Citas XXIII. Sobre la literatura

La literatura es la gran memoria universal de los hombres, el archivo viviente de sus mejores rebeldías, de su desasosiego, de su instinto de felicidad y de razón, el testimonio amargo o exaltado pero casi siempre ejemplar de su rabia contra la mansedumbre y de su ironía frente a lo indiscutible (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).


Te has quedado de bronce, ¿ehn?

(Estatua de bronce en un parque de Harbour Town,
Carolina del Sur) (No, yo no he estado allí) (Pero
la estatua es una maravilla, ¿verdad?) (Sí, de nuevo
el hiperrealismo y yo, qué pasa, uno tiene sus gustos).



Se queja la Dama de los Lunares de que algunos de sus alumnos no distinguen “basto” de “vasto”, e ignoran que con uve significa “de gran extensión”. Y estos alumnos son los que en un futuro van a enseñar lengua española a nuestros descendientes. Se llevaba las manos a la cabeza, la Dama. Y lo achacaba, con razón, al escaso interés lector de los estudiantes.

La literatura tiene sus innegables ventajas y sus peligrosos precipicios. No conviene leer sólo a Malcom Lowry o a Houellebecq porque uno puede acabar pegándose un tiro en un ojo (para que duela más). Van, pues, unas citas al respecto, con sus prescindibles comentarios.

Porque todos hemos querido ser piratas leyendo a Stevenson, agentes dobles leyendo a Graham Greene, o espadachines camorristas leyendo a Dumas (Felipe Benítez Reyes: Laboratorio de irrealidades).

Eso, para empezar. Ya dije alguna vez que los libros y las puertas se parecen mucho, y que todas las aventuras empiezan abriendo una puerta. Que se lo digan a Frodo Bolsón, si no.

Por todas partes, en la conversación y en la literatura, se manifiesta el deseo de un más amplio teatro de acontecimientos, de algo que nos sorprenda y nos conduzca por insospechados y sublimes derroteros (G.K. Chesterton: El club de los negocios raros).

Por eso leemos y vamos al cine y hablamos con gente que no sabemos lo que nos va a decir.

Ahora bien ―quiero alejarme de cualquier nueva tentación de apostolado―, la compañía de la literatura es peligrosa, tanto que yo a veces a personas a las que aprecio no tengo nada claro que deba aplaudirles que lean mucho y se adentren tanto en los libros, y es que deseo para ellos el Bien, y cualquiera que haya leído por ejemplo a Kafka, conoce perfectamente «cuánta angustia excesiva por nada» (que decía Pessoa) hay en la literatura (Enrique Vila-Matas: El mal de Montano).

Es lo que decía de Houellebecq y Lowry… hay que alternar con Benítez Reyes y Stefano Benni…

«Aquí no puedo hacer carrera literaria», decidió Lerma un día, y su madre oyó aquella proclama intelectual con el mismo respeto con que hubiese oído la noticia de que el Espíritu Santo había degollado a dos pasteleros homosexuales que vivían en pecado (Felipe Benítez Reyes: Chistera de duende).

¿Ven?

La verdad casi nunca es pura y nunca es simple. La vida moderna sería muy aburrida se fuera ambas cosas, y la literatura moderna sería un completo imposible (Oscar Wilde: La importancia de llamarse Ernesto).

Y claro. Si nos sorprende, nos vale. Lo curioso de muchos best-sellers es que NO nos sorprenden. Son como esas películas en que el malo se sube, agarrando a la chica, que se defiende bastante poco, a un sitio elevado bajo el que hay una picadora de maderos. Mi hermano y yo solíamos poner el cronómetro y ver cuántos segundos tardaba en caerse el malo… o cuando la bella vietnamita le preguntaba a Rambo “¿Me llevarás a tu país?” y él decía “Sure, Baby”. Cronómetro. Siete segundos. Pum, pum, bella vietnamita fiambre. Y así.

No debemos despreciar la literatura que nos pueda valer “sólo” para reírnos (como si fuera poca cosa, lo de hacer reír). Porque si uno sólo escoge literatura depresiva le puede pasar lo mismo que a la Ratita Firmin:

Si hay algo para lo que resulte útil una formación literaria, es para dotarlo a uno de un sentido de la catástrofe. No hay nada como una imaginación vívida para desvitalizarle a uno el valor (Sam Savage: Firmin).

U ocurrirle lo que a los personajes de Bolaño o a escritores como Bierce:

El problema con la literatura, como con la vida, es que al final uno siempre termina volviéndose un cabrón (Roberto Bolaño: Los detectives salvajes).

Basura: Materia carente de valor, como las religiones, las filosofías, las literaturas, las artes y las ciencias de las tribus que infectan las regiones al sur del Polo Norte (Ambrose Bierce: El diccionario del diablo).

