Guía carnavalera para japoneses

Puedes pasar un día por Cádiz y no saber con exactitud dónde has estado, porque todo parece hallarse allí muy hondo y escondido, como corresponde a una ciudad levantada una y otra vez sobre estratos de civilizaciones borradas ya por el tiempo, hasta que algún día, de tanto alzarse, estará a la vez tan honda y tan alta que los gaditanos, disfrazados de extraterrestres podrán tocar el cielo y cantarles un marchoso cuplé de mofa, cara a cara, a los extraterrestres de verdad (Felipe Benítez Reyes: Cádiz en fiestas).


Pa que samuráis de risa,
chirigota de 1991.



Querido turista nipón:

Creo que era Trueba el que decía que la nostalgia ya no es lo que era. Algo así pasa con el carnaval de Cádiz. O él ha cambiado o he cambiado yo (o ambos, es lo más probable), pero ya no me apetece mucho salir disfrazado salvo en contadas ocasiones, cuando uno va embebido en una masa crítica de amigos que van haciendo el gamba tanto como uno mismo. Y tal vez ni aún así.

De todas maneras, queridos visitantes que llegáis del extremo Oriente, si insistís en venir acá porque algún simpático agente de turismo os ha liado, me veo en el deber de avisaros brevemente de algunos puntos que deben considerarse cuando uno aborda la ciudad en esas fechas.

Lo primero que hay que saber es que hay cuatro tipos de agrupaciones que cumplen una serie de directrices que les permiten presentarse al concurso oficial. Estas son los cuartetos, las comparsas, las chirigotas y los coros.

Los cuartetos pueden ser de tres, de cuatro o de cinco. Como lo oyes. Tienen sus sellos definidos (cuatro actores de teatro clásico no componen un cuarteto, por ejemplo), y cuando un cuarteto es malo, es malo de solemnidad. Y cuando es bueno, depende.

Las comparsas afinan muy bien, tienen buenos instrumentistas y cantan a varias voces (una más aguda sobresale del resto: es el octavilla, y un buen octavilla se cotiza en una comparsa a precio de oro), y por lo común tratan temas serios y dentro de la crítica social. La comparsa consta de entre doce y quince componentes, y cada uno de ellos mata por el primer premio del concurso oficial.

Las chirigotas (entre siete y doce componentes) no son en absoluto serias. En absoluto. Aunque también pueden hacer crítica social (el carnaval es un espacio propicio para ello), es más frecuente que se adentren en mayor medida en terrenos escatológicos y, sobre todo, sicalípticos.

Un coro, agrupación carnavalesca masiva, presenta un mínimo de doce y un máximo de cuarenta y cinco componentes. Estos también se dividen en voces (tres o cuatro) y un solo coro en una tarde es capaz de beberse el Danubio si le pones ron y dos hielos. Van montados en una especie de carroza (llamada técnicamente batea), tirada por un tractor, y en un día concreto (Domingo de coros) se reúnen dando vuelta a determinada plaza de Cádiz. Aunque aún no ha llegado la primavera, amigo nipón, en un domingo de coro, el sol, si no te proteges, te provocará quemaduras de tercer grado. Si no te lo crees, allá tú.

Yo te recomiendo un traductor local (uno de Burgos no va a servirte de nada y, total, hoy en día en Cádiz casi todo el mundo habla japonés) y mucha paciencia, porque para explicarte un cuplé cuya gracia estriba en las tres últimas palabras, el traductor estará media hora, como poco, poniéndote al día sobre la situación del consistorio municipal, el organigrama de la Diputación de Cádiz, quienes eran La Uchi y El Marchena, las particularidades del Plan de Empleo Rural en Andalucía y la merma paulatina de las capturas del atún rojo en las almadrabas de Sancti Petri, mientras hace hincapié en las dificultades para aparcar en el casco urbano y lo explica todo debido a la cantidad de agua que ha caído este invierno pasado. Para atender a las consideraciones laterales de la última pieza del repertorio (el popurrí), toma asiento, Sakamura.

Sal a la calle entre semana, querido habitante del País del Sol Naciente. Los fines de semana la ciudad se llena de concurrentes cuya inmensa mayoría sólo viene a beber, importándole un bledo si están en Cádiz, en la Fallas de Valencia, en el descenso del Sella o en los Sanfermines de Pamplona. A las once de la mañana ya están ciegos. Muchos de ellos presentan saponificación insuficiente o pigmentación hidrosoluble, si usted, oh, noble visitante formado en tan antigua y delicada cultura, me entiende.

Entre semana, sobre todo, aparecen como por ensalmo centenares de agrupaciones que se saltan a la torera las directrices del concurso oficial (de ahí que se llamen ilegales, nombre que llevan, además, a gala), y encontramos chirigotas de cinco y cuartetos de siete, desaparecen los coros por motivos, digamos, técnicos, y desaparecen también las comparsas porque probablemente serían apedreados. Da la cara, sin embargo, una nueva modalidad que es la mínima expresión de la agrupación carnavalesca: el romancero. Con rima asonante libre-a, libre-a, e indicando con una vara en un cartel, pegado éste a un poste portátil, lo que van relatando, los romanceros (dos como máximo, uno como mínimo, pero si es uno, aún así es una agrupación, con dos cojones) rescatan la tradición de sus homónimos medievales, y al cabo de la semana tienen la voz tan hecha polvo que Bonny Tyler, a su lado, es talmente la Caballé.

