El retorno de los brujos

Quien intente un ejercicio semejante se convencerá de una de mis más originales hipótesis ―erróneamente atribuida a Parménides― según la cual la realidad tiene unos agujeros así de gordos (Pablo Tusset: Lo mejor que le puede pasar a un cruasán).


Con ellas puedes volar.
Salta por la ventana, salta.



Se reían amargamente los redactores de un magnífico blog acerca del éxito que tenían los jetas supercheros que se dedican a vender panaceas absurdas.

Cosas como pendientitos bendecidos, pulseritas con hologramas sanadores, colgantes energéticotelúricos, magnetizadores de agua…

Sí, de agua. Una conocida mía que se dedicaba a la Ciencia estuvo cobrando un tiempo por parte de una empresa empeñada en encontrar diferencias mensurables entre agua del grifo normal y corriente y el mismo agua después de ser sometida a un campo electromagnético que ordenaba las moléculas de agua.

A poco que uno haya estudiado primero de básica, uno tal vez recuerde aquello del movimiento browniano, con lo que no cuesta mucho imaginar qué pasa cuando el campo magnético desaparece. Si es que llega a tener algún efecto sobre las moléculas de agua (que son dipolares, es cierto, pero dudo mucho que sean imantables).

Lo fascinante es que basta con meter algún sustantivo del grupo “a” (energía, frecuencia, fuerzas escalares, magnetismo, ondas) junto con un adjetivo del grupo “b” (natural, mineral, holográfico, bioactivo, biológico, biopollas) para que el producto, en contra de todas mis expectativas, se venda. Como churros.

Decía Sir Winston Churchill que el mayor argumento en contra de la democracia era charlar veinte minutos con un votante medio. A veces me planteo si se equivocaba.

Porque el gran vendedor de chorradas asume que la gente es imbécil, y por lo visto acierta. Desde el que vendía crecepelos en el Oeste hasta el que vende vacunas hoy día contra la gripe aviar (son de la misma estirpe, padre e hijo).

No revelaré la identidad de la persona que llevó a su hija a una curandera alemana que se hacía pasar por doctora. La niña tenía una dermatitis atópica y la timadora la conectó, por muñecas y tobillos, a un ordenador en cuya pantalla apareció una barrita llenándose (como las que se ven cuando se está cargando un programa), bajo la que se podía leer “SCANNING AND REPARING GENES”.

El padre de la criatura no tiró a esta estafadora por la ventana porque tal vez conservaba un resquicio de civilización. Pero lo habría merecido.

Y la gente sigue cayendo. Se aplican biosferas (me imagino a una señora frotándose planetas enteros, con todos sus organismos vivos, contra las patas de gallo), se untan bioalcoholes (es decir, orujo gallego), se cuelgan biomagnetizadores (un día se les caerá encima un frigorífico) y se adornan con pulseritas holográficas que les proporcionan poderes casi infinitos.

Tal vez lo peor de todo es que, estando descrito el efecto placebo, no hay manera jurídica de meterles mano a estos timadores.

Pero yo les quemaría el Ferrari y me quedaría tan a gusto.

En el blog antes citado un comentarista se mostraba completamente a favor de esas pulseras. Decía que así le era mucho más fácil identificar a los gilipollas con un solo golpe de vista…

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7 comentarios to “El retorno de los brujos”

  1. Glomus Says:

    Coincido con D Micro al 95%… vamos a dejar en ese 5% un sitio al pelín de humildad que nos hace falta para reconocer que aún no sabemos todo sobre todo. No hay que dar cancha a la superchería; todo lo que lleve negocio detrás… al pilón. Pero…nos falta muuucho por aprender, dominar, comprender, explicar.
    (La nieve me tiene transtorné)

  2. Microalgo Says:

    De acuerdo. Pero luz, taquígrafos y batas blancas. Y evitar las palabras “energía”, “onda” y “magnetismo” cuando no son pertinentes…

  3. Rímini Says:

    Su post me recuerda la insigne figura del estafador radiofónico que, en mi época adolescente, se hacía llamar Profesor Magnetic y que “quitaba de fumar” a la gente a través de las ondas (Radio La Isla) con cojuros difíciles de repetir. Otra vez ondas, magnetismos, profesor,… palabras clave de la superchería.

    Hoy día, ha sido sustituida en buena parte por lo que se llama “publicidad”.

  4. NáN Says:

    Me parece que dar esperanzas con un timo a quien tiene una enfermedad grave tendría que estar penado. Que te digan que frotándote la cara con pétalos de rosa te harás más hermosa, ¡pues hala!, si además de verte fea eres tonta (no más de lo que lo somos todos cuando metemos unos ahorrillos para la vejez en una cuenta de jubilación que como venga la siguiente crisis te quedará a cero), pues qué le vamos a hacer. Los pobres es lo que tenemos, somos tontos. Que si no, de qué íbamos a ser pobres.

    Pero en los otros casos, a la trena.

  5. Sérilan Says:

    Hay un refrán que dice: “todos los días sale un tonto a la calle, el que lo encuentre para él”
    Hombre, yo lo que siento en ésta época de crisis y escaseces es no tener la picaresca y el arte de esos timadores.
    Sería una buena salida no..??
    Digo…mientras Zapatero mueve ficha

  6. NáN Says:

    Hombre, Sérilan, para timadores, los expertos son los Todos los Hombres de Aznar.

  7. Sérilan Says:

    Jajaja…muy bueno NáN, muy bueno

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