La era de los apolíticos

El gobierno garantizaba al doctor Robins la auténtica libertad, la que prevalece por encima de todas las demás, especialmente entre los sabios: la libertad de pensamiento. Claro que ―añadía― el gobierno confiaba en que el doctor procuraría no pensar en según qué cosas (Pere Calders: Ruleta rusa y otros cuentos, La espiral).


Por ejemplo.



Al hilo del soporífero debate (si es que así se le puede nombrar) de anoche, entre DOS de los candidatos a la presidencia del gobierno.

¿Saben? Hay más partidos a los que votar, por mucho que nos quieran concienciar de que o eres de derechas y votas a Rajoy (no al PP: a Rajoy) o eres de izquierdas y votas a Rubalcaba (no al PSOE: a Rubalcaba).

Sin meterme en partidos nacionalistas (que desde tan al Sur no se entienden demasiado), y por estricto orden alfabético, aquí tienen los programas de Equo, Izquierda Unida – los Verdes y de Unión, Progreso y Democracia. Por poner tres ejemplos.

Y tres consignas a las que no hacer caso:

1.- “Un partido que no puede llegar a gobernar, por falta de votos, no debe ser votado para que los votos a ese partido no se pierdan”.

(Argumento absurdo en sí mismo, a poco que lo miren con detenimiento. Además, no hace falta ser muy grande para tener mano en el gobierno. Recuerden a esos “partidos bisagra” que tantos felinos se han llevado al líquido elemento en nuestra historia reciente).

2.- “A la izquierda del PSOE está el bolchevismo estalinista”.

(Me extrañaría que la Unión Soviética mandara ya sus tanques, como en Praga).

3.- “Quienes no tienen experiencia en el gobierno no deben gobernar, porque no sabrán hacerlo”

(Esto siempre se oirá a quienes gobiernan, por supuesto).

Yo siempre me consideré apolítico. Desde pequeñito. En realidad, esa postura escondía un desprecio por las normas trucadas que nos son impuestas, mediante las cuales parece que realmente no importa mucho lo que uno haga cada cuatro años, porque los resultados van a ser idénticos.

Error. Y error inducido, por cierto. Se nos ha hecho pensar durante años (y hemos picado) que está bien el ser apolítico (nadie mencionaba el término apartidista, que era, en realidad, en lo que todos pensábamos: teníamos nuestras ideas pero ningún partido las representaba del todo, a veces ni aproximadamente). Así, nos encontramos en este momento en la era de los apolíticos: ciudadanos que dejan en manos de (supuestamente) profesionales las tareas de gobierno. Una vez cada cuatro años, y luego nadie puede protestar, porque la democracia es así y no haberlos votado, si no estabas de acuerdo.

De modo que si no están de acuerdo con ninguno de los dos grandes partidos (si están de acuerdo con alguno, no digo nada), sepan que hay más opciones. Infórmense, que no lleva mucho tiempo, leyendo programas de los diferentes partidos y GUARDEN dichos programas (que tampoco cuesta nada: los de estos y los de los dos partidos que, actualmente, son mayoritarios), porque algún día (espero que no muy lejano) se podrá exigir su cumplimiento, como se exige que en los anuncios de juguetes se determine que los muñecos no se mueven por sí mismos.

(Estoy viendo ya la propaganda electoral futura en la que, al modo de los actuales anuncios de coches y de bancos, pasan unas diminutas letras a toda pastilla en la parte baja de la pantalla, en las que, malamente, se pueda leer –si uno es Supermán– “las palabras del candidato son una mera ficción publicitaria y no pueden ser tomadas más que como simple declaración de intenciones. El partido no se compromete al cumplimiento de las propuestas expuestas, que está en función de la coyuntura mundial y sujeto al permiso de entidades bancarias, lobbys y corporaciones multinacionales”).

Última acotación.

Los tres partidos que he nombrado, es cierto, están (digamos) a la izquierda del PSOE. ¿Cuántos partidos de ámbito nacional están a la derecha de ese mismo partido? Uno. Solo uno.

Fin de la acotación.

Corolario: Algún día habrá que quitarle la razón (que casi medio siglo después de muerto, creo que aún la tiene) a Sir Winston Churchill, que decía que el mayor argumento en contra de la democracia es charlar veinte minutos con un votante medio. Informémonos y, después, exijamos. Pagamos nosotros y, como dice ese genio de los rotuladores Staedtler que es Mel, somos siete mil millones.

