La importancia de los libros

Los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos (Roberto Bolaño: Los detectives salvajes).


(Naturaleza muerta con libros,
por supuesto de Botero, dado
lo gordos que son los libros estos).



A petición de Rímini.

Les propongo hoy que me cuenten qué diez libros les han marcado y, si lo saben, el motivo de tales marcas.

Y bueno, este sitio tiene reglas muy laxas. He dicho diez pero podrían ser tres o doce. Están Ustedes en su casa.

Ahí van los míos.

Uno. Para empezar, La Isla del Tesoro, de Stevenson. Es de los primeros libros que recuerdo haber leído, y me pareció fantástico. De hecho, me lo sigue pareciendo.

Dos. Henry y Pelanas, de Beverly Cleary. Éste libro se editó en España en el 70, así que háganse una idea de cuándo me lo leí yo. Creo que es el primer libro que me compré (o mejor, que pedí que me compraran) porque debió llamarme la atención la ilustración del niño pecoso y desastroso en la portada (Henry) cargando con un enorme salmón en sus brazos, acompañado de su desmadejado perro (Pelanas). Aún recuerdo algunos capítulos de este libro infantil. Qué neuronas más extrañas tengo. Y vale, el que haya empezado su vida lectora escudriñando a Kafka y a Kierkegaard, que levante el pubis. Yo podría haber citado a Richmal Crompton con su Guillermo, pero a ése lo descubrí más tarde.

Tres. El Señor de los Anillos de Tolkien. Que me mire con la ceja arqueada, también, el que quiera. Este libro es la repuñetera madre de todas las novelas de aventuras. Cuando me lo leí (apunto sin disimulado orgullo que, de los tres tomos de la Editorial Minotauro que compró mi hermano Anaxágoras, los dos primeros son primeras ediciones en castellano, y el tercero es una segunda edición) decía que cuando me lo leí me pegué, al igual que hizo Fernando Savater, un verano loco (hay un artículo que tengo guardado de este escritor, y que se llama “el verano loco de Sauron”, y va exactamente de esto). Mi hermano y yo quemamos (literalmente) las lamparitas integradas en los cabeceros de nuestras camas porque nos daban las cinco de la mañana y no podíamos dejar de leer esa pedazo de epopeya.

Cuatro. Fundación de Asimov. Para mí, una de las mejores narraciones de ciencia-ficción de todos los tiempos. Esta trilogía es una obra magna que desborda imaginación y perfección en cada párrafo: una novela redonda, magnífica, con protagonistas inolvidables (siempre parciales, la narración abarca un lapso de tiempo gigantesco), como el flemático y eficiente Hari Sheldom, y con hallazgos sorprendentes como la invención de la ciencia de la Psicohistoria (mezcla de historia, psicología, sociología y estadística, para predecir la dirección de la historia en el futuro).

Cinco. Sí, claro, Rayuela, de Cortázar. Huelgan comentarios, supongo. Cuando me lo leí, no sabía que se podían hacer esas cosas con el lenguaje. Esto me recuerda a un amigo mío de la carrera, que me contó que cuando tenía diecisiete años cayó (si se puede decir así) en manos de una vecinita de su edad pero, digamos, mucho más experta que él en ciertas lides. “No tenía ni idea de que se pudieran hacer esas maravillas”, me confesaba. Pues lo que la vecina a mi amigo, Cortázar al lenguaje. Lo mismo. Toditas las posturas, por aquí y por allá, al derecho y al revés. Todo.

Seis: Empresas y tribulaciones de Maqroll el gaviero, de Álvaro Mutis. El texto es densísimo, pero yo me bebí casi de una sentada estos dos tomos de literatura irreprochable, pulida, brillante y simétrica como un hacha neolítica y, como las armas prehistóricas, no exenta de la capacidad de producir notable desasosiego. Literatura no de la buena, sino de la mejor, en todo caso.

Siete y ocho. Tierra y Baol, los dos de Stefano Benni. Pavorosa mezcla de imaginación desbordada, humor… pero no se trata de humor vacío, porque detrás hay una denuncia implícita, a veces más agria y desengañada que ácida y corrosiva. Mi concepto de cuánto se puede reír uno con un texto cambió para siempre con el primero de estos dos libros, y en el segundo descubrí cómo se hace una novela perfecta, jugando con la sustancia misma de la que está constituido un personaje.

