El retorno del Rey

Hablar del futuro es una costumbre temeraria de los seres humanos, que necesitan soñar discutir, hacer planes, cubrir el pozo sin fondo del tiempo, tejer la tela de araña de la ambición y de la esperanza (Luís García Montero: Mañana no será lo que Dios quiera).


Don Sebastião,
todo pipiolo, él.



Sumergirse en otra cultura supone también tomar consciencia del acervo de leyendas que ésta atesora. Una de las más notables de entre las que Portugal acumula es la que afecta a la figura del Rey Don Sebastián.

Don Sebastián nació en 1554, una época bastante chunga (políticamente hablando) para Portugal, porque a su lado estaba España en todo su auge. Su padre murió antes de nacer él, y su abuelo falleció también al poco tiempo, cuando el joven Don Sebastián tenía tres años (que fue cuando, al parecer, subió, supongo que gateando, al trono).

Don Sebastián creció rodeado de sacerdotes fanáticos que le contaron cómo Portugal había vencido contra los musulmanes (incluso en batallas en las que la nación lusa tenía franca inferioridad numérica) gracias a la aparición del mismísimo Cristo antes de la confrontación. Así que, en cuanto acabó la regencia de su tío, se bajó al moro a darle batalla al infiel, cosa que fue muy bien vista por su vecino monarca, Felipe II, que tenía más vueltas que un sacacorchos plateresco.

En efecto. En la batalla de Alcácer-Quibir, en 1578, jugando con dos-siete y de distinto palo, se enfrentó a una pareja de ases, después de que en el flop apareciera otro par de ases más. Discúlpenme el símil pokerístico. Lo que he querido decir es que trincó a un puñado de tropas portuguesas y, colocándose al frente de ellas, espada desenvainada en mano, cargó contra una muchedumbre de rifeños armados hasta en los dedos de los pies (dicen los portugueses que tal vez Felipe II tuvo algo que ver con lo bien pertrechados que iban los paupérrimos rifeños). El joven Rey estaba convencido de que Cristo le iba a ayudar a vencer al infiel.

Y no.

Con la desaparición del Rey, tan joven que no había mojado nunca (oficialmente, al menos), y, por tanto, sin descendencia de quien echar mano, quedó un vacío de poder que fue rápidamente aprovechado por el oscurísimo y maquiavélico monarca vecino, de tal modo que las dos naciones fueron una durante más de sesenta años (hasta 1640 los portugueses no se volvieron a independizar).

Pero hay que analizar un hecho curioso. Al cabo de cierto tiempo, los familiares de los (no demasiados) soldados portugueses supervivientes y apresados tras la batalla de Alcácer-Quibir consiguieron reunir los dineros que los jefes rifeños pedían como rescate (costumbre muy de la época, fíjense en Cervantes). Y, curiosamente, ninguno de los soldados que regresaban confesaron haber visto morir al Rey.

La cosa tiene su lógica, porque ver morir a tu Rey y no diñarla a su vera es una ignominia de mucho cuidado. Pero la cosa sirvió para alimentar la leyenda (conveniente, de paso, a los intereses lusos anti-unionistas) de que el Rey había escapado, en el último momento, de la batalla, y que un día, como legítimo Rey de Portugal, volvería para reclamar el trono. Lo suyo, claro, es que volviera un día de niebla, montado en su caballo y con su armadura toda puestecita…

Y aún hay gente que lo sigue esperando. Hoy día.

Tal vana esperanza, aplicable a muchas otras situaciones de la vida, se denomina en Portugal “Sebastianismo”, y suele hacer referencia a situaciones en las que una persona o un grupo de ellas se cruza de brazos esperando que la salvación (o la solución) venga montada en un caballo, vestida de armadura, saliendo de entre la niebla.

Tomen nota, saquen sus conclusiones. Aquí ya lo sentenció el gran torero Guerrita, archivando el caso para siempre con ese Wittgesteiniano ”Lo que no pué sé no pué sé, y ademá é impozible”.

Pues eso.

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16 comentarios to “El retorno del Rey”

  1. Rímini Says:

    El equivalente gaditano sería el “Chanismo” ¿no?. Gracias por hacerme menos inculto.

  2. carmen moreno Says:

    Sí, sentarse a esperar que todo se solucione no es la solución. Pero, ¿qué ocurre si no tienes caballo, ni hombres para la guerra? ¿Y si aparece el rey?
    Psch, que no es que a mí me pase nada de eso, eh.

  3. Microalgo Says:

    Ya, ya… PO NO TE METAS EN GUERRA, Carmeliya. Más claro, the water.

