El cajón de los cubiertos

A veces se encuentran cosas nuevas, pero siempre como efecto secundario de buscar las antiguas (Juan José Millás: Laura y Julio).


Supervivientes tenedores huérfanos de sus hermanos

Impares.



Es la primera vez que mis padres están enfermos los dos a la vez. La edad no perdona y mi madre ha pillado una bronquitis que la inhabilita para hacerse cargo de mi padre, operado de un pinzamiento vertebral que lo ha obligado a pasar por el quirófano, a ponerse unos cuantos elementos de ferretería en la columna, como Robocop o el mismísimo Lobezno. Ya están mucho mejor los dos, gracias.

Con Anaxágoras demasiado lejos y con su familia medio pachucha también (pese a todo, ha venido algunos días), era más responsabilidad mía pasar por casa y devolver, en la medida de lo posible, tantas décadas de cuidados paternos. De nuevo podría ponerme a discutir esa rimbombante y falsa frase que dice que “nadie pertenece a nadie” y tal, pero hoy no me apetece.

El caso es que, después de mucho tiempo, volví a meterme en la cocina de la que fue mi casa hasta que me independicé, para prepararle algo de comer a los jefes. No me costó demasiado localizar la utillería que necesitaba, pero a la hora de abrir el cajón de los cubiertos para poner la mesa me encontré con que no había dos tenedores iguales.

Literalmente.

Todos los cubiertos eran restos de un naufragio crusoeniano, con longitudes y diseños diferentes. Levanté la cabeza y me vi rodeado, de pronto, por una casa antigua, que había acumulado, con los años, adornitos y fotos enmarcadas, jarritas de porcelana y tazas de té desemparejadas, vasos supervivientes de cristalerías cadentes… y cubiertos huérfanos, relictos de cuberterías antaño ordenadas como soldados que van a la batalla y que hoy no son más que afortunados y escasos guerreros intactos que llegan, de nuevo, a la retaguardia, rodeados de desertores de otros cajones que nadie explica cómo han acabado aquí, impares todos de sus cucharas y cuchillos que yacerán Dios sabe ya en qué campo de batalla.

Y después, bajando la escalera hacia el portal (sólo un piso), me percaté de que las aristas de los escalones también estaban gastadas. Gastadas por mis propios pies, porque cuando se estrenaron esos bloques de viviendas yo tenía dos meses.

Tenedores, padres y escalones que he ido gastando como yo mismo me he ido limando estos años todos.

No sé si maldecir al Otoño que me trae estas reflexiones envueltas en la melancolía de la luz que entra a las seis de la tarde filtrada por entre las persianas de las ventanas que dan al Oeste, o agradecerle el aviso de que el tiempo se escapa y que no me queda tanto, y que no debo olvidar el consejo del buen Pietro Aretino, ése que decía que todo el tiempo no dedicado al amor es tiempo perdido.

No sé.

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27 comentarios to “El cajón de los cubiertos”

  1. Sérilan Says:

    No se me ponga pachucho y meláncolico mi querido Micro.
    Mire esos restos de naufrágio como bien dice con otra mirada, imagine que son restos de tesoros acumulados y vividos en parte por usted, quédese con el resplandor de sus destellos que seguro que aún guardan y de paso se me toma una taza de chocolatito bien caliente que le sentará de maravilla.
    Que se me cuide hombre..!!!! Venga, un beso

  2. Rímini Says:

    El tiempo, Microalgo.
    En cualquier caso, no le de mayor importancia que a la máxima de Aretino (y me consta que usted es un gran fan del gachó).

  3. Microalgo Says:

    No se me preocupe, Dama Seri. Ni Usted tampoco, Rímini. Lo inevitable no debería tener importancia…

  4. Pasquino Says:

    Mmmmh… ¿y si pongo la cita de Aretino encabezando la memoria de acreditación de la aneca?

    Mmmh… buéh, lo dejaré estar. No vaya a ser que luego me pidan resultados cuantificables, que ya los veo venir.

    (A Ud. también, por otro lado).

    Y, yendo al asunto, esos cubiertos descabalados son muestra de una buena selección de prioridades, ¿no cree Ud.?

    Besos

  5. Glomus Says:

    Busque, busque, D. Micro, porque faltan dos cubiertos. Hay dos de 2 púas, tres de 3 y… , pardiez, sólo dos de 4, así que debe haber otra pareja tetraspinal por ahí, clavada en alguna maceta para airear la tierra – en mi casa sucede- o, más posiblemente, camuflado rijosamente en el compartimento de las cucharas.
    Rápido restablecimiento a sus progenitores de parte de alguien que degustó el sabroso pastel de cabracho ahí, tal vez, con alguno de esos tenedores (no me lo llevé, prometo…)

  6. carrascus Says:

    No sabe usted como le entiendo querido D. Micro… trastear por el hogar familiar donde uno dio sus primeros pasos siempre te hace tener un pellizquito muy especial en el estómago. Yo tengo ya 52 tacos y todas las semanas descubro algo diferente que me trae algún recuerdo de cuando tenía diez y pico…

