Citas XXXV

[Las ideas] son diosas que a veces se dignan hacerse visibles a un mortal solitario (Marcel Proust: en Busca del Tiempo Perdido. III. El Mundo de Germantes).


¡Ábrete, Sésamo!



Hoy pillo citas al azar. Bueno, más bien siguiendo una pauta: la última de cada diez de entre las que no he plantado ya en algún post. A veces son de esas citas que no elegiría para una entrada de citas, pero cada una tiene su miga.

Al atardecer, toda la desolación concurre aquí, en París. (Alvaro Pombo: Avatar con Peripecia de la Reaparecida Pitillera Preferida de su Alteza Imperial la Archiduquesa Olga Alejandrovna).

Supongo que depende del barrio. Yo, las veces que he estado, no he notado que fuera una ciudad desoladora.

Pero un teatro no es más que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso (Julio Cortázar).

… al igual que un relato, diría yo.

Sabía, mejor que nadie, quizá, que el olvido y la indiferencia acaban siempre borrando hasta la última huella de sentimientos que creíamos inamovibles (Álvaro Mutis: Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero).

Sí que he notado esto alguna vez. Será que me voy haciendo viejo.

Así como las ciudades convenía verlas desde el río, si lo tenían, porque en torno a él solía articularse su historia (Juan José Millás: Tonto, Muerto, Bastardo e Insensible).

Válido también para las bahías. Pero no es válido, por ejemplo, para Granda, porque a pesar de tener dos ríos, a su paso por la ciudad te pueden llegar al tobillo. Otro ejemplo no válido es el del Andarax, en Almería (el Andarax… no lo verax, que dicen por allí).

Sí, pensándolo bien, al despertar vale más sentir las tenazas del deseo que las del remordimiento (Amin Maalouf: El Viaje de Baldassare).

Pues no estoy muy de acuerdo yo con el personaje de Maalouf. Denme unos cuantos añitos más y a lo mejor sí, pero de momento creo que no.

Me llamó la atención la pálida palidez de su piel pálida, como de tomar el sol en la morgue, sin crema protectora alguna (Félix J. Palma: La Hormiga que Quiso Ser Astronauta).

Ahí llevan una buena hipérbole. Que la disfruten.

Por un instante me parece entender cuál debe de haber sido el sentido y la fascinación de una vocación hoy inconcebible: la de copista (Italo Calvino: Si una Noche de Invierno un Viajero).

No recuerdo bien el contexto de la frase en este intrincado libro, pero me pone por delante cosas en las que pensar. Por ejemplo, que la del camaleón también es una personalidad, por citar alguna.

Recuerdo que una vez le pregunté a Childs si creía que Judas, el traidor, había ido al infierno. Childs me dijo que naturalmente que lo creía. Ese era el tipo de cosas sobre el que nunca coincidía con él. Le dije que apostaría mil dólares a que Cristo no había mandado a Judas al infierno, y hoy los seguiría apostando si los tuviera. Estoy seguro de que cualquiera de los discípulos hubiera mandado a Judas al infierno -y a todo correr-, pero no Cristo (J.D. Salinger: El Guardián Entre el Centeno).

En contra de la opinión de Marina Fernández Bielsa, creo que este libro está sobrevalorado. Pero bueno, es una literatura que no tiene ni doscientos años mal contados, qué le vamos a hacer.

Mi querida miss Morloch, me asombra que una joven dama de su sabiduría y su notable experiencia sea tan ingenua, pues raras veces me han tomado por bondadoso, y mucho menos por un caballero, y espero que pronto me concederá el privilegio de desengañarla de esa idea (Joyce Carol Oates: Las Hermanas Zinn).

El personaje que habla es una versión novelada de Mark Twain, mucho más mujeriego que lo que uno tiene en mente para el personaje histórico.

Estaba borracho de vida y no lo sabía; estaba vivo como pocos, como sólo el poeta puede y sabe estarlo (Luís Cernuda: OCNOS. Mañanas de Verano).

No había leído yo nada de Cernuda, y este libro me impactó. Dice Carmen Moreno que si uno le quita los saltos a los versos de Benedetti, el resultad oes una magnífica prosa, pero no poesía. Supongo que Cernuda es justo lo contrario. Si uno rompe sus frases en versos quedan poemas perfectos. Las cosas que pasan.

Me gustaría que mis días estuviesen separados entre sí por impiedad artificial (Aldous Huxley: Ciego en Gaza).

Ya he comentado otras veces que este libro se lo pedí a Rímini porque lo vi en la casa de sus padres y me gustó el título, que es una especie de palíndromo fonético en castellano (ZGNGZ), pero no en inglés. La tesis de este libro es que hacemos las cosas mal aunque sepamos que no tenemos que hacerlas así. Es decir, que los personajes del libro son humanos.

