Radiochorradas cuánticas

Siempre he creído que “No matarás” figuraba el primero de la lista. El Número Uno. Codiciar el culo de tu vecina, obviamente, era una cosa que había que evitar; y en el mismo estilo, cometer adulterio, no honrar a tu padre y a tu madre e inclinarse delante de las imágenes.
Pero No Matarás. Éste sí que es un mandamiento. Es el que cualquiera puede recordar, porque parece el más correcto, el más verdadero, el más absoluto.
El que todos olvidan es aquel referente a no levantar falso testimonio. Parece poca cosa comparado con No Matarás. Una fruslería. Una multa de aparcamiento.
Pero cuando te lo lanzan a la cara, y cuando tus vísceras reaccionan segundos antes de que tu cerebro haya tenido la oportunidad incluso de digerir lo que has oído, te das cuenta de que la vida, la moralidad y los valores no parecen funcionar de la manera que tú creías.
(Hugh Laurie: una noche de perros).


Bienvenido a la Universidad Privada
de Carajotadas Incombustibles.



Un buen amigo del que me temo que padece una credulidad desaforada me ha mandado, con toda la buena intención, este enlace.

No, no lo vean entero si tienen algo mejor que hacer. Rascarse una oreja, por ejemplo. Yo mismo no he podido verlo todo porque a) es larguísimo b) en cuarenta segundos uno se da cuenta de que el entrevistado no dice más que frases absurdas, chorradas sin sentido, estupideces para paletos que se asombran ante palabras de más de tres sílabas (“Instituto para el Desarrollo de la Radiofrecuencia Cuántica Avanzada Diferencial” es un título en el que, quitando artículos y preposiciones, todo tiene más de tres sílabas).

El líder de este Instituto es un tal Rafael López Guerrero, al que se anuncia como doctor ingeniero en telecomunicaciones, doctor en administración de empresas y licenciado en derecho, aunque él se autodenomina sólo “científico”.

(Su currículum y formación reales, aquí).

Mire, no.

Un científico NO ES necesariamente un humano que haya estudiado una carrera científica (formación, que por cierto, este señor no demuestra tener). De hecho, el mayor ecólogo español de todos los tiempos (eh, he dicho ecólogo, no me lo confundan con naturalista ni mucho menos con ecologista), que fue Don Ramón Margalef, comenzó como empleado de banca.

Un científico, señor López, es una persona que aplica un método muy específico (denominado, obviamente, método científico) con objeto de ampliar conocimientos en un campo concreto o de resolver un determinado problema. Si lo utilizamos como adjetivo, sólo es aplicable a aquello que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de las ciencias. Lo siento. A lo que no es, no lo vamos a llamar así sólo porque a alguien le convenga impresionar con el término.

El método científico se sustenta sobre dos pilares básicos: la reproducibilidad y la falsabilidad. Es decir, que todo experimento científico debe poder ser reproducido y que debe poder ponerse a prueba su veracidad.

Y bueno. En el correo que me enviaron el cuerpo del texto rezaba:

La Verdadera Ciencia está hoy mucho más avanzada de lo que nos imaginamos y de lo que muchos quieren contarnos. Pero parte del mundo sigue funcionando por inercia con arcaicos y densos conocimientos sin querer abrir los ojos a lo que ―por fin― la ciencia ya ha demostrado:

Que todo es mental
Que vivimos en una realidad virtual (en un holograma)
Que podemos determinar nuestro destino
Que la muerte no existe
Que el tiempo es una creación del ser humano
Que podemos comunicarnos con el Universo a través de la Radiofrecuencia Cuántica Diferencial
Que Dios (entendido como una Energía Inteligente Universal) existe y que se puede demostrar empíricamente.

