De lo peor

Todo lo que siguió, querido, es imposible contarlo, pues verlo ya era un trabajo (Luciano de Samósata, 125-181 dC: Icaromenipo o Menipo en los cielos).


Ññññññiiiiii... Gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki

Y encima con una gaita. ¡¡Ay, Dios!!



Estaba yo el otro día con las meninges aburridas haciendo una clasificación mental de hippies (como lo oyen), y ya llevaba varias categorías. A saber.

Hippy de malla: Lleva una malla de rayitas horizontales y no se lava ni cuando diluvia. Suele ser trashumante, y sólo aparece en festejos porque piensa que puede sacar más dinero o comer de gorra en esos eventos. Toca de manera incesante y nefasta una flautita de cobre que uno desearía que fuera de cadmio, porque es un elemento mucho más deletéreo para la salud humana que el primero.

Hippy genuino: tenía veinte años en los sesenta, así que en esta década cumplirá los setenta. Vive en Castellar, de las rentas del alquiler del piso de Manhattan que le legaron sus oportunamente fallecidos padres, abogados los dos. Este tipo de hippy sigue pensando que hay que ponerse flores en el pelo cuando uno pasa por San Francisco, pero como está ya calvo perdido sólo le queda pelo en la entrepierna, y allí las flores no le van a lucir mucho.

Hippy simbionte: lleva en brazos un perro pequeñito (que, por cierto, tiene más mala cara que un pollo del Pryca), aunque se desconoce la relación simbionte entre ambos así como lo que come el perro. Probablemente, de ahí la mala cara del pobre bicho.

Falso hippy: se compra unos Levis de ochenta euros y luego los tiene que arrastrar por las vías del tren durante diez días para que no parezcan nuevos. Se cree todo lo que lee: que si los chacras, que si los sutras, que si el maíz lo trajeron los marcianos a los incas, etc. Cree que es budista, artista, hinduísta, anticonsumista, espiritista y comunista y se ofende tela cuando se duda de su pureza.

Hippy malabar: tira pelotitas al aire, o bolos, o palitos mochos. En ocasiones les prende fuego para que haga más bonito. Como todo lo que tira al aire acaba adquiriendo trayectorias inesperadas, en el caso de que sean objetos ígneos puede provocar incendios devastadores y pavorosísimos.

Hippy químico: para unir su mente con la Madre Tierra se mete de todo, sólido, líquido o gaseoso. Suele soltar frases aparentemente trascendentes durante unos años y luego se queda tieso y lo entierran.

Y en todo esto estaba cuando me di cuenta de que hay una categoría de hippy antológica. Tanto, que puede entrar dentro de esos modismos tan sureños que son las comparaciones, como la que inconscientemente (soy un inconsciente, sí) he escrito más arriba al referirme a la carita de los perros de los hippies simbiontes. Son expresiones del tipo “veo más menos que un muerto boca abajo” o “tienes más plumas que Toro Sentado el día de la Patrona”.

Y es que una de las peores cosas que existen entre la troposfera y la corteza terrestre es un hippy de djembé. “Eres más pesao que un hippy con un djembé” debería ser una comparación tan institucionalizada como las que se refieren a los genitales del caballo de Espartero o a la promiscuidad incontrolada de María Martillo.

Porque no me digan.

Ese hippy que se aposta en medio de la calle y le echa mano a su instrumento y empieza…

“Gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki”…

… y el muy cabrón es capaz de pegarse así el tiempo que dura un ensayo de toxicidad estándar con microalgas (que para ampliar sus horizontes científicos, les diré que dura setenta y dos horas).

“Gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki”…

La gente de las casas adyacentes duda entre el suicidio y el asesinato. Pero él no se da por aludido cuando una maceta se estrella contra el suelo tras pasar en trayectoria descendente y perfectamente vertical a una cuarta de su cerebro. Qué va. Él está la mar de concentrado.

“Gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki”…

Las palomas chocan en vuelo y los dueños de las tiendas dan ya el día por perdido. Pero él insiste en prodigar su arte.

“Gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki, gun pa tá kitiki”…

Así que propongo que se cree una ONG que se denomine “hippies de djembé con fronteras semipermeables”, tapadera eufemística para disimular el destierro perdurable de esta subespecie del género hippy.

Y sí, es cierto, estaba aburrido esa tarde. Y ya saben lo que pasa cuando el Diablo se aburre.

Por cierto, hablando de Belcebú, la foto de inicio del post ilustra una combinación francamente satánica. Prefiero un duetto de bocina y castañuelas.

