La cafeína y yo

―Si he de serte sincero ―contestó el Peregrino―, soy capaz de derribar los cielos, dar la vuelta a los pozos, sacudir los océanos, poner boca abajo los ríos, transportar montañas sobre las espaldas, perseguir a la luna, y alterar los cursos de las estrellas y planetas. No tengo miedo tampoco a que me partan el cráneo, me corten la cabeza, me rajen el estómago, me arranquen el corazón o me mutilen salvajemente. Pero soy absolutamente incapaz de sentarme en silencio y empezar a meditar. Es algo superior a mis fuerzas. ¡Yo no me puedo quedar quieto en ningún sitio! Aunque se me encadenara a una columna de acero, trataría al instante de ponerme en libertad subiendo y bajando por ella como si fuera un insecto. ¿Qué quieres que te diga? ¡Mi naturaleza es así! (Viaje al Oeste ―las aventuras del Rey Mono―, anónimo).


Vade retro.



La última vez que me tomé un café me apunté a un gimnasio.

No es broma. La cafeína tiene un efecto en mí similar al que se observa en esa ardilla periodista llamada Balita (personaje de una película que, si pueden, no deben perderse).

Igualito.

El caso es que, por otra parte, si me tomo una tila puedo quedarme tirado en el pasillo, a medio camino de la cama. Está claro que soy, en las que serían palabras de mi abuela, “cuerpo glorioso”, sensiblérrimo, a base de poco hábito, al efecto de estimulantes y depresores.

(Nota lateral: seguro que un buscador de imágenes haría un bonito contraste de posibilidades al solicitar la búsqueda del término “cuerpo glorioso”).

De modo que avisados quedan: si me dan un café, quítense de mi trayectoria.

13 comentarios to “La cafeína y yo”

  1. Portorosa Says:

    Pues sí, un verdadero maremagnum, el resultado de esa búsqueda.

  2. ETDN Says:

    ¡Provocador!

  3. Rímini Says:

    Usted que gana en salud. Los dependientes del “cafelito de la mañana” estamos esclavizados.
    ¿Y que desayuna Vd., Micro?

  4. Microalgo Says:

    ¿Yo, Dama ETDN, con lo buenísimo que soy (también en palabras de mi abuela)?

    Siempre he sido más de Cola-Cao, Maese Rímini. Y zumito de naranja y tostada. Y porque la parienta no me deja chorizo y mahonesa, que es, en realidad, lo que me pide el body.

  5. Rímini Says:

    ¿Jugador de Póker y toma ColaCao?

  6. NáN Says:

    Sois la Generación Perdida de la alimentación, por culpa del Doktor Heinz y la Señora Ibarra.

    ¡Qué asco!

  7. Rímini Says:

    Me consta que Don Micro hunta mayonesa hasta en un banana split, si le pilla a mano. ¿Y eso?¿No es más insano que un cafelito manchao?

    Ahora; yo no me meto con las costumbres de cada uno, que ya bastante tengo el pan con pan.

  8. NáN Says:

    Ah, desde luego que un bocadillo de pan blanco relleno de virutas de pan de centeno es ¡una delicia!

  9. Ronronia Says:

    Yo soy bien cafetera y hasta hace nada me podía apretar cinco cafés en un día, varios de ellos por la tarde-noche sin alterarme un ápice pero últimamente vengo notando que si me paso se me erizan los pelos del lomo y he decidido reducir la dósis.

  10. Rímini Says:

    Cada vez tengo más faltas de ortografía!!! ¿Me estaré volviendo un ácrata del idioma?
    Untar, Rím, untar.

  11. glomus Says:

    Amo el café, y más desde que mis noches se tachonan (bonito verbo) de biberones y pañales. Por asociación de ideas… café, sueño, noche, lectura… brindemos en cuanto podamos por la memoria de Tabucchi. Que Pereira nunca desfallezca. Abrazos!

  12. Salamandra Says:

    Un café en el desayuno, ninguno en el trabajo (da retortijones), uno después de comer.

    Si no está la Sra. Salamandra de cápsulas, si está de cafetera. Sin azúcar, sin leche en taza pequeña.

    Mejor mostaza que ketchup, mayonesa cada vez menos…

  13. Microalgo Says:

    Pues Usted que se lo pierde, Maese Salamandra, porque habría que hacerle un monumento al inventor de tan maravillosa salsa. Un día de estos le caerá un post a ese innominado genio balear.

    “Café” es el segundo nombre de su reciente hija, Glomus. Parece tener efectos similares (je, jé).

    La errata, Rímini, le viene de su gaditanismo inherente. En Cádiz las cosas no se “untan”. Se “huntan”, aspirando la h. Pero su anarquía lingüística siempre me ha parecido la mar de literaria, ya lo sabe. Y en el póker tomamos vermout rojo con una rodaja de naranja (en vasitos de 400 mL, según la tradición). No sé por qué, mi porcentaje de éxito en las apuestas suele disinuir tras la ingesta de un par de estos bebedizos, así como lo que me importa tal estadística. Es un efecto fascinante.

    El café, sin embargo, en comparación con la mahonesa, es un mejunje maluno que incluso causa efectos licantrópicos en la Dama Ronronia Ardamelek. Quod erat demostrandum, que se dice.

    Lamento disentir en el concepto de “delicia” que exhibe el Maestro Nán. Eso sí, sano, lo que se dice sano, es. Ha errado su vocación el Maese Nán. Tenía que haber sido médico dietista. Sus pacientes iban a sufrir de lo lindo. Y a durar más que un martillo metido en manteca.

    Sobre mi capacidad de desayunar mahonesa y chorizo, consúltese a Glomus, testigo directo (aunque sea una pleonásmica redundancia, esto de “testigo directo”). Pero es que está buenísima, la combinación.

    Si no me fueran a tachar del Selecto Club de Gourmets Michelín y de la Chaîne des Rôtisseurs, les recomendaría la siguiente secuencia vertical, de arriba hacia abajo:

    Pan de molde.
    Mahonesa.
    Patatas fritas al ajillo (de bolsa, marca Franjosé, si se puede, si no, pues otra).
    Mortadela de aceitunas (la más barata).
    Mahonesa.
    Pan de molde.

    Aplástese un poquito el conjunto antes de ingerir, para horizontalizar (¡qué hermoso, el fraseo gastronómico!) las patatas fritas. Disfrútese del lujurioso crujido de las patatas durante el proceso.

    Nótese que la cuasi-simetría vertical de este sandwich evoca los movimientos de las mejores piezas musicales de Johan Sebastian Bach… el barroco en su pináculo más excelso…

    Pero eso. Lo recomendaría si no me fueran a echar a patadas de estos selectos clubs que he mencionado y en los que se me tiene, me consta, en alta estima.

    Así que no lo hago. ¿Fale?

    Pues eso.

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