Nuestros lagartos

El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio (Sir Winston Churchill).


Democráticamente elegido.



Douglas Adams, en su libro “Hasta Luego y Gracias por el Pescado”, que es la última entrega de la saga de “La Guía del Autoestopista Galáctico”, describe el primer contacto oficial de una civilización extraterrestre con los humanos. Un enorme platillo volante aterriza en Harrod’s, devastando el edificio y causando miles de víctimas. Del platillo baja una típica rampa (que pulveriza varios bloques de viviendas, de paso) de la que desciende un robot que, tras anunciar que viene en son de paz, solicita una entrevista con “el Lagarto”.

Ford Perfect, un extraterrestre amigo de Arthur Dent (el terrícola protagonista de la saga) le aclara a éste que no es una civilización de lagartos aquella de donde proviene la nave alienígena. Que los de ese planeta son “gente”, pero que es una democracia muy antigua, donde los dirigentes son lagartos que se eligen democráticamente, y que son odiados por todos los habitantes de ese mundo…

― Qué raro ―comentó Arthur―, te había entendido que era una democracia.
― Eso dije. Y lo es ―aseguró Ford.
― Entonces, ¿por qué la gente no se libra de los lagartos? ―preguntó Arthur, esperando no parecer ridículamente obtuso.
― Francamente, no se les ocurre. Todos tienen que votar, de manera que creen que el gobierno que votan es más o menos lo que quieren.
― ¿Quieres decir que efectivamente votan a los lagartos?
― Pues claro ―repuso Ford, encogiéndose de hombros.
― Pero ―objetó Arthur, volviendo de nuevo a la gran pregunta―, ¿por qué?
― Porque si no votaran por un lagarto determinado ―explicó Ford―, podría salir el lagarto que no conviene. ¿Tienes ginebra?
― ¿Qué?
― He preguntado ―dijo Ford, con un creciente tono de urgencia en la voz― que si tienes ginebra.
― Ya miraré. Háblame de los lagartos.
Ford volvió a encogerse de hombros.
― Algunos dicen que los lagartos son lo mejor que han conocido nunca. Están totalmente equivocados, por supuesto, entera y absolutamente equivocados, pero alguien se lo tiene que decir.
― Pero eso es terrible ―observó Arthur.
― Mira tío ―repuso Ford―, si me hubieran dado un dólar altariano cada vez que alguien mira a una parte del Universo y dice «Eso es terrible», no estaría aquí sentado como un limón esperando una ginebra. Pero no tengo ninguno, y aquí estoy. De todos modos, ¿por qué tienes ese aire tan plácido y los ojos como platos? ¿Estás enamorado?

El que tenga oídos que oiga, al que aún le queden dos neuronas vivas que entienda.

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8 comentarios to “Nuestros lagartos”

  1. NáN Says:

    Y esto, ¿qué tiene que ver con los mercados financieros? Nadie los elige, ellos nos crisean, ellos nos prestan lo que no es de ellos hasta que nuestra deuda es tóxica, ellos reciben nuestra pasta, ellos nos dicen lo que tenemos que hacer y, si no lo hacemos, cambian la calificación de la deuda y tenemos que pagar al mes 3.200 euros por el coche y 14.000 euros por la hipoteca.

    Usted me perdone, pero creo que todo el mundo está mirando el dedo que señala.

    Y como guinda del pastel, hablamos de políticos atados de pies y manos y no hablamos de la fábrica de cuerdas.

  2. Microalgo Says:

    Oiga, yo hablaba de extraterrestres.

    No, en serio: es obvio que lo que Usted anota es cierto, pero los únicos que pueden poner coto a tales desmanes (como decía su tocayo Serrat) no parecen tener instrumentos (o voluntad) para hacerlo… ¿Puede darse el caso de que el dedo señalador pertenezca al organismo señalado? Sería un recontraretruécano similar al que intentaba un pinzón amaestrado que tenía Konrad Lorenz, que viajaba en el bolsillo de su chaqueta y que a veces intentaba convencer al científico austriaco, con gestos similares a los que usa esa especie para indicar lo que tienen que hacer a las crías, para que él mismo se metiera dentro de su propio bolsillo de la chaqueta (dado lo bien que se estaba allí).

    Y bueno: el pataleo es un derecho contemplado en la constitución…

  3. NáN Says:

    Y hasta las pitadas, Sire Don Quijote, pero desde mi burro veo yo que nos enredamos con molínos de viento y dejamos el aire sin su debido enfrentamiento.

  4. Salamandra Says:

    Teniendo en cuenta a quien se refiere con los lagartos:

    “Me cago en los lagartos”.

    Y me disculpan el exabrupto.

  5. NáN Says:

    Yo también me cago, ¿eh? Pero mi intención era que no nos olvidáramos de la Gran Serpiente.

  6. laluli Says:

    Nan, tienes razón, pero los lagartos, tanto en tiempo de crisis como en tiempo de bonanza, son unos impresentables en su mayoría. Una cosa no quita la otra.

  7. NáN Says:

    ¿Y no resulta enigmático, Laluli, que a las elecciones se presenten los impresentables?

  8. laluli Says:

    Es que los presentables no llegan lejos en politica.

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