    Espero que lo de sus padres se vaya aliviando. Le decía que le entiendo muy bien, porque los míos se enrollaron ya bastante mayores, y ahora andan ya los dos rondando los 90; mi madre con un infarto de hace tres años y los dolores de la edad, con la cabeza muy lúcida; mi padre, bien físicamente, pero con la cabeza cada vez más perdida… eso hace que sean una fuente inagotable de problemas que tenemos que ir resolviendo entre los tres hermanos que somos (sobre todo mi hermana, hay que decirlo así). Menos mal que desde ayer mismo contamos con la inestimable ayuda de los chicos que nos envían por la ley de dependencia, que le han aplicado a los dos, por lo que van a cubrir muchas horas en casa, las de uno y las del otro. ¿Sabe una cosa? Yo no soy especialmente amigo de los gobernantes, ni soy socialista; pero sacar adelante una ley como ésta, justifica toda una legislatura.

  7. laluli Says:

    Te entiendo, y eso que mis padres son jovenes. En el puente de difuntos me quedé en su casa cuidando de Dracu (nuestro perro) y me dio la misma sensación. Tazas ajadas, cubiertos desparejados, toallas descoloridas,… pero yo le veo el lado positivo, tengo un montón de ideas para los regalos de reyes!

    Me alegro de que todos vayan mejorando, así podrá ir con el espiritu libre a reir con Les Luthiers, qué envidia le tengo, y de la mala!

  8. Microalgo Says:

    Y yo que creí que yo mismo era poliannesco… pero la Luli se lleva la palma.

    Y bueno, Carrascus, sí que me parece una ley acertada la de dependencia. Y genera puestos de trabajo, por otro lado. Y no sé a qué tenerle más miedo a esas edades, si a los problemas del cuerpo o a los del coco. No lo sé, de verdad. Tal vez a estos últimos.

    Se recuperan bien, Glomus. Mi padre hace cosas por la tarde que le costaba hacer por la mañana. También es verdad que es un culo inquieto y que eso de estar en una cama y que le den de comer con una cucharita es un martirio para él (y un acicate para recuperarse).

    Respecto a lo de la aneca, Pasquino… recuerdo que un tipo de químicas bastante exacerbado puso como encabezamiento de su tesis una frase de Nietzsche: “lo que no me mata me hace más fuerte”.

    Rímini, que leía la suya unos meses después, intetó encabezarla con un “lo que no mata, engorda” y sus jefes, carentes de cualquier atisbo de sentido del humor, no se lo permitieron. Se arriesgaba Usted a dar con siesos así por la Aneca, así que mejor no se descantille demasiado, no vayamos a tener problemas.

  9. Posidonia Says:

    Rápido restablecimiento a sus padres D. Microalgo.

    Esa sensación que usted tan bien describe, no es más que la morriña propia del paso del tiempo. Genera algo de melancolía, pero también genera más cariño hacia nuestros padres que se nos hacen mayores. El tiempo nos anuncia tímidamente que se nos pueden ir en cualquier momento, sino se ha ido ya alguno… Y es que el tiempo no hace otra cosa que recordarnos que pasa para todos, incluidos nosotros…

  10. loli del ¨hostal mi loli¨ Says:

    Eso te pasa por ir poco a ver a tus padres, a ver si vas mas a menudo, no te esperes a que se pongan enfermos. Me gusta como escribes.Un beso.

  11. Rímini Says:

    Al final encabecé la Tesis con aquella otra, no menos misteriosa, de Benedetti: “Quien pecho abarca, loco aprieta”. Algún día debería usted, tan aficionado como es (igual que yo) a los aforismos y las frases bien hechas, hacer un post sobre “Frases de Tesis, tesinas, agradecimientos y similoides”.
    Abrazo a sus siempre queridos papás. Los enmarco en bonitos días de vino y rosas.

  12. Microalgo Says:

    Pues lo mismo sí, Rímini, que me contaron de uno que se lo dedicó a la Virgen de la Zamarrilla, y sonaba a guasa pero era en serio, con el consigutne corte de los directores de tesis. Gracias por su interés, y también a Usted, Posidonia, que sabe bien de lo que habla.

    Y voy a verlos regularmente, Loli. Lo que ocurre es que la cocina es un feudo materno en el que sólo se entra cuando la alcaidesa del castillo está enferma y no puede ella misma… cosa que ocurre pocas veces, es cierto.

    Besotes.

  13. Salamandra Says:

    Ocurre igual en todas las casas. Parece que con la edad cambian las prioridades y que los cubiertos estén en perfecto estado de revista es una de las que bajan.

    Pero, en cualquier supermercado grande se pueden encontrar cuberterías baratas. Es necesario “desaparecer” los antiguos cubiertos para sustituirlos con los nuevos, sino se corre el riesgo de aumentar el censo de desparejados.

