Maniobras de aproximación

―¡Mi querido señor Lascelles, qué tonterías dice! Yo declaro que no hay en el mundo nada tan fácil de explicar como el fracaso: al fin y al cabo, eso es lo que hace la gente continuamente (Susanna Clarke: Jonathan Strange y el Señor Norrel).


Not even a single torrao?
Some potential solutions…



A colación de un post de hace algunas semanas en el magnífico blog de Maese Efe Morningstar, escribí a vuelapluma algunas frases con las que un grupo de personajes de sus tiras cómicas (hipérbole jocosa de él mismo y de algunos amigos) podrían haber intentado una aproximación algo más exitosa a un grupo de chicas solas en un local de copas.

Debo aclarar que la frase de aproximación intentada por dichos personajes era “eh, gorditas”, de modo que, por escasos conocimientos que yo atesore acerca de ese tema, algo más de éxito podrían haber tenido. Vamos, que no es difícil superar el cero Kelvin, por poca temperatura que uno consiga arrejuntar…

Antes que nada, es necesario aclarar la diferencia básica entre seducción y acoso. Si uno es guapo, cualquier cosa que uno diga es seducción, mientras que si uno es feo, entonces, la misma frase es acoso. ¿Vale? No, no admito réplicas a este razonamiento, es una verdad del tamaño de Angkor Wat. Ese “¿vale?” era absolutamente retórico. De modo que este post va dirigido a los humanos normales, a todito el noventa por ciento central de la curva de Gauss. Ni querubines barra as, ni gorgonas barra os. En el primer caso no tienen problema, en el segundo no tienen solución. Aclarado queda. Esto vale para ambos sexos, claro (aunque yo, como microalga macho, ejemplificaré aquí las cosas desde mi perspectiva de tal).

Bien. Sigamos.

Somos estupendos. Esto es una verdad tamaño catedral de Córdoba. Es decir, no tan grande como el templo Khmer anteriormente citado, pero también tiene un buen tamañito.

Somos estupendos, repito. Lo único es que la otra persona en el bar no lo sabe, y hay una barrera de silencio mortal que, como una empalizada de carbono cristalizado (qué bella alegoría, vive Manitú), separa a la persona humana desconocida de nuestra alma generosa.

Pero esa barrera, además de ser más dura que el demonio, tiene otra característica. Es sumamente frágil.

Ahora bien, Usted puede romperla gritando “¡¡EeeeEEEeeeh, MoooOOOza, jugooOOOoooza, cordÉÉÉraaa…!!”, y tirarle a la chica a la cabeza un servilletero de chapa (lleno), o bien hacerlo elevando un poco el nivel y asegurándose así de que, en caso de recibir una buena acogida, la potencial interlocutora merece la pena y uno cubre sus expectativas de satisfacción intelectual (porque supongo que sus intenciones son honestas y tienen la vista puesta en un futuro y ubérrimo matrimonio, por supuesto). Imagínese tan sólo que ante una primera frase como la anteriormente descrita la chica en cuestión responde favorablemente. ¿Qué? Estaría Usted perdido.

No, no. Como decía Daniel Pennac, elevemos el debate, demonios. Así, puede Usted jugarse la vida y soltar una de éstas (yo ya no las voy a usar para ligar, se las regalo):

—Perdona, pero si sigues sonriendo así me va a entrar el síndrome de Stendhal.

O bien parafrasear a Pavese y espetarle:

—Vendrá el infarto de miocardio y tendrá tu talla.

Esto es heavy metal, lo reconozco. Pero si ella lo pilla, no busque Usted más: ES ELLA. Prométale inmediatamente el hígado u otros órganos vitales, todito el Imperio Nipón, la propiedad de un hotel en Las Vegas, el matrimonio inmediato, ponerle su nombre a un asteroide, un poco amorfo, el asteroide, es cierto, pero un asteroide al fin y al cabo, la vida eterna, sacar a pasear a su gato esquizofrénico. Lo que sea. No deje que se escape. No encontrará Usted muchas así, desgraciadamente. Y nosotros somos estupendos, sí, pero no tanto, o sin tanta suerte.

