Citas XXXI

Según una de las muchas normas de comportamiento que los críticos han impuesto a los escritores, no hay tarea intelectual menos elegante que la de criticar a un crítico (Felipe Benítez Reyes: El caso Adámovich).


Material para rato.



Post de citas azarosas, que hace tiempo que no.

Tengo la impresión de que el lenguaje se usa siempre de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable. No se vaya a creer que esta reacción corresponde a una intolerancia hacia el prójimo: lo que más me molesta es oírme hablar. Por eso trato de hablar lo menos posible, y si prefiero escribir es porque escribiendo puedo corregir cada frase tantas veces como sea necesario para llegar, no digo a estar satisfecho de mis palabras, pero por lo menos a eliminar las razones de insatisfacción que soy capaz de percibir (Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio).

(Sí, algo de eso pienso yo. Debe ser una simple falta de reflejos. En la escritura uno vuelve atrás y pule. En la palabra, no hay manera).

Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian (Confucio, 551-479 A.C.).

(Prueben y verán).

No me importa en absoluto el bienestar de la humanidad y no sólo no creo que ninguna mayoría tenga automáticamente la razón, sino que tiendo a considerar la cuestión de si es conveniente luchar por un estado de cosas en el que cada persona se vea literalmente alimentada a medias y educada también a medias (Vladimir Nabokov, cuentos completos: Destruid al tirano).

(Alegato de Nabokov contra el comunismo en general y contra Stalin en particular).

―Si te marcharas, te buscaría más allá de la ardientes arenas del desierto, cavaría mas profundo que las fosas del infierno, me alzaría mas allá de las nubes ―sugirió el.
―¿Y quién te ha pedido que me busques? ―dijo ella suprimendo un bostezo― Quizás allí me divierta más
(Pedro Fernández Urtasun: Indiferencia).

(Echo de menos los microrelatos de Peter. Yo le haría lo que Kathy Bates a James Caan en Misery. Y sí, me iba a doler más que a él…).

Platón, en un famoso panfleto publicado hacia 1792, formula en unas cuantas frases bien pensadas su concepción del universo. Según él, éste se reduce a una suerte de pantalla de cine en la que se proyectan unas sombras animadas que algunos toman por la realidad, la cual en realidad se halla detrás de ellos. Partiendo de una idea análoga, Adelfín se había dicho: ¿Por qué no calzar zapatos amarillos, y dejarme ver sólo a contraluz? (Boris Vian: A tiro limpio).

(No es por nada, pero cada vez que leo un libro de Vian pienso a) que este tipo se chutaba de todo antes de ponerse a escribir; b) que le importaba un bledo el resultado y c) que se lo pasaba pipa escribiendo. Pero no me termina de gustar. Para surrealista, Allen, con el que me río mucho más).

¡Qué equivocada estaba Emily Dickinson! La esperanza no es «esa cosa con plumas». La cosa con plumas ha resultado ser mi sobrino. Tengo que llevarlo a un especialista en Zurich (Woody Allen, Sin plumas).

(¿Lo ven? En fin).

El clérigo que cultiva pavores recoge buenas limosnas (Luís García Montero: Mañana no será lo que Dios quiera).

(… Pero, a la larga, tempestades).

Nada importa, pues, más que no seguir, como ovejas, el rebaño de los que nos preceden, yendo así no a donde hay que ir, sino donde se va (Lucio Anneo Séneca, Sobre la felicidad).

(Merece la pena leer los clásicos. Siempre lo he dicho).

El monstruo es el más precioso de los enemigos: por eso es el enemigo que se busca. Los restantes enemigos pueden simplemente asaltarnos. Son los Gigantes, los Titanes, representantes de un orden que está a punto de ser suplantado o quiere vengarse por haber sido suplantado. Completamente distinta es la naturaleza del monstruo. El monstruo espera al lado de la fuente. El monstruo es la fuente. No necesita al héroe. El héroe le necesita a él para existir, porque su poder será protegido por el monstruo y al monstruo arrancado. Cuando el héroe se enfrenta al monstruo, carece todavía de poder y de sabiduría. El monstruo es su padre secreto, que le investirá de un poder y de una sabiduría que sólo pertenecen a un individuo y que sólo el monstruo le puede transmitir (Roberto Calasso: Las Bodas de Cadmo y Harmonía).

(Un día me traduje esto mismo para mi caso particular. Que cada uno le ponga la cara que quiera al monstruo).

La de veces que le había pedido que viniese, que por favor me ayudara a acabar con esto de una vez por todas pero ni caso. Por eso, cuando por fin le dio por aparecer, como no la esperaba, me asusté. Entré en la cocina y ahí estaba ella trasteando en la instalación del gas, con el pelo largísimo y una túnica que, a pesar de ser vaporosa y amplia, dejaba ver que estaba en los huesos. Porque me fijé en el reloj de arena de la encimera y en la guadaña apoyada en la pared, si no habría llamado a la policía (Mercedes Cebrián: El malestar al alcance de todos).

