Folgar o no folgar

La gente desaparece. Es un hecho. Los zurdos se vuelven diestros, o se suicidan. La gente cambia. Maduramos. Se nos cae el pelo, nos sale celulitis, dejamos de andar descalzos, queremos tener hijos o más mascotas y resucitar a nuestras madres/abuelas a ser posible, y que nos abracen sin hacer nada para merecerlo. Llevamos demasiado tiempo aquí, eso es todo.
Desaparecemos y ya. Miramos esa foto de cuando teníamos cinco años y es como si leyéramos a Kant: Intuyo que “La Crítica de la Razón Pura” tiene algo que ver con mi vida, pero no tengo tiempo para averiguarlo. Porque tengo que estar, tengo que parecer, tengo que respirar, intentar ser la mujer perfecta, tengo que ser musculoso, debo tener ese coche y esa casa y esa camisa. Un millón de amigos y un trabajo lo menos desagradable posible. Alguien que me prepare la cena. Alguien que me bese cuando vuelvo a casa. Alguien que no haya desaparecido todavía y que me quiera hasta el punto de desear que no desaparezca.
(Ana Caína: Pseudoetérea).


Strike!



Como Robinsón Crusoe (y luego, con más guasa, como uno de los protagonistas de “Aventuras de un cadáver”, de Stevenson), hago una lista doble, una de esas con dos columnas (a la izquierda las ventajas, a la derecha los inconvenientes) (sin querer zaherir a ninguna opción política con esto último) (un día voy a tener que ponerle coto a los paréntesis), decía antes de perderme que hago una lista con las ventajas y los inconvenientes de ir a la huelga el próximo miércoles, 14 de Noviembre.

En el lado de la derecha solo hay tres líneas.

La primera es “me quitan pelas”. Sin querer hacerme el Emilio Botín, de momento es una línea intrascendente.

La segunda es “no servirá de nada”. Aquí hay un poco más de chicha, porque estoy ABSOLUTAMENTE convencido de que no va a servir de nada. El jueves, los políticos (gobierno y escuálida e inoperativa oposición) van a seguir actuando como si no hubiera habido huelga.

La tercera la comento luego.

Todo el resto está en la columna del haber. Van a echar a cuatro mil empleados de Iberia (cerca, pues, de cuatro mil familias con los ingresos muy mermados o, directamente, eliminados) mientras se planea una OPA sobre Vueling, que cuesta más de cien millones de euros. Más localmente, van a largar a casi un tercio de la plantilla del Diario de Cádiz (puede que gente muy querida por mí se acabe quedando en la calle, con una mano delante y otra detrás), y las indemnizaciones van a ser una miseria. En realidad, el Diario no será operativo con esa merma de personal, así que lo que se está haciendo es un pre-cierre de un periódico que lleva editándose casi ciento cincuenta años. Por otra parte, el gobierno ha abierto una puerta al despido del personal laboral fijo, empleado por cualquier ministerio (todos los ministerios van a tener menos presupuesto, lo que los habilita para despedir de forma procedente) (dicen que los funcionarios estamos a salvo, pero eso no me consuela si empiezan a dejar en el paro a técnicos que nos resultan imprescindibles) (además de que no me lo creo: vuelvan la vista a Grecia, que el sol amanece por allá, y el día avanza hacia acá). Aparte quedan pequeñas consideraciones laterales, tales como el de presentar un programa y luego salir por peteneras, el de tener ministros chulescos e ineficaces, lenguaraces e iluminados por focos surgidos de cirios ardientes, destructores de lo público y adalides de lo privado (previamente montado con dinero público, las más de las veces)…

Etcétera. Un larguísimo etcétera.

Y vuelvo a la primera columna: estoy en medio de experimentos.

Así que decidido: esta vez me toca huelga nipona. Constará como que he hecho huelga (los que vienen a currar firman una lista, y ni pasaré cerca de ella) pero, como el perfecto gilipollas que soy, vendré y me pegaré mis horitas de resiembra y de recuento, de microscopio y de autoclave.

Qué le vamos a hacer. Me han dibujado así. De gilipollas, digo.

Ustedes, lo que quieran. No hacer huelga por causa de cualquiera de las líneas de la primera columna (“me quitan sueldo y no vale de nada”), me parece respetable. En serio. Mientras la decisión sea de uno mismo, y no del miedo o el aburrimiento, ya no me veo quién para siquiera criticarla.