    Chanismo, sí, Rímini. Y se ejerce tocando palmas…

  4. Glomus Says:

    El post está bueno para aplicarselo a toda la peña que se abstuvo ayer…

  5. Ronronia Says:

    Está bien eso de que el rey pensara que Dios le ayudaría en su guerra por buen cristiano. Me recuerda una bonita poesía sobre la “invasión mora” de la Península que decía:

    Vinieron los sarracenos
    y nos molieron a palos
    que dios ayuda a los malos
    cuando son más que los buenos

    coplilla llena de falcias históricas, jaja, pero también de sentido común práctico.

    A mí los que se abstuvieron, no me molestan, pero a los 500.000 que votaron en blanco y se fueron a su casa tan contentos pensando que protestaban así contra los partidos blancos en vez de estar dándole con su voto más escaños al PP, a esos me los comía por irracionales, inconscientes y anuméricos.

  6. Portorosa Says:

    Bárbaro. El texto, en el sentido positivo de la palabra, ¿eh?
    Tan bárbaro que cada uno puede entender lo que más le convenga. Yo supongo que va por el 15-M, pero bueno, la interpretación al detalle ya da mucho juego.
    Un abrazo.

  7. Salamandra Says:

    Es que la gente tiene unos huevos que se los pisan. Por un lado lo de ir a la guerra sin posibilidades (menos curas y más Sun Tzu), por otro los que siguen esperando.

  8. Microalgo Says:

    En realidad, queridos comentaristas, era una nota adjunta para la Dama Carmen Moreno (asuntos sentimentales suyos), pero ahora que lo dicen, también es aplicable a muchos otros ámbitos, algunos de rabiosa actualidad.

    En Andalucía no hubo autonómicas, sólo locales, y yo sí que fui a votar. Pero confieso paladinamente, amigo Glomus y Dama Ronronia, que no tengo nada claro cómo afectan las abstenciones, los votos en blanco y los votos nulos a la distribución de escaños, porque no sé si ésta se calcula en referencia a votos censales, válidos o computados. ¿Alguien ofrece una guía rápida, por favor?

  9. carmen moreno Says:

    Eche un vistazo a esto, Don Micro:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_D%27Hondt

    Este es el sistema que se sigue en España. En cuanto a lo del rey Sebastián, ni me había dado cuenta de que era por mí ;).

    Muchas gracias por el apoyo incondicional.

  10. Microalgo Says:

    Ok, entendido. Pero eso no me aclara cómo afecta un voto en blanco, uno nulo y uno no emitido. Esto sólo se refiere a los votos totales computados (es decir, emitidos, válidos y no en blanco).

  11. Microalgo Says:

    Me envía un correo el buen Glomus, haciendo referencia a una página que afirma que la única manera es votar a partidos minoritarios que tengan posibilidades de llevarse algún felino (por pequeño que sea) al agua. En ella (a la sazón, ésta) se afirma que votos nulos, en blanco o abstenciones benefician siempre a los partidos más grandes. Sólo el voto directo a otros puede perjudicarlos.

    Gracias por la información, Maese glomus.

  12. carmen moreno Says:

    Claaaaro, el Glomus sí, pero yo no. Hombres…

  13. Ronronia Says:

    Yo lo que había oído es que los votos en blanco ayudan a los mayoritarios, los votos nulos a nadie y la abstención, sólo si es más del 60%, teóricamente a los minoritarios aunque hay quien dice que en España realmente favorece al PP porque el electorado de derechas se abstiene menos.

    Encontré el otro día un página que lo explicaba genial pero ahora lo más aproximado que encuentro es esta:

    Voto en blanco vs. abstención vs. nulo

  14. Alcancero Says:

    Mucho simil pokeristico, pero hace tiempo que no convoca usted a esa panda de degenerados viciosos del naipe que le circundan, snif.

  15. Maria Says:

    Hola, soy Maria.

    Tengo dos libros tuyos de relatos cortos. Si me das tu dire te los devuelvo, que ya va siendo hora. :-)

    Un abrazo,

    Maria

    (runmariarun@hotmail.com)

  16. Microalgo Says:

    ¡Hola, María! La hacía a Usted por tierras extranjeras. Este fin de semana estaré fuera (mil kilometrillos al norte), pero a partir del lunes estoy de vuelta y podemos quedar. Muchas gracias. Poca gente devuelve libros, hoy día.

    Querido Alcancero, como ya ha podido ver, este fin de semana no va a poder ser. Y es una pena, porque de paso celebrábamos su cumpleaños (que si mis agendas no fallan es el viernes). Pero resérveme un baile en su tarjeta para el fin de semana siguiente…

    Me asomo al enlace, Dama Ronronia, a ver si me aclaro. Gracias.

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