Citas XXXVII

Apenas abre el libro el lector ha de perder de vista la taza de café que ha llevado a la mesa, la banqueta en que apoya los pies, ha de poder olvidar el runrún del frigorífico y en sólo unos minutos habrá dejado de molestarle el tictac del reloj. Ahora se encuentra sumergido en un espacio paralelo. Hoy es lunes, día dos de abril, y un meteorito acaba de perforar el blindaje de su cohete, en las cercanías de Betelgeuse (Ángel Zapata: La práctica del relato).


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¡A leer y a leer!



Post de citas a pelo (no comentadas) para terminar el año. Nos vemos a la vuelta. Sean buenos, en la escasa medida de sus posibilidades.

Entre la literatura y la vida, siempre he elegido la literatura, y así me va (Juan José Millás: los objetos nos llaman).

Aragón, Navarra y Castilla fueron libres, esforzados y temidos sus naturales, mientras los procuradores de estos tres reynos se juntaban freqüentemente a mirar por el bien y pro comunal de sus tierras; y el incesante conato que los Reyes de estos estados manifestaron en varias épocas de querer diferir á plazos apartados estos congresos, y aun dispensarse de su convocacion, muestra bien claro que miraron la freqüente reunion de Córtes como un verdadero obstáculo á la arbitrariedad de su gobierno y á la usurpacion que se intentaba hacer de las libertades de los españoles (Constitución Política de la Monarquía Española promulgada en Cádiz a 19 de Marzo de 1812; Discurso preliminar).

Observemos, de paso, la tendencia del varón a abrir las puertas a los amigos que le parecen más inocuos, por el error de creer que alguien que le mantiene tan alejado de determinados desasosiegos no puede despertarlos en su esposa (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).

Entre 1550 y 1650, los genoveses habían dominado las finanzas europeas y aprovechando el continuo estado de bancarrota de Felipe II lo habían desplumado como a un pollo. No es de extrañar que los recompensara con un profundo rencor que, sin embargo, se mantuvo mudo, pues aquel hombre era un maestro del self-control (Carlo Mª Cipolla: Tres historias extravagantes).

—¡Ese hijo de puta acaba de entrar en el restaurante! —siseó ella entre dientes—. ¡Asidor D’Oropel! Voy a matarlo y luego vengo a tomar el postre con usted…
—¡No puede hacer eso! —masculló Húmedo entre dientes.
—¿Ah? ¿Y por qué no?
—¡Se ha equivocado usted de cuchillo! ¡Ese es el del pescado! ¡Se va a meter en líos!

(Terry Pratchett: Cartas en el asunto).

Los marines debería olvidarse de tanta pista americana y tanta resistencia en la selva e ir a la playa con mi familia de vez en cuando (Joaquín Berges: Vive como puedas).

La genialidad es una consecuencia del esfuerzo, no existe como estado de gracia independiente en el que se encuentran ciertos seres privilegiados. El estado de gracia no tiene vías de acceso desde el exterior, sólo podemos acceder a él por el largo túnel del trabajo. Lo demás son espejismos de adolescencia (Antonio Orejudo: Fabulosas narraciones por historias).

Baltasar fue el tercero de los dos hijos de Isabel Ribamontán y Bartolomé Sans-Délai, agregado cultural de Francia en provincias. Vino al mundo en el momento en que los padres cruzaban la frontera francesa a pie por lo que no ha quedado clara su nacionalidad. Ambos países se disputan la razón. Mientras que para los españoles, Baltasar es francés, para los franceses, Baltasar es portugués. La familia Sans-Délai se estableció en Toledo, en las afueras, cerca del mar Cantábrico, donde Bartolomé ejerció diversos oficios para complementar las ínfimas remuneraciones que obtenía como agregado cultural. Baltasar acudió a la escuela con regularidad: sólo iba los viernes (Francisco F. Llanillo Gutiérrez: Monsieur Sans-Délai).