El País, 3 de Enero de 2001. Sí, en la partitura pone “MHALER”.

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10 comentarios to “De lo peor”

  1. Salamandra Says:

    Iba yo leyendo y pensaba: “se olvida del hijoputa del tambor”. Luego he tenido que buscar djembé en la wikipedia.

    Y mientras he recordado que hace años en Cádiz nos “acampó” una colonia/comuna/piara (o como se llame a la agrupación de jipis) armados con tambores (algún djembé habría) y no menos de media docena de perros de diverso tamaño, lo que los coloca en varias de las categorías. Duraron lo que se tardó en que unos 50 vecinos llamaran a la policía.

    Y es que para comprar una pistola piden una licencia, y para comprar un tambor no, y eso no puede ser.

  2. laluli Says:

    la noche que me dió, el tio del tambó.

  3. Koloke Says:

    En Sevilla había una nutrida colonia en la Plaza de la Alameda. Noche tras noche los putos timbales. Tremendo. Y otra noche. Y dale con los timbalitos de los cojones.
    Afortunadamente han sido ya debidamente expulsados (espero que muy, muy lejos).
    Y, digo yo, igual que se creó el estado de Israel para acoger a los judíos tras la II Guerra Sideral, ¿por qué no creamos un miniestado dentro de la India (que es mu grande) y los metemos a todos allí? Flowerland se llamaría. Y todos contentos.

  4. NÁN Says:

    Perdone usted que me oponga radikalmente, pero hoy me he levantado así. He ido a la churrería y cuando me han preguntado que si churros o porras, me ha parecido que debían haber esperado que pidiera, así que he contestado ¡Cruasáns!

    No quedan jipis. Murieron todos de halitosis, porque no les quedaba otra posibilidad que tragarla al respirar. Lo que usted dice son subvariedades que, por falta de una sociología de calle, inexistente en este país, lo llamamos así, porque son pobres, no leen la prensa y no se pueden defender. Viendo al Papa cómo va vestido, por la imagen lo clasificaría de “corista del teatro chino Manolita Chen”. Pero no lo puedo hacer porque sus seguidores sí leen la prensa y se cabrearían.

    Pero puestos a seguirle el falso juego, hay unos jipis que serían peores de no circunscribirse a una semana al año. Me refiero a los jipis nazarenos y empiezan a actuar mañana. Desde el anocher al amacener, nos llenan el aire con su porropóm póm póm póm… que enseguida se recrudece con un chiin tá tatá chiiinta. Hay porros de hashish y porrros pom. Los primeros marean al que los toma y los segundos al que los escucha y es inocente de todo pecado.

    Te asomas al balcón y ves a los temibles caraconos con cirios en la mano, como pidiendo una escalera para subir al madero.

    Y es que esta Semana Harta.

  5. Microalgo Says:

    Mi amigo Fran, que vive en la Plaza de las Flores (zona de paso de decenas de miles de cofradías, tirando por bajo), suele asomarse a la ventana en estas fechas y gritar:

    “¡¡Idólatras!!”

    Pero no muevo un milímetro mi opinión sobre los hippies de djembé.

    Ni sobre el Papa, claro.

  6. ETDN Says:

    A mí me encanta el término “perroflauta”. No se puede describir más en tan pocas letras.

    besazo

    y feliz semana de pascua

  7. juan antonio Says:

    Pobres hippies,como los estáis poniendo ¡no veis que es una especie en extinción que como los linces se están recuperando! con lo feliz que serian en Doñana.
    saludos.

  8. Microalgo Says:

    Y los mosquitos de Doñana serían la mar de felices con ellos, Maese Juan Antonio… mire, sería una opción si no fuera porque sus africanísimos ritmos son incompatibles con el desarrollo de poblaciones de animales de nivel evolutivo superiores a las lombrices de tierra. No queremos que esa reserva de la biosfera se vea despojada de todo animal que pueda huir a suficiente velocidad…

  9. juan antonio Says:

    Hombre yo creo que mi idea no es tan mala comparada con la de Koloke que los quiere mandar a un campo en la India ¡y digo yo! que culpa tienen los indios, mira esto es como todo si los hippies son nuestro nosotros lo tenemos que solucionar (bromas a parte) que hay de aquel maravilloso slogan paz,amor, y libertad

  10. Sérilan Says:

    Desdeluego hay que reconocer que estaba usted la mar de inspirado mientras escribía

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