Nueve. En busca del tiempo perdido, de Proust. Que esta obra me haya marcado no quiere decir que me gustara. Me sirvió, sin embargo, para fijar mis gustos literarios, y a través de sus tres mil páginas de tedio me dio tiempo a añorar a Jim Hawkins, a Henry, a Pelanas, a Gandalf el Gris, a Hari Sheldom, a Ilona la Triestina, a Ku-Chulain, a Leoporello Tenzo-E-Atari, a Horacio Oliveira al Rey Theoden y a todos sus mariachis. Descubrí cómo no quería escribir si fuera escritor… ¿quién dijo algo de eso? Ah, sí, claro.

Cuando escribo un cuento, necesito tener claras tres cosas: cómo va a empezar, cómo va a terminar y cómo no quiero que sea. A partir de ahí, lo demás puede ser azaroso, al menos hasta cierto punto (Felipe Benítez Reyes: Laboratorio de irrealidades).

Y eso me lleva al décimo libro, El novio del mundo, precisamente de Benítez Reyes. Conozco a mucha gente a favor y a mucha gente en contra de esta novela (a la mayoría de unos y otros, el libro se lo recomendé -y a veces regalé- yo), pero ni las críticas más airadas me mueven un ápice de mi convicción de que es un libro magnífico, escrito con absoluto esmero, donde la historia puede ser sorprendente, pero lo es aún más la forma en que está escrita. Esa manera de escribir me resulta fascinante, cosa que ya saben los que siguen este blog, dada la cantidad de citas de ese autor (muchísimas, también, de ese libro) que suelo colarles de vez en cuando.

Y bueno. Su turno. Lo dicho: tres, cinco, diez o uno. Están en su casa. Un abrazo, Maese Rímini.

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33 comentarios to “La importancia de los libros”

  1. Sérilan Says:

    Sin duda “Cien años de Soledad” al que vuelvo en muchas ocasiones y donde mi imaginación danza libre a sus anchas.

  2. NáN Says:

    Aquí me lanzo*

    (1) Todos los libros de Guillermo Brown, simultáneamente con la Ilíada, la Odisea, el Lazarillo y varios clásicos españoles en unas ediciones juveniles que sacaba Aguilar y que mi hermano mayor me compraba.

    (2) Miguel Strogoff, algunas otras de Julio Verne y más de aventuras.

    (3) Todo Supermán, Vidas Ejemplares, Hazañas Bélicas, El Capitán Trueno, etc. que cayeranen mis manos. Más las colecciones frikis de cromos que daban con el chocolate Nestlé y tardabas dos años en hacerlas.

    (4) En el camino, de Kerouac, con todos los subcaminos posibles.

    (5) Kafka y Becket y algo de francés

    (6) El Quijote.

    (7) Cien años de soledad y los latinos del bum.

    (8) Tristram Shandy.

    (9) Las correcciones, de Jonathan Franzen.

    (10) Bolaño, Vilamatas y Marías (por ese orden).

    (10 + 1 y premio especial del público) El día del Watusi, de Casavella.

    *Esta lista puede cambiar de un día para otro con más facilidad que el viento.

  3. Microalgo Says:

    Hum, sí que me gustó “cien años de soledad”, Seri. No he leído Tristam Shandy (y ya me viene recomendado de otro sitio) ni el de Jonathan Frazen que nombras, Nán. Tomo nota, con suma atención.

  4. kina Says:

    ala, que me animo yo también:
    1. Cien años de soledad
    2. El pendulo de Foucault
    3. Pedro Paramo
    4. Babilonia de Juan Mari Irigoien (euskera)
    5. Obakakoak de Atxaga (euskera)
    6. Los hijos del grial de Peter Berling
    7. La trilogia de Mendoza: El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, El tocador de Señoras
    8. Narrazioak de Sarrionaindia (euskera)
    9. Sugeak txoriari begiratzen dionean de Atxaga (euskera)
    10. Jonathan Strange y el Señor Norrell

    Me pasa lo mismo que a NáN, la lista puede variar… segun como me haya levantado de la cama…
    Me apunto algunos que no me he leido de sus listas… ;-)

    A pasar buen dia!
    (uuuummmmm… se me ha abierto el ‘apetito de leer’)

  5. Portorosa Says:

    Pues es difícil decirlo.
    De entrada, de tu lista yo incluyo la serie “Fundación”, que en su momento me marcó también, y “El Señor de los Anillos”, que considero imprescindible y por supuesto ya un clásico.