Siempre choca recibir un paquete que se ha enviado uno mismo; puede revelar una doble personalidad, sobre todo cuando la persona que lo mandó se está convirtiendo tan de prisa en un extraño para el receptor (Nigel Barley: El Antropólogo Inocente).

Este texto está entre la novela y el documental: un antropólogo quiere hacer un estudio de campo y las pasa putas en África. Uno se ríe mientras lee, pero si te pones en la piel del pobre estudioso es una novela de terror. Hay un capítulo en el que se le infecta una muela y no quiero ni recordarlo.

Llega un momento en que un autor tiene el deber de dudar de lo que afirmaba con gran seguridad (Pierre Sansot: Del Buen Uso de la Lentitud).

Vale, esta premisa de este ensayo me la trago. Otras no. Pudiendo hacer una cosa de la que no disfrutas en diez minutos, no veo por qué hay que hacerla en seis horas. Pudiendo hacer, eso sí, una cosa de la que disfrutas en seis horas, no le veo sentido a hacerlo en diez minutos a no ser que con ello ganes tiempo para hacer otras cosas de las que disfrutas. En fin.

―La lucha ―aseguró Verruga― es una actividad propia de caballeros. Me gusta luchar.
―Eso es porque aún eres una criatura.

(T.H. White: Camelot).

No me cabe duda de que no hay nada como una guerra para dejar de idealizarlas.

Además de la muerte, quizá porque se parecen a ella, temía la oscuridad y la soledad (Evelyn Waugh: Retorno a Brideshead).

Qué distinto este libro, el más famoso de Waugh, de otros como “Noticia bomba” (Scoop, en inglés, que creo que se traduce por “primicia”) (libro éste que, por cierto, recomiendo a todo periodista, que se reirá al leerlo aún más que yo). Retorno a Brideshead es, tal vez, el libro más melancólico que he leído jamás. Pero es un gustazo (un tanto masoquista) leerlo.

Hale. Post número 35 de citas plantificado. Que disfruten.

8 comentarios to “Citas XXXV”

  1. Ronronia Adramelek (@Ronronia) Says:

    Retorno a Brideshead es un libro melancólico, sí, pero asombroso. Es como el Gran Gatsby, un libro hermoso y nostálgico.

    El libro de Nigel Barley me llama mucho la atención así que me lo anoto para buscarlo… (pasados unos minutos, no me he podido aguantar)… me lo acabo de descargar de 4shared.com y ya lo tengo en el Kindle. Y me temo que La Hormiga… también me la acabo de descargar (me está llevando un rato leer el post y escribir el comentario)

    Me encanta que me den ideas para leer aquellos de cuyo gusto me fío :)

  2. Niña Extrarradio Says:

    Pues yo siempre que paso por allí digo: Andarax, andarax y no te mojarax.
    No sé si me lo dijo mi paRde o es que me lo he inventado…

    Borracho de vida….me gusta, pero que tarde mucho en llegar la resaca.

    Saludos Extrarradiales.

  3. Microalgo Says:

    Gracias, Dama Extrarradio. ¿Mejor, su pierna, a todo esto?

  4. Rímini Says:

    Cuenta Micro que JD Salinger le parece (como a mí) un escritor sobrevalorado. Algún día, podríamos hablar de aquellos escritores de fama cuyos libros no podemos tragar: en mi caso Javier Marías, que no es que no me diga nada, es que no me cuenta nada.
    Enhorabuena por las citas.

  5. Microalgo Says:

    Pues lo que yo he leído de Javier Marías (que no ha sido tanto, por otra parte) sí que me ha gustado. También es cierto que en el leer y en el comer, yo soy un muzasho de amplias miras y hay pocas cosas que no sea capaz de zamparme en ambos ámbitos (nota mental: “ambos” y “ámbitos” suenan muy bien juntas).

    Conclusión: a) regálenme casi cualquier libro y b) no naufraguen conmigo en una isla desierta.

  6. Niña Extrarradio Says:

    Sí, sí, muchiSmo mejor! Pero sigo haciendo los deberes cada día (hielo, estiramientos, cremita, rehabilitación…).

    Gracias!

  7. Rímini Says:

    ¡Pues yo le regalo los 3 o 4 que tengo de Marías! (Que no se diga que no lo intenté). Yo soy más abierto en “Comidas” que en “Libros”. Fallo mío.

  8. Microalgo Says:

    Uh, con cierto retraso contesto a la Dama Ardamelek: El libro de Barley tiene su gracia pero no es cosa pavorosa, como ya comprobará. El de Félix J. Palma es un ejercicio de estilo impecablemente escrito, aunque “Las corrientes oceánicas”, del mismo autor, me gustó más (es un thriller curiosísimo). Las dos últimas suyas (“El mapa del tiempo” y “El mapa del cielo”) están escritas en clave de best-seller, y como tales están funcionando en los mercados.

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