El día 10 de febrero de 1623 el rey Felipe IV firmó una pragmática por la que se prohibía enseñar a leer y a escribir en los pueblos españoles. Sólo se podía estudiar gramática en ciudades y villas de postín y, dentro de estas ciudades, también se prohibió dar enseñanza a niños huérfanos, cuyo destino no podía ser otro que el servicio de galeras. Y todavía nos preguntamos por qué en el siglo XVII y XVIII éramos los más tontos de Europa.
La medida tenía un claro objetivo: recuperar brazos para las labores agrícolas y los trabajos artesanales.

(Nieves Concostrina: Se armó la de San Quintín).

(Huy, ¿les suena, esto último?).

Sin guía espiritual y sin dinero para obras pías, Cándida se vio obligada a dar rienda suelta a su devoción a su aire y por sus medios, hasta que un día la pillaron en la catedral encendiendo pedos delante del altar de Santa Rita y le prohibieron la entrada en todos los templos y recintos consagrados de la cristiandad. Creo que ahora, después de probar con los evangelistas y los testigos de Jehová, practica el animismo. Huelga decir que estas experiencias no habían aumentado su sensatez, agudizado su inteligencia ni mejorado su carácter (Eduardo Mendoza: El enredo de la bolsa y la vida).

Nunca hay que abandonar un vicio: uno se queda demasiado solo (Rafael Reig: Todo está perdonado).

Ten cuidado con los hombres, niña. Hazme caso de lo que te digo. Sé bien de lo que hablo. Vivo dentro de uno (Rafael Marín: La ciudad enmascarada).

—Es como todo, demasiado bien pagado por lo que hago, pero no lo bastante por lo que me aburro.
(¡Elevemos el debate, diablos!).

(Daniel Pennac: La felicidad de los ogros).

—¿Qué estaba yo diciendo, Guillermo?
Guillermo suspiró. Las maestras siempre estaban haciendo preguntas estúpidas. Debían saber ellas mismas, mejor que nadie, lo que decían. “Él” nunca lo sabía. ¿Por qué razón le preguntaban siempre a él?

(Richmal Crompton: Travesuras de Guillermo).

Sé únicamente que si todos los hombres sacaran a la plaza sus malas acciones, con el propósito de cambiarlas por las de sus vecinos, al ver las del prójimo, de buena gana cada cual se llevaría de vuelta las que hubiese traído (Heródoto: Los nueve libros de la Historia, VII, 152).

Hale. Ya llevan unas cuantitas. No pierdan de vista la de Nieves Concostrina, ¿vale? Que hay que tener presente la historia para explicar el presente y así poder lamentarse del inevitable futuro…

Bueh. un abrazo.

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6 comentarios to “Citas XXXVII”

  1. Salamandra Says:

    Respecto a lo de Nieves Concostrina una cita de mi difunta abuela: «Si los cabrones volasen no se iba a ver el sol en años.»

  2. Microalgo Says:

    Al menos podíamos dedicarnos a la caza deportiva de cabrones. El tiro al cabrón, vamos (qué anarquista me ha quedado eso).

  3. Microalgo Says:

    Es que no habría ni piedras suficientes…

  4. ronronia Says:

    No está mal explicar bien claro que el asunto de los desasosiegos puede diferir hasta en el matrimonio mejor avenido que seguro no lo sería tanto si quien le despierta desasosiegos a la esposa se los despertara también a su marido O_o

    La de Nieves Concostrina es tremenda. La educación siempre fue privilegio de las élites, como la tecnología. Durante un minúsculo período de tiempo eso pareció cambiar pero ahora a cierta gentuza se le ven claramente las intenciones.

  5. ClementeMat Says:

    Algunos aún intentamos que la educación sea para todos … y hemos recibido una buena enseñanza sin ser “élite”, no sé si durante “un minúsculo periodo de tiempo”… Pero muy de acuerdo en que el saber ha estado, durante siglos, muy restringido. Imagínate, aún hoy disparan a las mujeres en ciertos países por intentar instruirse.

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