Así que ésa es mi recomendación, amigo forastero de lejanas tierras. Entre el primer y el segundo fin de semana, a partir de las seis o las siete de la tarde, péguese a una chica pelirroja que siempre sabe quién es el que vale la pena escuchar, cuándo y dónde (se trata de La Luli, comentarista frecuente de este blog), y disfrute del espectáculo, que es gratis si logra aparcar fuera de la zona azul. Incluso cuando todo ha acabado, al tercer fin de semana aún podrá escuchar algunas agrupaciones ilegales que no han terminado de cansarse del todo, libres las calles ya de guiris (si usted viene esos dos días se le retira oficialmente, por buen conocedor, ese epíteto ligeramente peyorativo). Ese fin de semana se denomina “el carnaval de los jartibles” (tradúzcase esta palabra, de manera bastante fiel, por “inasequibles al desaliento hasta extremos prácticamente molestos”).

Así que sayonara, arigato, y a disfrutar.

Bienvenido (o como diría Usted: ようこそ).

14 comentarios to “Guía carnavalera para japoneses”

  1. carrascus Says:

    Lo que dice usted del traductor local es muy cierto. Yo tuve el gusto de conocer al Agüillo, que era uno de los personajes típicos del carnaval de Cádiz, y además era celador en el servicio de diálisis del Zamacola, donde yo iba mucho también debido a mi trabajo.

    Pues el pobre hombre se murió sin llegar a terminar de explicarme exactamente por qué son tan malos los cuartetos cuando son malos, y por qué no abuchean a las comparsas cuando se pasan de cursis. Ahora, eso sí, los problemas del soterrao, las fechas previstas pa que los de astilleros cortaran el puente y la vida y milagros del Tío de la Tiza y de María la Yerbagüena, no tenían secretos para mí.

  2. Microalgo Says:

    Pues ya ve, y eso es sólo la punta del iceberg…

  3. Ronronia Says:

    No sólo los japoneses necesitan traductor. Yo misma veo que me sería de gran utilidad porque todos los años me empeño en tratar de entender esas letras que imagino hilarantes y no entiendo ni pescao. Igual porque nací en Burgos…

  4. Microalgo Says:

    Era un decir, Dama Ronronia. La verdad es que de Jerez hacia arriba la cosa se vuelve bastante incomprensible, la mayoría de las veces.

    Incluso a mí me pasa, algunas. Y llevo aquí va para cuarenta y tres tacos.

  5. laluli Says:

    Gracias por lo que me toca. La verdad es que con la apertura del carrusel de coro (no sé si este año volveremos al recorrido antiguo) cada vez es más dificil encontrar a todas las “buenas”. Ahora hay que repartirse entre la calle sagasta, la escalerita de la torre tavira, Vargas Ponce, el pópulo,… con lo cual hay que patearse medio centro para poder verlos a todo. Y es que con la masificación del carnaval los grupos han tenido que buscar sitios apartados para hacerse oir.
    A mi no me gusta disfrazarme (ni el ambiente del sábado) pero el primer domingo de carnaval, si se sabe donde ir, ya pueden verse cositas. Micro es que tu eres mu impaciente y el carnaval en la calle, sobre todo en estos últimos años, necesita mucha paciencia.
    Buen carnaval a todos, ¡Viva Don Carnal!

  6. Microalgo Says:

    Atendite, universi populi.

    Luli ejerce su magisterio. No caiga en saco roto su enseñanza.

  7. Rímini Says:

    Que buen resumen: ¡al fin, tras 43 años de gaditano, lo he entendido todo! No me sea tan anticarnavalesco, Micro, que usted ha salido en ilegales (como yo, ambos de las malas ¿o recuerdo mal?). De todos modos, no recomiendo a nadie que venga a Cádiz en Carnaval… más que nada para que no haya más gente. Hace tiempo que nuestro Carnaval ha dejado de ser de inetrés turístico, aunque sin duda de es de interés antropológico universal.

  8. Salamandra Says:

    Me has recordado a la Uchi con los calcetines y la bicicleta persiguiendo marineros.

  9. Sheylaa Says:

    Acabo de descubrir tu blog, simplemente queria felicitarte.efqioei

  10. Sérilan Says:

    Y digo yo…
    Para los que no venimos del país del sol naciente pero sí de la tierra del sol poniente que estratégia nos recomienda..??
    Me llevo algún diccionario en especial..? Un traductor de la Sierra de Gata..?? Bocadillos de salami..??
    Por si me da por ir, es que no estuve nunca y ya tengo ganas

  11. Microalgo Says:

    Los bocadillos de salami son universales, Seri. Y bueno: la misma estrategia que para los nipones. De puerta tierra pa fuera no se hacen distingos…

    ¿Cómo conoce Usted a la Uchi, Salamandra?

    Y bueno, Rímini, no me compare. “Las Marías Fontaneras” marcaron, para mí, un hito en el carnaval ilegal. Si mi memoria no me engaña salía Usted en ella, y no como postulante, precisamente…

    Gracias por su visita, Sheylaa. Muy didáctico, su blog…

    Ejjem.

  12. Portorosa Says:

    Ya sabe usted que adoro Cádiz. Lo adoro.
    Lo que no sabe es que, siendo yo como soy de natural contrario a todas las festividades populares donde se congregan muchedumbres, cuando fui a los carnavales de Cádiz… me encantaron también. Me encantaron, y desde entonces aconsejo a cualquiera que vaya ex-profeso.
    Además tuve la suerte de que una señora a mi lado se convirtió en traductora espontánea, y me explicó todito todito.

    Fue estupendo.

    Cádiz lo es, todo él. Qué ganas de volver.

    Un abrazo.

  13. Microalgo Says:

    A eso me refería con un traductor local, Maese portorosa.

    Y bueno, me alegro de que su experiencia fuera positiva. Un abrazo enorme.

  14. Salamandra Says:

    Yo soy de Cádiz, aunque ahora no vivo allí.

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