    Más, sin orden: Guillermo Brown, algunas de Walter Scott, Richmal Crompton, claro, Los tres mosqueteros, Cien años de soledad, el mejor Vargas Llosa, supongo que Borges, Bukowski, El libro del desasosiego, El castillo y El proceso, el teatro de Wilde, norteamericanos contemporáneos (o casi) como Cheever y Mailer, Sherlock Holmes, Dickens, etc., etc. ¡Yo qué sé!

    Como decía, me resulta muy difícil concretar.

    ¡Ah, y Cosmos! El libro de la serie Cosmos, de Carl Sagan. En justicia, debería decir que aunque no es literatura y por tanto su influencia es distinta, es sin duda uno de los libros que más me han marcado. Tanto, que siempre digo que cambió mi vida; porque me hizo mirar alrededor de otro modo, porque me hizo admirar a hombres de ciencia y admirar la inteligencia, y añorar otra forma de ver la vida (poco habitual en España a lo largo de la historia), porque espoleó (con escasos resultados, eso sí) mi curiosidad, etc.

    Un abrazo.

  6. Portorosa Says:

    ¡Ah, y Dostoievski, sin duda Dostoievski!

  7. Salamandra Says:

    Por aquí están los míos:

    http://harmoniamacrocosmica.blogspot.com/2010/04/diez-libros.html

  8. carrascus Says:

    Pues en el primero coincido con usted, querido D. Micro, después de muchos tebeos, el primer libro que leí, regalado por mi tía y madrina Isabel, fue “La isla del tesoro”, que me encantó, y con el tiempo lo he recuperado en diferentes ediciones y traducciones. Una maravilla siempre.

    El segundo fue “Un capitán de quince años”, que me metió en Julio Verne para siempre, y del que he leído después algunas de sus obras en el original francés… aunque tampoco hay demasiada diferencia y dejé pronto de hacerlo.

    Coincido también con Serilan en “Cien años de soledad”, aunque luego García Márquez no siguió siendo de mis favoritos. Pero el mundo que abría esta novela era alucinante.

    “Las ratas” de Delibes me empujó de lleno a la narrativa española contemporánea… ahi puedes poner también “El Jarama”

    “Universo de locos de Fredrick Brown dio otra vuelta de tuerca a mi afición por la ciencia-ficción.

    Podría citar muchos títulos de novela negra, pero me ceñiré a dos: “Tatuaje” de Vázquez Montalbán creo que fue el primer paso para ese género en español, en el que luego me quedé para siempre con este autor y con Juan Madrid, Andreu Martín, Pedrolo, Pedro Casals, Julián Ibañez… y “La casa torcida” de Agatha Christie se desmarcaba de los cánones de esta autora, y es una de sus mejores obras.

    De mi época de joven rocker… “Factotum de Bukowski, “El libro de los mártires” de Michael Moorcock, “Miedo y asco en Las Vegas” de Hunter S. Thompson, “Basketball diary” de Jim Carroll, “El primer tercio” de Neil Cassidy, “Derramé whiskey sobre tu amigo muerto”de Raúl Nuñez, “Rey Muerte” de Nick Cohn (y su “Awopbopaloobop Alopbamboom, por supuesto, que tanto me enseñó y tanto me influyó en mis textos musicales), “Confesiones de un adicto a la esperanza” de Timothy Leary… tantos, y ya tan olvidados…

    Libros sobre música no te pongo ninguno más aparte del mencionado de Nick Cohn, porque no terminaría nunca…

    Y amor eterno a Juan Marsé y Eduardo Mendoza.

    …y a todos los que se me han quedado olvidados en este repaso mental a vuelapluma.

  9. anaxágoras Says:

    Hola (por fin)

    Ahí va eso. Para ser más friki que ninguno, ni los numero, porque no van en orden de importancia, sino según se me van ocurriendo.

    ESDLA (Baruk Khazad!, amigo Fran), por razones obvias, pero también El Silmarillion.

    Asimov y sus robots (nadie verá nunca la inteligencia artificial igual después de esto).

    Los “Diálogos” de Platón (aunque realmente sean de Sócrates, cosa que nunca he entendido). Eso me dió en qué pensar, y sí, me los leí en el antiguo BUP ¿y qué?. Sócrates debió ser de Cai, por lo que le gustaban los juegos de palabras y enredar con ellas para liar a la gente. Me divertía.

