Allá donde se esconde Mortadelo

Pero tengo una duda. ¿Merece la pena emprender ese viaje tan largo sólo para volver y contar la inacabable serie de sucesos raros que me habrán acontecido? ¿Y si me quedo en casa y simplemente lo imagino? ¿Acaso no confío en mi imaginación? (Enrique Vila-Matas: El mal de Montano).


Gallinas everywhere.



Porto de Galinhas (Puerto de Gallinas) es una pequeña localidad que depende administrativamente de la ciudad de Ipojuca. Aquella es un barrio costero crecido de ésta, y se encuentra a unos sesenta kilómetros de Recife, capital del estado brasileño de Pernambuco, que es donde se esconde siempre Mortadelo al final de sus historietas.

La población de Porto de Galinhas se encuentra a ochos grados sur, es decir, más bien cerquita del ecuador. Como avezado viajero que uno poco a poco va siendo, aceptó el viejo consejo que un compañero le dio hace años acerca de qué hacer cuando uno se desplaza a zonas tropicales, sobre todo si uno no se fía de la calidad del agua del grifo. Se trata (además de beber agua embotellada, claro) de, por la mañana, en ayunas, meterse entre pecho y espalda una copita de algo que pase de los cuarenta grados, y no me refiero a la temperatura.

Yo elegí desde el primer día un bebedizo local, la cachaça. Como ven, la tenía en el congelador para pasar mejor el tremendo esfuerzo deglutor…

Qué esfuerzo, si estaba buenísima. Sí, funcionó, perfectamente. De hecho, mi ex-becario brasileño (que ya lleva seis años por Europa y es abstemio) pilló un vergonzante, para un nacional, desarreglo de tripas. Y yo no. Já. Apúntense la profilaxis.

Hay muchas cosas en las que los brasileños nos superan. Andaban de elecciones locales y está prohibido terminantemente pegar carteles, de modo que los ponen en los coches de los correligionarios.

Mucho más limpio, todo. Los candidatos a alcalde (a Prefecto, allí), se identifican con dos dígitos, y sus concejales (Vereadores), con ese mismo número y tres más. Las listas son absolutamente abiertas. Envidia, me dan, en ese plano.

La gastronomía es muy variadita, sobre todo a base de pescado y marisco, que preparan de muy diversas maneras, además de carne de pollo y otra llamada “de Sol”. La de Sol es carne de vacuno salada y dejada secar al sol, luego deshecha en fibras y mezclada con muy diversa cosa. A pesa de la cachaça no me atreví con ella y preferí aumentar el nivel de ácido úrico con unos langostinos (camarões) con verduras, cocinados con coco en una teja.

Deliciosos, oigan. Y el resto de los pescados los cocinan y los acompañan también muy bien. La comida no es muy de dieta, pero en fin. Y los zumos naturales, baratitos y estupendos. Te los hacían sobre la marcha.

Las playas quedan muy bien en la foto, pero están llenas de estratos afilados de piedra sumergida y las olas tienen muy mala leche…

Por si fuera poco, de paseo por la orilla me encontré un par de éstas, varadas. Es una Physalia physalis, la temible carabela portuguesa, una medusita (en realidad, un hidrozoo, pero da igual), que si te toca con uno de esos flagelitos morados te puede hacer mucho, MUCHO la puñeta. Así que de bañarme a la buena de Dios, nada.

¿Hein? Ah, el congreso… el congreso bien, gracias. Un montón de gente, un montón de pósteres, pillé un montón de ideas.

Aunque parezca lo contrario, sólo tuve un día para estar por mi cuenta por ahí, y lo usé en ir a bucear. Decepción. En Tarifa, con un tubito (aunque también con mucho más de frío), verá Usted cien veces más especies que en el sitio en el que buceé. Eso sí, había unos simpáticos pececitos que tenían un color parecido a mi cámara submarina, y que se sentían tan curiosos por ella que pocas fotos hice en la que los jodíos no salían en primer plano.

Un descubrimiento: el sorbete de una fruta que se llama açaí (según mi becario, en Brasil hay muchas frutas pero muy poca imaginación para ponerle nombre: cajé, cajú, açaí, maracujá, abacají…). El sorbete de açaí, servido en un bol de medio litrito, con plátano, miel y granola, hace una perfecta cena por sí solo. Estupendo, sí señor.

Así que bien, en general. Viaje largo, pero mereció la pena.

Una cosa más: el buque insignia de la repostería de Pernambuco es el bolo de rolo, una especie de brazo de gitano pero en tropical (con dulce de guayaba entre capas de crepes blanditos). Tengan cuidado al pasarlo por la aduana, que esté siempre a mano… porque en los escanners debe dar la misma cara que el explosivo C4. Me lo hicieron sacar en cada aduana que pasé.

Hale. Post de vuelta.