Entre el alarido cabrero y citar de soslayo a Pavese hay, por descontado, un enorme intervalo de opciones que se puede tantear. Por ejemplo, las que solté en el comentario del blog citado antes (aplicado a grupos monogenéricos que no saben cómo contactar con uno del otro sexo):

—Perdonad, mi amigo de ahí no está del todo seguro de si es homosexual y no sabemos cómo aclararlo. ¿Se os ocurre a vosotras algún método?

—Disculpad, es que estábamos haciendo un listado de pecados cometidos y nos preguntábamos si tendríais alguno más gordo que los nuestros.

—Hola. Mirad, nosotros estamos solos, vosotras estáis solas. Sin ánimo de otra cosa, ¿qué os parece si hacemos un grupito mixto y charlamos, a ver qué pasa? Yo me llamo fulanito, éste se llama menganito…

[En este último caso, y obviando el “sin ánimo de otra cosa”, que suena tan sincero como una promesa electoral y es, evidentemente, una mentira podrida, a veces la gente agradece que se obvien los acercamientos manidos y oblicuos (tu cara me suena, ¿vienes mucho por aquí?, estudias o trabajas) y se vaya por derecho. Se trata de no insultar la inteligencia de la otra persona, y si se siente insultada, se define a sí misma y ya].

… y seguro que a Ustedes se les ocurren algunos más. Abriendo el debate, además de elevarlo… ¿Tienen dificultades las chicas para establecer esos amagos de puente? Yo es que no tengo la perspectiva necesaria, y agradecería apuntes sobre el tema.

Dos notas finales que suenan a consejo de experto y nada más lejos, porque no son más que obviedades que debería conocer todo el mundo: a) hacer reír (o, al menos, sonreír) a la otra persona implica el ochenta por ciento de la cosa y b) tengan en cuenta lo expuesto en la entrada “introducción a la pesca del cangrejo moro” y nunca, NUNCA, N-U-N-C-A, sean pesados. Si es que no, es que no, que dicen que el que la persigue la consigue pero yo no me arriesgaría a probar los límites de esa aseveración, y además ya no estamos para según qué cosas, que (repito) somos estupendos y quien no nos valora no nos merece, chin pón.

20 comentarios to “Maniobras de aproximación”

  1. Inés Says:

    Yo iba a citar a Ivan Vorpatril y su “She laughs, I live”, que es la máxima esencial del asunto. Pero ya lo has cubierto suficientemente bien en tu último párrafo (y quiero hacer una entrada con sus enseñanzas en esa joyita que es “Ivan Vorpatril’s Alliance).

  2. Juan Says:

    Yo uso una técnica muy depurada a base de años y años de barra de bar. Aunque no se por qué cada vez funciona peor.

    Dejar que se acerquen ellas.

  3. Microalgo Says:

    Es equivalente al “si te pinchan, yo sangro”… ¿lo recuerda?

    • Inés Says:

      ¿Esto era para mí? Si lo era, sí, Cordelia Naismith explicándole a su madre qué siente por Aral es brillante. Me lo sé de memoria:

      “Well, I don’t hate him. Can’t say I worship him, either. But when he’s cut, I bleed”.

      Qué grande es la McMaster Bujold y qué grandes sus personajes. E Ivan, en el último, está espectacular.

      Y si no era para mí, dejo ya el tema de los Vor.

  4. piero Says:

    La mejor frase para llevarse a una chica en un bar es sin duda la del inigualable Goyo Jiménez. Te acercas y le dices con la voz más seductora que puedas:

    “¿Tú también piensas que este pañuelo huele a cloroformo?”

  5. Eva Says:

    Amorrrrrr! Ganas de oirte en directo. Sí. Resulta complicado conocer a alguien que te haga reir, te resulte interesante y te ponga. Más que también le pase a él lo mismito. No es porque no exista: creo que lo complicado es encontrarse, porque para eso hay que revolverse todos. Como los jerseys en las rebajas. Y no hay tiempo ni ganas. O sí? Besooooos!!!