A pesar de eso, la literatura no deja de ser misterio (ya se me cuela otra vez Benítez Reyes: ¿qué quieren?) y como tal, nos acabará fascinando:

Adivinanza: Nostalgia humana de los derechos de la esfinge a divertirse con la perplejidad angustiosa de los humanos (Felipe Benítez Reyes: Prontuario provisional de términos literarios).

Porque, querámoslo o no, la tenemos metida dentro de la cabeza, incluso sin saberlo siquiera:

La escena en que Don Quijote clava su lanza en un aspa del molino de viento y es izado por los aires ocupa unas pocas líneas en la novela de Cervantes; se puede decir que el autor ha invertido en ella un mínimo de sus recursos de escritura; no obstante, en uno de los momentos más famosos de la literatura de todos los tiempos (Italo Calvino: Seis propuestas para el próximo milenio).

Una cita “gorda” pero imprescindible: Rafael Reig, en su libro “Manual de literatura para caníbales”, categoriza en negro sobre blanco algo que habrá quien critique pero que a mí, como buen usuario de categorías que soy (ya saben, las microalgas y todo eso), me parece interesantísimo. Esta cita va especialmente dedicada a Rímini. Ya la debatiremos en directo un día:

La Historia de la literatura no es más que un bestiario, un recuento de animales feroces que se devoran unos a otros. El argumento de sus depredaciones lo resumió Horacio en su Epsitola ad Pisones, donde afirma que un escritor tiene que tomar partido respecto a tres disyuntivas.

Ars versus ingenium (arte contra genio natural): O bien la literatura es un ars, algo que se puede aprender como cualquier otro oficio, con unas reglas definidas, como si se tratara de la cantería, de la electrónica o de la prestidigitación. O bien todo lo contrario: la literatura es fruto del ingenium, del genio innato e individual del artista creador, de su inspiración y de su trato con las musas. En otras palabras: ¿qué es un escritor? ¿Nace o se hace? ¿Es alguien que domina un oficio, que ha llevado a cabo un aprendizaje, que conoce ciertas técnicas? ¿O es más bien un genio espontáneo y silvestre, un médium que mantiene relaciones íntimas con las musas y expresa el desorden sagrado de su espíritu, que se emulsiona (¡pssst!) y eyacula su interioridad sobre el papel?

Res versus verba (las cosas contra las palabras): ¿Y cuál es el componente esencial de la literatura? ¿La res, es decir, la cosa, el contenido, lo que se dice? ¿O más bien la verba, es decir, la forma, las palabras con que las dice? ¿Fondo o forma? ¿Es la literatura un vehículo para transmitir ideas, conceptos, visiones del mundo? ¿O se trata de un conjuro abracadabrante en el que lo fundamental es la música verbal, la construcción narrativa, el estilo literario?

Docere versus delectare (enseñar contra divertir): y por último ¿para qué sirve en realidad la literatura? ¿Qué pretende? ¿Qué se propone el que escribe? ¿Docere, es decir, enseñar, adoctrinar, transmitir algún mensaje? ¿O más bien delectare, o sea, provocar un placer estético?¿El arte es transitivo o intransitivo? ¿La poesía es belleza o comunicación? […] De hecho […] sólo hay dos opciones. O se elige ars, res y docere, por un lado, o se elige ingenium, verba y delectare por otro. Esta es la alternativa, no hay más tu tía. O se es dómine o se es médium.

(Rafael Reig: Manual de literatura para caníbales).

No se preocupen. En el mismo cuerpo de ese texto ya se ocupa el autor de desmitificar un poco la cosa y hacerla más humana:

Al fin y al cabo, la literatura no es más que un tipo que está en su casa y se pone a escribir en pijama (Rafael Reig: Manual de literatura para caníbales).

Y bueno, para deprimirnos ya tenemos el telediario. A veces un vericueto mental loco nos hace amar la literatura de manera intensa. En su libro “Ronda naval bajo la niebla”, el Abuelo Pere Calders planta esta nota a pie de página (de ahí el asterisco inicial), sobre la conveniencia o no de que ese libro caiga en manos infantiles. Las notas a pie de página de esta novela son portentosas. En la página cuarenta y cinco llega a plantar un asterisco… ¡sobre tres asteriscos de separación de párrafo! Para matarse, el caballero…

