Citas XXXVI

Los libros estaban alineados en estanterías medio consumidas por carcomas que con el tiempo habían muerto de aburrimiento con la boca llena de virutas de madera. Ocurrió una vez que durante una de las visitas a la casa de su tío, Józefek tropezó con una estantería y le cayó un libro en la cabeza. Józefek se desplomó en el suelo y la criada tuvo que ir a la farmacia a por vendas. El libro se titulaba “El espíritu contra la materia” (Sławomir Mrożek: El elefante).


A volar.



Buenas. Post número treinta y seis en el apartado de citas.

Como he viajado últimamente (véase el post sobre Pernambuco) y las películas que ponen en los aviones no siempre son del agrado de uno, he probado a llevarme el libro electrónico de la Dama de los Lunares, y me he zampado dos o tres títulos en este chisme.

No me gusta. Soy un antiguo y prefiero el papel. Que tiene enormes inconvenientes, lo reconozco, pero grandes ventajas a la hora de tomar notas como las que siguen. Hablando de aviones, por cierto:

Se añaden unas fervorosas palabras de adhesión de un tal Pléyades MoonStar, nombre que me causaría no poca consternación si me enterase en el último momento de que así se llama el cirujano que va a operarme del cerebro o el piloto del avión al que acabo de subir (Woody Allen: Pura anarquía).

He buscado por todos sitios reediciones de los libros de Guillermo el Proscrito, y no hay. ¿Por qué desaparecen los clásicos de la literatura infantil, hein?

A las dos y media de la tarde, los animales estaban preparados para su exhibición. En una jaula, junto a la ventana, había una rata blanca, pintada con rayas azules y rosadas. Era una aportación de Douglas, quien la había pintado por su propia mano.
La rata parecía aturdida y, de vez en cuando, se lamía las rayas, a continuación de lo cual era evidente que se arrepentía de haberlo hecho.
Su jaula llevaba un cartel hecho a mano, que decía:

RATA DE LA CHINA
TODAS LAS RATAS SON
COMO ÉSTA, EN CHINA

(Richmal Crompton: Travesuras de Guillermo).

Según uno de esos rumores, Guillermo había cogido al toro por los cuernos cuando iba a atacarle, y al ser lanzado sobre su lomo por la embestida, se mantuvo allí sentado y guió al animal hasta el patio de la granja. Según otro, había luchado con él. Según otro, le dominó con el poder de su mirada. Según otro, había sido terriblemente corneado y ahora yacía en el hospital a punto de morir. La vista de su saludable figura hizo disminuir el efecto ocasionado por este rumor, pero, como no podía ser visto al mismo tiempo por todos los que estaban en la sala, no lo destrozó del todo (Richmal Crompton, Guillermo el atareado).

Es curioso lo destructivo que puede llegar a ser este personaje de Richmal Crompton, pero la actividad devastadora del muchacho está siempre guiada por alguna idea subyacente y constructiva, cuya base lógica permanece siempre ajena al mundo de los adultos, pero no por ajena a ellos es inexistente. No es aplicable a este personaje la advertencia de Stuart Mill:

Quienes están inclinados a multiplicar el número de instintos, generalmente incluyen entre ellos uno que llaman «instinto de destrucción»: un instinto de destruir por la destrucción misma. No puedo pensar en ninguna razón que aconseje preservar este instinto (John Stuart Mill: La Naturaleza).

Otra cosa. Supongo que se han enterado de que a Lorenzo Silva le han dado el Planeta. Ya, ya sé que si tal, que si cual, que si el Planeta esto y que si el Planeta lo otro. Me da igual: voy a abandonar la vena cainita que caracteriza a todo compatriota mío y desde acá lo felicito: yo disfruto como un enano leyendo los libros de Silva. Como un enano. Recuerdo que una vez encontré una posible razón de por qué pillo citas:

En fin ―suspiré―. Habrá que seguir apuntándolo todo, antes de aspirar a entenderlo (Lorenzo Silva: El Alquimista Impaciente).

Alguna más del mismo autor:

He comprobado a menudo que dejarlo todo para el final es la mejor técnica de trabajo (Lorenzo Silva: La Flaqueza del Bolchevique).

Ya sé que es superficial fijarse en el aspecto exterior de las personas, y más en el de las mujeres, pero es lo único que uno tiene para tratar de calarlas antes de que abran la boca. Y hay situaciones en las que conviene no aguardar a ese momento para empezar a situarse (Lorenzo Silva: La estrategia del agua).

Lo dicho: mi más sincera enhorabuena.

Se aprende mucho tomando citas, ya digo. Tómese una frase común y exprímase su significado hasta extremos absurdos, y entenderán uno de los frecuentes trucos de Terry Pratchett con los que nos hace reír indefectiblemente:

Algunos piratas conseguían la inmortalidad por sus grandes crueldades y proezas. Otros conseguían la inmortalidad gracias a la gran riqueza amasada. Pero el capitán había decidido mucho tiempo antes que quería alcanzar la inmortalidad por no haber muerto (Terry Pratchett: El color de la magia).

Había una luz al final del túnel, y era un lanzallamas (Terry Pratchett: Mort).

(Ésta la he usado recientemente en el blog e Efe, la recordé viendo una viñeta en la que flambeaba a sus alumnos de matemáticas).

No es que fuera una ciudad sin ley. Había leyes a patadas. Simplemente no existían muchas oportunidades para no violarlas (Terry Pratchett: Ronda de noche).

La mirada de Rincewind barrió el suelo. Resultaba obvio que era lo único que había barrido el suelo en mucho tiempo (Terry Pratchett: Fausto Eric).

