Brujos e hígados

Yo no sé si Dios existe, pero si no existe, hace mejor papel (Stefano Benni: Baol).


(El Roto, para variar).



No sé cuántas veces tendré que decirlo.

De momento, ahí va una más.

Me gusta pensar que en Occidente nos atenemos a derecho. Esto quiere decir que, nos guste o no, tan solo los actos que infringen las leyes deberían poder ser condenados por un tribunal.

Muchos siglos nos ha costado que los tribunales eclesiásticos no tengan influencia sobre los civiles, en este país. Los que existen acá tienen sus atribuciones exclusivamente dentro del ámbito eclesiástico. Y eso está muy bien. Allá cada cual con las normas de su club de póker.

La ley, en mi país, me permite hacer una caricatura de cualquier personaje cuya existencia, fuera del ámbito de las ideas, no esté demostrada. Incluso de cualquier personaje existente, con ciertas limitaciones (la ley restringe la cosa en cuanto a la Casa Real… puede no gustarme, pero es la ley. Se puede intentar cambiar, pero mientras esté vigente, se me puede condenar por ello).

Todos los días le pongo incienso a Isis por ver si hay suerte y, en este punto de inflexión (léase “río revuelto”) que es la situación en el norte de África, no sacan tajada los fanáticos. Ya están empezando a dar por saco, cual es su costumbre, por otro lado.

El truco es viejo y muy fácil: apelar al hígado en lugar de al cerebro. Y el hígado humano (pobre órgano vital) es muy chungo, y le va la traca y quemar brujas y romper cosas y hacer piña contra el que es distinto (porque, excluyendo, yo me incluyo en un grupo grande y cómodo, que existe como tal frente al otro), y porque el hígado se siente la mar de bien no teniendo que pensar por sí mismo.

El hígado lo quiere todo masticado y digerido, y si no está digerido lo digiere todo él a base de bilis, por las bravas. Para el hígado, el cerebro es un puto gafapasta tiquismiquis que a veces pregunta “¿y si estoy equivocado?”. Nada, nada, NO estamos equivocados, NUNCA estamos equivocados, a este que se ríe de lo que YO digo que está bien, que es lo que decimos TODOS, lo meto en la hoguera y así aprenderán los demás. ¿Estamos TODOS de acuerdo? ¿Sí? Maravilloso.

Así, el hígado prefiere que sea el brujo de la tribu el que lo gobierne. Le quita de muchos dolores de cabeza (es un decir) no tener que pensar si una minoría no tendrá, al fin y al cabo, razón, y si no habrá estado toda su vida haciendo el candado, el hígado, reprimiéndose erecciones y carcajadas, evitando ideas por otro lado obvias, tratando de no pensar lo que ya ha pensado, cosa que luego le provoca unos sueños freudianos del nueve y lo lleva a aberraciones más gordas todavía, porque el cerebro del hígado es la leche en verso y no saben Ustedes por dónde puede acabar tirando…

Dime, brujo, lo que tengo que pensar. Así, además, lo que haga NUNCA será culpa mía. Lo habrá querido Dios. O Alá. Pero no yo, que solo soy un humilde hígado que le pega una humilde antorcha a esta humilde hoguera, todos nosotros, hígado, antorcha y hoguera, simples instrumentos de la divina voluntad, que nos ha transmitido el Brujo (al que, por cierto, el achicharrando amenazaba con ridiculizar y dejar con el culo al aire… Ainsss, ya he vuelto a pensar otra vez, esta tarde me toca cilicio. Tch).

11 comentarios to “Brujos e hígados”

  1. ronronia Says:

    Yo creo que nos manejan como a cordericos.

    Veo al islam agitando las masas descontentas y me pregunto en qué le molesta o beneficia a un pobre hombre en Irán si yo soy atea, si llevo la falda más o menos corta, si vivo amancebada o si trabajo; qué grave consecuencia tiene para él que un idiota haga una peli de mal gusto sobre su religión o que se queme un libro. Y llego a la conclusión de que el pobre hombre está comprensiblemente frustrado, lleno de rabia y desesperación y como no me lo azucen a mí, como no le convenzan de que yo (o usted, o un bombero tirolés o una contorsionista de Kansas) soy el enemigo, se va a volver contra el jeque que lo está explotando y le va a cortar la cabeza aunque en su frente lleve la señal roja de haber estado rezando echando cabeza al suelo.

    Y quien dice el islam, se puede volver hacia Netanyahu avivando el miedo a la bomba nuclear iraní o a cualquiera de los nacionalismos absurdos o fijarse en el millón de chinos que piden que su gobierno le declare la guerra al Japón por dos islotes o incluso si quiere mismamente a esos mediobestias rapados que animan violentamente a un equipo de fútbol.