Salud.

8 comentarios to “Folgar o no folgar”

  1. Inés Says:

    En las últimas huelgas generales en las que estaba en España, hice la huelga como tú: constando como en huelga pero trabajando, que las tesis no esperan a nadie.

    Ésta, como en Francia no hay convocatoria, vendré a currar, claro. Pero os apoyaré desde aquí. Porque en mi opinión hay razones de sobra para hacer la huelga.

    Aunque no vaya a servir de nada. El que no llora no mama.

  2. laluli Says:

    Y la ministra de empleo pidiendo a Iberia responsabilidad para no despedir a tanta gente (supongo que porque se les va al cuerno la estadística, porque a nuestros políticos se la traemos al fresco) Y digo yo, ¿qué responsabilidad? ¡si se lo habéis puesto a huevo! Yo, aunque parada, voy.

  3. Microalgo Says:

    Podíamos montarnos un póker huelguero, tras la manifa…

  4. piero Says:

    Para mí hay una razón ineludible, insoslayable, invencible: si no vas a la huelga, luego Rajoy te dará las gracias. Repito y enfatizo: ¡Rajoy te dará las gracias! Y eso sí que no. Pase que incumpla su programa como quien lava (dinero). Pase que me quite vacaciones, y derechos laborales (y dinero). Pase que salve a los bancos (con nuestro dinero) y deje que la gente sea triturada por esta estafacrisis. Pero que me dé las gracias por no ir a la huelga (ya lo hizo cuando la protesta ante el Congreso) es una humillación por la que no estoy dispuesto a pasar.

    Por cierto Sr. Microalgo… ¿en qué hora está usted pensando para ese póker militante? ¿en qué ubicación? Porque el vicio me corroe cosa mala.

    PD1: Me parece bien que vaya usted a hacer sus cosas pero hágalo con el ceño fruncido. Que se note el cabreo.

  5. Salamandra Says:

    Yo ya ni pienso.

  6. Yinyerbeiquer Says:

    Algunos motivos ajenos que también son míos:

    Porque no perder el sueldo de un solo día no compensa perder los derechos de toda una vida.

    Porque no quiero tener que mirar a mi hija a la cara y contarle que yo no fui.

    Porque no sabría cómo explicaré a mi hija que dejé que le robasen su futuro de brazos cruzados.

    Porque levantar la cabeza un día es la mejor manera de no llevarla baja el resto de la vida.

    Porque solo no puedo.

    Porque hay huelgas que uno siente que tiene que hacer aunque no sirviesen para nada. Por dignidad.

  7. Anarkasis Says:

    intento verlo desde una perspectiva global para no tener que verlo desde una propia. Porque estas tienen distinto cristal, y no son complementarias en la explicación.
    Mas huelga es ahondar en la depresión del enfermo, pero al camibiar el cristal al mismo tiempo veo que el médico se está equivocando adrede y el boticario está haciendo el agosto con los medicamentos,
    Si el tumor está en la rodilla habría que operar en la rodilla, no en el craneo como dicen unos ni en el codo como dicen los otros. Pero nos están contando todos los becarios del periodismo a una, que esto es una metástasis, para desviar la atención del tema sospecho, Los facultativos vocean a los 4 vientos su pronóstico, que los pisos están bajando, cuando esto no es así, en euros “reales” se están apreciando respecto de como está quedando nuestra renta disponible.
    y siempre que pienso mal acierto. Las comisiones y sobornos cobrados por los políticos españoles los tienen en pisos, o, en acciones de pequeñas inmobiliarias propietarias de los pisos. Por eso no les interesa explotar la burbuja, y en vez de cargar sobre el ibi, cargan sobre el iva. El problema es que poquito más y nos van a reventar los riñones con tanta medicina que no necesitamos.
    y si necesita otra motivación, le diría que quien convoca la huelga también está en el ajo de los pisos, Estos ya fueron tocados por el lado oscuro, ¿No recuerdan Psv, Vitra?

    Ufff…. (igual son demasiado jóvenes)

  8. Microalgo Says:

    El argumento de Piero me parece irrebatible, y los de Yinyerbeiquer no se quedan atrás.

    Lo único que se me ocurre es no dejar de levantar liebres. Cuantas más, mejor. Las herramientas que tenemos nos lo permiten.

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