A escote, seríamos imparables.

18 comentarios to “La era de los apolíticos”

  1. glomus Says:

    Completamente de acuerdo. Y si encima las listas fueran abiertas, mucho mejor. Bss!

  2. Microalgo Says:

    Meteórico, Maese Glomus.

    Lo de las listas abiertas es una de las sugerencias (aunque un tanto tibia, si lo lee Usted) de UPyD. Yo sería más radical en mis propuestas.

    Y sí. Listas abiertas, siempre.

  3. Rímini Says:

    Leí hace poco (quizá fue aquí mismo, que es donde descanso últimamente) que “la democracia es una empresa cuya oficina de atención al ciudadano habra un domingo cada cuatro años”.
    No vi el debate. No lo veré en el futuro.
    Soy, sin embargo, de los que cree que la política “Sí Merece La Pena” si se hace algunos cambios como los que comentan Glomus y Microalgo.

  4. Microalgo Says:

    Lo mejor sería instaurar la Oligarquía Científica Restringida. Es decir, convertirme YO en el Patricio que describe Terry Pratchett…

    Ankh-Morpork había coqueteado con diversas formas de gobierno hasta que, al final, se decidió por esa forma de democracia conocida como un Hombre, un Voto. El Patricio era ese Hombre, y el Voto era el suyo (Terry Pratchett: Mort).

  5. Microalgo Says:

    Ah, y lo de la oficina de atención al cliente que abre un domingo cada cuatro años también es de un chiste de Mel…

  6. NáN Says:

    Mi lema quincemero es:

    “No somos de Izquierda ni de Derecha, somos los de Abajo y vamos a por los de Arriba”.

    Y con ese objetivo en mente, me voy creando estrategias y tácticas, y no me duele la mano de votar a quien sé que va a cumplir el 27% de mis expectativas, si nadie me ofrece un porcentaje real mejor..

    Pero votar, voto. Y político los soy desde que aprendí que cuanto tú no te preocupas de la política, la política se ocupa de ti..

    Y por supuesto, ni se me ocurrió encender ayer el TV.

  7. carrascus Says:

    ¡Qué pena que del movimiento 15M no saliese una candidatura con la imaginación, las ganas, la fuerza y los conocimientos suficientes para darle la vuelta a esto…!

  8. Salamandra Says:

    Yo voto también a favor de la oligarquía científico-sanitaria, y me postulo como candidato (para que haya una sana alternancia).

  9. Portorosa Says:

    Pues sí.
    Precisamente yo ayer me dormí leyendo el programa de Equo (no por culpa del programa, que conste).

    Algo habrá que hacer, ¿no?

  10. Stockton Says:

    También Sir Churchill dijo aquello de que “la democracia es el peor de los sistemas políticos, si exceptuamos todos los demás”. Lo que pasa es que en realidad aquí lo que tenemos es una partidocracia francamente mejorable. De todas formas, no olviden que si los políticos nos tratan como a tontos es porque piensan que lo somos. Y si piensan que lo somos es porque tienen datos de que esa es la realidad (no hay más que ver los eslogan y consignas de las campañas y cómo se dirigen a los medios de comunicación cuando tienen un micrófono delante, incluso cuando el público que les escucha es (supuestamente) culto. Tampoco hay que excluir que hay mucha gente leída, licenciada y doctorada que se sienta encima de sus opiniones y no hay quien les baje de ellas (¿DOGMATISMO? ¿SECTARISMO?). Hoy por hoy, lo más parecido a una secta fanática es un partido político en época de elecciones (Adhesiones inquebrantables, culto al líder con quien se reúnen en el templo para adorarlo -léase mítines-…)
    Otra cosa es lo del 15 M. Con los precedentes del Mayo del 68 y cómo han dejado el patio aquellos “revolucionarios” y sus hijos, no me fiaría de aquellos más que de éstos. Los hechos, lamentablemente, son los que son, aunque nos guste creer en leyendas con final feliz.
    Revisen el “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago. Es muy ilustrativo.
    Que lo disfruten, y a pesar de todo, vayan a votar (aunque sea en blanco). No olviden a Sir Winston Churchill.