(Muy ocurrentes, los relatos de la Cebrián. Absolutamente recomendables. Eso sí, repite muchas veces la muletilla “quieras que no”, aunque siempre con intención jocosa, lo que la exculpa de todo – todo. Gracias, Hidalgo, por el libro).

En los tiempos que corren cuesta saber quién grita. Y contra qué grita (Sławomir Mrożek: El elefante).

(También el polaco Mrożek es sumamente recomendable. Ya lo dije alguna vez, que el único defecto que encuentro en sus libros de relatos es que no tienen dos mil páginas, y siempre se queda uno con ganas de más).

Era otoño en Londres, esa bendita estación entre la dureza del invierno y la falta de sinceridad del verano; una estación digna de confianza en la que uno compra bulbos y se preocupa de registrarse para el voto electoral, pues mantiene siempre la fe en la primavera y en un cambio de gobierno (Saki: Animales y más que animales).

(Bendita época en la que uno aún no sabía que se le venían dos guerras mundiales encima. Saki murió en la primera. Pero en fin, acabemos con un poco de humor):

Sea como fuere, no veo yo de qué sirve encontrar cacharros rotos. Yo «podría» darles la mar de cacharros rotos, que sacaría de la basura, si eso es todo lo que quieren. Nuestra criada siempre está rompiendo cacharros. Esa sí que hubiera resultado una romana antigua excelente. A mí me parece que los romanos no deben de haber sido gran cosa, a pesar del bombo que se les da, cuando se pasaron la vida rompiendo cacharros (Richmal Crompton: Los apuros de Guillermo).

(Guillermo, opinando sobre arqueología).

A mí mismo, cuando estoy aburrido, se me ocurren muchos títulos de películas. Títulos con gancho, inolvidables, de esos que se clavan como flechas en las células fanáticas de la memoria. No sé, por ejemplo: El ladrón homosexual que vino a cenar y acabó cepillándose al caniche (un título que sugiere intriga, determinaciones misteriosas del azar, sexo vibrante) o Mata al gorila loco antes de que deje embarazadas a todas las viudas del condado de Michigan (Felipe Benítez Reyes: El novio del mundo).

(Y bueno, las cosas no tienen por qué sonar siempre a Historia Sagrada para ser buena literatura. Hale, que se diviertan).

5 comentarios to “Citas XXXI”

  1. Portorosa Says:

    Qué guay.

    Guillermo, inefable siempre.

    Y sí, al final tempestades, qué duda cabe. Pero nada, siguen erre que erre.

  2. Ronronia Says:

    No estoy de acuerdo con una de ellas porque yo sí reconozco los defectos de aquéllos a quienes amo y también que Esperanza Aguirre tiene una apariencia física pulcra, los dientes rectos y lleva un pelo qué le sienta bien. Gggrrrrr.

  3. Salamandra Says:

    … Y después de acabar con el monstruo, el aburrimiento y contar un millón de veces la batallita. Eso sí es privilegio del héroe decirle a la princesa en la primera bronca después de casados “¿para qué te salvaría yo?”

  4. Rímini Says:

    Su segura incipiente presbicia es nuestra sabiduría, Micro.

  5. Microalgo Says:

    Maese Rímini: a Usted le haría yo lo mismo que al amigo Urtasun. Encadenado a una mesa y hasta que no escribiera tres mil páginas (lo menos) no comía ni una galleta. Ya sé que es un poco drástico, pero luego la humanidad nos lo iba a agradecer…

    Maese Salamandra, me ha recordado un fragmento de una de las novelas del Mundodisco:

    … con el mismo tono de voz que utilizaron para preguntarle a San Jorge «¿Que has matado un qué?» (Terry Pratchett: Mort).

    Indispensable, Pratchhett.

    Y bueno, Ronronia. Conozco mujeres muy guapas que hay que tratar de tenerlas a unos veinte mil kilómetros de distancia, si asumimos un perímetro medio del planeta de, aproximadamente, cuarenta mil. Y reconocemos su belleza, claro. Así como su peligrosidad.

    Los libros de Guillermo son una fuente de placer a cualquier edad, Maese Portorosa. Eso los convierte en un tipo especial de gran literatura. Yo espero que no dejen de editarse nunca. Si alguna vez tengo hijos, me encantaría que los leyeran, a pesar del riesgo de que adquieran ideas peligrosas para su propia salud…

    Para Guillermo, la fascinación de cualquier juego consistía, principalmente, en el peligro de romperse algo (Richmal Crompton: Travesuras de Guillermo).

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