* Por una discreción elemental, conviene que el presente libro no caiga en manos infantiles. Pese a esto, y por mucho daño que nos hayan hecho la mordacidad y el escepticismo, lo cierto es que entre la palabra «amante» y la palabra «barco» un niño ―por ejemplo― se sentirá más atraído por esta última. En un test realizado hace poco en una gran democracia americana entre niños procedentes de todas las clases sociales y de casi todas las razas, se procedió precisamente a una prueba que ilustra lo que se ha dicho. En una gran pizarra fueron escritas las palabras «amante» y «barco». Los niños tenían a su alcance material de todo tipo para construir o, para decirlo con mayor exactitud, para expresarse plásticamente y se les pidió que, de acuerdo con lo que les sugiriera alguna de las palabras escritas, procedieran a concretarlo con modelos corpóreos. El resultado fue el siguiente: de cien niños examinados, noventa y ocho hicieron barcos de todos los modelos y tamaños, muchos de ellos con una manifiesta incapacidad de flotación. De los dos niños restantes, uno modeló con plastilina la figura de un vecino de su casa y el otro, que aborrecía el mar a causa del mareo y no sabía el significado de la palabra «amante», construyó (con una estremecedora mezcla de misterio y poesía), una noria egipcia. Si alguien debe evitar la lectura que ofrecemos es este último niño y los que como él divagan con malicia (Pere Calders: Ronda naval bajo la niebla).

Y nada, que ahí lo llevan. Ríanse, gocen de la vida, coman croquetas y ensaladilla rusa. Y, por favor, lean, que merece la pena.

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18 comentarios to “Citas XXIII. Sobre la literatura”

  1. Koloke Says:

    No sé cómo serán las clases de literatura hoy día en los coles pero en mi época consistían básicamente en quitarle al niño las ganas de acercarse a un libro: recuerdo que entre los 12 y 15 años, más o menos, me obligaron (sí, obligaron, que luego te hacían preguntas en los exámenes) a leerme cosas como La Celestina, Tiempo de silencio, Juan Ramón, Quevedo y otros clásicos. Hoy, por supuesto, sabría apreciarlos, pero cuando era chico me suponían una tortura.

    Por suerte empecé a leer por mi cuenta libros que me apasionaron: Stephen King, Tolkien, los libros de Los Cinco y cosas así. Ya pillé el hábito y hoy día no puedo vivir sin leer.

    Pos eso, que los clásicos están mu bien, pero no de chiquetito: en lugar de enseñar literatura a los niños deberían enseñarles a leer y esto se consigue dándoles algo que les interese.

  2. Microalgo Says:

    No puedo estar más de acuerdo, Koloke.

  3. juan antonio Says:

    Me gusta esa comparación de que un libro es una puerta abierta a la aventura, y estoy de acuerdo en que un niño para ser un futuro lector hay que darle libros que puedan entender para adquirir el “vicio” a la lectura
    Buena entrada.

  4. Pasquino Says:

    Ya dicen los que se dedican al tema que la literatura no se enseña, se contagia. Y no sé si será por el parecido entre “textual” y “sexual” que algunos profes parecen recurrir a pura profilaxis ante posibles contagios!

    Menos mal que hay quien incita a ese vicio (y a otros, no osaré yo olvidar la ensaladilla rusa, no. Yummm).

  5. lu Says:

    Hablando de Literatura… ¿existe el libro comentado como género literario? Yo no lo sé. Me encantaría que existiese y que te encargaran comentar cualquier libro. Cualquiera. Hasta a un manual de Álgebra le sacas tú punta, Microalgo. Imagínate a Los Detectives Salvajes, al Quijote o a Cien Años de Soledad, por decir tres que me fliparía leerte. ¿Y a Houellebecq? Me meo toda.

    Yo también estoy de acuerdo con lo que dice ese tal Koloke. A ver si me lo presentas un día, Microalgo, que me mola ese tío.

    Besitos, artista.

  6. juan antonio Says:

    LU, he entrado en tu blog, y tienes un post sobre la república muy bueno,desde aquí enhorabuena. Ya que sale Queipo el mayor H.P. de España te recomiendo un libro igual ya lo has leído es una novela del jienense, Juan Eslava Galan que habla sobre el H.P. (Señorita) es el titulo, y como una sevillana con dos ovarios se revela, te lo comento aquí por aquello de la literatura.

  7. Rímini Says:

    Gracias por otra fantástica entrada, Micro, como siempre. Como ilustración de lo qué es la literatura (ingenium, verba y delectare en un buen porcentaje, digo yo), reproduzco la sinopsis de un libro de Stanislaw Lem que se ha reeditado ahora (y que creo que Micro se está leyendo, ¿no?): “Los cuatros textos que Lem reúne en Magnitud imaginaria son otros tantos prólogos a cuatro obras inexistentes, pero no improbables: Las Necrobias de Cezary Strzbiz (139 reproducciones de las artes amatorias de los esqueletos), la Erúntica de Reginald Gulliver (o el intento de enseñar el idioma inglés a colonias de bacterias), la Historia de la literatura bítica (cinco volúmenes que recogen la producción literaria de los ordenadores) y la Extelopedia Vestrand (la primera enciclopedia, pergreñada en 44 magnetomos, en las que se recogen fragmentos de historia que todavía no ha sucedido)”.