    Dioses Tumbas y Sabios (C.W. Ceram). Inició mi curiosidad por el mundo antiguo y la arqueología, los idiomas extintos, los orígenes de las civilizaciones.

    La Anábasis (Jenofonte) y La Odisea (Homero). Me los habré leido unas pocas de veces (aunque jamás confesaré cuántas veces he leído ELSDA, aunque me torturen con el hierro candente). El primero es un libro moderno escrito hace 2500 años. El segundo mantiene su estilo arcaico, pero con un moderno Odiseo haciendo de las suyas. Y después de leerlos, uno sabe cuál es la diferencia entre Occidente y Oriente. “Los griegos somos hombres libres que no se arrodillan ante ningún otro hombre, sólo ante los dioses”. Toma ya Jenofonte, con dos cojones.

    La Rama Dorada (J.G. Frazer). Texto mítico en Antropología Cultural. Origen de mi afición a coleccionar textos “raros”: Popol Vuh, Eddas, Bhagavad-Gita, Poema de Gilgamesh, Völuspa, etc.

    La Naturaleza (John Stuart Mill). Realmente podría servir cualquiera de Mill. Lo que me marcó fue su estilo “matemático” y “lógico”. Después de leerlo, uno tiene la sensación de haber seguido una cadena de razonamientos en la que ni falta ni sobra ningún eslabón, y no te queda otra que pensar que tenía más razón que un santo.

    Miguel Strogoff (Julio Verne). Es curioso. Cierto que La Isla de Tesoro me gusta más para leerlo, pero no estamos haciendo lista de los que más nos gustan, sino de los que más nos marcaron (o influyeron). Es un caso único entre las noveles de Verne, en las que el prota siempre es un tipo listo o/y astuto, ingeniero, inventor, científico. Este es El Héroe. d
    Desde luego, si tuviera que elegir a alguien de compañero de cordada, me pediría a Strogoff.

    Y recientemente,

    Genghis Khan (Jack Weatherford). Una biografía muy pero que muy trabajada de Genghis, pero también de su herencia (por todos los dioses y por ten-gri, el eterno cielo azul, no confundir con novelas históricas varias). Se ve Asia de otra forma después de leerlo.

    Fijo que me dejo unos pocos, y fijo también que de la la pila que tengo por leer, alguno estará en esta lista en un futuro.

    Y por cierto, microalgo, aún no he empezado con Viaje al Oeste … ahí lo tengo, aparcadito.

  10. Microalgo Says:

    Pues échele valor, Anaxágoras…

    Nos vemos en dos días. Hablando de libracos, para su egregia descendiente me he hecho con una trilogía que también pesa lo suyo. Ya le contaré.

    Tomo nota de Portorosa, Salamandra, Carrascus y Kina (algunos de los de esta últma, como no me los traduzcan)… También me gustó mucho el de Johnatan Strange y el Señor Norrel. Curioso, el libro.

  11. Pasquino Says:

    Buf! Qué de emociones: recuerdos, solidaridades, y descubrimientos todo en uno!
    Mi mente es bastante caótica, así que del remolino de pensamiento recojo alguno al vuelo. De lo que ya se ha comentado, El novio del mundo pasa – cómo no – a posición central (Ud. sabe). Cortázar también, comparto pasión por Rayuela (y un cierto fetichismo, lo tengo siempre conmigo en el trabajo) pero no puedo olvidar la primera lectura de Historias de Cronopios y de Famas. Me encanta que se haya citado a Atxaga y Montalbán; las mías son Obabakoak/Memorias de una vaca y Los mares del sur/El pianista. ¿Alguien citaba a Poe? si no, lo recuerdo yo ahora. Más cosas: Italo Calvino, desde Marcovaldo a las Lecciones Americanas (éste me encanta); en el hilo italiano aparece Benni (Ud. sabe también), y no por fastidiarle, pero Pane e tempesta. Grandes ratos con Millás, también Eduardo Mendoza y Marsé como citaba Carrascus… Huy! Aparece Perceval, el cuento del Grial! Ejem… y debe ser por vínculo francés-terribleadolescencia que voy directa a La felicidad de los ogros, de Daniel Pennac; y de ahí, faltaría más, a Alicia (hummm… tengo que volver a leerlo). Un lugar aparte merece Tooooooooooooodo Mafalda, otro que tengo en la estantería del trabajo, junto a Con ojos de niño, de Frato (Francesco Tonucci). Ay! Emerge El mundo según Garp, de John Irving. Y los primeros que llegaron: Arturo y Clementina, Cuando sea grande, Campos verdes, campos grises, el pequeño vampiro… ¡Roald Dahl! El polizón del Ulises, Krochmalna nº 10 ( y así me nasió la conciencia…). En fin: mente caótica (lo que no es igual que mentem capta, o eso espero).
    Besos encuadernados para todos

  12. Microalgo Says:

    Qué follón, Pasquino.

