El valor del humor

Nunca, ni en las situaciones más desesperadas, he perdido mi sentido del humor, y soy de los que piensan que esta vida es de risa y que la vida misma está hecha de pura risa y que, por mucho que no ignoremos lo que nos espera al final de la misma, lo mejor es ir hacia todo eso riendo, con una trágica falta de seriedad. Tal vez por ese motivo, miré de forma muy distendida a Lionesa y, con una amplia sonrisa, le dije:
―¿Y puede saberse dónde piensa Usted matarme?
(Enrique Vila-Matas: Suicidios ejemplares).


Codorniz

Primer número de La Codorniz.



Como ya he dicho alguna vez, no hay nada que soporte menos un déspota que la risa. Por eso los humoristas provocan tanto miedo a los déspotas, y por eso el Gran Jerarca Enoch necesita desesperadamente retocar las antiguas actuaciones del viejo cómico Grapatax, para que parezca que no le ataca tanto, en la pequeña e imprescindible novela Baol, de Stefano Benni (saben que tengo debilidad por este autor y por esta novela).

Las plataformas digitales actuales permiten que cualquiera pueda hacer una crítica mordaz y humorística, y los motivos para hacerlas no faltan, como también sabrán. Pero antes, cuando la cosa estaba apretada de aquella otra manera, había que echarle valor a la crítica humorística, porque las consecuencias de ejercerla podían ser fatales.

En 1937, en plena guerra civil, se creó una revista llamada “La Ametralladora“. Era un periódico para combatientes, el contrapunto del bando nacional a “La Trinchera”, editada en el bando republicano. En ambos casos, se trataba de publicaciones de pura propaganda: los del otro bando son unos violadores asesinos que comen niños crudos, y venga himnos exaltadores del bando propio, y venga gestas heroicas de “los nuestros” y actuaciones cobardes de “los otros”…

Pero a partir de noviembre de ese mismo año, a alguna lumbrera se le ocurre nombrar director de tal bazofia a Miguel Mihura, y el contenido de la publicación cambia radicalmente. Inspirado en el estilo de humor de algunos escritores majaretas de pre-guerra (Gómez de la Serna, Jardiel Poncela, Neville, Tono), la revista adopta un estilo surrealista, según cuenta la página web de la Academia del Humor, lo que le cuesta, al cabo de pocos meses, duras críticas por parte de las autoridades que la sustentan:

“… ciertas secciones en el periódico de los combatientes van a deformar, no sólo el gusto moral de nuestros soldados, sino toda su psicología honrada y simple…”

A quién se le ocurre.

Acabada la guerra (1939) y extinguida la razón de ser de ese bodrio, parte de la redacción del mismo se embarca en publicar una revista de humor gráfico que rompería moldes y crearía otros nuevos. Se trataba de La Codorniz, (1941 a 1978). Alguien debería tomarse la molestia de digitalizar todos los números localizables de esa revista, para poder revisitarla a gusto. Si se ha hecho, yo no lo he encontrado.

Le llovieron multas y suspensiones (algunas de las más famosas son meras leyendas urbanas… pero para llegar a leyenda urbana hay que ser, primero, leyenda) y, al parecer, declinó en plena transición, entre otras cosas, por los cambios que se realizaron en su equipo redactor, que no fueron del gusto del público.

Con esquemas parecidos a La Codorniz, pero de vida mucho más breve (aunque, curiosamente, se piensa que fue la que le dio la puntilla a esta), se publicó entre 1972 y 1976 la también legendaria revista Hermano Lobo, impulsada por Chumy Chúmez. Por supuesto, sufrió abundantes dosis de censura, multas y el secuestro de algún número en su breve existencia. Cómo no. Esta vez sí que pueden encontrar todos los números digitalizados, en el primer enlace de este párrafo. Échenle un ratito cuando dispongan de él, que algunas viñetas y muchos textos son de sorprendente actualidad. Bueno no. Sorprendente, no.

