Citas XXV

Si encontraba un pasaje difícil en un libro, Montaigne lo dejaba. Y es que él veía en la literatura una forma de felicidad. Como Borges, que decía que un libro no debe requerir un esfuerzo. Borges estaba de acuerdo con Montaigne, aunque le encantaba citar a Emerson, que contradecía a éste y, en un gran ensayo sobre los libros, decía que una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En este gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad, pero esperan nuestra palabra para salir de su mudez. Tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan (Enrique Vila-Matas: El mal de Montano).


Aprovechen el verano para leer.



Pero es verano, no se me pongan con Kant o Kafka. Aprovechen un poco y diviértanse a conciencia. Recomendaciones varias:

Por derecho de nacimiento pertenezco a los que se suele denominar la purria. Somos un grupo numeroso, discreto, muy firme en nuestra falta de convicciones. Con nuestro trabajo callado y constante contribuimos al estancamiento de la sociedad, los grandes cambios históricos nos resbalan, no queremos figurar y no aspiramos al reconocimiento ni al respeto de nuestros superiores, ni siquiera de nuestros iguales (Eduardo Mendoza: La Aventura del Tocador de Señoras).

Mendoza es una garantía de buena literatura y, siempre, de pasar también un rato estupendo, cosas ambas que no tienen por qué ir de la mano (véase a Proust o a Alejandra Pizarnik). Este libro es una prueba de ello (el tercero en el que aparece el innominado protagonista majareta de “El misterio de la cripta embrujada” y “El laberinto de las aceitunas”).

Oí música y el cielo se llenó de fuegos artificiales. Ya la tengo, me dije, sabiendo que en realidad era ella la que me tenía cogido por las pelotas, que es el sitio donde veranea el corazón (Félix J. Palma: La Hormiga que Quiso Ser Astronauta).

El fraseo de Palma es fantástico. Este libro, que me leí a velocidad de vértigo (porque Palma tiene la facultad de engancharme en la lectura hasta el vicio más insomne), está llenito de líneas magistrales rodeadas de líneas buenísimas.

Samantha sería atractiva ―dijo Octavia exasperada― si no estuviera siempre pensando (Joyce Carol Oates: Las Hermanas Zinn).

La neoyorkina tiene su punto. Esta especie de “mujercitas” poco tiene que ver con la obra de Alcott, créanme.

El verano tiene el inconveniente de que uno puede llegar a desquiciarse imaginando que no hay feas en el mundo (Lorenzo Silva: La Flaqueza del Bolchevique).

Y cuantas más cosas leo de Silva, más me gusta. Y esta cita (ruego me disculpen) la recuerdo cada verano desde que la anoté.

De todas formas, nos guste o no ― y en general no nos gusta ―, lo cierto es que en vísperas de nuestro cuarenta cumpleaños comienzan a suceder fenómenos inéditos dentro de nuestra cabeza. «¿Como por ejemplo?» Pues no sé… resulta difícil explicarlo si no es mediante el procedimiento de dar alaridos de fiera traspasada por una lanza, pero, en fin, digamos que, en líneas generales, te sientes como debe de sentirse un boxeador que se orina de pronto en su calzona de satén escarlata cuando está tirado en medio del ring con la mandíbula rota, rodeado por un tipo que cuenta hasta diez y por otro tipo que parece tener muelles en las zapatillas (Felipe Benítez Reyes: El Pensamiento de los Monstruos).

Un día tengo que hacer otro estadístico. “El Novio del Mundo” es el libro del que creo que más citas he sacado (noventa y dos), pero si buscamos el premio por densidad, de citas dividida entre el número de páginas, creo que es “El Pensamiento de los Monstruos” el que se lleva el “andtheoscargoesto”. Ambos del mismo autor, por cierto. Como ya he dicho unas cuantas veces, no se pierdan ni uno ni otro.

Nunca tan reñidas la moda y la belleza (Stendhal: Rojo y Negro).

Tal vez Stendhal pensaba en el verano en el que tanto sonó el reggetón, con un siglo de antecedencia.

― Señorita, ver bien es importante. Cuando Usted va a los conciertos ¿Prefiere la primera fila o el fondo?― dijo Gordon.
― Señor, cuando una vaca levanta el rabo ¿Usted se aleja o se acerca a ver qué pasa?― contesté.
(Stefano Benni: Margherita Dolcevita).

Benni es otro seguro infalible para pasar un buen rato, aunque bajo su mordaz prosa se esconda una crítica un tanto desencantada de la realidad. Siempre merece la pena, de cualquier modo. Y Millás es otro para echarse bajo el brazo en verano. Bueno, a él no, pobretico mío. Me refiero a sus libros. No se me líen con el tropo.