    Pennac es una asignatura pendiente para mí, desde luego.

    También debía haber hecho un hueco yo para Jardiel Poncela… en fin, demasiados.

  13. kina Says:

    voy tomando notas,
    madreeee… cuanto libro por leer aún!
    Maese Microalgo, si tiene interes en la literatura vasca, ya hay muchos traducidos (por ejemplo los de Atxaga… totalmente recomendables)
    un saludo,

  14. Microalgo Says:

    Pues tomo yo también nota, Kina. A ver qué oteo por ahí.

  15. juan antonio Says:

    A ver si aporto algo, no me voy a repetir con Vazquez Montalban, Gabo, Cervantes, con los que estoy de acuerdo.
    Yo voy a proponer, novela negra, Boris Vian y escupiré sobre vuestra tumba
    Historica, Nicolas Wilcox y la lapida templaría
    Atxaga el hijo del acordeonista
    Henri Böll, opiniones de un payaso
    Ernesto Sabato, el túnel
    Y una erótica que estoy leyendo ahora D. H. Lawrence, el amante de lady Chatterley.
    Tengo mas pero no quiero aburrir.
    Saludos

  16. Portorosa Says:

    ¡Alicia, Alicia, claro!

    Escupiré sobre vuestra tumba a mí me pareció tan tan desagradable…

    Un abrazo.

  17. lu Says:

    ¡Qué bien! ¡Cuánto libro! Tomo nota de los que no he leído.

    Esto para mí es complicadísimo, Microalgo, pero no me lo voy a pensar mucho, voy a vomitar. Hay libros que han significado un antes y un después en mi vida, así de heavy es lo mío con la lectura. No hay nada en el mundo que me guste más que leer, y mira que me gustan cosas…

    El Quijote. Por hacerme reír a carcajadas, que me encanta. Después otros libros me las han arrancado, como La vida exagerada de Martín Romaña de Bryce Echenique, que me daba hasta dolor de barriga abrirlo.

    Cien años de soledad. Dice mi padre que lo leí por primera vez con 11 años y me hice un árbol genealógico para no perderme entre tanto Buendía. Mi infancia fue rarita, duró muy poco.

    Libros clásicos de aventuras perdí la cuenta.

    Rayuela, por todo eso que dices.

    Trópico de Cáncer de Henry Miller. Me encanta la literatura guarra. De Miller me lo leí todo siendo adolescente y pasé a D.H. Lawrence, Bukowski, Ginsberg… pero me quedo con el Marqués de Sade, que no hay quien le gane en eso del guarreteo.

    Muchos de Vargas Llosa. Aunque me cae fatal, este hombre tiene el don de cambiar de estilo como de camisa y escribir casi siempre obras maestras: La guerra del fin del mundo, La tía Julia y el escribidor,…

    Cheever.

    Carpentier.

    Sábato.

    Benedetti.

    En busca del tiempo perdido. POR SUPUESTO.

    Crimen y castigo de Dostoievski. Y me enganché a los rusos. Siempre digo que soy como un personaje de Tolstoi, jajaja.

    Muchos surrealistas. André Breton, Louis Aragon, Apollinaire, Paul Eluard. Incluyo también a Boris Vian en este saco.

    Las vírgenes suicidas, de Eugenides. Pequeño pero matón. Después vendría la película a verificar la norma.

    Suite Francesa, de Irène Nemirovsky.

    Los Detectives Salvajes de Bolaño. Me vo ló la ca be za.

    La decisión de Sophie, de William Styron.

    La broma infinita de Foster Wallace. Me lo acabo de leer. Ha sido una tarea titánica pero me ha meneado por dentro.

    Y paro ya.

    Besitos.

  18. NáN Says:

    ¡Por Dios! Me olvidé de Rayuela, otro de mis libros-bomba, que diría el Teniente Oreja.

