Dos iguales para hoy

Espiaba la silueta de sus sombra al andar, arriesgando la teoría de que cualquier individuo es la sombra chinesca de lo que ven los otros, y, por si faltara algo, sospechó que la sombra tiene a su vez su propia sombra, y así sucesivamente, hasta que se llega a la sombra última: una sombra hueca y sin sombra. «Hostias», se dijo (Felipe Benítez Reyes: Humo).


En el fondo, todo es el mismo patrón…



Una preguntilla, por si alguien me puede aclarar una duda que, sin ser existencial, a veces me encocora (huy, he mirado la palabra en el DRAE y sí, resulta que utilizaba bien el verbo).

Atentos a la jugada, porque es curioso. Cuando los interrogados son hombres, prácticamente todos se encogen de hombros y dicen “anda, y yo qué sé”. El problema, claramente, ni les atañe ni les preocupa. A mí sí, al parecer por ser una mala combinación de científico y empático, como dice Miguel Rodríguez. Pero las féminas no me lo aclaran.

A vé.

El atuendo masculino en cualquier celebración (hablo de Occidente, y sobre todo del pellejo de bovino) es bastante estándar, así que no suele ser tan raro que dos hombres coincidan en un sarao de este tipo con trajes idénticos. Pero si no fuera así, y los trajes de fiesta masculinos fueran tan variados como los de las mujeres, en el caso de que dos tipos (aunque fueran desconocidos) se encontraran frente a frente con el mismo traje, lo primero que se harían sería una foto, y luego irían todo el resto del día juntos, de juerga, contando a las chicas (con intenciones ligatorias) alguna milonga como que son gemelos lejanos, siameses escindidos o algo. Pero me juego el cuello a que no les resultaría molesto.

Pero, para una mujer, encontrar en una fiesta así a otra con un traje idéntico al de ella supone una vergüenza más grande que si se le cayeran, con gran estrépito, unas bolas chinas procedentes de sus interioridades ante toda la familia reunida junto al lecho de la abuelita moribundiagónica.

Pregunta simple. ¿Por qué?

Entiendo el punto de vista masculino (cómo no): andá, qué gracia. Qué casualidad y/o coincidencia. Y uno se ríe de las coincidencias, como cuando dos personas dicen las mismas palabras a la vez, como cuando vamos a pinchar la misma aceituna que nuestro vecino en la mesa o como cuando le hemos puesto al gato el mismo nombre que los vecinos a su hijo. Las coincidencias son siempre motivo de guasa (quién les manda ponerle ese ridículo nombre a la criaturita).

¿Por qué ese drama, ese tierra trágame, ese biunívoco será posible la muy zorra?

Que alguien (de cualquier género, si se ve con la suficiente sabiduría) disipe mis brumas, si tiene un ratito para hacerlo y la más mínima conmiseración hacia mí. Gracias por anticipado.

13 comentarios to “Dos iguales para hoy”

  1. carrascus Says:

    Pues la verdad, amigo Microalgo, que eso en realidad ocurre por algo tan prosaico como el tiempo que se ha perdido para vestirse así.

    Usted mismo… ¿a que cuando lo invitan a un sarao de esos, lo primero que piensa no es “y que me pongo”? Pues ellas sí. Y se tiran un mogollón de tiempo buscando qué se ponen, cuando no se pasan otro mogollón de tiempo comprándose eso que se van a poner. Usted no, usted seguro que se pone algo que tiene en casa, sin perder demasiado tiempo en elegirlo (la mayoria de las veces porque tampoco tendrá tanto donde elegir… y solamente en algún caso muy, muy, pero que muy especial, se le ocurriría comprarse algo para la ocasión…)

    Pues con esas premisas del tiempo necesitado y perdido para la elección, y del gasto necesario para resultar singular, hágase ahora la misma pregunta… y verá como se contesta usted solo.

