Amasis II

Pues, amigo, así son todos los coristas que hay sobre la tierra y de semejante desconcierto está hecha la vida de los hombres, que no sólo cantan piezas diferentes, sino que tienen diverso aspecto, bailan en sentido contrario y no coinciden en nada, hasta que finalmente el director los expulsa uno por uno de la escena, diciéndoles que ya no hacen falta. Y al final son iguales todos en su silencio y no entonan ya aquel confuso y caótico canto. Ahora, todo lo que ocurría en aquel colorido y multiforme teatro era divertidísimo (Luciano de Samósata, 125-181 dC: Icaromenipo o Menipo en los cielos).


Tó chulo, él.



No se puede uno fiar del todo de Heródoto (484-425 a.C). Tenía el historiador, por ejemplo, poca idea de biología, tal y como demuestra en las pinceladas sobre este extremo que nos deja en sus Nueve Libros de la Historia. Pero aún con todo, es amenísimo leerlo. Créanme.

Entre sus páginas me encontré la historia del rey (o Faraón) Amasis Segundo (570-526 a.C.), el Saíta (era natural de la ciudad egipcia de Sais)

Amasis era un súbdito del Rey Apríes que fue enviado por éste para sofocar, a base de buenas palabras, una rebelión. Pero cuando llegó, las tropas rebeldes le dijeron que a buen seguro que él sería mejor rey que Apríes, que era un cabrón con pintas que le cortaba la nariz y las orejas a la gente en menos que cantaba un gallo, sólo por llevarle malas noticias (por ejemplo).

A Amasis le hizo gracia la cosa y decidió, por el morro, unirse a los rebeldes y marchar contra su despótico Rey. Apríes, entonces, mandó a un griego que le servía, de nombre Patabermis, que era muy justo y de muy buena reputación, para que le trajera vivo a Amasis, de vuelta al palacio. Cuando Patabermis llegó hasta Amasis, éste, ante el requerimiento, levantó su muslo desde lo alto del caballo donde estaba sentado y le soltó al griego una ventosidad por toda respuesta (¿ven como sí que era divertido? Ya veo el humor que les gusta a Ustedes, ya…), pidiéndole al emisario que le dijera al rey que no se preocupara, que enseguida iba, y con un montón de gente acompañándolo. Patabermis volvió ante su rey, y cuando le contó lo que pasaba, éste, con un cabreo monumental, mandó (para variar, era poco imaginativo) cortarle la nariz y las orejas al heleno. Ante eso, los pocos egipcios que aún estaban de su lado y que consideraban al griego una persona muy digna, mandaron a Apríes a la porra y éste tuvo que enfrentarse a la sublevación tan sólo con tropas mercenarias y claro, le dieron mucha morcilla. Amasis trató bien durante tres años al depuesto Rey hasta que el populacho le pilló las vueltas y estranguló al antiguo monarca, enterrándolo luego, eso sí, con toda la pompa real.

Al principio la gente no se tomaba en serio a Amasis, porque su origen era muy humilde. Pero como el tipo era la mar de listo, mandó fundir una enorme jofaina de oro en la que se lavaban los pies sus visitantes, con ella hizo que se forjara una estatua de un dios y la puso a la entrada del templo. Algún tiempo más tarde, después de que todo el mundo hubiera pasado por delante reclinándose ante ella, les contó de donde venía y les dijo que a él le pasaba lo mismo. Que antes era plebeyo, pero que ahora las cosas habían cambiado. Y los egipcios le hicieron caso.

E hicieron bien, porque cuenta Heródoto que durante su reinado no le ocurrió ninguna desgracia al país del Nilo (más de cuarenta tacos, período de paz que debe ser un récord para el mundo antiguo, sobre todo teniendo alrededor a persas, lidios, griegos, escitas, babilonios y todos sus mariachis) . Eso sí, en cuanto Amasis murió, los persas de Cambises II se merendaron el país en diez minutos.

Amasis II era un tipo muy llano, jovial y la mar de gamberro. De joven, cuando no tenía dinero para irse de farra, lo mangaba con una habilidad tremenda (en función de la traducción del texto, oficiando desde sablista hasta asaltante, pasando por habilísimo carterista). Luego, los injuriados lo citaban ante el juez y eran los magos y adivinos los que determinaban si Amasis era culpable o no. Cuando llegó al poder, el nuevo rey prohibió que se adorara a los dioses cuyos adivinos le habían declarado inocente y sólo dio culto a los dioses de los que lo habían declarado culpable, con toda la lógica del mundo, si uno lo estudia bien.

También cuenta Heródoto que Amasis se levantaba muy temprano, despachaba todos los asuntos pendientes y, a la hora en la que se ponía el mercado, ya había acabado, dedicándole el resto del día a la juerga, a comer, a beber y a gastarle bromas a sus amigos (sin llegar a cortarles la nariz, como su predecesor). Sus ministros le aconsejaron que cambiara de actitud, y que mostrara un porte más regio, despachando durante todo el día sentado en su trono.

Y él les dijo, más o menos, que por aquí se va a Tebas. Pero lo dijo más fino:

“Sólo al ir a disparar el arco lo tensan los arqueros, y tras dispararlo lo aflojan, pues si lo tuvieran siempre tensado y presto, cuando más necesario fuera y en lo más apurado se les rompería y sería inservible. Semejante es lo que sucede en el hombre que, entregado de continuo al trabajo, sin respirar ni holgar un rato, el día menos pensado estará loco, o paralítico por un ataque de apoplejía. Por estos principios, pues, me rijo, dándole su lugar a la fatiga y al descanso”.

Y ahí los quería yo ver. Un crack, Amasis, al que Isis guarde. Ole, Faraón. Con dos pirámides. Me gusta este tipo.

Amasis firmó alianzas con los griegos, puso en orden el todo el territorio bajo su dominio (que disfrutó de una expansión demográfica sin precedentes en el mundo antiguo: Heródoto habla de 20.000 asentamientos habitados en el país), cuando ardió el Oráculo de Delfos contribuyó con un montón de pasta para reedificarlo, y hasta consiguió hacerse aliado del puñeterísimo y piratoso Polícrates de Samos…

Y todo eso antes de las diez de la mañana.

Amigos, hay que leer a los clásicos. No permitan que nombres esdrújulos de autores fallecidos hace la tira les asusten. Se dejan leer la mar de bien.

Loor y memoria a Amasis II, el Saíta.

3 comentarios to “Amasis II”

  1. kina Says:

    un fenomeno Amasis II, el Saíta… con reyes así me hacia yo monarquica, si señor…

  2. Salamandra Says:

    Me ha llegado al alma lo del trato al mensajero. Es que soy un guarro.

  3. Microalgo Says:

    Y en fin, que no quiero yo tampoco banalizar el tema egipcio en estos momentos, no vaya a ser que me caiga la misma que al de los rizos

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