  19. Microalgo Says:

    Y Bolaño, claro.

    Y Salgari, que miren Ustedes que escribía chungamente, pero a uno le enganchaba de pequeño y…

  20. juan antonio Says:

    Me deje en el cajón algún libro mas, de García Marquez, Todos los cuentos, os lo recomiendo, y de Henry Miller, Plexus y sexus, Lu estos son mejores que trópico de cáncer, el de Rayuela lo siento pero lo deje a medias, será hora de retomarlo por lo que decís, y para acabar cualquier de Vilas Matas. Aunque por lo que veo coincidimos bastante todos en cuanto a autores.
    Saludos.

  21. piero Says:

    Casi por orden cronológico (e intentando no repetir demasiado de lo que ya se mencionó).

    1. En mi infancia tebeos, tebeos y más tebeos… Con “Pumby” prácticamente aprendí a leer (conservo ejemplares de 1971); “Mortadelo y Filemón”, Bruguera en general; “Capitán Trueno”, “Jabato”, y aun mejor “El Corsario de Hierro” (Víctor Mora no se calentaba la cabeza perfilando personajes pero urdía historias como el que hacía ganchillo). Luego vendrían Mafalda y Astérix, y mucho más tarde Altuna, Laussier, Bourgeon…

    2. A los once o doce años, leí “Palabra de honor”, de una autora nórdica cuyo nombre olvidé. Contaba la historia de un niño digno de salir en Operación Plus Ultra (uno tiene ya una edad y usa referencias paleolíticas). De mucho llorá.

    3. A los catorce añitos, un relato en el que Luca de Tena contaba la historia de una pandilla de adolescentes: “Edad prohibida” (hacía falta valor para que tu protagonista se llamara Anastasio). De esa novela me aprendí un soneto que intentaba usar como herramienta de conquista con las muchachas que tenía a mano, con nulo éxito. Por cierto, algo me dice que el Dúo Dinámico también leyó el libro, aporto los dos tercetos finales como prueba:

    Quisiera ser la brisa que respiras.
    Quisiera ser la fuente donde bebes.
    Quisiera ser el río en que te miras.

    Quisiera ser el aire en que te mueves.
    Y yo quisiera ser, cuando suspiras,
    el Pensamiento, amor, en que me lleves.

    4. Miguel Mihura y Jardiel Poncela me ayudaron a terminar de superar el acné y la voz de gallo Claudio.

    5. Y por aquella época conocí a Vargas-Llosa y Eduardo Mendoza. Qué podemos agregar, que no se haya dicho ya…

    6. A Borges llegué tardecito, ya con la veintena. Un bisturí láser que dibujaba arabescos, un fabricante de dobles y espejos, un admirador de malevos, tigres y tangos; libros que mienten sobre otros libros que también son mentira, autor de autores, ceguera clarividente… Vamos, que me gusta mucho.

    7. Stephen Jay Gould. Profesor de Harvard y paleontólogo reconocido (tal vez le recordéis en el capítulo de “Los Simpsons” en el que Lisa encuentra un ángel). El mejor escritor de divulgación científica que he leído, incluyendo a Asimov.

    8. Javier Fernández Reina (un lacasito para quien le conozca). Es un autor gaditano que maneja con la misma maestría (mucha) el ensayo, la poesía y el relato. Si queréis leer una historia de la ciudad absolutamente original no os perdáis “La ciudad insular”. Difícil de leer por su densidad, imposible de olvidar por su calidad.

    9. Chejov, porque no se puede decir más con menos. Y ahora que caigo, Monterroso.

    10. Últimamente, Osho, Deshimaru, Bucay, Chopra… todos ellos amenos, profundos, recomendables.

  22. lu Says:

    Sí, Juan Antonio, puede ser, pero Trópico de Cáncer fue el primero que leí de él, y el que marcó ese “antes y después” en mi vida. Yo he dejado pocos libros a medias, pero recuerdo bien tres: El señor de los anillos, Conversación en la Catedral y Por quién doblan las campanas. Supongo que cada libro lo leemos cuando nos lo tenemos que leer, y que a veces los abrimos a destiempo. Digo yo. A lo mejor tu momento Rayuela y mi momento Hemingway están a la vuelta de la esquina, quién sabe.
    También pienso que coincidimos casi todos en muchos libros, por eso estoy apuntando hasta el último título que nombréis. Creo a ciegas en el buen gusto de la peña que comenta aquí.

  23. Microalgo Says:

    Gracias por el piropo a la peña, Lu.

    Por cierto, yo me leí no hace mucho “Trópico de Cáncer” y no me pareció nada del otro mundo… y ¿alguien sabe por qué se llama así ese libro?

  24. Rímini Says:

    Gracias, Micro, por su cortesía, porque con esto tendré magníficas referencias para aventurarme en alguna selva. Y perdonen la tardanza en incorporarme, pero estaba de viaje. Ahí van algunas:

    – Crematorio, de Rafael Chirbes. Los editores la eligieron la mejor novela de 2009 y yo creo que será la del lustro de autor español. Magnífico retrato de los españoles de hoy.

    – Estrella distante, de Roberto Bolaño. Creo que en esta desconsoladora novela corta despliega Bolaño su mejor literatura. Un comprimido de memoria política, social y literaria. Magnífica. El mejor capítulo I que he leido.

    – Ciencias Morales, de Martín Kohan. El autor más sorprendente de los que he conocido últimamente. En esta novela el punto de vista lo es todo; escrita con precisión. Turbadora, opresiva.

    – Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, por todo eso que ya ha sido dicho.

    – El Pasado, de Alan Pauls. Bebí con sed.

    – La vida instrucciones de uso, de Georges Perec. Un libro divertido, culto, escrito con precisión y con un hermoso toque surrealista. Para leerlo a ratos, dado su volumen y densidad.

    – Respiración artificial, de Ricardo Piglia. Estupenda, moderna, nada transigente. Un placer.

    – El novio del mundo, de F. Benítez Reyes. Por hacerme reír tanto y tan seguido. Un torrente de humor inteligente.

    – La fiesta del chivo, de Vargas Llosa. Prodigiosa novela de no ficción.

    – Octaedro, de Cortázar. Los ocho relatos son perfectos. Distintos. Así hay que escribir, joé.

    – Quien de nosotros, de Benedetti. Tenía que elegir algo de él y esta novela corta debería estar siempre cerca, por su sencillez y belleza.

    No se… si os apetece…

  25. Microalgo Says:

    Nos apetece, Maese Rímini. Nos apetece. La de Kohan ya la tengo en casa (y los papeles perdidos de Cortázar, y el último de Félix J. Palma, que también lo he olvidado injustamente, porque algunos de sus libros de relatos son FANTÁSTICOS: El vigilante de la salamandra, métodos de supervivencia, los arácnidos).

    Mucho que leer y ná más que mierda en la tele: BIEN.

    Gracias a todos. Lo dicho: tomo MUCHAS notas.

  26. lu Says:

    Qué casualidad, Rímini, tengo los de Perec y Piglia en la pila esperando. ¡¡¡Suben puestos!!!

  27. Glomus Says:

    Llego taaaarde, pero…:
    1) ASIMOV.”Las amenazas de nuestro mundo”. Gracias a él me matriculé en astrofísica, gracias a lo cual soy un feliz ingeniero agrónomo.
    2) SANCHEZ FERLOSIO. “Alfanhuí”. La magia en estado puro.
    3) GARCIA MARQUEZ. “Cien años de soledad”. Gracias, Josefina Junquera…
    4) BENEDETTI. “Andamios”. Me descubrió mucho más que el sur…
    5) BENITEZ REYES. “El novio del mundo”. Don Micro, culpable. Agradecimiento eterno por el descubrimiento.
    6) GERALD DURREL. “Mi familia y otros animales”. Paralelismos térmico-sonoros entre Corfú y El Bosque, de mis años mozos.
    7) JOHN SEYMOUR. “La vida en el campo y el horticultor autosuficiente”. Placer casi físico al imaginar actividades…
    8) SARAMAGO. “Viaje a Portugal”. Ah…Coimbra…
    9) CELA. “La Colmena”. Sensibilidad en vena.
    10)… Les mantendré informados, descuiden…

    Besotes.