En la entrevista, atendida a salto de mata porque no hay quien soporte el fraseo delirante de este caballero durante más de diez segundos seguidos, se mezcla la resonancia Schumann (ojo al link en la Wikipeida con las pseudociencias) con los niveles de inteligencia y la genética, la teoría de cuerdas, la teología, los rayos gamma… incluso tiene la desfachatez de intentar citar como apoyo de sus teorías a Carl Sagan, que, de estar vivo, le habría metido un zapato en la boca.

“La radiofrecuencia cuántica diferencial son los paquetes de datos que vienen del universo, el universo se expresa, si los captamos y los transmitimos eficientemente, alcanzamos lo que es la felicidad”

“Somos de nivel tres de inteligencia en un cuerpo de nivel cero; es decir, el cuerpo sólo representa el tres por cien de nuestra genética, pero el noventa y siete por cien de nuestra genética lo estamos empezando a conocer ahora, y ese noventa y siete por cien (el ADN basura) es el que determina el tres por cien restante…”

“El universo es una inteligencia superior”

“Según la teoría de cuerdas, el universo está dividido en planos, planos de conciencia superior”

Y así hasta la náusea, que se adviene pocos segundos más tarde, si uno insiste en seguir escuchando.

Y bueno. Un asombro y una pregunta (duda) matizada.

El asombro es acerca de la posibilidad de que haya alguien que lo oiga y diga “uuuh, flipante tío, qué fuerte, cómo no he podido verlo antes, si es que tiene razón”.

Y la duda me surge al plantearme si este tío no estará quedándose a propósito con el personal, para hacer un estudio de cuánto pirado hay por el mundo. El matiz vendría por un posible guiño a los espectadores atentos y cuerdos, que confirmaría que el entrevistado no dice más que cosas beodas: dos botellas a la izquierda en la imagen, una de cristal tallado (imposible determinar su contenido) y la otra, inconfundible, de Becherovka, licor nacional checo fabricado en Carlovy Vary, de unos 38 graditos de contenido alcohólico (aparte de los besos largos que el entrevistado le pega a un tubo de cerveza durante la entrevista).

Pero, ay. Me temo que esto último no es más que el reflejo de mi natural optimismo como microalga marina que soy. La navaja de Occam apunta más hacia otras dos posibilidades.

Una es delirante: que el entrevistado se crea, de verdad, lo que dice, en cuyo caso estamos ante un ejemplo más de lo mal que funcionan las instituciones psiquiátricas de este país.

La otra es inquietante: que el tipo sea un jeta que utiliza esa verborrea sectaria para confundir a ignorantes y llevárselos al huerto con muy diversas (aunque todas aviesas) intenciones: económicas, mediáticas o follatrices. Si fuera así estaríamos ante otro ejemplo más de lo mal que funcionan las instituciones judiciales de este país.

Mi hermano Anaxágoras estuvo a punto, cuando no existían los blogs, de crear una página web (así la etiquetaba él, por aquél entonces) denominada “Martillo de Herejes”, donde dar cañita brava a los que jorobaron a Galileo (algún defensor de estos creo que ahora ocupa un puesto de cierta responsabilidad), a los que quemaron a Giordano Bruno o a Servet, a los adivinos de la tele y a los mercachifles de la pseudociencia, tales como el menda éste de las radiochorradas.

Le animo a buscar tiempo y concretar su antigua idea. Seré su lector incondicional.

[Por cierto. La cita de inicio es de una novela policíaca que no está nada mal. Y sí, ese tal Hugh Laurie es el actor que encarna al conocido médico sieso. Citable, el tipo, como escritor. Gracias por el regalo, Maese Peter (donde quiera que esté)].

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9 comentarios to “Radiochorradas cuánticas”

  1. Salamandra Says:

    En el debate de los escepticos/ateos vs. creyentes/teistas, siempre sale el argumento: “tú crees en la ciencia” y a partir de ahí se analiza la ciencia como si fuera una religión más.

    Lo que traes hoy es desde mi punto de vista un caso de “sincretismo religioso” entre “ciencia” y gilipollez.

    He mirado su web y creo que venden consultoría, también hay unos artículos “científicos” curiosos. Analizado lo anterior la segunda hipótesis parece bastante plausible.

  2. Portorosa Says:

    Pues es flipante, realmente.

    Manda carallo.

    Un abrazo.

  3. NáN Says:

    A mi hijo le suelta la palabra Margalef y empieza a salivar. A veces lo he dejado hablándome en el sofá de ese hombre, porque se le ponen los ojos en blanco, y me he ido a la cocina a hacerme un café y fumarme un cigarrito, con tiempo a regresar y, mientras él toma aire, decirle “sí”.

    Lo malo es que usted no tiene ninguna posibilidad de salir en un tabloide ni ser citado en los programas de las televisiones que concedió Esperanza Aguirre, pero ese señor sí. Por supuesto, hablando como científico. Lo de las peer-review, las demostraciones, el seguimiento de un método, son cosas de sinvergüenzas que chupan el dinero público. Debería darle vergüenza, aumentar la deuda fiscal de ese modo.

    Páguele unas cañas a Anaxágoras, y tráigame el tíquet (de cabeza, no en papel) que yo se las pago, diciéndole que va a cuenta de esa “página web” que tiene que crear.

    A ser posible, antes de que Salsa Rosa presente a Pitita Ridruejo como Doctora en Ciencias.

  4. Microalgo Says:

    Se le nota el tirón ecólogo a su hijo, Nán… el tipo no era para menos. Además, era ameno. Un ejemplo: el adjetivo “aposemático” se aplica a los colores (o la combinación de estos) que exhiben ciertas especies para anunciar que son peligrosos (sea esto verdad o puro disimulo de la especie): es decir, negro y rojo, verde y rojo, amarillo y negro… en un tratado sesudísimo, Margalef ponía como ejemplo de colores que avisan peligro… a los taxis de Barcelona. Un crack.

    Se lo diré a mi hermano, lo de las cañas. Conociéndolo, sólo acepatará si se toma Usted otras tantas a su cuenta, con lo que la cosa degenerará en curda irremediable. Yo me apunto y las incrementamos en un treinta y tres por ciento.

    Y sí que es flipante, Portorosa. Es que si uno dice algo y argumenta “me lo ha dicho Dios”, pues vale, no hay quien lo contradiga. Pero lo que hace este tío es pegarle a un balón de playa con un bate de baseball y decir que es futbolista. Profesional. Ni más ni menos.

    Y es cierto, Salamandra. Parece que el motivo es crematístico. Lo que no entiendo es cómo las autoridades no ponen coto. O el Santo Oficio, vamos, que ya sabemos que el último Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (su nombre actual) está en un buen carguito, ahora.

    Tch. Y eso que nadie se espera a la inquisición española

  5. NáN Says:

    Bueno, pues si las vamos a tomar cada uno solo en su sitio, lo mejor será que hagamos un hueco para vernos y tomarlas los tres juntos, ¿no crees? De verdad que la cosa cambia mucho.

  6. Microalgo Says:

    Hombre, por favor. No compares. A mi hermano va a ser difícil arrancarlo (ojalá)… pero la próxima, en la Villa y Corte, Vuesa Merced y yo podemos tomarnos las nuestras y las suyas.

  7. carrascus Says:

    D. Micro… mire que le he dicho veces que no hay que creerse todo lo que sale en internet…

  8. Rímini Says:

    Me encanta aquello de… “alcanzamos lo que es la felicidad”. El claramente sobrante “lo que es” (al igual que otras expresiones como “lo que viene siendo”) es muy utilizado por aquellos que no saben bien lo que están diciendo. Tal es es el caso.

    Esto es (lo que es) un papafrita, en mi tierra.

  9. Microalgo Says:

    Como el profesor Magnetics… “¡¡tozes, tozes!!”

    (Es una vieja historia de Maese Rímini).

    Tenemos que retomar la sana costumbre de zampar algo juntos aunque sea una vez al mes (o así), Maese Rímini. A ver si sí.

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