  6. Sérilan Says:

    Pero que complicación dios mío siempre con éste tema, es más fácil que todo eso.
    Te acercas……la miras…..la besas….Y si en el minuto siguiente no empiezan a dolerte con gran intensidad los……………es que no te dió la patada y le gustó.
    Lo demás va sobre ruedas

  7. Anarkasis Says:

    he escuchado muchas frases de esas tras la barra de un bar,.. desde el “¿Me pones una chispita pimienta en el zumo por favor?” hasta el: “Que hoy me he cambiado de calzoncillos, Que lo sepas”.
    La aproximación es una maniobra delicadísima en la especie humana, y con unos resultados rocambolescos y fuera de todos los propósitos, Poquito más y no nos apareamos.

  8. Efe (@Efe_Morningstar) Says:

    No-se-habla-con-desconocidos-jamás. Darcy nunca lo haría.

  9. Microalgo Says:

    Pero estoy hablando de desconocidas, que no es lo mismo… y de lo que se trata es de que dejen de serlo.

    La segunda frase descrita por Anarkasis, lamento decirlo, es un equivalente al “¡cordera!” del post.

    Disculpe, Sérilan, pero hacerle caso puede dar con los huesos del implicao en la cárcel, que la cosa está muy mala.

    ¡Evita! ¡Qué de tiempo! En las rebajas hay tumulto, pero de vez en cuando también hay un flechazo y, de tarde en tarde, uno encuentra un chollo…

    Piero, creo que hay cloroformo en el laboratorio. Un día tendremos que probar.

    Qué peña más malvada se reúne por acá, vive Manitú.

  10. Confusio Segundo Nán Says:

    Tras comprobar, en mi extensa vida, las consecuencias de alguna (pocas) maniobra de aproximación de éxito. Soy más de maniobras de alejamiento metódicas y rutinarias. Por si acaso.

    Como esos chicos que se cargaron las torres gemelas tras hacer un curso de pilotos en el que se saltaron la maniobra de aterrizaje afirmando que “no la necesitamos”.

    En los casos en los que sí se quiere una maniobra de aproximación, conviene esperar a las 4 de la madrugada, cuando todas y todos resultamos atractivos física y mentalmente.

  11. Rímini Says:

    Uy! ¿Usted o yo todavía por bares?¿Y con intenciones?¿Qué clase de ciencia-ficción es esa? De todos modos, no se liga con frases en estos tiempos de twittermolones… un Audi sin techo en la puerta o un tatuaje sobre un musculado y bronceado biceps tumban a cualquier sintaxis. O haberte liado con alguien que se ha liado con una tertuliana del Sálvame. Que sé yo…

  12. Antero Says:

    no puede considerarse maniobra de aproximiación porque venían ya aproximados de nacimiento, pero el otro jueves en el “hartobus” le decía un él a una ella en todo el acaramelamiento:

    “me gustas porque no te pareces a las tías de las compresas”

    (intuyo la elipsis: a las tías “de los anuncios” de las compresas). tiene su qué.

    abrazos.

  13. Microalgo Says:

    Pues no está mal, el piropo, Maese Antero. No, señor.

  14. Salamandra Says:

    Gracias al FSM yo «pesqué» a la Sra. Salamandra en la facultad, y desde entonces no he tenido que aproximarme. Por que yo soy de los que se estrellan fijo.

  15. Ronronia Says:

    Es una injusticia que el peso del valor caiga siempre del lado de Ustedes, caballeros. Aparte de una injusticia, es un gran alivio para las que, como yo, si hubieran tenido que superar el miedo al ridículo para ligar, aún estarían esperando en alguna barra.

    Las poquísimas veces que he ligado en bares, es porque alguien se me ha acercado. En general los encuentro lugares hostiles para el contacto porque es difícil entablar una conversación natural y medianamente normal. Entre el ruido y la obviedad, todo resulta muy postizo y un poco tonto, así que prefiero prácticamente cualquier otro ambiente para iniciar un acercamiento.

  16. laluli Says:

    Yo conocí a un albañil que gritaba “estás mas güena que una cagá detrá un lentisco”. Fino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: