Micros y teles

En aquellos momentos me pareció que había encontrado un argumento marmóreo definitivo. Ahora no me lo parece tanto. Con frecuencia, mis intervenciones en las conversaciones me dejan después un desasosiego indefinible (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).


Así tengo yo los ojos, de tanto
mirar por los trastos estos.



Cuando cumplió más o menos los diez años a mi hermano Anaxágoras mis padres le compraron un telescopio. Cuando los cumplí yo, a mí me regalaron un microscopio. Y bastante buenos, ambos trastos, para la edad de sus usuarios: nada de baraturas de plástico. Sencillos, pero con muy buena óptica.

Dado que mi hermano se licenció en física, cursó la especialidad de astrofísica e hizo la tesis en ondas gravitatorias y yo me licencié en biología, me especialicé en botánica e hice la tesis en microalgas (y con ellas sigo), no termina de despejárseme la duda acerca de si nuestras vocaciones fueron así de tempranas, si nuestros juguetes determinaron nuestro trabajo o si es que mis padres fueron sorprendentemente premonitorios. A saber.

Durante la carrera ya estaba yo sorprendiéndome de la cantidad de tipos de microalgas que uno podía contemplar tras raspar la piedra húmeda de cualquier fuentecilla urbana y observar la gota de agua resultante en mi microscopio tipo “Ramón y Cajal”. En esas andaba, en la pensión donde pasé casi todo mi tiempo granadino, cuando apareció la nieta de la patrona, que tendría seis años y me dijo:

― Microalgo, ¿Puedo mirar por tu telescopio?

Su abuela, la patrona de la pensión, que era una señora muy mayor y muy de Salobreña, siempre envuelta en un traje negrísimo y a la que llamábamos “la Señora Pepa” la corrigió antes de que yo interviniera.

― Ezo no é un telejcopio, niña. É un microjcopio.

― ¿Y qué diferencia hay?

― Pueee… un telejcopio é un aparato con lenteh pa ver maravillah, y un microjcopio é un aparato con lenteh pa ver porqueríah.

― Ah.

Aún mantengo en la memoria esa definición, que me parece una de las más exactas que he escuchado jamás.

19 comentarios to “Micros y teles”

  1. Glomus Says:

    Ahhh… yo le diría a la Señora Pepa que que gracias a las “porqueríah” (bacterias nitrificantes, actinomicetos, micorrizas…) ella puede comer a diario, y que la utilidad de las “maravillah”… ni está ni se le espera. Uy, si me lee Anaxágoras…

  2. Perplejo Says:

    Creo que si rebuscamos todos tenemos un vínculo entre lo que hacemos ahora en serio y un juguete de entonces. Acojona.

    Me han gustado las definiciones de micro/telescopio, empero, no estoy completamente de acuerdo. ¿Por qué? Por que me moría de ganas de utilizar “empero” y debía oponerme a algo. Escuché la palabra hace poco y se me ha quedado pegada. Es un “pero” con prefijo, más solemne, categórico, definitivo.

    Y suena bien.

    Empero…

    empero…

  3. Luisa M. Says:

    Don Micro, me he reído un rato con su historia al leer la definición que hizo la señora Pepa, ¡vaya manera de ver la diferencia entre ambos aparatos!
    Yo nunca tuve un microscopio de pequeña (aunque me hubiera gustado) para ver aumentadas las alas de una mariposa o los pétalos de una flor. Uno de mis juegos preferidos consistía en sentar a mis muñecas frente a mí y jugar al colegio. Y luego, corriendo el tiempo… ésa es mi profesión: maestra.
    Saludos.

  4. Glomus Says:

    Perplejo, ¿sabes dónde aparecía muchísimo esa palabra…? En las traducciones de los libros de “Los Cinco” de Enid Blyton. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de su significado (y eso que no existía el Google Translator… bueno, igual ni había nacido su inventor…)

    • Perplejo Says:

      Si le soy sincero he tenido que verificar que es una conjunción adversativa y consultar su uso. Pensaba que la adversativa más exótica era el “mas” sin tilde, ¡ay, qué lagunas! En mi casa teníamos “Los Hollister” por lo que mi descubrimiento ha sido tardío. Si la he leído después, no me ha impactado lo suficiente para recordarla.

      Qué pena que haya palabras que se dejen de usar. Aunque si “empero” no fuera una palabra polvorienta quizás perdería su gracia, no sé.

      Volviendo al tema, si “microscopio” no tuviera ese prefijo, esa aliteración de “oes” y esa sonoridad tan eléctrica, como hormiguitas que te muerden, quizás el aparato mismo perdería su encanto. Y quizás Nacho no se dedicaría a la microbiología cuando de niño preguntó por su nombre. Fíjese. Las palabras pueden que sean mágicas al fin y al cabo.

  5. Salamandra Says:

    La definición es muy buena, pero al fin y al cabo si el telescopio no es muy potente un cúmulo globular se define como “algo parecido a una bolita de algodón”.

    Y en cualquier caso, todo el que pasa quiere mirar, y siempre me queda la duda de que no hayan enfocado bien.