    Que cuanto más cerca tenemos el verdadero enemigo más conviene apuntarnos hacia un enemigo irreal para que disparemos al aire.

  2. Anarkasis Says:

    pos ni creo que Ala sea dios, ni el borrachuzo de Mahoma su profeta, sino todo producto de una puta resaca del último.
    que yastabien lo que dura ¡joder!

  3. Yinyerbeiquer Says:

    Hace poco, alguien cuya claridad mental admiro escribió esto en Twitter:
    “Todavía hay países subdesarrollados donde la gente se escandaliza por una peli sobre Mahoma o por un corto de Javier Krahe.”

  4. Salamandra Says:

    Lo jodido es que el brujo no se conforma con controlar su tribu. Como Dios se lo ha dicho, tiene que controlar a la tribu de al lado, y a nosotros de paso. Le recuerdo que el hígado además hace que la caca sea oscurita (me ha venido la vena escatológica).

  5. Portorosa Says:

    Ya.
    Yo estoy de acuerdo, claro.

    Lo que no vale es pedirle a un niño que se comporte como un adulto. Ni pedirle que se comporte como un adulto a quien tratamos como a un niño. No sé si me explico…

    Que todo tiene su explicación. Y cada uno su responsabilidad, proporcional a sus posibilidades.

    (Joder, qué críptico me ha quedado)

  6. Microalgo Says:

    Críptico pero diáfano, Maese Portorosa. Es cierto, también, que el proselitismo es una de las características del fanático, Maese Salamandra. Habría que buscar más despacito por qué.

    Twitter es un patio de vecinos, pero vecinos con mucho talento, querido Yinyerbeiquer. Con lo de Aguirre me estoy partiendo la caja.

    Cito, oh, inteligente Anarkasis:

    En una palabra, Quiqueg ―dije, más bien en disgresión―, el infierno es una idea que nació por primera vez de un flan de manzana sin digerir, y desde entonces se ha perpetuado a través de las dispepsias hereditarias producidas por los Ramadanes (Herman Melville: Moby Dick).

    (Al poner el nombre del interlocutor de Ishmael no habría hecho ni falta poner el nombre del libro ni su autor, pero bueno).

    Y sí, Dama Ronronia. Es un viejo truco, pero funciona a las mil maravillas. Milenios, tiene, el viejo truco. Milenios.

  7. Microalgo Says:

    Pues sí, es verdad. Mondo cane.

  8. Confusio Segundo Nán Says:

    Me encanta es twitter, y no olvidemos que la Ley le ha salvado en un juicio ¡hace pocos meses!… y que ni él ni muchos teníamos claro que fuera así. O pensemos en las Pussy Riot, que tampoco Putin es un islamista. Las guerras religiosas europeas son de hace no mucho, y la nuestra fue llamada Cruzada y sus consecuencias duraron hasta la semana pasada, como quien dice, y está enseñando otra vez su cabezota.

    Oséase. Estamos jodidos. Sale más barato romperle las piernas a tu vecino que escojonarte de una figura ni está ni se la espera (hasta después de la muerte y sin volver para atestiguarlo).

    Creo que lo críptico de Portorosa va por ahí. No tenemos un pasado del que enorgullecernos.

    Pero tampoco me parece que podamos ir de buenorros por ello y cortarnos, Cuantas más caricaturas, mejor. Y si la cosa se pone chunga, cerramos las fronteras y que aprendan a recorrer el camino la la ley laica ellos solitos.

    ¡Ah, no, que está el petróleo y el Comercio Global, que es nuestra Deidad! Se me había olvidado.

    Estamos jodidos. Es la única conclusión. Pero podemos de reírnos hasta de nuestro padre, sabiendo que hay posibilidades de que sea él. El mío me dijo muchas veces, cuando hacía una trastá: No me cago en tu padre por si acaso soy yo.

  9. Confusio Segundo Nán Says:

    Hará más de veinte años, leí la columna de un periodista pobrehombre que había ido a Belfast a hacer una crónica. Aprovechó los pubs hasta el último minuto y regresó al hotel sin tener ya ni puta idea de si el trayecto, con tantas ese como hacía, le llevaba por zona protestante o católica. Le salieron unos mozos que le preguntaron:

    –¿Eres protestante o católico?
    –Soy judío,– contestó el pobrehombre, produciendo cierta confusión en los mozos, hasta que el más avispado repreguntó:
    –Bueno, pero ¿judío protestante o judío católico?.

    Y pobrehombre contaba el suceso desde un hospital, escayolado, sin saber si los mozos eran protestantes o eran católicos. Lo que hay que reconocer que está muy mal tratándose de un periodista.

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