Pura vida

La selva tiene un poder incontrolable sobre la conducta de quienes no han nacido en ella (Álvaro Mutis: Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero).


El volcán Arenal, echando humito
ya desde por la mañana temprano.
Por una vez, foto propia.



Pido disculpas por haberme perdido tanto tiempo. Estaba de viaje, gastándome el dinero de G. en un congreso.

Aprovechando que estaba allí y que había puente, la Dama de los Lunares pidió permiso en el currelo y se vino conmigo unos días más. Días que se vieron reducidos a seis, por obra y gracia de los controladores españoles. No me voy a meter esta vez en berenjenales de si tenían razón o no. Dejémoslo en que les tengo una guardada, y en que cuando llegue a Monarca Extremo del Universo se las van a tener que ver conmigo.

Seis días no dan para mucho, en Costa Rica. Dos días cerca de Heredia (visitando el volcán Poás, que echa vaporcillo desde una laguna en su cráter), otros dos en Quepos (junto al parque nacional Manuel Antonio) y un par más en un hotel cerca del volcán Arenal (el de la foto de arriba), que es uno de los volcanes más activos del mundo. Y a correr de vuelta.

Pinceladas varias:

Cuando en Costa Rica alguien le pregunta a otro “¿cómo te va?”, el otro suele responder simplemente “pura vida”. Es decir, muy bien. La respuesta no es más abstrusa que la que se daría en Cádiz (“del carajo, quillo”), y suena bastante mejor.

Tres especies de mamíferos digamos salvajes se acercan a la gente en la playa de Manuel Antonio. Los coatíes (de la familia de los mapaches) son bastante tímidos y siempre tienen al menos una pata lista para salir corriendo. A los mapaches de verdad no es tan fácil asustarlos, y suelen ir en grupitos formados por una madre y varias crías, que van aprendiendo el noble arte del robo de comida al humano, mediante la técnica del descuideo. Los más desvergonzados son los capuchinos de cara blanca, que han logrado una perfección en el arte del saqueo a la que no han llegado, ni de lejos, los otros dos animales mencionados más arriba. La tribu de capuchinos espera entre los árboles, rondando la franja arenosa, mientras un ejemplar un poco más grande (supongo que un macho con la cara muy dura), pasea entre la gente. Si encuentra un bolso de playa cuyos dueños se han ido a bañar alegremente, avisa y todos bajan a robar. Los bolsos defendidos por gente decidida (que les tira arena, por ejemplo) están a salvo. Pero si el pionero nota que quien defiende el bolso muestra cierto miedo por ellos, no duda en trincar lo que pueda que sea comestible, y los demás también bajan a echar una mano (nunca mejor dicho). Así, el adelantado demuestra cierto grado de conocimiento de la psicología humana, catalogando a los defensores de bolsos en categorías tales como “con éste no se puede”, “a ver si entre todos te sacamos algo a este otro” y “a éste, ni puñetero caso, que lo tenemos cagadito de miedo: ¡a por su comida!”.

La selva es un paraíso para pajarólogos, botánicos, mirmecólogos y todo biólogo que mantenga capacidad de asombro (así, en general). Pero por eso mismo hay que tener cuidadín con ella: arañas, hormigas, escorpiones y, sobre todo, serpientes pueden hacerle MUCHO la pascua a un humano despistado.

Los colibríes se emborrachan de azúcar. Al parecer, cuando han estado un rato libando, se tienen que parar en una rama un ratito, hasta que les bajan los niveles de glucosa en sangre, antes de volver a por más azúcar. Por las mañanas suelen estar famélicos, después de toda la noche sin chuperretear flores. Parece que hay flores que tardan en rellenarse de néctar, después de ser vaciadas por un colibrí, sólo veinte minutos.

No hay muchos mosquitos. Hay muchos murciélagos. Cada murciélago es capaz de jamarse unos cinco mil mosquitos a la hora. Parece que la primera frase de este párrafo es consecuencia de la segunda y la tercera.

La gente es muy amable, pero con suma amabilidad hay que comprobar cuánto te dan de cambio al comprar algo. No es infrecuente que se equivoquen, y es infrecuentísimo que se equivoquen en su contra, si Usted me entiende, Señor Frodo.

Tienen cierto sentimiento racista, los costarricenses (“Ticos”) con los nicaragüenses (“Nicas”), sus vecinos del Norte (al Sur tienen a Panamá). Los Nicas son más pobres y trabajan en oficios poco cualificados. Los Ticos suelen acusar a los Nicas emigrantes de ser causa de gran parte de la delincuencia del país… ¿les suena de algo?

No he notado inseguridad. Si dejas cosas en el coche es probable que te lo roben, pero con unas medidas que uno adoptaría en (por ejemplo) la Gran Via o en las Ramblas, uno no tiene problemas. Costa Rica no tiene ejército (desde el uno de Diciembre de 1948: ese dinero se lo gastan en escuelas y hospitales, dicen ellos), pero sí policía, y es muy visible en las calles.

En el Parque Manuel Antonio (nadie tiene muy claro por qué se llama así, por cierto), en la costa del Pacífico, hay que contratar un guía. Sólo porque sin guía uno no ve ni la décima parte de los bichos que puede ver. Llevan unos telescopios de pajarero que te quedas bizco y, después, que Santa Lucía se la conserve, porque a simple vista ven cosas que a cualquiera se le pasarían. Es una buena inversión, pues.