  6. NáN Says:

    Hay que respetar todas las profesiones, señores, que estamos en Democracia y en la tele salen unos tipos rarísimos que sueltan barbaridades y luego dicen “respete mi opinión”. ¡Claro que sí, majete! Respeto tu opinión y lo que ha dicho ese filósofo que lleva 40 años pensando las cosas ordenadamente y sabe de las trampas de las palabras… ¡que le den por culo!

    La Señora Pepa es una profesional de mantener su casa limpia, va armada con un trapo y trapea todo lo que se pueda trapear. La dejáis sola en vuestro laboratorio y limpia y fayrea todos los botecitos de cultivos, “que hay que ver los señoritos, que dejan que crezca la porquería por todas partes”. Porque ella es una profesional de lo suyo, como vosotros lo sois de lo vuestro. Así que lo mejor es no mezclar y que ella se quede en su casa, limpiando y dando esplendor, y vosotros en vuestro laboratorio, fijando y porquerizando.

    Me parece PRECIOSO lo de los regalos y la predisposición a vuestras tareas; que ahora sea usted Don Micro. Y su hermano que se chinche, porque no puede tener un blog y firmar como Don Tele, porque constantemente entrarían visitantes esperando otra cosa.

  7. Microalgo Says:

    Recuerdo, Nán, que me contó una chica a la que conocí en Escocia (de esa masa ingente de investigadores brillanes que no han podido o no han querido volver a España), y que trabaja en genética de la mosca del vinagre, que cuando aún trabajaba en Madrid llegó al laboratorio una señora de la limpieza que les comentó “que lo había dejado tó mu relimpio, pero que aún había por ahí volando unos bichicos que”. Y decía esto mientras agitaba un bote de insecticida. Al parecer, todos los becarios en la sala le saltaron encima para agarrarle la mano que llevaba el spray a tal velocidad que si los hubiera contratado la CIA a Reagan no habrían tenido tiempo de pegarle ni medio tiro. “Suelta eso, desgraciada”, le gritaban a la pobre empleada, mientras la derribaban sin atisbo de piedad.

    La ciencia, ya saben…

  8. NáN Says:

    O sea, que mis desvaríos están basados en la realidad.

    Leí que en un museo de Londres se inauguraba (supongamos que un martes) una exposición con una pieza central, llamada “Basura”, que consistía precisamente en eso: un montón de desperdicios cuidadosamente colocados. El lunes por la tarde se afanaron las mujeres de la limpieza y el martes la famosa “obra” no existía.

    Me parto de risa yo solo, aquí en la Ofi.

  9. Lola Says:

    Jajajaja, qué grande la señora, sí, muy de Salobreña :)

  10. Princesa sin Sapo Says:

    Pues a mí no me regalaron nada memorable, salvo las bicis que nos dejaban los reyes muy de tanto en tanto, y nunca se me dio por dar la vuelta ciclista. (¡Ay! Es que es sólo para hombres, vaya por Dios!).
    También jugaba mucho a las muñecas y a las maestras, y tampoco, y de haber nacido en un piso de la capital a hacer agrónomos… Quién sabe de dónde saqué tan peregrina idea…, pero mis padres no habrán tenido demasiado que ver, por lo que parece…

  11. NáN Says:

    Lo suyo PsS fue una clara rebelión por las bicis de tanto en tanto (aunque no lo entiendo muy bien, porque con una da ya para toda la vida).

    En cambio, los integrantes de la familia de los Scopios son muy integrados y familiares. Por eso consideraron el regalo como una visión de futuro.

  12. Princesa sin Sapo Says:

    Le explico, amigo NáN, que lo de las bicis “de tanto en tanto” se debía a que la primera bici era de rodado 10 0 12, y se fue quedando pequeña (bueno, una, que fue creciendo). Entonces vino una bici rodado 16… Y después la rodado 20, de adulto, guauuuuuuu…
    Eso sí, mis padres tenían claro que para la niña que hacía ballet y jugaba al voley tenía que ser una bici de paseo, y para la niña que jugaba a balonmano tenía que ser una bici de montaña… Menos mal que no tenían el mismo criterio para todo… :S

  13. Microalgo Says:

    Y tú, ¿cuál de las dos eras, PsS?

  14. Princesa sin Sapo Says:

    Adivina… (Prometo no mosquearme en ningún caso…)

  15. Microalgo Says:

    Te va más el voley (y el ballet).

    Pero sorpréndeme.

  16. Princesa sin Sapo Says:

    Mediocre en ambas cosas, pero sí, previsible…

    Aunque lo del ballet fue a petición propia, ¿eh? Que lo pedí desde pequeñita. Como prueba, prometo mostrarle algún día una foto mía con menos de dos años de edad (y bastante regordeta; es decir, irreconocible, je, je…) imitando a una bailarina de ballet. Lo del voley fue porque me llevé un pelotazo en la cara como guardametas de balonmano y decidí que quería conservar mi nariz en su lugar. Pero era malísima, así que también lo abandoné.

    Pero es Ud. clarividente…

  17. Koloke Says:

    Joer, mira lo que he encontrado por ahí:

    Te habría venido bien cuando eras shiquetito ¿verdad?

  18. Microalgo Says:

    Ahí va.

    Qué monada de aparatito…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: