Sacerdotisa

Su religión es de lo más estricta. Se lo prohíbe casi todo, menos las alfombras (Susanna Clarke: Jonathan Strange y el Señor Norrel).


De vuelta a su templo
sin haber salido de él.



Tarde o temprano tenía que escribir este post, que no tiene más utilidad… que el resto de los mismos, en realidad. Ninguna. En todo caso, afronto las consecuencias de lo escrito.

En fin.

Aún a riesgo de parecer un creído, debo construir tal frase como la que sigue (luego explico):

Cuando yo me muera (que, obviamente, me moriré), prohíbo desde ya que se me rinda culto.

No porque de pronto me crea calígulamente divino ni nada de eso. Es sólo que no quiero ocupar el tiempo, el PRECIOSO Y ESCASO tiempo que tienen los humanos vivos para hacer lo que su metabolismo les permite: vivir.

Una noche de farra sí, claro, como ya describí alguna vez. Gran pedal etilicofestivo y ya. A otra cosa.

Porque no creo que ningún fallecido en su sano juicio, si se me permite la expresión, haya deseado nunca que otra persona se erija en oficiante exclusivo de su recuerdo, malgastando así el sacerdotiso su propia vida. Es más: si el que se ha ido quería bien al que se queda (y si pudiera verlo), contemplaría con tristeza cómo se va el tiempo del vivo en puro humo (de incienso, en este caso).

Quién seré yo para decir qué, me espetará Usted. Pues alguien con la suficiente perspectiva (y cualquiera puede tenerla, no es un don especial) para conocer que duramos lo que una flor en la cuneta y, sin llegar a hacerle la pascua al prójimo bajo esa primera premisa, hay que exprimir la vida todo lo que se pueda, que para luego es tarde.

Vivir es una actividad fantástica y excepcional en el Universo. Tan excepcional que aún no conocemos otro sitio donde se realice (ya me salió la vena cósmica del post anterior. Disculpen, es que lo tengo reciente). No deberíamos poder permitirnos el lujo de dilapidar nuestro tiempo por más que tengamos vocación de nadie.

Vivir, reír, comer, cantar, beber y querer. No me usen el Zen como excusa para esconderse del mundo, que no cuela.

Y en fin, ya lo he soltado. Para nada, seguro, pero ya conocen mi naturaleza lenguaraz (o teclaraz).

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10 comentarios to “Sacerdotisa”

  1. NáN Says:

    Pues contesto en plan contestatario. Estoy de lo más borde últimamente.

    Hay una cosa, querido mío, que ha inventado la gente y se llama “duelo”. La gente a veces es lista; no siempre, porque también inventó a Dios y las religiones se han hecho cargo del control del invento, con consecuencias nefastas. Pero en esto ha sido lista, porque el duelo sentido es un ajuste a una realidad. Lo moderno es no pensar en la muerte, ni siquiera mentarla; cuando está ahí como una cosa más.

    El duelo, como digo, me ha sido necesario siempre. Así que he tomado una decisión. Si usted se muere antes, cosa que no me extrañaría porque estos empiezan por quitarle un 5% y luego los otros lo van varear de verdad, sin contar con la frustración de que le cambien los microscopios por lupas de papelería (ni si quiera de ópticas), le voy a hacer un duelo que se caga la perra. Y mucho alcohol.

  2. Salamandra Says:

    Yo paso de dar instrucciones, no me hacen caso vivo, imagínense cuando me muera.

  3. Microalgo Says:

    Bueno, Salamandra. A Usted no le iba a importar ya mucho la cosa… Pero no deja de dar rabia, ¿verdad?

    Y claro que sí, Nán. Que los duelos son necesarios es innegable. Pero una cosa es eso y otra enterrarse con el Faraón, que eso no es un duelo, sino un suicidio. Y tampoco soy yo quién (lo admito) para decir cuánto debe durar un duelo: debe durar lo que dure. Pero no deberíamos hacer lo posible por alargarlo, sino todo lo contrario.

    Y también habrá que dejar que nuestros amigos hagan su trabajo y nos vayan curando, ¿o es que ellos merecen menos consideración que el fallecido? ¿Tenemos que regalarles la pena de vernos en estado de Game Over para el resto de la vida?

    Decía una amiga mía y de la Dama de los Lunares que esas cosas no se superan: se acostumbra uno. Tal vez sea verdad, pero sigo opinando que poner algo de nuestra parte por salir del hoyo negro de la pena es un buen homenaje para los que se fueron, sobre todo si se reían y sabían vivir.

    Y no es borde, Usted. Le cito a un admirable beocio:

    No necesito un amigo que cambie y asienta conmigo (pues mi sombra hace mejor esas cosas), sino que diga la verdad y que me ayude a decidir (Plutarco: Cómo Sacar Provecho de los Enemigos).

    Si considero que su opinión no vale lo que la mía es porque pienso que vale más. No se corte, pues.

  4. Rímini Says:

    Yo brindaré (y espero que usted haga lo mismo, en función del orden que el azar nos designe) con una Guinnes y mi copa, al no chocar contra su copa compañera, derramará su caldo sanador sobre nuestras huellas.

  5. H. Lecter Says:

    Si algún elemento se pusiera pesadito con lo de “ojomenearle” el cadáver, disponga en sus últimas voluntades que las pompas fúnebres deben concluir con el canibalismo ritual de sus vísceras. Tenga por seguro que se les quitarán las ganas de “ojomeneos”. Y servidor, no se preocupe, prefiere la caza viva. }:-E

  6. laluli Says:

    Debe ser mas fácil de decir que de hacer…

  7. Sérilan Says:

    Oiga Don Micro, llegado el caso al menos nos podrá permitir derramar alguna lagrimita no..??
    Es que he oido que ademas de aliviar la angustia “que su pérdida nos produciría” hace un buen aclarado y centrifugado a los ojos y los queda como nuevos.
    Ay…que cosas se le ocurren a usted…

  8. Silvia Says:

    Hola!

    Nada tiene que ver el zen con esconderse de los acontecimientos, es una manera errónea de entenderlo. Si bien es verdad que para ciertas actividades como meditar, concentrarse o realizar sus evacuaciones, incluso para hacer el espacio necesario para dejarse encontrar por una hipótesis, son necesarios ciertos elementos como cierto silencio y recogimiento, puede que retirarse de los demás, o según cada cual.

    Bonito arcano mayor.

  9. lu Says:

  10. Microalgo Says:

    Manuel Molina y la eutrofización de acuíferos…

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