Dentro del laberinto

Existen laberintos que pueden tener la apariencia inocente de una baldosa (Felipe Benítez Reyes: Humo).


Por aquí. No, por allá. No. Por Alá.



La Dama de los Lunares y uno mismo han estado por Marrakech unos días las pasadas vacaciones.

Al parecer la de Fez es peor, pero la Medina de Marrakech es un verdadero dédalo donde, además, al mismísimo Teseo le habrían mangado el ovillo y la habría llevado clara. A pesar de los mapas y de la toma de puntos de referencia, incluso el último día, después de adquirir práctica, nos despistamos (unos noventa grados) de la ruta hacia el Riad (hotelillo familiar hecho en antigua casa palaciega) donde dormíamos.

Uno de los días fuimos a por un billete de autobús para ir a Essaouira. Por cierto, la mayoría de las tiendas de esta localidad costera están regentados por mujeres, y son mucho más amables y mucho menos agresivas en la venta que los ruidosos y vociferantes vendedores del zoco de Marrakech, que te llaman, a gritos, Antonio (y a la chica “María José”) en cuanto se percatan de que eres español, cosa que ocurre cien metros antes de que llegues a la tienda (por cierto, son los nombres de mis primos de Almería… les contaré que son arquetípicos, a ver qué cara me ponen). Así la mayoría de las cosas que trajimos (excepto un bolso antirradiaciones de cuero dentro del cual parece no haber cobertura para los móviles y un tam-tam bereber destinado a las Reinas del Pay-Pay), las compramos plácidamente en Essaouira.

Contaba, antes de que se me fuera la pinza, que fuimos en taxi hacia la estación de autobuses, previo regateo por la ida y vuelta con el taxista. Fuimos, compramos el billete y a la vuelta nos encontramos a un británico sentado en el asiento de copiloto del taxi, esperando. Nos pareció de lo más normal, pero el albiónico se pilló un mosqueo tremendo y se puso a discutir el precio con el taxista, porque el taxi era compartido. Si uno traducía la moneda, estaba acalorándose por un euro y medio, pero acabó bajándose del taxi y buscando otro. Se me ocurrió que una gran diferencia entre los turistas anglosajones y los españoles (al menos en Marruecos) es que ellos creen que siempre los están estafando, mientras que nosotros sabemos que siempre nos están estafando, y lo asumimos con tal naturalidad que el asumirlo nos permite disfrutar mucho más de la cosa, con un puntito entre masoquista, resignado, comprensivo y divertido.

De vuelta a la plaza de Djemá-el-Fná (literalmente, “reunión de los muertos”, nombre que le viene de cuando ajusticiaban allí a la peña delincuente), el taxista mira de hito en hito un papelito, a través de las gafas en equilibrio sobre la nariz aquilina. El tráfico es, obviamente, demente: los carriles son una broma, se adelanta por donde hay hueco, donde cabe una bici cabe una moto y si cabe una moto cabe el taxi, si no se mete primero una furgoneta que decide que donde cabe un taxi cabe algo un poco mayor. Acelerón y freno. Cambio de carril, freno y acelerón. Claxon, freno, acelerón, claxon.

Y el papelito que el taxista miraba de hito en hito…

Era un sudoku.

Lo juro.

En fin, Marruecos. La repostería, buenísima, también, si uno se atreve a coger un pastelito entre las abejas.

9 comentarios to “Dentro del laberinto”

  1. Posidonia Says:

    La verdad es que si a Pere Navarro le da por visitar Marruecos les quita los puntos de un plumazo.

