La gallina en la Nacional 340

Por características de especie, una gallina no sólo puede servir como base de un caldo de gallina, sino también como elemento esencial de un rito satánico, ya que un rito satánico sin gallina es como un caldo de gallina sin gallina: un aguachirle (Felipe Benítez Reyes: La gallina).


Coco-iococo…



Hace un montón de tiempo les hablé de mi amigo JPM y de cómo nos salvó el culete a todos los de mi clase en Selectividad gracias a una conferencia magistral sobre Ludwig Wittgenstein.

Hace poco recordé otra de las suyas.

Sería por quinto o sexto de básica que este hombre escuchó por primera vez ese chiste tan estadounidense de por qué la gallina cruzó la carretera (la respuesta es, obviamente, porque quería llegar al otro lado, ja, ja, que me troncho, este nivel de jocosidad hilarante es inaguantable). Es el equivalente al carpetovetónico chiste del perro que respondía al nombre de “Mistetas”, pero en versión transatlántica y sin un supuesto taco anatómico de por medio.

Pues bien: se descacharraba, de lo absurdo del chiste. JPM Estuvo todo Septiembre y Octubre contándoselo y contándonoslo. En Noviembre debimos de amenazarlo de muerte, porque la cosa pareció remitir, y ahí lo olvidamos.

Ahora parece que cambio de tema, pero no.

Yo no tengo cultura semanisantera. No sé de pasos, de cofradías, de imágenes. Esto se debe en parte a mi naturaleza agnóstica, pero también a que durante todas las semanas santas de mi infancia mi familia viajaba a cierto pueblito almeriense, de donde es natural mi padre. Y sí, es ese mismo pueblo que por entonces ni tenía ayuntamiento (era una pedanía del pueblo de al lado) y que gracias al cultivo bajo plástico es ahora una especie de Manhattan de bancos e inmobiliarias. Yo lo vi crecer desde una treintena escasa de viviendas hasta que dejamos de ir por allá, con la muerte de mi abuelo.

Como dije, el pueblo no era entonces lo que hoy es. Era un pueblecillo aburrido donde la actividad más emocionante podía consistir en ir a coger caracoles una tarde. Y así toda la semana santa.

Pero un día el municipio entero quedó conmocionado. Porque llegó el cartero a todo correr con un telegrama. Ahora, en esta época de inmediatez telecomunicativa, se ha perdido el impacto que causaba un telegrama, que era el medio más rápido (y caro) para hacer llegar una noticia, generalmente mala (del tipo “tu madre se muere stop ven pitando stop”, o “tu hijo ha nacido stop y es negro stop”, o algo así).

Y el telegrama venía a mi nombre. A nombre de un crío de diez u once años.

Tras el cartero venían troturreando algunas vecinas (las recuerdo a todas enlutadas, no sé si me traiciona la memoria) bastante azoradas, esperando escuchar alguna tragedia que las sacara un poco del tedio de pucheros y encalado de zócalos. Eso sí, cuando el encargado de Correos me entregó el telegrama, recuerdo que las señoras se apartaron unos metros, con la delicadeza y la discreción que ya no tiene la gente de hoy ante el dolor (o el presunto dolor) ajeno, sentimiento que, en realidad, es la cosa más íntima que uno pueda tener.

Desplegué extrañado el telegrama (que venía doblado sobre sí mismo, con un poco de pegamento como de sello de correos) y ante la expectativa de los presentes contemplé el texto del mensaje:

“POR QUÉ LA GALLINA CRUZÓ LA CARRETERA STOP JPM”.

La madre que te parió.

No hubo manera de convencer a mi abuela (ni, por tanto, a las vecinas) de que sólo era una vieja broma entre amigos. De hecho, no sé si sobrevivirá por allí aún la leyenda de un niño que espiaba a cuenta del bloque soviético y al que le mandaban mensajes cifrados…

Conservé ese telegrama durante años y luego le perdí la pista. Debió de naufragar en alguna mudanza o limpieza implacable, arrastrado a algún contenedor ignoto entre una riada de papeles absurdos y/o bancarios.

O no, y tal vez siga ese papelito dormitando jocoso, metido en alguna carpeta, o tras la sobrecubierta de algún libro despertando, en su soledad, cada lustro y pico para reírse él mismo del chiste malo que contiene, meneando la cabeza en gesto negativo.

Quién sabe.

9 comentarios to “La gallina en la Nacional 340”

  1. Stockton Says:

    Gran persona y amigo JPM. Al igual que Usted y un gran número de los que formaban aquella clase y la de al lado, en el mismo patio del mismo colegio. Personas extraordinarias.

    Abrazos efusivos.

  2. Microalgo Says:

    Hombre, Dr. Stockton. Qué alegría verlo por acá.

    Cuando comience el europeo podríamos coincidir en casita para ver algún partido. Ya lo hablamos.

    Un abrazo.

  3. Ronronia Says:

    Mire, una historia como esa es mágica por irrepetible. Con todas las alabanzas que le canto al internet y al móvil, tengo que reconocer que han hecho imposible que un niño actúe como usted describe. Ahora, el niño… el niño era la leche, así que quizás en esta época también habría hallado la forma de liarla parda de una forma igual de maja que la que usted describe ahí aunque, quizás, más futurista.

  4. laluli Says:

    ¿cómo se las apañó para mandar el telegrama? ¡Se debió gastar la paga!

  5. piero Says:

    Pero qué paga tan bien gastada, Sra. Laluli…

  6. Microalgo Says:

    Es que JPM estaba como un cencerro, queridos comentaristas. Ahora vive en Madrid (le tengo un poco perdida la pista), y no sé si sigue igual de majara…

  7. Rímini Says:

    Entonces nos aburríamos (?) tanto que era posible que un chaval se pasara todo un verano maquinando una broma. Cómo alargaba el tiempo en nuestra juventud!, tiempo elástico, blandi-blub.

  8. glomuss Says:

    Eran otros tiempos y éramos distintos. Seguro que Vd recuerda a JGP, amigo de casi 2 m que junto a su hermano MGP formaban parte del contexto habitaual de nuestra infancia gaditana. Pues J estuvo durante varios meses con un chiste similar:
    “Mamaaaaa, ¿porqueeee papaaaaa matoal pregonerooooooooo?”
    Te ríes la primera, sonríes la segunda, pero aguantar a J desde la Plaza Almudaina a Salesianos venga que toma que dale, llegaba a ser, enervante, exasperante e incluso emético.

    Más de 30 años después, queda la nostalgia.

  9. Microalgo Says:

    Claro que recuerdo a JGP. Cómo no. Y la habilidad que tenía escupiendo, que le acertaba a cualquier cosa…

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