El hotel Arenal Lodge está cerca del Arenal (continuamente activo desde 1968), y sus habitaciones (lujosísimas) dan todas al volcán. Pero el que realmente está cerca es el Arenal Observatory Lodge, hotel que está a menos de dos kilómetros del cono (es un antiguo centro de vulcanólogos). Como ventaja, tiene las mejores vistas y encima las habitaciones dan hacia la ladera por la que escurre la lava (en cuanto se activa un poco, desde la cama se ven los ríos incandescentes). Como inconveniente, cuando se activa algo más que un poco, dan la alarma y desalojan el hotel, por si las moscas.

Ha habido vuelos Jerez – Madrid en los que he ido mucho más ancho que en el Madrid – San José. Iberia no tiene piedad y te enlata durante once horas. A la ida, me tocó una nicaragüense al lado que estaba interesadísima por el misterio del triángulo de las Bermudas. Un drama.

Costa Rica no es barato, ni para comer ni para alojarse. El que espere precios por debajo de los europeos, allá, va listo. En el aeropuerto de San José hay tiendas (una vez pasado el control de pasaportes para salir) en las que te venden cosillas de chocolate y café y collarcitos… empiezan con el “si compra dos se lleva tres y si compra cinco se los rebajamos y si compra diez cada uno sale por una ganga”… así que entra uno pretendiendo soltar los colones sobrantes que lleva (quinientos colones el dólar, o seiscientos y pico colones el euro), y se trae media tienda al final, y pagando con tarjeta. Los dólares se aceptan en todo el país. Las monedas de quinientos colones miden 3.3 cm de diámetro y pesan casi once gramos. Es decir, sirven como arma arrojadiza. Por cierto: hay un impuesto de 13000 colones (unos veinte euros) por persona cuando sales del país. Impuestos de salida. Supongo que si no pagas, no sales. No sé.

Si alquilan un coche (esto no es muy caro), que sea un todoterreno, porque en las carreteras hay varios Monumentos al Bache Desconocido. Uno cada dos kilómetros, más o menos. Hay peajes donde te paran y preguntas “¿cuánto es?” y te dicen “nada, siga, siga”. Misterio.

Y ná. Recomendable, pero con más de seis días de tiempo para verlo. Nos faltó la costa atlántica (Tortuguero es un sitio estupendo, dicen) y algún parque natural más.

Gracias a G. por subvencionarme el billete y la primera semana de mi alojamiento. Lo quiero muchísimo, yo, a G.

Besotes.

13 comentarios to “Pura vida”

  1. laluli Says:

    Tomo nota.

  2. Microalgo Says:

    Jopé, Luli. Es Usted meteórica.

  3. laluli Says:

    Es que ya tenía mono.

  4. Koloke Says:

    Entonces hay que ponerlo en la lista de destinos futuros de viajes, que yo también soy muy de animalillos y bichitos

  5. kina Says:

    ¿como se le echaba de menos, maese Microalgo! ;-)
    Costa Rica apuntado para cuando sea Rica :-P
    o me toque la loteria, aviso para navegantes, no compren loteria que ya tengo yo el gordo de este año… ji, ji
    un saludo,

  6. Microalgo Says:

    Pues ojalá que sí, Kina.

    Como decía, recomendable el sitio, Maese Koloke. Pero no trate de acariciar a la bicha, que muerde. Tela.

  7. Salamandra Says:

    Bienvenido a la más pura y asquerosa de las envidias. Lo mío de correr puede tener riesgo, pero lo de exponerse a fauna exótica también.

  8. Sérilan Says:

    Vaya…parece que se le dio bien el viajecito, me alegro, algo de envidia me da, no voy a negarlo, sobre todo lo del Triangulo de las Bermudas a bordo…jajajaja…debió ser todo un poéma
    Bienvenido amigo

  9. Єѕтnoм Says:

    Disculpe por haber leído sólo la mitad del rollo ;D
    Vuelvo con más tiempo.
    Mis mejores deseos para Vd y los suyos en estos días.
    Un beso.

  10. Microalgo Says:

    Jé…

    Procuraré hacer posts más cortitos, tiene Usted razón. Es que cuando me pilla la teclorrea…

    Un besote también para Usted, mi Dama.

  11. Ronronia Says:

    Hay varios lugares que querría viajar si la fortuna, la salud y la pasta me lo permiten: Costa Rica, Patagonia y Nueva Zelanda, así que con este post -que yo no habría querido más cortito- me ha dado usted directo al corazón nómada. Gracias por ponerme los dientes largos y empeorarme las ganas de visitar Costa Rica.

  12. Glomus Says:

    Alegrándome del regreso y de la feliz estancia. Costa Rica es, además, pionera en investigaciones plataneras, asi que doble envidia (a ver si a G. le sobran un par de euros y minvita).
    Abrazos calentitos desde el final del otoño en el sur (y mañana eclipse de luna, para recibir el solsticio. Anaxágonas debe estar ya de manicomio…)

  13. Microalgo Says:

    Lo estaba ya de antes, Glomus. Lo de los plátanos, lo comenté con la Dama de los Lunares, degustando unos cuantos, cual micos arquetípicos.

    Nueva Zelanda Y Patagonia son terrenos desconocidos para mí también, Dama Ronronia. Y también ganitas tengo de verlos. A ver si hay algún congreso allí y le saco el dinero a G. para ir…

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