  2. Ronronia Says:

    Yo tengo una teoría y es que eso que describes sólo es cierto para una de las dos coincidentes en modelito, a saber, la que menos buena esté, porque la otra, por mucho que finja contrariedad por encontrarse a una vestida igual, si se ve más favorecida con el modelito que la contraria en el fondo por dentro lo que está es más feliz que unas pascuas de que todos los asistentes puedan comparar y ver lo increíblemente más monísima que está ella que la otra. Si la otra es su cuñada y el vestido le saca mollas, multiplíquese el efecto por dos. Si es una ex de su novio, elévese al cubo. Así que una de las dos sufre verdaderamente, pero la “ganadora” sólo finge estar disgustada, por quedar bien, más que nada.

  3. Portorosa Says:

    Yo creo, don Micro, que la reacción ante la coincidencia en la indumentaria depende de las expectativas que uno tenga puestas en la indumentaria. O, dicho de otro modo, la importancia que le dé a su aspecto en esas situaciones, y lo que su autoestima repose en él.
    Por eso, no creo que sea algo propio exclusivamente de las mujeres. Lo ha sido, y creo que todavía se da más en ellas, pero ya va cambiando: y no tanto porque a ellas les vaya importando menos (que supongo que, en parte, sí), sino sobre todo porque va importándoles más a los hombres.

    Un abrazo.

  4. Salamandra Says:

    Eso hasta que un día cojan las herederas de las casas reales europeas y vayan todas a una boda vestidas igual, entonces será lo mejor y marcará tendencias.

    Y creo que en el fondo la idea es ser la reina del baile, y si coinciden dos pues mal, porque reina sólo hay una.

  5. NáN Says:

    Carrascus, lo primero que piensa uno es: ¿me seguirá valiendo “el” traje? Y siempre sigue valiendo, hasta que una vez, aunque vayas con él, no puedas “de comer”, a veces ni “de respirar”. Y te compras otro antes de que alguien cercano se muera y te tengas que volver a poner “ese” traje.

    Y es “el”, artículo definido, porque no hay otro.

    Puestos así, como nos importa un pimiento, pues si nos encontramos a más con un traje igual, como dice el Maestro de las Algas, qué diversión.

    El resto de la teoría de Carrascus creo que es redonda y perfecta.

  6. Koloke Says:

    Anda, y yo qué sé

  7. Microalgo Says:

    Ese es mi chico, Maese Koloke!!!!

    Lo de la reina del baile me parece plausible, sí. Y lo de “a esta zorra le queda el traje mejor que a mí”, también. Y lo de “¿y para eso me he devanado yo los sesos, para que ésta traiga un traje igualito?” es otro argumento sólido…

    Nos encontramos así ante un origen polifilético del síndrome del cabreo femenino por coincidencia indumentaria (SCFCI), lo que ha complicado su comprensión por mi parte hasta que Ustedes, oh, aguerridos y notoriamente inteligentes comentaristas, han derramado un poco de luz sobre tan complicado asunto.

    Voy a hacer un review y a ver a qué revista lo mando.

    Besotes.

  8. Margherita Dolcevita Says:

    Por eso no voy a esas cosas que traen disgustos

  9. Microalgo Says:

    Margheriiiitaa!!

    Qués de tiempo!!

    Recuerdo una chirigota callejera que decía que por fallecimiento de un familiar directo te dan dos días de permiso, mientras que por casarte te dan quince. Por lo tanto, un matrimonio equivale a siete muertes y media en tu familia…

  10. Rímini Says:

    Siendo absolutamente certeras las teoriías al respecto (irreprochables) no olvidemos , por paneque, que algunas costumbres de (nosotros) los hombres son tanto -o más- ridículas o primarias que esta. No doy pie a que se explayen ustedAs aquí…

  11. laluli Says:

    Desde mi triste experiencia, se siente mal la que tiene peor percha.

  12. ETDN Says:

    Yo voto por la teoría de Carrascus, desde mi femineidad. Y las aportaciones de Ronronia y Salamandra acaban de redondear la solución al enigma que plantea.

    Y porque, en general, las mujeres tendemos a complicarnos la vida por casi todo. Y a sufrir por ello, también.

    (menos Margherita, que como está to´l día en su nube pues es ajena a estas cosas)…

    bss

  13. Microalgo Says:

    Je, jeee, je, jeee…

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