Suspensiones por cuatro meses (un par de veces, en 1975 y en 1976) y multas desde todas direcciones (sobre todo, desde Direcciones Generales) sufrió también El Papus (1973-1986), revista más destapada y kitsch que las anteriores, y que tampoco dejaba títere con cabeza. En el caso de esta publicación, un grupo terrorista tardofranquista les coló, en 1977, un paquete bomba que mató al portero del edificio e hirió a diecisiete personas más. En el enlace, un documental de la antigua segunda cadena sobre el suceso, que dura casi una hora pero que merece la pena ver. Aún así, con un par, siguieron editando durante casi una década más después del atentado.

Ese mismo año, (con otro par, de similares dimensiones, vistas cómo estaban las cosas), nació la única revista potente de este género que aún sigue editándose en papel en nuestro país. Se trata, cómo no, de El Jueves, que también se edita digitalmente. No hace falta remontarse a las hemerotecas para constatar que la censura sigue dale que te pego, arreándole candela cuando algo resulta molesto…

Pero ahí sigue, El Jueves. La última que queda.

Háganles caso. Apóyenlos. Compren la revista. Visítenlos en su página web, si no quieren comprarla. Algo. No se olviden de su existencia, al menos.

Claro que existen blogs, páginas -las aún no censuradas- de facebook y tuits -los aún no censurados- de gente como el Camarada Bakunin, Cristina Fallarás, Leo Bassi, José Luis Cuerda, Antonio Orejudo, Ana Pastor, Pixel Robot, Toni Garrido, toda la revista Mongolia, o la redacción en pleno del Diario Punto Es (no es esta una publicación dedicada al humor… más bien todo lo contrario, pero es que si no dejamos de llorar vamos a deshidratarnos: riámonos, aunque sea una risa -ay, qué palabra, ya- indignada). Pero como soy, en el fondo, muy de papel, no quisiera que se extinguiera la última revista (digamos) palpable de humor satírico que queda en España, heredera de todas aquellas que nombro en este post (y alguna más que me dejo en el tintero, para una lista exhaustiva, un ojito aquí), publicadas por verdaderos héroes que, al hacerlo, arriesgaron la piel en el empeño. Literalmente.

Digamos, pues, que son motivos sentimentales.

Un abrazo. Y sí, ríanse. Cuanto puedan. Aunque sea poquito.

8 comentarios to “El valor del humor”

  1. Paco Gutiérrez Says:

    Habrá que echarle un vistazo. Genial como de costumbre :)

  2. Bala Says:

    ¿Qué tal está D. Micro?

    Espero que tan bien como parece al leerle.

    Bs

  3. laluli Says:

    Bonito homenaje. ¡Qué bien escribes leche!.

  4. Anarkasis Says:

    …¡bueno! el papus era una revista con mucha pechonalidad,
    todo lo que el hermano lobo le hubiera gustado dar, pero como no dejaban…

  5. Blogin Inthewind Says:

    Álvaro De Laiglesia debería ser una figura mucho más reconocida y valorada actualmente.

  6. Microalgo Says:

    Gracias, Paco. Hace mucho que no coincidimos por donde ya Usted sabe. A ver si me dejo caer por allá de aquí a navidades.

    Más tiempo aún hacía que no sabíamos nada de Usted, Dama Bala. Bienvuelta a la blogsfera.

    Gracias también, Dama Luli. A ver si quedamos directamente este fin de semana y hacemos una que suene.

    Es curioso, Anarkasis, que la decencia, por aquellos años, se disfrazara tanto de indecencia. Paradógico, incluso.

    Estoy completamente de acuerdo con Vuesa Merced, Maese Carrascus. Otrosí digo de Enrique Jardiel Poncela, del que el año pasado se cumplieron los sesenta de su muerte y nadie dijo ni pío.

  7. Salamandra Says:

    Leí algún Papus que tenía mi padre hace ya un buen montón de años. De la Codorniz una antología que editaron. Y El Jueves, basta con ver el telediario.

  8. Microalgo Says:

    Pues sí…

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