Saturatio non petita

Lo que ocurre sin testigos es presa codiciada del olvido o de la indiferencia (Marina Fernández Bielsa: Los patos de Central Park).


¡Chivata!



Ya lo dije hace poco: los tiempos están cambiando, no cabe duda. Y cambios que parecían ser superficiales se tornan profundos como pozos que se abrieran en Mérida y salieran cerca de Nueva Zelanda.

Nos estamos acostumbrando a enterarnos de las cosas. Es más que probable que hace cuarenta (o incluso veinte) años, nuestros dirigentes hicieran tropelías de todo pelaje y alcance, y se enteraran solo unos pocos, que las más de las veces callaban por miedo o por interés.

Enriqueta Antolín cuenta en su trilogía (de obligada lectura, por cierto) “La gata con alas” (completada por “Regiones devastadas” y “Mujer de aire”, todas en Alfaguara… los amantes de los juegos literarios no deberían perderse una novela escrita en segunda persona, donde la que escribe le habla a la niña que ella misma fue) cuenta, decía, que me pierdo, que un político franquista robó la fachada del Palacio de los Canónigos, un edificio emblemático toledano, para ponerla en su chalet. A consecuencia de ello, un profesor de arte se suicidó, como último medio de protesta. Está novelado, pero el caso fue real.

Hoy no he podido encontrar, así, a bote pronto, ni siquiera el nombre de ese profesor… ni de ese político.

En estos momentos eso no pasaría NI DE COÑA. Las redes sociales corren como la pólvora. La red es indiscreta por definición, para lo bueno y para lo malo. Y hay que aprovechar lo bueno. Para que esas cosas no pasen.

Se puede intentar cerrar las bocas disidentes, claro. Pueden largar al magnífico, siempre magnífico, Toni Garrido del programa de la tarde de RN1. Pueden darle una patada a la magnífica, siempre magnífica, Ana Pastor y sacarla de los medios públicos. Pueden encender la chimenea con el contrato de Javier Gallego y echarlo de RN3 (cómo echo de menos a todos estos, por Dios). Pero no puede evitarse que la gente hable, y hoy menos que nunca. Se habla mucho, y mucha gente lo hace muy bien informada.

Uno podría pensar que los gobernantes de hoy parece que no aprenden, que tal vez no estén diseñados para ello. Cualquiera sabe que no se puede asesinar a todos los hugonotes y que no se entere nadie, pero esto último era más fácil de intentar en el siglo XVI que ahora. Ahora es imposible. Así que una toma de vídeo de un par de políticos firmando en contra de subir el IVA se puede volver contra ellos en un abrir y cerrar de ojos, una especie de “quien al cielo escupe”. Y como éste, miles de ejemplos. Y no sólo de la derecha, claro. Recuerden, si no, a Roldán en una juerga con deslucidas y añejas meretrices, o a Felipe González diciendo “Otan, de entrada, no”. El vídeo traiciona tanto a obispos en flagrante flirteo con amigas de la infancia, como a políticos que niegan la posibilidad de pedir rescates económicos. Y un larguísimo etcétera.

Y ahí los quería yo ver. En el larguísimo etcétera está el riesgo, amigos míos. El fantasma de la saturación se cierne sobre las noticias y sobre nuestra capacidad de reacción ante ellas.

En un experimento clásico de neurología sobre un molusquito marino (una Aplysia, concretamente), los cabrones de los investigadores se dedicaban a tocar con una varita el manto del bicho (digamos, los faldones). Éste, en un acto reflejo, como un caracol que se esconde (no están lejos taxonómicamente, por otra parte), lo encogía. Pero si la cosa se repetía demasiadas veces, el reflejo acababa desapareciendo, por la saturación de la repetición, y el bicho acababa siendo indiferente (aunque el movimiento fuera reflejo, es decir, no pasaba por el cerebro) ante el puñetero toqueteo de los mamoncetes de bata blanca.

Nosotros, lo mismito. Uno se cansa ante el bombardeo de despropósitos de los de arriba, y creo que los de arriba cuentan con ello. Habrá que buscar alguna solución.

El amigo Piero proponía que los encausáramos por orden alfabético, o a partir del apellido que haya salido en las últimas oposiciones (para ser más justos). Tal vez no sea mala idea.