  28. Rímini Says:

    Me alegro Lu. Ya nos contarás. Abrassos

  29. H. Lecter Says:

    Trato de seguir un cierto orden cronológico curricular, de más antiguo a más reciente
    -“Leyendas” de Becquer: en su día fueron para mí lo que ahora pueda ser la serie “Prepúsculo” (¿era asín, no?) para los y las pubescentes de finísimo plumón y me condujo, por esos maravillosos misterios de las letras, a Borges, Cortázar y Lovecraft.
    -“La llave de cristal” de Dashiell Hammett fue mi llave para la literatura negra. Y aparte de Hammett, mi favorito es el Walter Mosley de las novelas de “Easy” Rawlins
    -“Tiempo de silencio” de Martín Santos: obligatorio en COU y a priori un coñazo, pero que al final me enganchó y provocó mi patológica afición a las digresiones. Por su culpa llevo varios intentos fracasados de acabarme el “Tristram Shandy” de Sterne.
    -“Cien años de soledad”. García Maŕquez marcó un hito en su día y en mis lecturas. Por la puerta que abrió la casa de los Buendía (en la que he venido entrando como seis o siete veces) se colaron luego Carpentier “El siglo de las luces”, Cabrera Infante “La Habana para un infante difunto”, Mujica Lainez “Bomarzo”, que recomiendo vivamente, Lezama Lima “Paradiso”, hasta llegar a Galeano “Memoria del fuego”y Benedetti cualquiera de sus cuentos, por citar a los que más me ponen (entre los que no, o no tanto, seamos justos: Vargas Llosa, Isabel Allende o Álvaro Mutis)
    -“Las fuentes del Paraíso”, “Cita con Rama”, “2001, una odisea del espacio” de A.C. Clarke trajeron luego fundaciones y robots de Asimov y mucha SF hasta dar con las sagas de “el mundo del río” de Philip J. Farmer y “Ender”, de Scott Card. Mención especial a Fredric Brown, por supuestísimo. Y en español, aparte del paisano Rafael Marín y su “Lágrimas de luz”, “Kalpa Imperial” y “Trafalgar” de Angélica Gorodischer.
    -Primero fue “El Hobbit”, y luego todo Tolkien. También leyendo de noche bajo las mantas sin poderme despegar. Años más tarde, el barbudo y gordo bastardo de George R. R. Martin (¿porqué esa coincidencia banal de la doble erre?) ha conseguido lo mismo con la saga de “Canción de Hielo y Fuego”. Con una diferencia: todavía estoy esperando a ver cómo continúan las más de cinco mil páginas que lleva escritas y quedan (según el autor) otras tantas que contar. Aviso: quien le hinque las gafas, que sepa que no podrá echarse atrás y quedará atrapad@ como todos los que conozco.
    -Todo lo de Jack Aubrey, de Patrick O’Brian. Lo que llegué a navegar sin salir de casa por culpa de una pata rota.
    -Me impresionaron de joven y luego ya no fue tanto la “Justine” de Sade, el viejo Hermann Hesse y Lawrence Durrell y su cuarteto.
    -Robert Graves se introdujo en mi vida mediante “Yo, Claudio”, pero luego he leído mucho de lo suyo y nada me ha decepcionado. Todavía sigo a brazo partido con “La Diosa Blanca”, por asaltos, a ver cuánto más puedo sacarle.
    – De joven aborrecía minuciosamente a Antonio Machado, pero de viejuno, “Juan de Mairena” logró abducirme y ya me gusta hasta su poesía. Ese pensar a ras de suelo de Mairena, que luego se alza y contempla desde arriba la miseria humana y la ama y la compadece no tiene par en literatura ni en filosofía.
    -Breves entre los breves, y contundentes y rellenos de mala leche: Augusto Monterroso y Ana María Shua.
    -Bolaño. Pa qué más. Un shock. Será que lo tengo más fresco.
    -Cómics a voleo: Joyas literarias juveniles, Ibáñez, Superlópez, Vázquez, Moebius-Giraud, Corben, Eisner, Comés, Manara, Pratt, Lauzier, Pellejero, Negrete, Prado, Moore, Giménez, Ivà, Azagra, Veyron… yokejé.

    Lo dejo por K.O. técnico, porque esto de dejarse llevar por la memoria es interminable. Como interminable es lo que nos queda por leer (ya me he anotado algunas sugerencias de l@s eximi@s comentaristas de esta santa casa, muchas gracias).
    Y gracias a nuestro anfitrión, por ponernos a ello.

  30. Microalgo Says:

    A Usted/es, por responder al llamado.

  31. coralia idrovo Says:

    a mi me encanta la lectura y sigan publicando mas cosas sobre los libros

  32. piscines bilbao Says:

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