Ahora ya lo entiendo todo. Lo malo es que ha coincidido con una época en la que no comprendo nada (Juan José Millas: Articuentos).

La gente necesita creer en esto o en lo otro para levantarse todos los días de la cama. La historia de la humanidad está hecha de individuos que creían en cosas absurdas. Pero gracias a esas creencias tenemos las pirámides de Egipto y el Partenón de Atenas y las cataratas del Niágara (es un decir), y la cúpula de San Pedro. Entiendo, pues, que alguien desayune haciendo planes para descubrir la existencia de los artibos, que son una cosa que me acabo de inventar (Juan José Millás, El País, 6 de Abril de 2001).

Y bueno:

Si pretendes arrojarte de un séptimo piso, no me lo digas, no sabes lo poco que me preocupan tus intenciones, tú salta, no te entretengas, suelo mirar las necrológicas (Lenisio Dimas: Coge algo de abrigo, que nunca se sabe. Raramente tengo ideas: http://raramente.bitacoras.com/).

Cuando les sugiero que lean incluyo en mis recomendaciones algún que otro blog, por supuesto… si andurrean por el de Lenisio Dimas se pueden llevar alguna agradable sorpresa, aunque sea a base de un humor más negro que el carbón. ¿Quieren otro ejemplo?

― ¿Viviré? ―preguntó su mirada, fija en su esposa, siempre a su lado. Intentaba conseguir esperanza, pues ya sólo podía mover los ojos. Ella, con tono amoroso, le susurró al oído:
― Lo dudo. Me ha costado mucho dejarte como estás, y el cirujano es mi amante.
(Pedro Fernández Urtasun: Quirófano).

Tomen. Otros autores hacen también del humor negro un arte refinado:

― ¡Dios mío! ¿Se han perdido vidas?
― A montones, diría yo. La segunda doncella ha identificado ya tres cuerpos que pasaron flotando junto a la ventana de la sala de billar con el joven con que estaba comprometida. O bien se ha comprometido con una gran parte de la población de por aquí, o es muy descuidada en las identificaciones. Claro que podría tratarse del mismo cuerpo dando vueltas y vueltas en un torbellino; no había pensado en eso.
(Saki: Animales y más que animales).

Incluyendo, claro está, los ataques a uno mismo dentro de este oscuro género:

Si he de elegir vivir conmigo misma o hacerlo con Dios, prefiero esto último. No puedo decir que crea en Dios. Pero sí puedo declarar que no creo en mí misma. Y esto es lo que yo llamo un verdadero problema de fe (Ana Caína: http://iconoplasta.blogspot.com/).

Grande, la Caína, dentro de su pessoístico desasosiego.

Y en fin. No pierdan de vista tampoco, este verano, a los clásicos:

No debemos hablar nunca ni bien ni mal de nosotros mismos; bien, porque no nos creerían, y mal, porque lo creerían demasiado fácilmente (Confucio, 551-479 a.C.).

Hace como dos mil quinientos años, que se dice pronto. Y a ver quién es capaz de decir que ha perdido vigencia la obra de este caballero. Lo dicho: tampoco descuiden a los clásicos en sus lecturas. No todo va a ser Harry Potter.

En las más críticas circunstancias no pierden los grandes corazones el valor, ni los buenos estómagos el apetito (Alejandro Dumas: Vente años después).

Oigan. Empiezo a tener hambre. Puede que alguna vez el valor me flaquee, pero lo otro…

Un motivo más de juerga literaria es meterse con el elenco femenino (ya veo a Carmen Moreno elevando su brazo ejecutor), ya sean pertenecientes a la familia política…

Varias veces sentí una fuerte tentación de dispararme un tiro en la cabeza… y lo habría hecho de no haber pensado en el placer que ello proporcionaría a mi suegra (Susanna Clarke: Jonathan Strange y el Señor Norrel).

…simples ex-parejas…

«No vas a encontrar a otra mujer igual», me reprobó mi padre, y recé para que fuese así (Felipe Benítez Reyes: Mercado de Espejismos).

… o féminas en general, así en plan jardielponcelianamente.

Cuando las mujeres se besan, siempre recuerdan a los boxeadores profesionales cuando se estrechan las manos (Henry Louis Mencken, pensador estadounidense, 1880-1956).

Y en fin, no se lo tomen muy a la tremenda. Hay tela de cosas por leer este verano: no se me aburran. Besotes.

2 comentarios to “Citas XXV”

  1. Rímini Says:

    Siempre aprendo con esta sección. No se si son mejores las citas o los comentarios.

  2. Microalgo Says:

    ¡¡Gracias, resalao!!

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