    ¿Quién no querría ponerse a leer ahora mismo?

    De acuerdo con Koloke y Cía… tras un intento de meternos por vena a Garcilaso de la vega, mi profe de literatura de 3º de BUP optó por “Marsuf, el vagabundo del espacio” y ya no he parado de leer.

  8. Microalgo Says:

    Uh, Rímini, ya me queda sólo un capítulo de ese libro. Es un desquicie. Se lo presto en cuanto tenga hueco lector.

    No conozco el libro que comenta, Juan Antonio. Me informaré, que he leído alguno de Eslava Galán y siempre me han gustado.

    Mmmm… Dama Lulú on te Bridge… Maese Koloke; Maese Koloke, la Dama Lulú on the Bridge. Poco más puedo hacer, Dama, porque nunca le he puesto la vista encima a ninguno de los dos. Ojalá un día pueda: aún recuerdo el día que conseguí quedar y tomarme un par de cervezacas en Barcelona con Maese Lenisio Dimas (véase el blog “Raramente tengo ideas”, en el blogroll lateral). Memorable (de ahí que me acuerde). Lo mismo con Maese Replikante (ídem en el blogroll), esa vez en Cádiz. Siempre con ganas de repetir.

    Un problema que Usted vive de cerca, Dama Pasquino, es que si los profesores no leen difícilmente van a hacer leer a los alumnos. Mi madre está yendo a la Universidad para mayores, y esperaba con mucha ilusión las clases de literatura… en las que el profesor se limitó a hacerles leer en la clase, por turno, “El camino” de Delibes, sin hacer un comentario siquiera. Mi madre echaba pestes, y con razón.

    País, que diría Forges.

  9. Salamandra Says:

    Lo de los profesores de literatura es en algunos casos terrible. Me debe gustar mucho leer para que siga haciéndolo a pesar de los petardos con los que tuve que bregar.

  10. Salamandra Says:

    Creo que mi comentario anterior se ha perdido. Hablando de Eslava Galán, hace muy poco he leído “El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo” y está muy bien.

  11. Microalgo Says:

    Han llegado los dos, Maese Salamandra. Tampoco he leído ese otro libro… habrá que echar un ojillo.

  12. Rímini Says:

    “Donde no hay libros hace frío. Vale para las casas, las ciudades, los países. Un frío de cataclismo, un páramo de amnesia” (M.A. Walsh)

  13. martin Says:

    No sabía que conocía usted en vivo a Maese Dimas. Eso sí que es un lujo.
    Debería usted contarme los cotilleos. Vio al conejo? Vio a Coral?

  14. Microalgo Says:

    Negativo, Martin. Quedé con él y nos tomamos unas cervecitas. Luego cenamos en casa de unas amigas mías (no, no dispare su calenturienta imaginación, la cosa no degeneró en orgía) (lamentablemente, que mis amigas son monísimas).

    Es un tipo estupendo y toca el contrabajo de manera casi profesional. Tiene que haber de tó en esta vida…

    Pero el mundo es un pañuelo. Supongo que sabe que yo conozco al Muzacho de la Cama sin Hacer y a su Muzacha, porque comparto taller de escritura con ellos en Madrid (yo soy uno de los escasísimos socios telemáticos del Bremen), y que un día me pasé por su ciudad para conocer a la piradísima y talentosísima Ana Caína… A ver si un día coincidimos y hacemos una “vertical” (término de radioaficionados para definir una quedada en vivo).

    Muy buena la cita, Rímini. Otearé a ver quién es ese tal Walsh.

  15. Rímini Says:

    Un día, Micro, debería proponer a los amigos del blog que citen cada uno, por ejemplo, tres (o cinco, no se) libros que recomienden a los demás y porqué. A mi me serviría de referencia.

  16. Microalgo Says:

    Sostahecho. Deme un par de posts.

  17. NÁN Says:

    Pues ire usté, dicho sea sin altitú, que aprecio sus citaciones más que El Bigotes las suyas (para introductoria pelotera). Pero entro en contradicción con la primera, a pesar de lo que quiere usted a Benítez. A mí, cuando de verdad me dan ganas de hacerme pirata, y me apresen, y me ahorquen, es cuando de viaje me he olvidado la mochila de libros y mi fiel compañera solo lleva el que está leyendo y uno de Pérez Reverte.

  18. Microalgo Says:

    Hombre, es algo así como cuando uno salía del cine diciendo “¡Pañon, pañon!” y matando comanches imaginarios…

    Cuenta Téllez que estaba en el cine con Quiñones y el Beni de Cádiz, viendo una del oeste con tremenda balasera y éste último, en lo más crudo del tiroteo le dijo a Quiñones:

    “― ¡Fernando, cúbreme, que voy a mear!”

    Pues una cosa así.

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