Y otra vez Septiembre

Era otoño en Londres, esa bendita estación entre la dureza del invierno y la falta de sinceridad del verano; una estación digna de confianza en la que uno compra bulbos y se preocupa de registrarse para el voto electoral, pues mantiene siempre la fe en la primavera y en un cambio de gobierno (Saki: Animales y más que animales).


Adriano Tercero, que estás
en las profundidades…



(Para Glomus, aquejado de esta misma nostalgia puntual que no le impide disfrutar de la vida, pero que tampoco le permite olvidarse de todo. Al fin y al cabo, eso, poco más o menos, debe ser la vida).

Me río yo de las ominosas premoniciones que situaban los días de mediados de Marzo como fatales para césares y sus mariachis adláteres. Los Idus de Septiembre son más tristes, más feos, letárgicos y cansados que los días de primavera en los que las horas de luz se estiran, los brotes se desperezan y todas las cosas parecen como recién levantadas después de diez horas de sueño estupendo.

No así en Septiembre, donde en cada bocacalle algo te recuerda que el tiempo pasa. Empieza un nuevo curso (tragedia no tanta para los escolares como para los docentes) y cada día anochece un poco antes.

Es la melatonina, me dice mi formación de biólogo. La melatonina es una hormona que se produce en una glándula que está en el centro del cerebro, y cuya concentración depende de la cantidad de luz que perciben nuestros ojos. A más luz, menos melatonina, y esta hormona depresora es la que nos induce al sueño y a la inactividad, y evita que un pitecántropo insomne se vaya a dar una vuelta fuera de la cueva a las dos de la madrugada, y acabe andurreando por el páramo donde un Dientes de Sable (poco visible a media distancia debido a la carencia de luz eléctrica en esa época) filosofa acerca de por qué demonios tendrá siempre tanta hambre.

Pues vale, será la melatonina de las narices. Me da igual. Es en Septiembre cuando uno recuerda la cervecería en la que se bebió su primera jarra de cerveza negra (El Barril, ahora hay allí una hamburguesería MacGrasas), del barecillo donde se reunía con los amigos, algunos ya tan distantes (El Baviera, que ahora es una sucursal bancaria), el freidor de la esquina de la Avenida de Portugal, con un gallego tras el mostrador (clavadito a Freddy Mercury) al que nunca se le entendía el precio de lo adquirido (mñfscientas, decía, y uno no sabía si eran doscientas, trescientas, cuatrocientas)… Ahora se alza en esa esquina un hotel Barceló.

Y luego está lo de El Vapor. Que iba a diesel, vale, pero que en Cádiz seguía siendo “El Vaporcito”. Existiendo el moderno catamarán, que te lleva de Cádiz al Puerto en dos avemarías, no sé si después del Adriano Tercero vendrá un Adriano Cuarto. Lo mismo no es ya rentable, como no lo eran El Barril, El Baviera o el freidor de la Avenida de Portugal, puntos de referencia del que fui y ya no soy.

Y bueno. Puede ser eso o que me han recetado, contra el ácido úrico, las mismas medicinas que toma mi padre desde hace años. Y uno se va haciendo consciente de asuntos que tienen que ver con los ciclos de vida y con la duración de humanos y cosas sobre la faz de la tierra.

O simplemente es que llega Septiembre, ya les digo.

17 comentarios to “Y otra vez Septiembre”

  1. laluli Says:

    No se ponga así, septiembre es tiempo de setas, frutas del bosque (¿quedada para ir a buscar moras?), los bosques huelen bien, Cádiz vuelve a la calma, empieza el eurobasket,… ¡arriba ese ánimo!

  2. Microalgo Says:

    No, si tiene Usted razón, Luli. Pero no se preocupe por mí, sabe que estas melancolías se me pasan… principalmente comiendo. De ahí lo del ácido úrico, etc, etc.

    Lo de las moras, nos lo apuntamos.

    ¿Ve?

  3. glomusus Says:

    Glomus le agradece la dedicatoria, D Micro. Y le reconoce la virtud de hacerme encender las luces de dentro para compensar los fotones menguantes… Que dejen tranquilo al Adriano, en el mismo limbo que los cartuchos de miguitas, el carnet de abonado infantil del Cádiz y las tertulias púberes en el soportal de la Casa de Socorro.
    Abrazos luminosos desde los 28ºN

  4. Ronronia Says:

    Lo que son las cosas, a mí septiembre me encanta. Por un lado se acaba el verano, que por estos lares es época inaguantable en la que puedes cocer huevos dejándolos en la terraza dentro de un cazo con agua y hay días en los que te preguntas al salir del trabajo y ver 45º en el termómetro de la plaza a qué temperatura entrarán en ebullición los órganos humanos. Trotar, jugar al tenis e incluso pasear se convierten durante julio y agosto en recuerdos del pasado primaveral y vas del aire acondicionado del trabajo al de casa pasando por el del coche con la sensación de que se te está poniendo el culo como un portaviones de no moverlo. ¿Nadar? ¡Pero si cierran las piscinas cubiertas, a quién se le ocurre tamaña maldad! Como si una piscina repleta de señoras haciendo anchos con la cabeza fuera del agua y de adolescentes tirandose en plancha fuera un sitio para hacer deporte.