  14. LaRaffa Says:

    Ciao Nacho. Pronta guarigione al tuo papà. E complimenti per quelle forchette, quelle vecchie signore…. io le trovo adorabili. Gonfietto.

  15. roseta Says:

    Este tema nos toca a todo de cerca? verdad. A mi padre ya lo perdí pero tengo a mi madre como un sol a sus 81 años, estrenando pisito de viuda, cosas del desalojo de fincas del casco antiguo para su rehabilitación. Con la excusa de la mudanza le hicimos un purga intensiva de restos de naufragio.Pero tengo que confesar que me llevé para mi casa la taza (única en su especie) en la que mi madre me llevaba el café en las eternas noches de estudio Me descubrí a mi misma iniciando una nueva colección de desparejados. Uf que nostalgia, leches

  16. NáN Says:

    Creemos tener una identidad fuerte y precisa. Pero si miramos en los cajones de la memoria, no hay dos comportamientos iguales.

    ¿Puedo felicitarle públicamente?

    ¿No?

    Pues eso, lo felicito.

  17. lu Says:

    Como llego tarde estoy convencida de encontrar ya totalmente recuperados a tus papis.
    A mí me duele ver cómo mis padres se hacen viejos, y con ellos su casa, me importa un carajo que sea ley de vida. Su muerte me va a parecer una injusticia cuando llegue, todas las muertes me lo parecen. Para los que dejan de vivir y para los que se quedan aquí extrañándolos.
    Lo que dices de los tenedores desparejados también pasa en casa de mis padres, aunque todavía no llega a esa magnífica colección de los tuyos (que parece cosa hecha, todo hay que decirlo).

  18. lu Says:

    Coño, se ha publicado el comentario sin mi consentimiento. Todavía no había terminado…

    Sigo.

    Una cosa que me revienta de mis padres es que haya cosas de uso diario en un estado lamentable (vajilla, manteles, toallas, sábanas) y otras ¡que no han usado nunca! ¡Mi madre guarda sábanas y manteles sin estrenar para ocasiones especiales que nunca llegan! ¡Me mataaaaaa! En mi casa (la mía) se pone la mesa bonita todos los días, y música, y flores (si hay). No entiendo esa manía de acumular tesoros para no disfrutarlos.

    Macrobesos, Microalgo!

  19. Lola Says:

    No se lo va a creer, donmicro, pero el otro día en casa de mis progenitores pensé esto mismo pero con los cuchillos… (no piense mal).

  20. Peter Says:

    Si hay diferentes tenedores, cada uno tendrá una historia diferente. Felices tus padres de tener tanto que contar…

    ¿Que es una vida sin la memoria?

  21. NáN Says:

    Vaya, habló el tenedor que nos falta en casi todos los talleres. (y en las quedadas, y en los mails, y en las cervezas/tes…)

  22. Microalgo Says:

    Yo también lo echo de menos, Nán. El otro día debió ser caso de fuerza mayor… pero a los talleres ojalá haga el esfuerzo y no se pierda, que este muzasho tiene mucho talento. Un abrazo para ambos.

    No me lo había tomado por el mal sentido, Lolilla. No la veo yo a Usted ejerciendo de Norman Bates.

    La Dama de los Lunares me contó una vez que una conocida suya, de corte más bien pijo, rebuscaba un día atormentada en el armario porque no sabía qué ponerse. “Pues cualquier cosa” dijo la selenística Dama. Y la otra dijo “Nononono, me tengo que poner lo mejor, porque existe la muerte súbita”. Tal vez sea un argumento descabellado, pero en el fondo no le falta un poso del carpe diem que posiblemente debería naplicar sus padres sobre el utillaje de calidad al que hace referencia Usted, Luli.

    La Raffa cada día habla más raro. Voy a tener que aprender italiano…

    Y comparto cierto animismo con Usted, Roseta, para ciertas cosas (aparte de guitarras y coches). Se les coge cariño (perdón a Morella si lee esto).

    Besotes.

  23. Portorosa Says:

    ¿Y yo qué hacía que no venía aquí?
    Me ha gustado mucho. Aquí me quedo.

    Un abrazo.

  24. Princesa sin sapo Says:

    Coincido con lo observado por lu: cosas hechas paté, y otras sin estrenar (que después te quiren regalar).
    En cuanto a mi sensación con respecto a los “restos de naufragio” que quedan en casa de mi madre, me resultan dulces pellizquitos en el alma, referencias de mi historia (la mía con ellos) donde siempre puedo volver y quedarme tranquila de que no se ha perdido todo en el olvido, sino que hasta el más mínimo hilito puede rescatar un recuerdo que creíamos perdido…

  25. webpositer Says:

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  26. vitruvia Says:

    Me ha gustado mucho recalar aquí y leer esta reflexión otoñal. Llegué buscando un buen organizador de cubiertos, qué cosas.

  27. Microalgo Says:

    Los caminos de Isis son inescrutables, Dama Vitrubia. Bienvenida. Bonito color de ojos, por cierto.

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