  11. NáN Says:

    los del 68 dejamos el sistema como estaba, pero conseguimos un montón de libertades personales a cambio (claro que la amargura nos hizo ir suicidando de diversos modos, algunos más físicos y otros más de paradentro de la chola).

    El voto en blanco no cuenta para el porcentaje que se llevan los grandes (es como la abstención). El voto a partidos minoritarios o el voto nulo, sí cuenta y ayuda a bajar los porcentajes de los mayoritarios. Yo creo, Stockton, que en su caso iría muy bien grapar a la papeleta una foto de Saramago.

  12. Ronronia Says:

    Si es que la palabra “idiota” viene del griego “idiotés”, del idiōtēs, de ἴδιος, usado para referirse a quien no se interesaba por la política ni participaba en ella.

    De los tres ejemplos que pones, uno anda pactando en Canarias con el Partido Humanista, que es una secta, el Siloísmo. Tampoco tiene nada de raro que se les hayan colado porque son unos vivos, en su día ya se les colaron a los de IU en aquella primera reunión fundacional que se celebró en el 86 en el despacho de Cristina Almeida y para cuando se dieron cuenta y quisieron echarlos les costó un sufrimiento que duró hasta el 2002 en que el resto de partidos de la coalición consiguió expulsarlos.

    Otro de ellos anda defendiendo manifestaciones neomachistas que tienen a las feministas bien rabiosas.

    En la junta fundacional de uno de ellos, estuve presente, aquí en Zaragoza. Estaba lleno de gente bienintencionada y dispuesta a trabajar pero también estaba muy verde. No pasa nada, en algún momento tienen que empezar a moverse y éste es tan bueno como cualquier otro, pero lo que veo es que en lugar de guiarse por la prudencia se están metiendo en unos fregaos que para qué, y yo ya no sé bien si es mejor que te gobierne un malvado o un inocente, a juzgar por lo que veo.

    Y así ando, dándome de cabezazos contra la libreta de papeletas electorales a ver si por ósmosis se me entra la opción buena en la mollera porque para mí no votar o votar en blanco no son alternativas válidas porque, por mucho que nos quieran hacer creer, no “todos son iguales”.

    Le meto a usted unos rollos que me va a acabar echando :-/

  13. laluli Says:

    No vi el debate, escuché los resumenes en la radio y creo que no me perdí gran cosa. Alguien dijo que se debería prohibir a los políticos hacer campaña hablando de los otros, como no se puede hacer publicidad de un producto echando por tierra a la competencia. ¡Buena idea!

  14. Microalgo Says:

    Ya los conocí en su día a los humanistas. Pa matarse. Y si echan un ojo acá, acerca del siloísmo contado por los propios siloístas, les van a temblar las rodillitas.

    ¿Echando, Dama Ronronia? Muy al contrario. No sabe Usted lo que enriquecen sus comentarios.

    Doctor Stockton, aunque la historia no nos lo reconozca, nosotros formamos parte de aquel Mayo del 68. Y bueno, teníamos los dos un mes de vida (nos llevamos días), pero no por eso vamos a negar nuestra responsabilidad en aquella movida…

  15. H. Lecter Says:

    Ojibrotao y boquiabierto me quedo por hacerle caso, Microalgo, y ojear la página (letras amarillas sobre azul oscuro) de los tales siloístas. ¡Vaya tela, bizcotela! Hay que ser gilicock para, con semejantes mimbres, montar un partido político. Con la pasta que dejan los buenos adeptos a secta, y lo que aprovechan los guruses (se dise ajín, ¿no?) unas buenas adeptas.
    En cuanto a la democracia (ésta, que no lo es, sobre todo) me quedo con la definición del Perich: “un mal menor muy grande”.

  16. Microalgo Says:

    (Impecable, la definición del Perich).

    Y sí: guruses. O gurúseles, si aplicamos el plural irregular gaditano.

    Yo no entiendo a la gente, Doctor Lecter. Pero si de verdad quiere flipar en colores, échele un ojo a este antiguo post mío.

    Aunque tal vez uno piense que, por raro que sea, lo de los siloístas ellos mismos sí se lo creen, mientras que esto otro es absolutamente imposible que él mismo se lo crea…

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