “Vosotros, subir la escalera”, o “apuntar al corazón”, incorrecto. “Subid”, “apuntad”, correcto.

Incluso aunque cause asombro, “Iros”, como imperativo en segunda persona del plural de ir, es incorrecto. “Idos” es lo suyo.

Venga, haced el esfuerzo, que no cuesta tanto, y Osiris, aunque hable egipcio, os pesará con más misericordia el corazón el día que os juzgue, amén.

O Amón, en este caso.

10 comentarios to “El ataque del infinitivo”

  1. glomus Says:

    Y sí quieren seguir usando infinitivo, que le pongan delante “hay que”.
    Diplomacia.

  2. Microalgo Says:

    Por ejemplo: Hay que joderse.

    Sin ir más lejos.

  3. Anarkasis Says:

    diga usté que sí, que hay que in-poner, digo imponerse, usease ¡te impongas, coño!, tedicho…
    (post eso)

  4. piero Says:

    Y yo toda la vida diciendo “callarsus”, qué vergüenza más grande… Por cierto, ya he tenido noticias acerca del éxito de Shlomo en el club de lectura. Habrá que estar ojo avizor.

  5. Microalgo Says:

    Pues sí. Pero no nos supera, aún (estamos empatados, Usted y yo). Enseguida mando la estadísitca, por cierto.

  6. Portorosa Says:

    Creí que te ibas a referir a ese infinitivo que se ha impuesto rapidísimamente, incluso en discursos supuestamente “cultos”.

    ¿Sabes de qué hablo?
    “A la vista de los datos, comentar que…”, “Nada más, desearos una buena estancia y agradeceros…”, “Recordar que en esos casos se puede…”, etc., etc., etc.
    En tres o cuatro años se ha hecho del todo normal.

    Unha aperta, quillo.

  7. Microalgo Says:

    Ese también merecía un comentario, Maese Portorosa. Y el “deber de” como obligación y no expresando duda, que es otra plaga.

  8. ronronia Says:

    Y también ocurre lo contrario, que dices “Debe de ser de Burgos, porque nunca tiene frío,” por ejemplo, y la gente te corrige. Igual que si no eres laísta o leísta, también hay quien te corrige y yo lo achaco a que pones la televisión y no sale un “periodista” que sea capaz de usarlos bien. Y es cierto que poca gente usa el imperativo bien, siendo algo que está regido por unas reglas tan sencillas.

    Me asombra que pasemos años y años de educación elemental aprendiendo a dominar cosas tan básicas como ésas y ni siquiera machacándolas y machacándolas de niños consigamos que se le graben a la mayoría de la población. Es como las matemáticas básicas, la aritmética de menos nivel, cosas como manejar porcentajes, la regla de tres, que sólo exigen sumar, restar, multiplicar y dividir y que, sin embargo, le crean un problema a un porcentaje enorme de gente.

    (Y luego estamos los viejunos que seguimos poniendo tilde en “ésas” y en “sólo” y que estamos dudando si hacerle o no caso a santa Rae. Por un lado nos dan ganas de mandarla a escaparrar mientras por otro recordamos a nuestra abuela acentuando “fué” y la impresión de rancia que nos daba su ortografía y entonces pensamos que igual esta tozudez es signo de que uno se está haciendo ya mayor y nos sentimos más inclinados a adaptarnos. ¿Qué hago, Don Micro? ¿Los acentúo o no los acentúo? ¿Usted qué opina?)

  9. Microalgo Says:

    Uh.

    En principio, yo era muy reticente a quitarle la tilde al “sólo”, o a los pronombres solitarios (ésta, ésa), pero estar casi-casao con una profesora de didáctica de la lengua le hace a uno más propenso a acatar lo que dice la Real Academia. Así que ya ve, lo acato.

    Pero me chincha, lo reconozco.

    Como me joroba que el diccionario dé como casi sinónimos a “pálido” y “lívido”, cuando este último significaba, originariamente, amoratado. Así, cuando uno lee que alguien se puso “lívido de ira”, ¿cómo se lo imagina? ¿Pálido como la cera o colorao como un centollo?

    Moralmente estoy con Usted, dama Ron.

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