10 comentarios to “Saturatio non petita”

  1. Portorosa Says:

    Tienes razón, creo yo.
    Y a eso se suma otra faceta de esta saturación, me parece a mí: la acumulación de atropellos hace que cunda el desánimo, que concluyamos que no hay nada que hacer y nos desmoralicemos.

    Un abrazo.

  2. Salamandra Says:

    ¿Aguirre es con A, verdad?

  3. Microalgo Says:

    ¡¡Síííí!! ¿Algún Abelardo? ¿No? ¡¡Pues te tocó!!

  4. ETDN Says:

    Gracias por la mención. Un honor figurar en uno de tus libros de citas. Me ha hecho una ilusión tontísima, pero muy muy grande. De lo demás, qué te voy a contar…

  5. ETDN Says:

    Y no es que tenga mucho que ver, pero para los que no lo hayan leído, el sábado se publicó este interesante artículo en El País. Sobre manipulaciones y lavado de cerebros.

    http://elpais.com/elpais/2012/06/06/opinion/1338982268_785200.html

  6. Microalgo Says:

    Qué buen artículo, Dama ETDN. Lo secundo sin paliativos. Gracias.

  7. ronronia Says:

    A veces pienso que el problema es que los políticos profesionales, para ascender en el partido, se tienen que bajar tantas veces los pantalones que cuando por fin llegan arriba ya no saben si los llevan o no puestos. Cualquiera con un mínimo de honestidad se queda fuera de la carrera muchísimo antes. Y no sé si eso es posible evitarlo, así que lo que se necesitan son muchos más mecanismos de control pero… ¿quién los va a aprobar cuando quienes los votan son ellos mismos?

    No sé cuál pueda ser la solución. ¿Qué está en nuestras manos? Un poco menos de miedo y un poco más de solidaridad, quizás.

  8. Microalgo Says:

    A mí tampoco se me ocurre cómo hacerlo, Dama Ron. No, sin que muera mucha gente, y eso tampoco es plan.

  9. Confusio Segundo NaN Says:

    Me imagino a la Cámara de Representantes leyendo tu texto en una Sesión Penaria (sic) y diciendo, ¡qué razón tiene este hombre! Se crea una comisión de los dos Partidos y se llega a un Acuerdo: “¡Aarón”, empezaremos por ajustarle las cuentas a Aarón!”.

    Me gusta que las cosas tengan nombre. En las tertulias ineficaces, salvo para la amistad y la cirrosis, voy a disfrutar mucho afirmando que somos “aplysiáticos”.

    Por otra parte, aconsejo un plan. Ante la deriva que estaban tomando las cosas, creamos un grupo privado de Google en el que compartimos información (todo el que encuentra un artículo que realmente merece la pena porque explica un mecanismo o putada importante, pone el enlace y lo resume en 3 líneas, en un abstract breve) y a veces, refleciones personales o resúmenes de los capítulos de un libro. Nadie le pasa la mano por el lomo al remitente, creando información basura del tipo “oye, qué bueno”. A veces, alguien añade algo o discute algo del artículo.

    Mi sueño es que en estos momentos haya 1.000 grupos como este (formado por ciudadanos conscientes que no somos nada, o por profesionales de la economía, la sanidad, la educación…). A ver si se animan. Nuestro grupo lo empezamos 7 y ahora somos 42. Información seleccionada para que con poco tiempo al día, mientras tomas unos churros te vuelvas hacia el imbécil de la barra que hay a tu lado y lo apabulles con datos, ideas bien organizadas. A veces consigues que se vaya a desayunar a otro bar.

    Gente, Don Micro, ya está muriendo a millones en esta IIIGM. Campesinos de un país cuya producción está siendo vendida y comprada dos años antes de la siembra, lo que afecta a los precios “reales de la economía real” que si los precios de los futuros suben, ellos venden por lo mismo de siempre; pero si bajan, se arruinan. Por no hablar de los consumidores de ese país, que ven cómo los cereales desaparecen en las panzas de los aviones,

    Así que termino con el final de un poema de Goytisolo que me apasiona por su tratamiento real de la violencia:

    porque el mundo camina
    con el paso implacable de hombres como vosotros
    que creen en la vida y que por eso
    mueven el mundo sin pegar un tiro
    mientras sea posible
    o bien pegándolo.

    Omitolas excusas por lo largo, porque nací ya siendo un pesado.

  10. Microalgo Says:

    No tiene por qué pedirlas, de hecho…

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