    La verdad sea dicha que la única vez donde no me han cobradoun servicio de taxi ha sido en Marruecos; la primera vez en un taxi compartido, no tenía cambio de 100Dh y me dijo que otra vez me cobraría, y la segunda con otro señor muy amable, como unos españoles ya le habían pagado por el servicio de llevarnos al Hotel se ofreció a llevarme de Tour por Casablanca, porque así practicaba inglés. Lógicamente correspondí con una buena propina. Al día siguiente me llevó al aeropuerto por un precio pactado y cuando me dio el ticket para pasarlo a mi empresa, me di cuenta que me había sumado al precio pactado la propina qu e yo le había dado, para recuperarla, chapeau…!!! Si vais a Casablanca pedidme el teléfono de Mustafá. Eso sí, cuando circuleis en coche llevar los ojos cerrados ayuda a vivir un poco más y que la tensión arterial no suba demasiado…

  2. Microalgo Says:

    Jé. Pero hay pocos accidentes, según me dicen. Y bueno, los guardias no usan alcoholímetros… pero vimos una vez a uno poniéndole una multa a un conductor. Y yo me preguntaba QUÉ COÑO habría hecho el tipo para que lo multaran, viendo las majaderías que hacía el resto.

  3. Salamandra Says:

    Me dijo uno que había vivido en Tanger que cuantas más abejas más miel tiene el pastel.

    Lo del tráfico tiene que ser terrible, pero si a ellos les sirve no vamos a ir nosotros a contarles cómo se conduce.

  4. ETDN Says:

    ¿Perderte túuuuuuuuuuu? Que no, que no me lo creo ;P

    No me tires de la lengua, que si yo contaraaaaaaaa. Que ni con GPS, ejem, y eso que era Sevilla- Cádiz. Y de las tres horas para llegar a una cala asesina que no era tampoco hablaré, que no, que no insista nadie…

    Y sí, a veces el sentido práctico es bastante útil.

  5. lu Says:

    Lo mejor de Marruecos: la gente. Yo tampoco he podido pagar en muchos sitios porque no tenían cambio y al día siguiente he vuelto a saldar mi deuda monetaria y moral con el encanto de persona que me había atendido. También he estado en casas de personas que acababa de conocer, he sido invitada a compartir su mesa, su intimidad, sus historietas. Me gusta que la gente sea así, confiada, abierta. Mi padre dice que antes en los pueblos andaluces éramos del estilo. Yo ahora sólo veo más y más carteles de Securitas en las puertas y xenofobia en todas partes.
    ¿Y los pastelitos? Qué ricos. Me pirran.
    Lo que peor llevo de Marruecos es el no poder tomarme una cervecita cuando y donde yo quiera y el tema saharaui. Ambas cosas me encienden. Lo del tráfico es muy divertido…
    ¡Besos!

  6. NÁN Says:

    Los marroquíes son de una gran amabilidad y de un enorme sentido de la honorabilidad comercial.

    Su política, no tanto.

    Disfruté de cada minuto que estuve allí.

  7. Portorosa Says:

    Nos sentimos más próximos (que los anglosajones, digo), ¿no crees?

    Un saludo.

  8. H. Lecter Says:

    Cuando estuvimos contando en Tetuán (dos días que fueron fructíferos en anécdotas de todo pelaje) nos contaron el sencillísimo método por el que uno puede orientarse en la enrevesada medina. El centro de cada callejón consiste en una “espina” con un grosor de uno, dos o tres adoquines. Un callejón de un adoquín lleva inevitablemente a otro de dos adoquines y éste, si lo sigues con atención, a uno de tres. Este te lleva, invariablemente, hasta una de las puertas de salida-entrada de la medina. Lo que no nos dijeron es si éste método es norma en todas las ciudades de Marruecos o del islam, pero desde luego más de un “experto en señalización” debería tomar nota.
    Y sí, Marruecos es especial y más de uno y más de una llorará sangre al tener que venirse a la civilizada Europa. Que no digo que esté mal civilizarse los derechos y obligaciones, pero eso debería ser compatible con no tener que asfaltarse el corazón.

  9. Microalgo Says:

    Coñe. Interesante eso de las “espinas”, Dr. Lecter. La próxima vez (que la habrá) me fijaré con más detalle.

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