No servía de nada apagar la máquina, dijeron los magos. Existía en muchos otros presentes, de manera que funcionaba aquí debido a… una frase larga que los carteros no entendieron, pero que contenía palabras del tipo «portal», «multidimensional» y «cuántico», y cuántico salía dos veces (Terry Pratchett: Cartas en el asunto).

Y bueno. Una más para redondear la cosa. Ésta, de un breve libro imprescindible:

El día más feliz de mi vida fue cuando se estrelló el camión de Foskitos. Casi sin darnos cuenta, chocolateados hasta los carrillos, lo importante ya no era atiborrarse de aquellos pastelitos que sólo probabas algún domingo de buen comportamiento, lo necesario era completar la colección de cromos de Spiderman que venía en el envoltorio. El conductor había ido hasta el pueblo para llamar desde el teléfono del bar: no podía imaginar que aquel día no había escuela y todos los niños correteábamos por la calle con los ojos abiertos como platos ante cualquier novedad.
Corrí con toda mi alma, pero no llegué el primero. Comí más que nadie, como todos los demás. Cambié todos los cromos repes que pude, pero todos coincidíamos, al final, con los mismos. Nadie completó la colección. Muchos llegaron a maldecir el camión de Foskitos, porque sus vidas se habían complicado más desde aquel día y habían conocido la dependencia y la frustración.
Ahora, adultos en el bar, nos dividimos entre los que reniegan de los Foskitos, los ausentes por otras esclavitudes y los que aún tenemos un buen recuerdo de aquel maravilloso naufragio.

(Antonio Valle: El día más feliz de mi vida fue cuando se estrelló el camión de Foskitos).

Hale. Sean buenos, en la escasa medida de sus posibilidades.

7 comentarios to “Citas XXXVI”

  1. Confusio Segundo Nán Says:

    Tengo un pequeño montón de Guillermo’s, que puedo ir prestando (de uno en uno).

  2. ronronia Says:

    Pero cómo puede no gustarle el libro electrónico, Don Microalgo, con lo increíblemente maravilloso que es y la sensación de abundancia que produce tenerlo en las manos, que es semejante a la de ver manar vino de las fuentes en fiestas de Cariñena, si en éstas además colgarán jamones de los árboles para adornar.

    Y, curiosamente, nombra Usted una de las razones por las que mi amor a mi Kindle es, no ya inmenso, inconmensurable: que ya no dependo de que las editoriales decidan reeditar un libro. Títulos descatalogados que llevaba años buscando, ahora me los bajo gratis en cuestión de minutos.

    Yo me he vuelto del otro extremo, no quiero ni ver libros en papel, que ahora me pesan y me resultan incómodos de leer porque las páginas no pasan solas. Aunque la excepción es si tengo que estudiar porque, como bien dice, subrayar, anotar, ir hacia adelante y hacia atrás una y otra vez en el texto, no es tan cómodo en un e-reader y, además, por algún extraño motivo, a mi mente arcaica no le entra el conocimiento igual de bien si lo saca de pantalla que si lo hace del papel.

  3. Microalgo Says:

    ¡No los preste, Nán! ¡No se desprenda nunca de ellos! (ni por un ratito).

    En el asunto de tomar notas, Dama Ronronia, el Kindle no me gusta nada. Lo hice, anotando el % del texto y las primeras palabras de la página, seguidas de las habituales coordenadas de línea. Para sacar las citas ahora las voy a pasar canutas y me va a llevar tiempo (por cierto, hasta las últimas que he pasado, van 3252 citas).

    Pero no es solo eso. El libro, el objeto en sí, me gusta. Me encanta su tacto, su presencia en la mesilla de noche. No dudo de que sea útil el chisme electrónico, pero…

    … al libro NUNCA se le irá la batería. Seguro.

  4. Confusio Segundo Nán Says:

    Ah, cuando se produzca el desmoche final climático-social, y no haya electricidad ni baterías, entonces vendrán llorando todos estos neotecnos diciendo ¡por favor, déjame leer un libro!, pero les diremos: Lo lees aquí y por cada media hora me tienes que traer un conejo, o 4 huevos o una lechuga.

  5. Anarkasis Says:

    Hace ya 5 años que uso libros electrónicos y llevo rotos 2, a estos aparatos no les gusta ni el sol ni la humedad, ni que les pongas nada pesado encima…, En sitios neutrales son muy prácticos, Llevar un diccionario y tres o cuatro libros del tamaño que los hacen ahora, en la maleta de viaje puede ser graboso, Ahí aparecen las ventajas del libro electrónico,
    Uso el coche para ir al trabajo, y he probado audiolibros en el aparato del coche, muchos jóvenes usan el propio movil e incluso los he visto leyendo txt en los mp3. Yo no diría siquiera que el formato definitivo de lectura vaya a ser el libro electrónico. Si el portatil se acerca a la tablet, y si se puede escribir en los márgenes y subrayar, y pasar a formato lectura “tinta muerta” ..(me pareque que le llaman, y los he visto funcionar) pero a un precio asequible, entonces, el papel si habrá perdido la batalla, incluso en las escuelas.
    No obstante llevo ya tiempo utilizando un comodín o frase hecha por internet cuando leo algo fino mandarino “eso merece papel”, Pues eso, para eso, en vez de utilizar un kilo papel el domingo para imprimir un periódico, entonces podríamos detener un pokín el desmoche final..

  6. Nomeolvides Says:

    El papel es el papel y kindle un amor. Si el precio en papel fuera más acorde con su calidad… y como dice la dama, la abundancia de kindle… ¿Se puede amar a más de uno? Seguro. Ah! como dice un amigo mío Pratchet es Dios! casi tengo hasta fe.

  7. Microalgo Says:

    ¡Amén!

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