11 comentarios to “Allá donde se esconde Mortadelo”

  1. laluli Says:

    bienvenido

  2. Microalgo Says:

    Thanks. Por cierto, hablo hoy con El Hombre Adaptado A Su Medio y te llamo a mitad de la mañana, ¿ok?

  3. laluli Says:

    jajaja, vale

  4. Salamandra Says:

    El nombre me ha recordado a Puerto Pollo en la isla Plunder del Monkey Island 3.

    Que se haya puesto «morao» de comer y beber es cosa buena, si además se ha enterado de algo nuevo en materia de microalgas mejor.

  5. Anarkasis Says:

    ¡Anda que…! Así que por eso no me entraban a mí las diarreas en los viajes, …y luego me decían que tenía el estómago a prueba de bombas, y era que lo llevo lleno de acohol-mata-amebas.

    De ahora en adelante les daré la explicación científica, Si, citaré la fuente.

  6. Confusio Segundo Nán Says:

    Precisamente “ese” Vila-Matas, exactamente “ese”, es el faro de mi vida. Mi abuelo exigía que sus hijas estuvieran en casa a la nueve de la noche: “Todo lo que se puede hacer después, se puede hacer antes”, les decía.

    Y lo que yo digo es “Todo lo “bueno” que puede hacerse fuera del anillo de la M-30, se puede hacer dentro (y si no se sale de Malasaña, miel sobre hojuelas; aunque los cabrones de los organizadores de las manis siempre me las ponen fuera).

    Me gusta el nombre de esa ciudad, Ipojuca, sobre todo porque los disléxicos la llamarán Ijopuca, o algo todavía peor.

    No me invente el mediterráneo, que ya hasta lo tenemos lleno de apartamentos. De todos es bien conocido que ninguno de los técnicos que construyeron Brasilia contrajo la malaria ni tuvo problemas intestinales. ¿Por qué? Porque el abuelo de uno de los ingenieros construyó unas vías férreas en Sudáfrica y descubrió que si por la noche dejas 4 dientes de ajo en un buen vaso de güisqui (que no es lo mismo que un vaso de güisqi bueno), y sin levantarte de la cama te comes los 4 ajos y te bebes el güisqui, no hay mosquito, virus, bacteria ni dama victoriana que se acerque a ti.

    ¿Que se vino con un brazo caribeño en la maleta? Me descojono.

    Abraços

  7. Microalgo Says:

    Y el brazo ha sido ya ingerido y digerido. No era de dieta, por otra parte… No sé si tiene verdadera base científica lo del alcohol friendo a las bacterias intestinales (supongo que la flora autóctona ya es inmune), pero a mí, al menos, me funcionó.

    Como repelente de damas victorianas, me apunto la receta, Maese Nán.

    Abrazotes.

  8. Confusio Segundo Nán Says:

    Vamos a aclarar las cosas del cientifismo, que para rebatirme la teoría de que el alcohol es güeno, necesito más fundamentos.

    Para ello, nada como un poco de epistemología. Lo que sale de la boca de las personas se puede dividir en Experiencia Contrastada y Opinión, que a su vez se subdivide en Opinión Fundamentada, Opinión Descabellada y Desatino Absoluto. Ni que decir tiene que las emisiones verbales de los hablantes se cuantifican, según paper de la Universidad de Stanford (cito de memoria) en menos de un 1% para la experiencia, 3% para la fundamentada y el resto, exaequo, para las subcategorías últimas.

    Al grano. Todo lo que salga de su boquita y se refiera a las microalgas, y exclusivamente a ellas y temas conexos, es Experiencia Contrastada. Como si hubiera salido de la boca de los profetas ifonados a Yaveh.

    Entiendo que como es un científico y además curioso (en el sentido de que tiene curiosidad por las cosas, no de que sea un espécimen curioso) su duda metodológica puede enmarcarse en la categoría de Opinión Fundamentada.

    Pero Opinión, al fin y al cabo, amigo mío.

    Así que con su permiso de usted, voy a seguir bebiendo y pensando que le hago un favor de puta madre a mi salud.

  9. Rímini Says:

    Je. Lorly Planet, oiga. Bemvindo.

  10. Microalgo Says:

    Muchos experimentos sobre toxicología médica tratan de encontrar la dosis que le hace la puñeta al parásito pero no al hospedador. Ahí está el quid de la cuestión… en no pasarse de la dosis.

    Gracias por la benvinda, Maese Rímini. Un abrazo.

    (Nán, ayúdeme a darle la vara, por última vez, a Rímini, para que se apunte a lo de Lara) (la última para no ser demasiado pesado, que le estoy dando una vara al pobre que ni se la merece).

  11. Confusio Segundo Nán Says:

    ¡Por favor, por favor, por favor! Rímini, ¡Por favor, por favor, por favor!

    (¿Qué tal quedo como monja suplicante?)

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