    Y, luego, como dice Luli, septiembre es la anticipación de la angrucia (avidez, deseo incontrolado en aragonés) por los hongos. Aaaahhhh, qué ganas tengo de que empiecen a salir de nuevo (moras ya hemos cogido :))))

    Y por si faltara algo, otoño es la época de las vacaciones para mí, que llevo desde junio viendo a la gente ir y volver, ir y volver, mientras yo me quedaba allí para simiente de rábanos.

    ¿He dicho ya que me encanta septiembre? :))))

  5. Portorosa Says:

    Qué buen post, Micro. No le conocía yo esta vertiente melancólica.

    La frase de la dedicatoria me parece magnífica.

    Un abrazo.

  6. Microalgo Says:

    Otro para Usted, Maese Portorosa.

    Y septiembre no es tan malo, Dama Ron, es que me ha pillado un par de días bajito y ya. Como Usted dice, en cuanto pille un campito de Cantharellus cibarius se me pasará todo.

    Y ya está lloviendo acá, así que…

  7. Salamandra Says:

    Pues otro recuerdo para contarle a las Salamandritas, según se decida:

    – “De aquí salía un barquito que iba al Puerto.”
    o
    – “Adriano IV, yo me monté en el Adriano III.”

    Y septiembre según me pille el cuerpo.

  8. princesasinsapo Says:

    Ay, sí, lo nostalgioso que está el gaditano con esto del Vaporcito, pero ésa es una enfermedad de todos los que nacimos (o crecimos) en una ciudad con puerto al mar (o río color chocolate, pero anchoooooo…).
    Y setiembre, bueno, es que yo vengo del otro hemisferio…pero lo que me sugiere es la época de remontar cometas (que en mi caso nunca superaron los 3 metros de altura y 30 segundos de vuelo antes de estrellarse), la promesa del fin del crudo invierno (repito, vengo del otro hemisferio)…aunque en este sector del planeta sólo me da una inmensa pereeeeeeeeeeeezaaaaa con todo lo que se viene (clases, ufffff…; frío, brrrrrr….; días cortos, snif…). Que no, que me gusta el verano. Será que no vivo en Sevilla…

  9. Lola Says:

    Septiembre es un mes cojonudo porque tiene de todo: comienzo de curso, cambio del tiempo (varias veces), empezar una dieta, sacar la ropa de pseudo-invierno, volver al día a día, taparse con sabanita, hacer buenos propósitos (aunque no se cumplan, al menos, se hacen)… En fin, que es chachi :)

  10. Alcancero Says:

    Por eso los Alcanceros tenemos el festival en septiembre, para no darnos cuenta del cambio de estación y no deprimirnos.

  11. Rímini Says:

    Lo peor de sus añorados lugares, Micro, no es ya que desaparecieran (todos, lugares y gentes lo hacen) si no los “sitios” por los que fueron sustituidos: un Mc Donalds, un banco, un hotel multinacional… Lugares por sitios. Se ha hundido el vaporcito pero bien al fondo!!
    He leido su post con la la Pavana Opus 50 de Fauré de fondo y… que quiere… casi me tiro por los bloques!!

  12. carrascus Says:

    Pero hombre, D. Micro… ¿no le ilusiona a usted que empiece de nuevo la liga y el Cádiz pueda volver por sus fueros…?

  13. Microalgo Says:

    Es lo que más temo, Maese Carrascus. Que vuelva por sus fueros.

    Y bueno, Rímini. Menos mal que para quitarse Usted el pachungo lee al gamberro de Stanislaw Lem. No es mala terapia.

    Nos veremos por Alcances, Maese Alcancero. Le esperaremos para el sigueinte póker.

    Y siendo Usted docente, Dama Lola, no sé cómo le alegra tanto el comienzo de curso. Conozco a otras muchas personas a las que tal cosa les deprime tela…

  14. piero Says:

    ¡Ay Don Micro, cómo se nota la similitud generacional, cuántos recuerdos en todos los sitios que menciona!

    A mí no me disgustaba septiembre. En los tiempos heroicos del Cádiz en segunda (Carvallo, Eloy, Ibáñez, Baena…) recuerdo que miraba el calendario de la primera vuelta para contar cuántos partidos podía disfrutar en el Carranza antes de ir al colegio. Nunca fueron más de dos.

    Ahora septiembre casi no tiene un significado especial, más allá de la melatonina esa que también me afectará, digo yo. Mis hijos vuelven al colegio y yo me engaño diciéndome que me apuntaré en un gimnasio.

    Por cierto, alguien debería recopilar las anécdotas del vaporcito, que las tendrá a miles. Sugerencia para el título: “Memorias del Adriano”.

    PD: vaya paliza que se ha llevado Serbia… Jugando así no se escapa el oro.

  15. Microalgo Says:

    Y los gabachos han salido a perder… y, evidentemente, han perdido. Vamos a ver quién nos toca el miércoles.

  16. glomus Says:

    Para Piero:
    Santamaría; Cenitagoya, Urruchurtu, Barrachina, Rosado; Blanco, Carvallo, Ibáñez; Villalba, Quino y Mané. No es el lugar adecuado, pero si no lo digo reviento. Ese Cádi!

  17. Microalgo Says:

    (Para los no iniciados, aunque Maese Piero y Maese Glomus están ahora separados por una jartá de kilómetros y de agua atlántica, compartieron aula durante muchos años de infancia y adolescencia).

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