Sesudos estudios cortazarianos

― El motivo de que todo el mundo crea que eres estúpido ―le dijo el siciliano― radica en que eres estúpido. No tiene nada que ver con el hecho de que babees. (William Goldman: La princesa prometida).


Julito, copión.

El calvo tiene la calve. Digo la clave.



Me contaba la Dama de los Lunares, con carcajada pésimamente contenida, que tiempo atrás asistió a un congreso de literatura en el que un ponente afirmaba que el glíglico del famoso capítulo 68 de Rayuela (digo yo que ya se podía haber esperado Julito un capitulito más para redondear la broma) seguramente provenía de que el argentino larguirucho, en su más tiernísima infancia y como insaciable lector que era, se habría leído todos los prospectos de medicinas que hubiera por su casa, y que en el nombre de los medicamentos las sílabas que contienen la concatenación de los fonemas G-L-I son muy frecuentes.

Y se quedó tan pancho, el ponente.

Mi intención en este post es rebatir tan ABSURDA afirmación y desvelar, de una vez por todas, el origen de esta palabra.

La primera viñeta dibujada por Ibáñez en la que aparecían Mortadelo y Filemón data nada menos que de 1958. Julio Cortázar publicó Rayuela en 1963. Las fechas casan dramáticamente.

Como todos y cada uno de nosotros sabemos, cuando cualquier personaje de ese cómic sufre un golpe en la cabeza, en el bocadillo que expresa lo que ese personaje dice aparece…

“Glglglglgl”.

“¡Glglglglgl!”

Así, me cabían pocas dudas de que Julio Cortázar tomó esa expresión que denota atontolinamiento y pérdida de la coordinación motora y fonética, hasta que di con una enfermera que cuidó al insigne argentino en los últimos días de su vida, y a la que el autor confesó, abrumado, que había copiado a Ibáñez para crear el nombre de ese lenguaje inventado. Entonces ya no me cupo duda alguna.

La enfermera en cuestión prefiere mantener el anonimato (y yo no revelaré mis fuentes) o también ha fallecido, lo que Ustedes elijan.

Hale. Que nos vemos en el próximo congreso sobre Cortázar. De aquí me saco yo una ponencia como Dios pintó a Perico, habida cuenta de que ancha es Castilla, todo el monte es orégano y de que aquí paz y después gloria.

Besotes a todos. Espero que el congreso sea en algún país exótico y lejano, para poder gastarme a gusto el dinero de G.

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11 comentarios to “Sesudos estudios cortazarianos”

  1. Rímini Says:

    Vuelvo por estos lares después de más de una año perdido en el bosque de las dudas. Y me encuentro ¡¡ni más ni menos que con el gíglico!! Cuando un sabio o un prócer mueren, todos los sesudos estudiosos del mundo mundial salen a recorrer Congresos (con todos los cubatas pagados) con alguna absurda teoría que el interfecto nunca podrá negar. Le animo, pues, a que conquiste usted con esta nueva no-más-absurda teoría el universo de los encuentros cortazarianos. Se encontrará por ahí conmigo, enarbolando la teoría de que la “verdadera Maga” fue mi tía Enriqueta (de Mulas, Murcia), quien sólo conocío el Pont Neuf porque lo tricotó a hermosos colorines sobre un paño que aún cubre su Telefunken.

  2. Microalgo Says:

    Ole!!

    Me alegra verlo mucho por aquí, Maestro Rímini. Y en plena forma, según veo…

  3. Rímini Says:

    Seguira-me viendo… que he recuperado la senda.

  4. Princesa sin sapo Says:

    Leído el susodicho trocito, sólo me cabe pensar cómo habrán hecho para traducir ese capítulo a cualquier otro idioma… hein?

  5. Nomeolvides Says:

    Pues que siguiendo la senda antes descrita… con muchos cubatas… espero!
    (Refrescante, en este cálido y raro otoño, es pasarse por aquí)

  6. Microalgo Says:

    Decía una amiga mía que las traducciones no son más que versiones. Supongo que, de ese capítulo, no habrá dos iguales…

    Pero es una suerte leer en castellano y poder zamparse al Julito. Y escuchar a Les Luthiers, claro.

  7. Rímini Says:

    Ah, y enhorabuena por los tres años. En esta burbuja tecnológica, es usted todo un clásico. Y, para festejarlo usaré para usted una frase de Galeano (y no se me lo tome a mal): En este tiempo se le han caído algunos pelos de la cabeza, pero ni una sóla idea, Microalgo.

  8. Microalgo Says:

    Thanks, moztruo.

  9. Lola Says:

    cheeeeeee……

    (he de reconocer que la primera vez que leí ese capítulo casi me caigo para atrás).

  10. Microalgo Says:

    Es que no se puede ir leyendo por la calle y andando a la vez…

  11. la enfermera de Cortazar Says:

    Muy Señores míos, o no
    dos puntos

    Yo estuve al cuidado de Cortazar mientras moría y no, dijo nada de lo que dice este pájaro.

    Cortazar, entre escupitajo y calada al pitillo, que no había manera, no paraba de decir
    – Chiquita guapísima venga acá, que la voy a bolear que ni el M. Fierro
    Y así se fue consumiendo…
    Lo único cierto es que no paraba de escojonarse con el “valor y al toro” del Ibañez, y no dejaba de decir
    -¡Que tío!,
    Pero nada más. No saquen como conclusión que era parco en palabras.
    Y para que conste lo escribo, así como agregar, que Cortazar tenía muy buen gusto eligiendo enfermeras.

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